Piso arbustivo not found (Actualizado)

Aviso: esta entrada se me ha descolocado un poco, no sé cómo arreglarlo, pero intentaré hacerlo lo antes posible. Recomiendo no leerla xD


Durante la segunda mitad del siglo XX, son conocidos los intentos repoblacionales de bosques de coníferas en la mayor parte de España. La provincia de Albacete no se quedaría atrás: en las estribaciones del sur de la Cordillera de Montearagón, al lado de Chinchilla, hicieron una replantación con cientos de pinos carrascos (Pinus halepensis). Esta repoblación ocupa las zonas comprendidas entre el Cerro de San Cristóbal y El Morrón, pasando también por el Alto de la Almazara y extendiéndose hacia el Norte. El pino carrasco es un pino mediterráneo muy resistente a las sequías y a las heladas (cuando se acostumbran, claro está) que se adapta en seguida y que tiene muchas propiedades: su corteza se utiliza para curtir pieles, la resina se utiliza para hacer aceites y la madera, aun siendo de baja calidad, se utiliza para construir muebles.
Antes de la replantación, el cerro debió ser un erial pedregoso, tal y como demuestran varios grabados antiguos, pero se supone que en una época muy antigua, debió estar cubierta por masas boscosas, aunque la memoria del hombre lo haya olvidado. Si observamos el siguiente grabado del siglo XIX, que representa una "vista en Real segun el Plan Geometrico dela Ciudad y Castillo de Chinchilla por la parte del Mediodia" y "por la parte del Norte", y hacemos caso al dibujante decimonónico, tampoco habría arboledas hace más de cien años en el Cerro de San Cristóbal:
30 de Mayo de 1811

 
La zona de la que hablamos en esta entrada, en una fotografía de antes de 1975 (teniendo en cuenta que la antena no está) desde Chinchilla.
La antena, recién construida en 1975, sobe el Cerro de San Cristóbal. Nótese el tamaño de los pinos.

Vista aérea de la zona en la actualidad. Se observa parte de Chinchilla en la parte inferior de la foto, que corresponde a la zona oeste. A los pies del cerro (parte inferior de la foto), se observa el destrozo de la Rambla del Cañaveral.


Vista actual del Alto de Almazara desde el castillo.

El Cerro de San Cristóbal, en Invierno (antes del destrozo de la Rambla del Cañaveral). Foto obtenida del Rincón Manchego

Un amigo del pueblo me mostró, hace unos meses, un gran enebro de la miera (Juniperus oxycedrus) con sus característicos frutos globosos de color rojo oscuro, en una zona alta del cerro, casi en la cumbre, escondido en un roquedo anaranjado. Este gran enebro, algo achaparrado, es el Enebro número 1. No sabemos cómo llegó allí, tal vez ya estaba antes de la replantación de pinos, o quizás fuese un sobreviviente de la época en que había más árboles en la zona, cientos de años atrás.    Como en muchos de los bosques replantados con coníferas en el siglo XX, tampoco en este cerro se ocuparon de añadir un piso arbustivo que completase el ecosistema, lo cual generaría alimento para gran variedad de seres, en especial aves. Hoy, existen hierbas primaverales y otoñales, y hasta hace poco tiempo no encontrábamos otra especie arbórea que el pino carrasco. No se plantaron encinas, tan típicas de la zona; los olmos, muy abundantes en los llanos, no han conseguido conquistar las alturas, que, en el punto más alto de la zona, llegan a los 900 m.; y nada de romeros ni retamas. Por el contrario, hay tomillos, espliego, hierbas como el té de roca (Jasonia glutinosa), de pegajosas hojas y aromáticos tallos; semiarbustos, como el Phlomis lychnitis, de velludas hojillas alargadas, y muchos cardos (Onopordum acanthum, Eryngium campestre). Sin embargo, en algunas laderas oscuras crecen coscojas (Quercus coccifera) muy pegadas a los troncos de algunos pinos. Todavía no producen bellotas y tienen una altura de un metro y medio aproximadamente todas ellas. La primera vez que las vi, me llamó la atención lo pegadas que estaban a los ahumados troncos de los pinos.

Gálbulos de enebro de la miera (Juniperus oxycedrus)
A partir de ahí, encontré otros enebros, mucho más pequeños y que aún no han alcanzado la edad suficiente para empezar a fructificar. Observando con más calma, al inicio de uno de los senderos más transitados por los paseantes, descubrí un pequeño enebro a los pies de un delgado pino. Es el primero que se divisa al entrar al bosque y el más fácil de ver, mide unos 30 centímetros de altura. A este pequeño enebro lo llamé Enebro número 2. Es muy difícil hacer que brote un enebro de las semillas, que se encuentran en los frutos, pero siempre puede intentarse. Los frutos se recolectan preferiblemente entre junio y octubre, aunque en realidad la época no importa: los frutos deben estar del color rojo característico. Primero se extraen las semillas del fruto, para lo cual se retira la cubierta externa, y después se puede proceder a plantarlas. Se pueden almacenar en un lugar frío durante unos meses, aunque también podemos plantar las semillas directamente tras su extracción del fruto: se hunden en una mezcla de turba y arena de río durante el otoño. La semilla puede tardar entre cinco meses y dos o tres años, así que no desesperéis. Yo lo estoy intentando para repoblar el bosque un poco. Con esto llegamos al Enebro número 3, de un tamaño entremedias del Enebro número 1 y el Enebro número 2. Como veis, nombré a los enebros por orden de "descubrimiento". Este nuevo enebro, que encontré este año, está también a los pies de otro pino carrasco cercano a un amplio pedregal y dentro de muy pocos años, imagino, será capaz de producir gálbulos, que son los frutos del enebro. No muy lejos de este último Juniperus, encontré al Enebro número 4, pequeño y achaparrado. El total de enebros localizados suma cuatro, pero están demasiado dispersos entre ellos como para formar un piso arbustivo uniforme, y dudo que haya más, aunque nunca se sabe los secretos que ofrece un bosque, aunque sea replantado. Me llamó la atención que, al igual que las coscojas, los enebros estaban a los pies de algún pino; no crecían en medio del bosque. Tal vez algún animal tenga algo que ver.
Enebro número 2

Enebro número 3
Enebro número 4
Últimamente pienso en lo importante que es un bosque cuando hay vegetales de determinado tipo en cada piso. El piso herbáceo ofrece la mayor parte de alimento a insectos como los saltamontes y demás presas potenciales de pajarillos, reptiles y otros insectos depredadores, además de anfibios como el sapo corredor (Epidalea calamita), el más común en la zona, y el sapo partero (Alytes obstetricans). El piso arbustivo, por su parte, también ofrece alimento a muchos insectos, pero también proporciona frutos para aves y mamíferos. Muchos micromamíferos, como el lirón careto (Eliomys quercinus) o el ratón de campo (Apodemus sylvaticus), precisan bayas y otras golosinas para guardar en sus despensas subterráneas y así pasar los duros inviernos y los secos veranos ibéricos. En todo el cerro, únicamente he encontrado una zarza, y está plantada intencionadamente, ya que está rodeada por una muralla de pequeñas piedras que alguien colocó para protegerla y cerca hay otras plantas dispuestas de similar manera. Como signo de aprobación, coloqué unas piñas alrededor, espero que la persona que las "cuida" se haya dado cuenta. En el piso arbóreo se ofrece refugio a aves y ardillas, y muchas especies desarrollan frutos "aptos para consumo animal".
Al llegar a un claro del bosque, mi mente se vacía de lirones, ratones, sapos y pajaruelos. El sol ilumina la alfombra de agujas de pino, porque no hay otra cosa que iluminar. Sólo algunos grupos dispersos de esparto (Stipa tenacissima) decoran la soledad del suelo silvano.

    Sin embargo, cuando me interno de nuevo en la "espesura" (por llamarlo de alguna manera) para llegar al final del bosque, observo los amplios campos que recuerdan a los de Pelennor. Unos tubos negros de rejilla sobresalen de las hiebras secas y amarillas: replantaciones. Me acerco a mirar. En el primer tubo no hay nada, solamente telarañas. En el segundo, hierbas del año. En el tercero, un pino de agujas ligeramente diferentes a las del pino carrasco asoma tímidamente por el borde del plástico. En el cuarto y en los siguientes, encuentro encinas y arbustos aromáticos como el romero. Algo es algo, el hombre blanco ya empieza a darse cuenta de la importancia de la variedad floral en nuestros campos para que la variedad faunística sea mayor. La biodiversidad de una zona debería ser motivo de orgullo para sus habitantes, pero en La Mancha algo falla.
La soledad del paisaje sin árboles. El límite del bosque que se extiende sobre el Cerro de San Cristobal termina aquí, en las Muelas y Corredores ibéricos de la Serranía de Montearagón. Se trata de vastas praderas cubiertas por esparto (Stipa tenacissima) y arbustos muy espinosos cuyo nombre desconozco, pero un pinchazo en el dedo es aviso suficiente para no tocarlos. No faltan los cardos (Onopordum nervosum & Eryngium campestre) y abundan las perdices y los conejos.

Estoy más a favor que nadie de las replantaciones con árboles autóctonos. Estoy de acuerdo (y lo sé de primera mano) con que ofrecen refugio a bastantes animales. Pero no creo que la manera que el hombre ha tenido de replantar nuestros campos sea la adecuada. Cuando uno mira un bosque, no debe ver los árboles como un ejército: no hay cosa más artificial que un bosque con todos los árboles en fila india. Un bosque no es un parque ni un bulevar. En una ocasión, el gran Félix dijo: "El bosque auténtico son los árboles tal y como Dios les puso: desordenadamente ordenados, mezclados con arbustos, rodeados de los cadáveres de los gigantes que abatió el rayo, dando sombra a su vez a los pequeños hijos de estos árboles que buscan la luz y que quieren perpetuarse en esa unidad fantástica, maravillosa, que se llama el bosque de hoja caduca, el bosque caducifolio". Albacete no es tierra de bosques de árboles caducifolios: es más de encinares, enebrales y pinares; pero se puede, de igual manera, adecuar estas importantes palabras a nuestros bosques sudorientales. Regenerar un bosque son palabras importantes. Las mismas gentes del lugar deberían impregnarse de la alegría de crear un nuevo superorganismo que da alegría y verdor a una tierra llana, seca pero con potencial. ¿Y si diésemos diez bellotas de encina y varios plantones de diferentes especies autóctonas y se les encargase plantarlas en una zona determinada, habiéndose informado antes de las cualidades de cada planta? ¿Y si, en vez de terminar de destrozar la Rambla del Cañaveral, se repoblase con encinas, pinos, almendros, retamas, enebros, sabinas y olmos y álamos la zona destruida? ¿Y si los políticos hiciesen algo? Está claro que hace falta un cambio de mentalidad. El bosque necesita ser repoblado con diferentes especies (siempre de aquí, no lo olvidéis) que puedan generar belleza y alegría a nuestros campos. Una vez, hace mucho tiempo, el hombre destruyó los campos que le vieron encender y controlar el primer fuego. Nosotros, como descendientes de esos primeros hombres, tenemos el deber de regenerar la vida perdida.
Actualizado: en tres últimos paseos, he encontrado varios enebros, demasiado pequeños todavía para producir gálbulas. El total de enebros observados supera la decena, pero están demasiado alejados los unos de los otros como para formar un sotobosque general. Algunos se encuentran en lomas desnudas cercanas a replantaciones (no cuento los replantados) de otras plantas. En otra zona, bastante alejada del bosque del que hablo (muy a las afueras, en dirección a El Rincón, hacia el este) en un campo de cultivo abandonado, he encontrado, esta misma mañana (31/8/11), un enebro de más de medio metro de altura, pero sin ninguna gálbula. Ya no tiene sentido seguir llamándolos "enebro 5", "enebro 6"... Cerca del enebro, había varias encinas, dos de ellas repletas de bellotas, todavía verdes; y alguna que otra coscoja, con bellotas de poco tiempo, también verdes. Más adelante iré a recolectar bellotas de encina y coscoja, para plantarlas en zonas más cercanas al pueblo. Como digo, todo está demasiado pequeño y "repartido" por la zona como para formar una masa boscosa uniforme, con piso arbustivo de buen nivel. Otro pequeño enebro, cercano a estas encinas, también crece lentamente a la sombra de un pino, y tiene pocas gálbulas verdosas.

Comentarios

  1. Muy bonito y muy sentido. Casi me dan ganas de decir solamente AMÉN y dejar que el viento suene entre las ramas de los desordenados árboles y arbustos mientras tumba las suaves hierbas.
    Aunque es un tema para charlar largo y tendido.
    Saludos.

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  2. Siento lo que dices, y te entiendo. He disfrutado de ese monte con mi bici, y he visto un sitio del que se puede sacar partido. De todos modos, se hizo una repoblación extensiva tremenda, teniendo en cuenta la despoblación anterior, debido probablemente , al uso de la madera para construcción, y su exportación a otras provincias.
    Y también es verdad que odio ver pinadas, que parecen ejércitos, todos unos detrás de otros(marco real o tresbolillo).
    De todos modos, es un sitio maravilloso para pasear, y a pesar de que le faltan encinas , es fresco y bonito.
    Buf, que me enrollo.
    Saludos¡¡¡

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  3. Tronco..., me has emocionado!
    Genial, como diría un francés: "chapeau" (me quito el sombrero)
    Cuántas razones das que son tan reales..., sólo hay que salir al campo, o al monte para darse cuenta de lo que hay y de lo que se debe hacer si reflexionamos seria y detenidamente sobre a dónde vamos, etc...
    Me encanta leerte, entre otras cosas porque sé de lo que hablas, conozco las especies que nombras, me es familiar ese amor que ambos sentimos por la vida...
    En fin, no quiero ser pesada... ENHORABUENA!
    (me encantaría tenerte como alumno, no es un reto fácil para un profesor...)
    Un abrazote!

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  4. Te lo has currado muy bien Guillermo.
    Hay otra abominable costumbre muy extendida por los que creen conocer muy bien los bosques, pensando que éstos se alimentan de aire.
    Son muchos los que piensan que para evitar los incendios habría que limpiar, casi con escoba, todos los bosques, dejando únicamente al pie de la letra los árboles con un suelo brillante. Si se quitan troncos muertos, ramulla y otra serie de nutrientes, se condena a estas masas arbóreas a no crecer nada más que lo justo, y además, a caer con facilidad cuando el viento embiste con fuerza.

    Saludos y que prosperen las encinas.

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  5. *Tuerto: le faltan encinas, le falta romero, etc, etc. Pero sí, tienes razón, es muy agradable pasear por él y además da refugio a un montón de especies animales, aunque no podamos verlas.

    *Transi: Gracias. Pero ¿alumno? ¡No! ¡No me hagas volver a un colegio/instituto! Era un aburrimiento constante xD. Gracias por tu entusiasmo.

    *Javi: Eso de "barrer" el suelo del bosque, también lo han llegado a hacer en éste, y eso que la propia tierra ha desaparecido bajo la alfombra de agujas de pino, pero creo que la propia dejadez ha evitado que sigan haciéndolo. Lo que hay que hacer es tener cuidado con lo de los fuegos, sí que hay incendios naturales, pero yo creo que hoy en día, tantos cada verano no es normal. Ya me entiendes.

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  6. La historia de ese monte se repite a lo largo de otros muchos. Lo hecho, hecho está (no es cuestión de quitar los pinos para cambiarlos por encinas) pero, como bien dices, ahora toca favorecer la diversidad con arbustos y árboles acompañantes. Es una labor que, sin duda, ya están realizando mamíferos y aves, pero la capacidad del ser humano para transformar su medio debería ser aprovechada para regenerarlo.
    ¡Ánimo, hacerlo así es ser todo un emprendedor!
    Saludos.

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  7. Hola Guillermo, esa prometica de los ponos como ejercito, se la debemos al ICONA, en mi pueblo que lo normal son las encinas, sabinas y enebros, tambien tenemos muchos pinos. Llevamos algun tiempo replantando encinas, pero la naturaleza es mas inteligente y salen las que salen.
    Con el enebro tenemos un problema, que la Conselleria de Medi-Ambient, no encuentra solución, se nos seca por las puntas, no tienen ni idea a que se debe.
    Animo y al tajo.
    Rafa Casaña.

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  8. Hola Guillermo:
    Los enebros pequeños han llegado gracias a los zorzales. Fíjate en los bancales con almendros abandonados, verás como muchos tienen enebros pegados al tronco. Son unos forestadores fenomenales.
    Y enhorabuena por el blog.
    Chobal

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    Respuestas
    1. Hola, sí, tienes razón, de hecho después de escribir esta entrada, me di cuenta de que solían crecer todos pegados a los troncos de los pinos, y justo en esa zona invernan varias especies de zorzales.
      Gracias por el comentario!
      Un saludo.

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