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28 agosto 2014

Una tarde en la Laguna de Ontalafia

Sympetrum fonscolombii
    Después de casi un mes sin publicar nada, vuelvo a las andadas. El verano se me está pasando rápido aunque con pocas salidas al campo, así que eso se traduce en pocas entradas. Hoy, sin embargo, hemos salido unos amigos y yo, y nos hemos dado un paseo por la zona de Ontalafia, a ver qué veíamos. 
    Tras atravesar las planicies de campos de cultivo, olivares, pinos y encinas dispersos, ya tarde, hemos llegado a la aldea de Abuzaderas, que lleva a la zona de la laguna. Este año, a pesar de las trombas dispersas, ha sido bastante seco, y sobre todo este mes de agosto, así que el nivel de la laguna ha bajado bastante, con lo que las aves quedaban bastante lejos. Con los prismáticos hemos conseguido divisar anátidas, fochas (Fulica atra), tres aguiluchos laguneros occidentales (Circus aeruginosus), garzas reales (Ardea cinerea) y garcetas. A esta laguna es recomendable ir equipado con un buen telescopio. Lo que más me ha llamado la atención ha sido la cantidad de libélulas que volaban.
Dardo rojo (Sympetrum sp.), con alas deterioradas.
    Me ha llamado especialmente la atención una especie tipo Aeshna, que volaban a toda velocidad, y muy agresivamente, se empujaban en el aire, enzarzándose en pequeñas luchas y persiguiéndose. Volaban entre las retamas de olor muy ruidosamente, haciendo vuelos de exhibición.
    En el camino, hemos descubierto el cadáver de una pequeña culebra viperina (Natrix maura) atropellado. El ejemplar medía unos 20 cm. y debía de llevar un día y pico muerto.
Culebra viperina (Natrix maura).
    Las masas boscosas (de aspecto más o menos natural) que crecen en las zonas visibles de las fincas en torno a la laguna de Ontalafia son de interés. En particular, por sus grandes ejemplares de pino carrasco (Pinus halepensis), que adoptan esa estructura globosa típica de los individuos añosos, asemejándose a los pinos piñoneros (Pinus pinea), que también crecen por la zona, por el aspecto de paraguas que presentan. En estos pinares en los que también se alternan zonas vestigiales de encinar, abunda el sotobosque de romeros, jaras y enebros, según he podido ver a través de la valla.
Ejemplares añosos de pino carrasco (Pinus halepensis).
Pinos piñoneros (Pinus pinea).
Interior del pinar.
Una encina (Quercus ilex) solitaria, ya llena de verdes bellotas.
    Sobre nosotros, una enorme nube de vencejos en el cielo del atardecer se ponían ciegos de mosquitos, mientras los mosquitos se ponían ciegos a nuestra costa. He visto moscas salteadoras al acecho de moscas y libélulas con pequeños insectos atrapados entre las patas. Y de repente, allí, a lo lejos, muy alto en el cielo, dos sombras afiladas de halcón veloz nos han llamado la atención. Volaban en amplios círculos sobre las nubes de mosquitos. Uno de los halconcitos, muy oscuro, nos ha hecho pensar que se trataba de dos halcones de Eleonor (Falco eleonorae). Su porte, más grande y menos "vencejoide", la manera de volar y lo oscuro del otro ejemplar, nos obligan a identificarlos como halcones de Eleonor y no como alcotanes. #ACTUALIZACIÓN: en Facebook, un grupo se inclina a pensar que se trata de alcotán (Falco subbuteo). A pesar de eso, no se explica la presencia del otro ejemplar, de morfo más oscuro, como grisáceo oscuro, del que no pudimos obtener fotografías por estar lejos del alcance de nuestras cámaras. Lo dejaremos en misterio, supongo.
El ejemplar de alcotán, anteriormente indentificado como halcón de Eleonor (Falco eleonorae). Foto de Rafa Torralba.
El mismo que el anterior.
    Tras tan agradable observación, nos dirigimos de vuelta al coche, no sin antes deleitarnos con el vuelo de unas garzas reales y las nubes que se posaban tras de la sierra que vigila la laguna de Ontalafia.


26 marzo 2012

Anfibeando

    En ocasiones, las personas buscamos cosas que necesitamos ver, porque son esenciales para nuestro conocimiento sobre el mundo, y a pesar de que insistamos, no llegamos a encontrarlas. Mucha gente no entiende por qué mis amigos y yo buscamos "cosas" en charcas y estanques, pero ese tipo de gente es exactamente el que no se mete en nuestros blogs sobre naturaleza, así que todos entenderéis el interés de encontrar anfibios, aunque nos sea muy difícil de explicar.
    "Tiene que llover, tiene que llover", "Qué buen día hace, cuánto sol", oímos y decimos últimamente. Sí, tiene que llover. Es cierto, estamos teniendo una serie de días buenos que son algo anormales y para nada favorecen a la fauna anfibia. Unas nieves en La Mancha y alguna que otra minilluvia torrencial ayudan para rellenar pequeñas charcas donde desovar. Pero bueno, como digo siempre "podrán cortar todas las flores, pero jamás detendrán la primavera" y, con menos agua que de costumbre, los sapos corredores se agolpan en las charcas y ya se empiezan a escuchar sus cantos, secundados por los de las ranas comunes y los de los sapillos moteados.
Sapo corredor macho (Epidalea calamita) en "posición Guille".
   El sapo corredor (Epidalea calamita) es un robusto anfibio muy común en nuestra región. Le gustan las zonas arenosas, pero es posible encontrarlo casi en cualquier lugar. Probad a acercaros una de estas noches a alguna charca cercana. Seguro que podréis escuchar un conciertazo de algún macho de sapo corredor en busca de una hembra a la que acoplarse. Son bastante fáciles de reconocer; bastante más pequeños que el sapo común (Bufo bufo) (de hecho, hasta hace poco, ambos formaban parte del mismo género), poseen una línea clara que les recorre la espalda y sus pupilas son horizontales, el iris es verdiamarillo. Rara vez saltan, prefieren desplazarse mediante pequeñas carreras. Sus puestas son parecidas a las del sapo común.
En esta foto se observa con bastante claridad la línea longitudinal de la espalda del sapo corredor, de color amarillento.
   En algunas charcas ya se pueden observar las puestas del sapillo moteado (Pelodytes punctatus). De aspecto parecido a una pequeña rana verrugosa con pupilas verticales, el sapillo moteado tampoco falta a sus conciertos nocturnos primaverales. El desove tiene lugar en sitios de lo más variado: piletas, estanques, arroyos, y en la montaña es fácil encontrar las puestas en cuencas de deshielo.
Puesta de sapillo moteado (gracias, Julio, por hacer sombra con la mano)
La época de reproducción de ambas especies va desde primavera hasta otoño, pero en el el litoral mediterráneo varía más. Nuevamente, observamos que dependen en gran medida de las charcas temporales. Ocurre a veces que la charca se seca y los renacuajos que se desarrollaban en ella mueren, pero debido a la amplia época reproductiva de los sapos, todavía pueden continuar desovando en nuevas charcas más resistentes.

   Con semejante acumulación de ranas y sapos en las charcas, los depredadores no dejan pasar la ocasión y aprovechan las noches de cantos para zamparse algún distraído cantor. Es el caso de esta culebra viperina (Natrix maura) que encontramos la otra noche en el borde de una charca en San Vicente del Raspeig. Al verse capturada, preparó su peculiar mecanismo de defensa: como no muerde, intentó restregar sus mmmhh... partes íntimas, por donde acababa de expeler su apestoso contenido intestinal, con la mano capturadora. Como no queríamos importunarla demasiado, la soltamos en seguida para que siguiera nadando en busca de anuros deliciosos. Nos dimos cuenta de que al ejemplar le faltaba una sección de la cola, quién sabe cómo la habría perdido.
;)
Los coros de los sapos se alargan hasta poco antes del amanecer. Mientras tanto, mochuelos, ratas y culebras se aprovechan del festín; pero los peores ataques a las poblaciones de anuros y urodelos (en cristiano, ranas y sapos y tritones) son los que realizamos nosotros (¡para variar!). La pérdida de su hábitat es el principal agente que amenaza la supervivencia de los anfibios en la Península Ibérica, así que os animo a conservar y a construir charcas para que nuestros anfibios puedan [sobre]vivir. En el jardín, en el patio, en el campo, ayudar con pequeños estanques repartidos por toda la geografía ibérica pueden reducir las posibilidades de extinción de nuestros pequeños vecinos. Así que ya sabéis, desempolvad las palas y ¡al ataque! Que los conciertos de los anuros inunden la atmósfera de vuestras noches.
Detalle de la cabeza de un sapillo moteado (Pelodytes punctatus).
Pelophylax perezi que encontramos en un riachuelo de San Vicente del Raspeig.