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18 junio 2023

Un sapo común ibérico en Chinchilla

Hace unos días, el 10 de junio de 2023, me ocurrió una cosa curiosa. Fue uno de esos eventos vitales en los que parece que la magia, el destino, un poder mental que no controlamos o como quieran llamarlo, mueve los hilos. Venía yo de recoger un nuevo libro que me he comprado, la Guía de campo de los anfibios y reptiles de España y de Europa de Speybroeck, Beukema, Bok, Van Der Voort y Velikov. Es uno de los más actualizados que tenemos en el continente al respecto. Sin nada mejor que hacer, me dirigí a la Sierra de Chinchilla, con el libro en la mochila. Recientemente he oido noticias de una víbora hocicuda (Vipera latastei) en la zona y algo me decía que debía darme un paseo por si acaso veía alguna, a pesar de que he paseado por este sitio miles de millones de veces y jamás he visto una (de hecho, solamente he visto una víbora hocicuda en mi vida y no fue aquí). Por supuesto, sabía que no iba a ver una, pues es una de las serpientes más difíciles de ver y esto no iba a ser llegar y besar el santo.

En fin, hacía bastante calor a media tarde y me senté en una roca plana a la sombra de un pino, ya que llevaba ya un rato dando vueltas y no se veía ningún animal por ahí, aparte de que tenía muchas ganas de hojear la guía recién adquirida, me puse a leer. Al llegar a la página de los sapos comunes europeo e ibérico (Bufo bufo / B. spinosus), cavilé sobre su presencia en Chinchilla. Hasta ahora, he detectado diferentes especies de anfibios en el entorno, incluyendo el sapillo moteado (Pelodytes punctatus), el sapo de espuelas occidental (Pelobates cultripes), el sapo corredor (Epidalea calamita) y la rana común (Pelophylax perezi). Siempre he pensado que es bastante raro no haber visto ningún sapo común ibérico aquí. Leí un poco sobre esta especie y vi que el mapa de distribución lo marcaba en toda la península ibérica. Seguro que en Chinchilla no hay, pensé. Seguí hojeando y al cabo de unos minutos, decidí poner rumbo hacia otros puntos de este paraje. Una hora y algo después, más arriba de la ladera en la que me encontraba en ese momento, a través de los troncos oscuros y de aspecto seco de los pinos, vi una zona elevada y muy verde, que brillaba al sol. Decidí atravesar el pinar directo hacia este lugar que ya conocía, pero que con las últimas lluvías parecía haber resurgido de las cenizas. 

De repente, en mitad del pinar, noté movimiento bajo un arbusto. Una lagartija, pensé. Al inclinarme un poco por encima, me llevé una gran sorpresa al ver una gigantesca hembra de sapo común ibérico sobre la hojarasca de acículas de pino. ¿Qué probabilidad había de encontrarme con este animal, que todavía no había visto en Chinchilla, teniendo en mi mochila un libro sobre anfibios y habiéndome sentado poco tiempo antes a leer sobre él? Ahí estaba la magia de la vida de nuevo, haciendo de las suyas.

Sin tocarla, le hice una pequeña sesión fotográfica. Quería captarla en el hábitat en que me la había encontrado, por lo que tomé esta imagen vertical.

Hembra de sapo común ibérico (Bufo spinosus)

El sapo común ibérico (Bufo spinosus) es una especie endémica del suroeste de Europa: península ibérica y parte de Francia. Antes considerado una subespecie del sapo común europeo (Bufo bufo), hace unos años los taxónomos los separaron en dos especies distintas. Se trata de un anfibio extendido, pero tristemente, es cada vez más escaso, sobre todo en la España mediterránea, donde yo vivo. Esto es debido, como siempre, a la falta de hábitats adecuados para realizar la puesta, a los atropellos, a los cambios de uso en el campo...

En los alrededores de la ciudad de Albacete, se han visto siempre ejemplares de esta especie. Cerca de Chinchilla también, como en Pétrola, por lo que realmente, no resultaría raro verlo, pero hasta ahora no había tenido esta suerte. Me hizo mucha ilusión este encuentro con la "sapa". De esta manera, son ya cinco las especies de anfibios que he detectado en mi pueblo hasta ahora. Espero que la cifra suba pronto, por lo menos, con dos especies más que sospecho que se encuentran por la zona.

El sapo común se distingue de su pariente, el sapo corredor, por su iris rojo, verde brillante en este último.

De frente, parecía incluso más grande.

29 marzo 2022

Primera búsqueda nocturna de sapos del año

  Después de semanas y semanas sin lluvia, por fin, acabaron llegando a mitad de marzo. Una noche, aprovechamos para ir en busca de anfibios activados por la repentina humedad ambiental. Lo cierto es que el único anfibio que vimos fueron sapos corredores (Epidalea calamita), pero lo pasamos bien. Aquí una muestra de lo observado, la noche del 26 al 27 de marzo.

Sapo corredor (Epidalea calamita) en una charca artificial.

Una araña del género Micrommata.

Cucaracha (Phyllodromica subaptera/iberica).

16 noviembre 2020

Gallipatos y alcaudones en Consuegra

 14.11.2020. La densa niebla se deshace en una lluvia intermitente que cubre La Mancha toledana. A los pies del monte en que se levantan los molinos de viento de Consuegra, en un arbolillo ya sin hojas, se posa un alcaudón real (Lanius meridionalis) al que sorprendemos desde el coche aparcado mientras tomamos un tentempié.

Alcaudón real (Lanius meridionalis)

    Cuando la lluvia nos da una tregua, salimos del coche e iniciamos nuestra ruta hacia la cumbre, donde nos aguardan los molinos y el castillo de Consuegra. En las laderas desarboladas que bordean la carretera de subida, se ven hierbas agostadas y Salsola vermiculata. 


    En una balsa en la que se acumula el agua y materia vegetal, nos encontramos una curiosa situación. Una gran cantidad de gallipatos (Pleurodeles waltl) se apelotonan unos encima de otros e intentan encaramarse para escapar de su medio acuático. Contamos decenas.

Gallipatos (Pleurodeles waltl), nuestro mayor tritón.

Gallipatos (Pleurodeles waltl) apelotonados.

    A pesar de que parecen no poder escapar, en una esquina de la balsa alguien ha acumulado piedras y ramas, seguramente a sabiendas del problema de los ahogamientos de anfibios, reptiles y otros animalillos, con la esperanza de que si caen, puedan volver a salir trepando por ahí.
    Continuamos nuestra subida a los molinos, sin poder hacer mucho por ellos.


    En nuestro recorrido, detecto varias especies de avecillas que pululan por ahí. Me hace ilusión ver un ejemplar de curruca rabilarga (Sylvia undata), que fotografío malamente.

Tarabilla europea (Saxicola torquatus)

Colirrojo real (Phoenicurus ochruros)

Cogujada montesina (Galerida theklae)

    Ya de vuelta y tras visitar el centro urbano de Consuegra, vislumbro entre la niebla, un bando mixto de estorninos negros (Sturnus unicolor) adultos y juveniles, y de estorninos pintos (Sturnus vulgaris) invernantes, sobre el tejado de una antigua iglesia.

Estorninos negros y pintos.

09 noviembre 2017

Perdidos por la provincia de Pontevedra

    Después de la aventura en San Andrés de Teixido, decidimos que al día siguiente, que era el sexto (30 de julio), no nos moveríamos muy lejos de casa, dentro siempre de la provincia de Pontevedra. No cogimos mucho el coche, pero sí anduvimos y nos metimos por rincones bastante poco transitados, a juzgar por la cantidad de fentos, zarzas y arbustos diversos que crecían por los senderos. Por mi parte, tenía muchas ganas de volver al "hábitat" de Alfonso en A Franqueira o "La Francesa", como erróneamente lo llamé el primer día. Me parecía uno de los lugares más interesantes que mis pies habían pisado en tierras célticas y teníamos la suerte de que nos quedaba cerca. Nos metimos por un camino distinto al de las otras veces, que Alfonso conocía. Bajando la carretera, veíamos que el cielo se nublaba algo, aunque luego se despejó. Un tojo cercano atrajo nuestra atención, en él había un colorido escarabajo longicorne, la Oberea oculata, cuyas larvas se alimentan de tejidos de sauces. 
Oberea oculata (fam. Cerambycidae).
    Siguiendo el camino, nos encontramos con unos amables aldeanos, que nos saludaron con unos amables "¡Bos días!". Estuvimos un rato hablando con ellos y nos recomendaron un camino que daba la vuelta al valle, junto al río, lo cruzaba y luego seguía hasta unos viejos molinos, y después llevaba a la aldea de O Formigueiro. Así hicimos. Nos despedimos de ellos y seguimos caminando. Al final, llegamos al puentecillo del riachuelo donde vimos los Carabus galicianus, pero por otro camino.
Joven helecho real (Osmunda regalis), bastate común en Galicia.
¡A la rica mora!
Líquenes de varias especies.
Me quedaría aquí a vivir.
El bosque estaba tranquilo, interrumpido el silencio, en ocasiones, por el reclamo de algún herrerillo.
El lonchite (Blechnum spicant) es un helecho fácil de ver en terrenos ácidos de bosques húmedos.
    Y en el puentecillo, entre los abedules y sauces, no había mucho que ver. Volvimos a buscar anfibios y encontramos lo mismo que las otras veces. Había algunas setas y muchas babosas negras gigantescas del género Arion. Volví a encontrarme alguna garrapata caminando tranquilamente sobre mis brazos. Nos entretuvimos bastante rato fotografiando setas y haciendo pruebas con la cámara, mientras se aproximaba la hora de comer. Mientras Alfonso tardaba y tardaba, practicando con su pepino de cámara, yo decidí hacer fotos de paisajes. Y esta que veis abajo fue la que mejor me quedó y la que creo que mejor refleja el ambiente de este mágico rincón gallego.
A Franqueira.
    A Alfonso se le ocurrió que quizás podríamos comer en La Cañiza, o A Cañiza, conocido enclave donde se producen jamones serranos de primera calidad. Volvimos a paso rápido al coche, pero nos desviamos por la aldea de O Formigueiro.
Pequeña setita creciendo sobre un tronco muerto en A Franqueira.
Camino de vuelta a O Formigueiro.
Bombus pascuorum
    Tras un sendero bastante difícil de transitar, invadido por zarzas, helechos y hiedra, llegamos a O Formigueiro, donde un ejército de perros nos ladró durante nuestro recorrido por esta pequeña aldea hermana de A Franqueira. Nos encontramos con las gentes que habíamos visto antes, y les preguntamos si habían visto alguna salamandra. Nos indicaron que cerca había una gran balsa con agua donde podían verse. Nos pareció raro, pues las salamandras no son muy dadas a meterse dentro del agua, así que pensamos que seguramente las confundían con algún tritón. Y efectivamente. Tras cruzarnos con una vaca que se había perdido por en medio del bosque y que emitía un bramido que nos atravesaba las "corás", llegamos a la balsa, donde decenas de tritoncillos nadaban. Eran tritones ibéricos (Lissotriton boscai). Nueva especie para mí. 
Lissotriton boscai 
Lissotriton boscai
Larva de odonato.
    Tras zamparnos sendos bocadillos descomunales de jamón serrano con queso en La Cañiza, nos acercamos a un pueblecito donde comenzaba la ruta del río Xabriña. Nos pareció un lugar encantador, con callejuelas limpias con macetas de hortensias y azaleas, helechos en los rincones y florecillas amarillas por doquier. Las golondrinas comunes iban y venían por las callejuelas soleadas, entonando sus cánticos veraniegos.
Si has ido a Galicia y no has fotografiado un hórreo, no has ido a Galicia.
Sobre el sendero caían las ramas de muchos árboles distintos cultivados en las huertas de la zona. Había árboles curiosos como robles americanos, abetos de Douglas, laureles, avellanos...
Lobito agreste (Pyronia tithonus).
    El camino nos llevó hasta unos molinos de agua, os muiños do Outeiro, abandonados pero rehabilitados para ser visitados, aunque ruinosos. Entre muretes de piedras acumuladas unas encima de otras, laureles, robledales y pinares, íbamos sorprendiéndonos con hallazgos la mar de interesantes. La luz se filtraba entre los árboles del arroyo, reflejándose en el agua que corría bajo las enormes frondes de Osmunda regalis.
Colmenas.
Oruga de Cilix sp. sobre endrino. En este mismo endrino encontramos
también una oruga de Iphiclides feisthamelii.
    En un recodo del río, nos entretuvimos tomando fotos hasta que empezó a oscurecer. Entre otras cosas, pude ver una huella de mustélido, un escorpión de agua (Nepa cinerea), más babosas, helechos, luciérnagas... Fue un día genial aunque hizo bastante calor para mi gusto y las rutas de campeo empezaban a pasar factura... Pero todavía quedaban dos jornadas de bicheo por la fantástica tierra de Galicia.
Maravillas de la naturaleza.
Calliptamus sp.
Helecho.
O muiño de Rita.
Rana patilarga (Rana iberica).
Codeso (Adenocarpus lainzii).

06 agosto 2017

Safari nocturno en A Franqueira

    Llegamos tarde a A Franqueira. En medio del bosque, se oía de vez en cuando el roce de las hojas entre sí cuando pasaba el viento. Hablábamos en voz baja, con las luces bajadas para reducir nuestro impacto en la fraga.
    Al final de la carretera, vimos marchar por la negra lejanía una serie de puntitos de luz que avanzaban de oriente a occidente, uno tras otro, conservando siempre una distancia igual entre sí. Alfonso exclamó sobresaltado: "Así Dios me salve como es la Santa Compaña". "Es", dije yo. ...
    En realidad, no ocurrió eso, pero no puedo negar que, por lo menos yo, tenía en mente la imagen del Cortejo de las Ánimas que contemplaron Xan de Malvís, también conocido como el bandido Fendetestas, y el alma en pena de Fiz Cotovelo, en El bosque animado. Siempre desde un punto de vista literario y no supersticioso.
    Presentíamos que iba a ser una buena noche naturalística y así fue:
El primer animal que vimos, un opilión gigantesco que jamás había visto: Gyas titanus. Los opiliones son arácnidos, pero no pican ni tienen veneno.
Coelometopus clypeatus, identificado por Jonatan Antúnez.
Rana patilarga (Rana iberica).
Larva de salamandra (Salamandra salamandra). La primera vez que veía esta especie.
    Me encantó ver decenas de cárabos, pero los escarabajos, no los búhos. Los cárabos son escarabajos depredadores que corretean por el suelo en busca de pequeños animales que llevarse a las mandíbulas. Son criaturas crepusculares o nocturnas y por el día se esconden en grietas o bajo piedras o el musgo. Es realmente extraordinario ver un cárabo corriendo por el campo a plena luz del día, ya que no les gusta nada la luz, y prefieren evitar los grandes calores del verano o el frío invernal. A veces se les observa durante el día, en el campo, pero solo en ocasiones especiales, como cuando está nublado y no brilla mucho el sol. Vimos varias especies de Carabus, todas preciosas y nuevas para mí. Normalmente los veíamos por el suelo, pero una vez, al mirar hacia arriba, vimos uno caminando hacia abajo, a varios metros del suelo, sobre el musgo que cubría un abedul: estaría explorando la vida, conociendo nuevos senderos en el bosque de las meigas... Bromas aparte, nos sorprendió esa circunstancia, porque son criaturas que prefieren andar por el suelo.
Carabus cf arvensis.
Carabus cf arvensis.
Carabus lineatus lateralis
Lithobiidae
    Nos íbamos acercando a un regato en busca de algún anfibio, cuando Alfonso se alertó por la presencia de una enorme araña en el centro de su tela, la cual ocupaba prácticamente todo el ancho del sendero. 
Araña de jardín (Araneus angulatus).
    Esquivando correctamente la tela, para evitar deshacérsela al pasar por el lado, pasamos al otro lado; luego colocamos una rama, justo detrás, para que cuando volviéramos a pasar por allí no nos la llevásemos por delante. Seguíamos viendo animales la mar de interesantes, como algunos noctuidos:
Noctua comes, identificada por Alejandro A. Lázaro y confirmada por José Luis Yela.
Noctua pronuba, identificada por Alejandro A. Lázaro.
    Seguíamos viendo decenas de opiliones, por todos lados, incluso se me subieron algunos por el cuerpo, de los gigantes. Suerte que no pican y suerte también que no les rompí ninguna de sus larguísimas patas. Vimos varias setas que no habíamos visto el día anterior, así como varios ejemplares de rana patilarga y decenas de renacuajos y larvas de salamandra. Las babosas seguían estando por todos lados, de varias especies, pero las más llamativas por su tamaño, no las superaba nadie, eran las Arion.
Leccinum scabrum, identificada por Emilio José Salvador.
Rana patilarga (Rana iberica).
    Finalmente decidimos volver a casa. Era muy tarde y no se oía nada, pero hacía frío y el nivel de humedad en el bosque cada vez era mayor. Esquivamos la araña en su tela y volvimos a encontrarnos con otra, en el centro de su tela, que no habíamos visto antes, de un color verde muy llamativo.
Alberto Narro, en Biodiversidad Virtual, me comenta: "Debería tratarse de la subespecie personata de Araneus angulatus. Actualmente, según "Breitling, R., Bauer, T., Schäfer, M., Morano, E., Barrientos, J. A. & Blick, T. (2016b). Phantom spiders 2: More notes on dubious spider species from Europe. Arachnologische Mitteilungen/Arachnology Letters 52: 50-77", establecen esta subespecie como "subspecies inquirenda". Esta subespecie tiene que ser estudiada para confirmar si se trata de una especie críptica del suroeste de Europa, o en cambio, se trata de la A. angulatus personata."