jueves, 7 de octubre de 2021

La pequeña gran Aelurillus

 Ayer fuimos mi amigo Alonso Ródenas (@ius_nature) y yo a echar algunas fotos a la sierra de Chinchilla. Lo llevé al Espartal, ya que sabía que podríamos encontrar cosillas interesantes pululando por el suelo. Y así fue. Vimos arácnidos e insectos como algunas ninfas de Empusa pennata, Colias croceus, Pontia daplidice, los típicos saltamontes de espartal que se ven ahora por la zona, como Ocnerodes, Acrotylus insubricus, Pyrgomorpha conica... e incluso algunas plantas de interés, nuevas para mi inventario, como Crocus serotinus. Todavía quedan algunas mantis por ahí como Rivetina baetica y Geomantis larvoides.

    Alonso descubrió en el suelo un saltícido, que Alberto Narro nos identificó como una hembra de Aelurillus.

lunes, 21 de junio de 2021

Mi primer pseudoescorpión

 El domingo 13 de junio, en la salida de campo de las IV Jornadas Entomológicas de Castilla-La Mancha, organizadas por la Sociedad Entomológica Ambiental de Castilla-La Mancha (SEACAM) y el Jardín Botánico (JBCLM), fuimos al entorno de la Laguna del Arquillo. Un lugar al que tengo bastante cariño, sin duda. Tras un paseo en busca de odonatos, lepidópteros, ortópteros y arácnidos, entre otros animalillos, volvimos al inicio de la ruta para almorzar. Alberto Narro y yo decidimos buscar pseudoescorpiones en bajo la corteza de algunos árboles secos que encontramos por la zona. Y tuvimos éxito. En el segundo árbol que prospectamos, apareció un minúsculo pseudoescorpión. ¡Tenía muchísimas ganas de ver uno! Además pude hacerle una sesión de fotos durante un buen rato. Muchas gracias a Alberto por acompañarme en su búsqueda.

Los Pseudoescorpiones son un orden de arácnidos, diferentes de las arañas y escorpiones.


Suelen ser de un tamaño extraordinariamente pequeño. Este medía unos 3 mm.
Son muy difíciles de identificar.

jueves, 3 de junio de 2021

Viaje al sureste: Cabo Cope

Alzacola rojizo (Cercotrichas galactotes)

    A pocos centímetros de la superficie del Mar Mediterráneo, un soleado día de finales de mayo en el sureste ibérico, nada un pequeño grupo de jóvenes herreras (Lythognathus) sobre el fondo arenoso y claro, sobre caracolillas ocupadas ahora por pequeños cangrejos ermitaños que te pellizcan al ponértelos en la mano para observarlos con detenimiento. Hacia la orilla, la arena desaparece y el fondo marino se vuelve más rocoso, y se frena el oleaje en una pequeña cala. En las rocas, proliferan algas pardas como Padina pavonica y otras verdes, como Ulva y la invasora Caulerpa racemosa. Tampoco resulta raro algún erizo de mar como Arbacia lixula y dos especies de anémonas, Anemonia viridis, que mece sus tentáculos verdosos con la brisa submarina, y Actinia equina, que esconde sus tentáculos en las horas de más sol. Por supuesto, en las grietas de estas zonas rocosas que a menudo quedan descubiertas al aire atmosférico, se guarecen los cangrejos de las rocas, adaptados perfectamente al vaivén del oleaje gracias a sus poderosas patas articuladas, que les permiten agarrarse con fuerza. Aquí se ven fácilmente dos especies de cangrejos: el rápido y abundante Pachygrapsus marmoratus, típico de la zona de rompiente en parte de las costas europeas, y el cangrejo moruno Eriphia verrucosa, más recio y especialista en meterse en agujeros inverosímiles. En el ocaso, el cangrejo moruno peina las rocas en busca de otros crustáceos y pequeños animalillos a los que descuartiza y devora. Cerca, los gobios de las rocas (Gobius cobitis) permanecen quietos en los pequeños charcos que forma la marea baja, y huyen en un abrir y cerrar de ojos a esconderse si te ven asomarte. 

Anemonia viridis

Mediterráneo.

Eriphia verrucosa

Pachygrapsus marmoratus

    En tierra firme, alejándonos de la playa, comienza a cubrir el suelo la vegetación típica del sureste ibérico costero, de Cabo Cope. Conforme avanzamos y nos elevamos en la ladera, nos encontramos los primeros Asteriscus maritimus, Convolvulus althaeoides, Frankenia corymbosa, Limonium insigne, Withania frutescens, Launaea arborescens, Suaeda vera, Salsola oppositifolia... Reconocemos muchas especies de plantas adaptadas a suelos áridos y algo salados, como el albardín (Lygeum spartum), que lo mismo crece aquí que en el interior peninsular ibérico, en suelos secos con sal. Pero también aparecen plantas curiosas como Periploca angustifolia, un iberoafricanismo que penetra desde el norte de África a Europa por estos rincones semiáridos. De aspecto compacto, la forma de sus curiosos frutos le dan su curioso nombre en castellano, cornical. Nos llama la atención una pequeña planta que identificamos en seguida como del género Teucrium: T. lanigerum, endemismo de Almería y Murcia. Distinguimos a lo lejos la floración algo pasada de otra labiada, la lavanda dentada Lavandula dentata. Una prima relativamente cercana también en floración a finales de mayo y que se vislumbra entre los arbustos más oscuros es Sideritis ibanyezii. Endémica de las zonas más áridas de Alicante, Murcia y Almería. Y junto a ellas, encontramos el malvavisco marino Lavatera maritima. También se vislumbran todavía las espigas amarillas de las albaidas (Anthyllis cytisoides) y los tallos reptantes, ya con flores, de las alcaparreras (Capparis spinosa). Este lugar es un paraíso botánico, donde se juntan especies protegidas en un paisaje muy relacionado con el que encontramos en el norte de África.

Asteriscus maritimus

Periploca angustifolia

Lavandula dentata

Capparis spinosa

Lavatera maritima

    Por supuesto, no falta la fauna terrestre. Las aves, especialmente los pequeños pajarillos (Passeriformes) que encuentran aquí un oasis de alimento y refugio, resultan abundantes. Por supuesto, el protagonista de este entorno es el alzacola rojizo (Cercotrichas galactotes). Esta ave parece estar en retroceso en esta zona del sur, pero conseguimos ver nada menos que cinco ejemplares distintos. 

Alzacola rojizo (Cercotrichas galactotes)

Alzacola rojizo (Cercotrichas galactotes)

Alzacola rojizo (Cercotrichas galactotes)

Alzacola rojizo (Cercotrichas galactotes)

Alzacola rojizo (Cercotrichas galactotes)

Alzacola rojizo (Cercotrichas galactotes)

Un avecilla curiosa. Su canto me recuerda al de la cogujada, de lejos, que también está presente en la zona y de forma abundante.

Cogujada montesina (Galerida thecklae)

    Trigueros, verdecillos, verderones y pardillos también acompañan a estas aves. Entre los matorrales densos, suena el craqueteo de la curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala), tan abuntante en las garrigas mediterráneas.
 
    Por el sendero que recorre el visitante, aparecen los reptiles y algún que otro insecto. La lagartija colirroja (Acanthodactylus erythrurus) es un reptil amante de los suelos arenosos. Es muy abundante en los arenales costeros y también aquí. Y aunque hay amenos arena, encuentra en el entorno de Cabo Cope un buen lugar donde vivir.

Lagartija colirroja (Acanthodactylus erythrurus)

Lagartija colilarga (Psammodromus algirus)

Vanessa cardui

Julodis onopordi apreciando la floración de Limonium insigne.

Truxalis nasuta

Lachnaia variolosa

¿Qué es una albaida sin su correspondiente Zyganea lavandulae?

    El sureste ibérico es, como he dicho muchas veces, un paraíso para el observador de la naturaleza. En unas tierras áridas pero a la vez llenas de vida, conviven multitud de especies únicas en el contexto europeo. Así, disfrutar de la maravilla de la biodiversidad mediterránea en este entorno es hacer un viaje en el tiempo, mientras leemos los cambios que se han producido en el relieve y en la vida que, muchas veces, le da forma de matorrales perennifolios o adaptados a la sequía y a la insolación.
   
    Espero volver pronto.


Más información sobre Cabo Cope (Región de Murcia):
https://www.um.es/eubacteria/FloraCope.pdf

miércoles, 26 de mayo de 2021

Omocestus raymondi

Omocestus raymondi

     Ayer me entretuve escuchando los cantos, o mejor, estridulaciones, de dos ejemplares de Omocestus raymondi. Este saltamontes pequeño, de la familia Acrididae, es muy común en los montes mediterráneos de nuestro entorno. Yo casi siempre lo he encontrado en tomillares, romerales y espartales y resulta especialmente abundante a principios de verano.

miércoles, 21 de abril de 2021

El monte mediterráneo despierta lentamente

    El lunes 19 de abril, me aventuré a explorar una parte de la Sierra de mi pueblo que no he pateado excepto en invierno. Esta zona, por la que pasan esporádicamente ciclistas y andarines, se encuentra en un vallejo entre pinos, espartales y algún campo de labor pequeño. Hay zonas de monte bajo con genistas y asfódelos que parecen algo mejor conservadas que el resto de la sierra, con alguna encina joven no muy alta, pero digna de admirar. En total, anduve unos 11 km según el marcapasos del móvil, pero en una zona muy pequeña, ya que deshice lo andado varias veces, intentando no dejar algunos rincones de aspecto prometedor sin revisar.

En un claro de tomillar y herbazal, un buen rodal de orquídeas
espejo de Venus (Ophrys speculum) en seguida se hizo visible.

El ge de campo (Helianthemum cinereum) está estos días en flor.
No es difícil de detectar en todo el territorio.

    Mis pasos me llevaron a la zona más baja de lo que parecía una rambla entre los pinos, donde crecían de forma abundante el lastón y algunos asfódelos enormes. Entre los pinos no crecía prácticamente nada, excepto algún aladierno (Rhamnus alaternus) que esporádicamente aparecía a los pies de uno, seguramente procedente de la semilla ingerida por un pajarillo tiempo atrás. Un reclamo conocido me llamó la atención: era un papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca), que ya están llegando a Europa.

Papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca). Seguramente la mejor foto que he hecho en mi vida (no).


Dentro del pinar, encontré un árbol muerto y hecho trizas en el suelo. Tras examinar la diferente fauna que se aprovechaba de las cortezas que reposaban sobre la pinocha, como las hormigas Crematogaster scutellaris y algún colémbolo, detecté un liquen desprendido de la corteza de alguno de los árboles que circundaban la zona. Era Anaptychia ciliaris, un liquen que, en la Sierra de Chinchilla, solo he visto en tres localizaciones y que además denota que el aire es bastante puro en el entorno. A pesar de todo, es bastante raro de ver en la zona.

    Subiendo una ladera y alejándome del umbroso pinar, me dirigí hacia arriba través de una zona donde abundaban genistas, espartos, tomillos, salvias y lastones, y desde abajó vislumbré a contraluz las inconfundibles campanillas de Fritillaria lusitanica, una bulbosa de la familia de las liliáceas, que suele ser polinizada por avispas y que florece en abril.

Fritillaria lusitanica

    Al llegar a un camino y mirar hacia arriba, descubrí en el cielo la silueta inconfundible de un águila real (Aquila chrysaetos), la reina de las aves.

Águila real (Aquila chrysaetos)

    Un nuevo descendimiento a la rambla de antes me deparó una sorpresa arácnida, una garrapata en la rodilla. Menos mal que no se me enganchó. De nuevo en el pinar, encontré dos líquenes de suelo, uno de ellos era el abundante Cladonia foliacea subsp. endiviifolia y el otro, más escaso, Cetraria aculeata. Tras estos encuentros, un breve paseo por la Rambla del Agua me revela algunas otras especies de flora y fauna típicas del lugar. Aún así, noto que todavía no ha llovido suficiente esta primavera, una época crítica para las plantas. Esperemos que estas semanas caiga agua como debe caer, sin prisa pero sin pausa.

Las abundantes espigas florales de los asfódelos o gamones (Asphodelus aff. cerasiferus).

Collalba rubia (Oenanthe hispanica)

Neotinea maculata, otra orquídea, algo más escasa en la zona.

Orquídea abejera amarilla, creo que así se llama en castellano, Ophrys lutea.

Otra orquídea, Ophrys tenthredinifera.

La abundantísima Ophrys fusca.

Fritillaria lusitanica

Globularia vulgaris

Otro de los aspectos que puede presentar Ophrys fusca.

Fritillaria lusitanica, flor sin abrir.

lunes, 5 de abril de 2021

Colirrojo real, orquídeas y mariposas: comienza la primavera

 Esta tarde fui a regar unas plantas autóctonas que plantamos hace un tiempo en la Sierra de Chinchilla, ya que lleva sin llover por lo menos desde el año 1283 d.C. Aprovechando la situación, me he dado un corto paseo por la Sierra en busca de alguna orquídea diferente a las Ophrys fusca que florecen ahora por doquier en el entorno (spoiler: no encontré ninguna otra de las ocho especies que he localizado hasta ahora por la zona; hace falta agua y tiempo). Al llegar, me reciben algunos himenópteros como tres millones de abejas de la miel y una Anthophora en los romeros, y una bonita Iphiclides feisthamelii que luego me volveré a encontrar, al volver al coche. Tras un paseo mirando diferentes ejemplares de orquídeas, me he detenido en una roca de un lastonar a observar los pajarillos forestales: jilgueros, pinzones, agateadores, mitos, carboneros comunes, piquituertos... revoloteaban de aquí para allá, ajenos a mi presencia (o seguramente no). 
    Después de anotar las observaciones en el cuaderno de campo, continúo hacia otra zona dentro del pinar, donde encuentro un rodal de una decena de orquídeas y me tumbo junto a ellas para dibujarlas e indicar sus partes en el cuaderno. Al rato, un pequeño paseo por un romeral me revela la presencia de otros animalillos, como las mariposas Pontia daplidice, Vanessa cardui Callophrys rubi, y la araña Agalenatea redii. En uno de los romeros, liba una esfinge colibrí (Macroglossum stellatarum), con su larga espiritrompa.

Esfinge colibrí (Macroglossum stellatarum)

Romeral junto a la Rambla del Agua.
Agalenatea redii

    De repente, en el pinar cercano, detecto a unos 20 metros de mí un pajarillo que picotea y revuelve el suelo. El corazón me da un vuelco, porque me doy cuenta de que es un colirrojo real (Phoenicurus phoenicurus), un pajarito que puede verse por aquí durante la migración sobre todo, y que hacía muchísimos años que no veía. 

Colirrojo real (Phoenicurus phoenicurus)

Iphiclides feisthamelii