sábado, 18 de enero de 2014

Todo por la ciencia [entomológica]

    Tengo por costumbre dar muchas opiniones que a nadie interesan y esparcirlas por todos los rincones de la red, desde Facebook hasta hace unos días, a Twitter. Esta débil costumbre es muy peligrosa por razones que no voy a comentar ahora. Sin embargo, quería dejar clara mi opinión sobre las colecciones entomológicas habidas y por haber. Reitero que es solo una opinión más, como tantas otras que flotan en Internet. Además, pretendo también exponer las ventajas y desventajas de la recolección y conservación de insectos muertos. No quiero ni sentar cátedra ni obligar a nadie a hacer cosas que no quieren, sino, repito, dar mi modesta opinión e intentar convencer a algún que otro naturalista amateur a dejar de hacerlo.
    Desde que a mi amigo Rafa, de El Nido de Rafa, le encargasen hacer un insectario para el módulo de Gestión Forestal y de Espacios Naturales que está haciendo, actividad que se ha resistido a hacer ofreciendo su habilidad fotográfica a la creación de un insectario virtual, la idea de hacer esta entrada ha ido cobrando más fuerza. Hay profesores de carreras, módulos o institutos que mandan trabajos a sus alumnos relacionados con la entomología, como es el caso de Rafa. Si en una clase hay 30 alumnos y cada uno tiene que recolectar más de 20 ejemplares y los 30 alumnos van a una misma zona, se sesga bastante una población artrópoda, sobre todo si la zona está sometida a otras presiones, casi siempre de carácter antrópico. También hay trabajos de universidad en los que se pide a los alumnos lo mismo, pero ahora no serán 30 alumnos sino más de 100. Muchas veces, estas colecciones recolectadas por alumnos no tienen valor científico: el profesor puntúa el trabajo y el alumno probablemente se deshaga de la colección, ya sea por falta de interés o por rechazo a una caja llena de insectos muertos que empiezan a ser devorados por todo tipo de detritívoros domésticos. Sinceramente, no le veo ningún valor educativo a una colección de insectos recolectada por 100 alumnos si el objetivo es aprender a identificarlos, pues existen claves muy precisas que pueden servir para estudiar e identificar especímenes ya muertos (o incluso vivos, en el campo, al que cada vez se sale menos) y conservados en instituciones universitarias. Si esto se hiciera, nos ahorraríamos menoscabar pequeños territorios en busca de insectos. Es más, muchos de estos pequeños insectos, por muy minúsculos que sean, pueden estar protegidos por la ley.
    Ver a algunos personajes de Facebook que subían imágenes de insectos capturados por ellos y atravesados con alfileres entomológicos fue otro empujoncito para escribir esta entrada. Al preguntar las razones que les llevaban a ejercer esta actividad (lo hice educadamente, lo juro) y ser respondido de manera bastante mal educada calificándome de inculto o responder con ideas un poco oxidadas como "los insectos se extinguen únicamente por pérdida de su hábitat" o "cada persona al día mata miles y miles de insectos y no se extinguen", me decido finalmente a publicar esta entrada.
    Pues bien, mi opinión sobre "clavar insectos" es que no me parece bien. Para mí, un bicho muerto no vale absolutamente nada. A mí me gustan vivos porque me interesa ver cómo se comportan y qué características tienen, qué los hace ser como son, cuánto viven, me interesa saber lo que comen y sus ciclos de vida, su relación con la Humanidad, etc. Lo de que sea una crueldad, ya es cuestión de cada uno (a mí me lo parece; no me gusta ver morir animales, aunque sean insectos).
But!
El valor de las grandes colecciones entomológicas 
    A partir del siglo XVIII y sobre todo desde la Ilustración, los estudiosos del mundo natural se dedicaron a recolectar y catalogar todo lo que conocían y lo que no, pues también. Así surgieron las primeras grandes colecciones de los museos de historia natural más importantes. Herbarios, muestras de rocas, caparazones de moluscos, plumas e insectos. Todo se recolectaba. En aquella época, se financiaban grandes exploraciones a los trópicos o a las Antípodas en busca de nuevos animales y plantas para obtener beneficio de ellos, se recolectaban individuos enteros y muestras para colecciones zoológicas y herbarios. Ambos tipos de coleccionismo para museos funcionaba de la misma manera más o menos. El ejemplar que se recolectaba y se identificaba como una especie nueva para la ciencia constituía el ejemplar tipo, se colocaba adecuadamente con su etiqueta informativa y se guardaba, así se hacía y así se sigue haciendo.
    Nuestro Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid cuenta, ni más ni menos, que con más de 2 millones de especímenes (eso solo los identificados), situándose entre las 10 mejores colecciones entomológicas europeas y la mejor a nivel estatal. Esto supone una fuente de información taxonómica inconmensurable como veremos más abajo.
Colección de coleópteros en el Museo de Melbourne (Australia).
En taxonomía
    Muchas de estas enormes colecciones entomológicas ofrecen muestras y especímenes a los taxónomos en el caso de que se quiera saber si una especie es tal o cual, o si se trata solamente de una variedad que difiere levemente en coloración del individuo "común", dicho en cristiano. Porque a veces, determinar una especie no es tan fácil: en muchas ocasiones se necesitan observaciones a nivel microscópico (por ejemplo, en la genitalia) o molecular. Huelga decir que lo de "una especie es un grupo de organismos capaces de entrecruzarse y crear descendencia fértil" no siempre es así, la cosa se enrevesa mucho con especies genéticamente muy próximas entre sí: ahí está el ejemplo de las malvasías cabeciblanca (Oxyura leucocephala) y canela (O. jamaicensis), que producen híbridos fértiles. Sin embargo, determinar a qué especie pertenece un determinado insecto no es moco de pavo. Existen muchas especies que, a pesar de pertenecer a la misma familia (o al mismo género), difieren muchísimo en coloración y morfología. A lo largo de la historia de la entomología, el método más utilizado para determinar una especie muy parecida a otra a simple vista ha sido el patrón de coloración y la morfología externa en menor medida, lo cual puede llevar a resultados erróneos. Sin embargo, lo que más éxito ha tenido entre los taxónomos a la hora de identificar insectos, ha sido el estudio de sus genitalias. Y las genitalias son lo que os podéis imaginar: los aparatos reproductores de los insectos. Sin estos estudios, a veces sería prácticamente imposible determinar especies si no se quiere estudiar el ADN.
    
En biogeografía 
   Las colecciones entomológicas funcionan como los herbarios más o menos. En las etiquetas de recolección, además de indicar el recolector, también se indica la fecha y el lugar. Así que, si se observan las etiquetas comprobando los lugares donde los especímenes fueron recogidos, se puede conocer más o menos las distribuciones antiguas de esas especies, y compararlas con las actuales. Así se elaboran planes de actuación, protección y recuperación de poblaciones de insectos. 

Cómo saciar nuestro afán recolector 
    Como decía al principio de esta entrada, en escuelas, institutos y universidades, se insta a los alumnos a presentar trabajos en forma de colecciones entomológicas con un número determinado de insectos. Por eso, desde mi humilde blog, ofrezco una idea que debería ser tomada en cuenta por profesionales a la hora de mandar trabajos "educativos": en estos casos, es mejor hacer insectarios virtuales o fotoinsectarios que colecciones entomológicas. Esto mismo fue lo que Rafa, desafiando al poder, hizo: en vez de recolectar insectos, los fotografió. Esta actividad tiene buena prensa, porque se pone de manifiesto la necesidad de proteger el medio ambiente desde las aulas. Digo lo mismo cuando somos naturalistas interesados en la entomología: siempre es mejor hacer fotos que recolectar, en caso de que no trabajemos para institutos de conocimiento y recopilación de especies o museos (a veces es imprescindible y necesario hacerlo). Y seamos claros, ¿qué interesado por la naturaleza no tiene hoy en día una buena cámara con la que sale al campo? Además, una foto plasma para siempre el color natural de un insecto, mientras que un ejemplar montado pierde color o incluso es infestado y devorado por otros insectos que se alimentan de materia muerta o en descomposición, como el escarabajo de los museos (Anthrenus sp.).
    Así que... ¡NATURALISTA! Cuando vayas al monte, no dejes más recuerdo que el que te llevas en forma de fotografías en tu tarjeta de memoria.
    Si realmente necesitas recolectar, para la recolección en España de insectos y otros invertebrados es preciso la tenencia de un permiso o aval, según dicta el REAL DECRETO 1997/1995, de 7 de diciembre, por el que "se establecen medidas para garantizar la biodiversidad mediante la conservación de los hábitats naturales y de la flora y fauna silvestres". La expedición de estos permisos y avales está delegada a las diferentes comunidades autónomas que gestionarán, a través de sus instituciones pertinentes, la conveniencia, duración, limitaciones y demás asuntos que exija dicho trámite (Museu Valencià d'Història Natural).
    También, si te lo quieres pasar bien, puedes probar con criar insectos, aunque eso ya es harina de otro costal.
Lycorea cleobaea. Fotografía cedida muy amablemente por mi amigo Sergio de Carabias.
Mantis religiosa, Insecto de Santa Teresa o María, como las llamas en algunas zonas de Albacete, en su hábitat.
Anda que no queda chula en un fotoinsectario virtual.
Mariposa monarca (Danaus plexippus) hembra. Ejemplar criado por mí, nacido en verano de 2011.

Lo que realmente causa el declive de los insectos
    Está demostrado que la expansión de ciudades e infraestructuras humanas, junto con la contaminación, las talas indiscriminadas y la destrucción de bosques y junglas hacen peligrar el futuro de los insectos. En nuestras manos está reducir esas presiones. La introducción de especies alóctonas, tanto de animales como de plantas, también son una dificultad que los insectos han de afrontar. Los cambios climáticos rápidos tampoco son buenos. Pero para esto, lo que hace falta es crear conciencia. Cada uno de nosotros puede ayudar a mejorar el futuro y abundancia de nuestros aliados. Existen en Europa diversas organizaciones y asociaciones preocupadas por el futuro incierto de algunos grupos de insectos. Las Redes de Seguimiento de Lepidópteros en Europa aportan datos sobre los cambios en distribuciones de estos insectos, ayudando a tomar medidas para reforzar poblaciones. Muchos os preguntaréis: "¿es mejor tener muchos insectos vivos en el campo y ninguno en los museos o ninguno en el campo y muchos en los museos?". Yo creo que hay un término medio, ¿no?

Casos de destrucciones de hábitat están muy a la orden del día en nuestro país. Sin ir más lejos, con la construcción del aparcamiento en la Rambla del Cañaveral, en Chinchilla, eliminó la vegetación que la cubría, que contaba con interesantes poblaciones de Papilio machaon, Empusa pennata o lampíridos (luciérnagas). 
Nota:
    Y ahora vosotros diréis: "Habiendo dicho todo eso, ¿cómo explicar tu oscuro pasado?" Pues veréis, yo antes, hace unos años, sí clavaba insectos, no muchos, no esquilmaba, pero sí lo hacía. Sin embargo, normalmente clavaba insectos criados por mí y que no podía soltar porque eran especies alóctonas, y cuando encontraba algún individuo herido de muerte en el campo o incluso en mi patio, aprovechaba y lo preparaba. Obviamente un individuo moribundo puede estar deteriorado, pero así no me sentía tan culpable por haberlo terminado de matar. A pesar de todo, lo hacía... aunque para eso está la cristiana historia de Pablo de Tarso: para explicar "entradas en razón". Ya no lo hago, porque para mí, repito, un insecto muerto no me sirve para nada, porque no me interesa. Me interesan vivos: su etología. Colecciones sí, pero creadas de la manera adecuada.


ARBA Albacete da sus primeros pasos

    La primera actuación de ARBA Albacete tendrá lugar en Chinchilla de Montearagón entre los días 24 y 26 de enero de 2014. Esta actuación consistirá en unas jornadas de restauración del piso arbustivo en algunas zonas del pinar sur de la Sierra de Chinchilla. Utilizaremos diferentes cantidades de arbustos autóctonos como la encina, la coscoja, la cornicabra, el aladierno, el espino albar, la lavanda o la jara blanca.
    Si quieres colaborar, envía un e-mail a arbaalbacete@gmail.com o un mensaje privado en el Facebook de ARBA Albacete solicitando información. Imprescindible traer ropa y calzado adecuados y, si es posible, un azadón.



jueves, 9 de enero de 2014

Lechuza común (Tyto alba) en Chinchilla de Montearagón

Lechuza común (Tyto alba)
    El pasado viernes 3 de enero a las 00.25, dando un paseo nocturno por la zona de las Cuevas del Agujero, en Chinchilla, Jess y yo pudimos oír el canto de un mochuelo europeo (Athene noctua) que venía de algún lugar de la llanura a los pies de la montaña sobre la que se asienta el pueblo, tal vez en la zona de Los Tejares. Nos detuvimos un rato para escucharle cantar cuando otro sonido interrumpió el silencio de la noche invernal: unos gritos sepulcrales, desgarradores, resonaron en toda la Rambla del Cañaveral. La lechuza común (Tyto alba) hacía acto de presencia en la noche nocturna por medio de su serenata de año nuevo. Dio la casualidad de que en ese momento, se me ocurrió intentar grabar el griterío con la grabadora del móvil, "por probar". Por muy cool blogger que me crea yo, no he conseguido la manera de incluir un banner donde podáis darle al play para que sigáis leyendo este post mientras oís el sonido (maesanta cuantísimo neologismo acabo de meter), pero si os apetece, podéis entrar AQUÍ para escuchar la grabación, aunque no os asustéis, porque en el segundo 0.19 le pego un soplido al móvil para comprobar que sigue grabando. El mochuelo es el que canta al principio emitiendo sonidos parecidos a maullidos muy agudos.
    La lechuza común se une con alegría a la lista de estrigiformes de las que tengo noticia en el entorno de Chinchilla, incluyendo el área urbana y la Sierra Procomunal: mochuelo europeo (Athene noctua), autillo (Otus scops), búho chico (Asio otus) y búho real (Bubo  bubo). Todavía me queda el cárabo común (Strix aluco).
    Huelga decir que la lechuza común, a pesar de sus siniestras vocalizaciones nocturnas, es un potente desratizador de campos y áreas urbanas y no traen ni mala suerte ni desgracias.