viernes, 15 de julio de 2022

Libélulas en la balsa de los huertos

    Ayer, sobre las 12:30h del mediodía, detecté un ejemplar de Anax parthenope sobrevolando la balsa de los huertos del Jardín Botánico de Castilla-La Mancha. Es una especie que no habíamos observado en el Jardín hasta la fecha, pero justo me pilló sin la cámara. Con la ola de calor que estamos sufriendo en Iberia, no volví a exponerme al sol para buscarla y menos a esas horas. Pero hoy me acerqué de nuevo y tras un rato corto de observación del estanque, no he vuelto a verla.

    Sí que he observado un macho de libélula emperador (Anax imperator) patrullando a unos 3 m de altura sobre el agua y una libélula roja (Crocothemis erythraea) dando vueltas en el borde de la balsa, que de vez en cuando se posaba en los juncos y adoptaba la postura del obelisco. También se observan estos días ingentes cantidades de los caballitos del diablo más típicos del Botánico: Ischnura graellsii y Erythromma lindenii. Se pueden ver desde primavera hasta finales de verano.

Erythromma lindenii posada en una ramilla. En el agua, se observan dos nadadores de espalda (Notonecta), potentes chinches acuáticas depredadoras adaptadas a la vida sumergida bocarriba.

Ischnura graellsii, un caballito del diablo típico del Mediterráneo Occidental.

Renacuajos de rana común ya con los cuatro miembros.

La rana común (Pelophylax perezi) es un anfibio muy fácil de observar en el Jardín Botánico y abundante. A principios de verano, se oye su potente croar retumbando en las balsas y lagunas recreadas.

Libélula emperador (Anax imperator)

Erythromma lindenii

La libélula roja (Crocothemis erythraea) en la característica postura del obelisco.


martes, 12 de julio de 2022

Las cabras monteses de Chinchilla de Montearagón (Albacete)

    Mucho se ha dicho sobre este bóvido en esta zona de Albacete, donde se hallaba extinto hasta hace pocos años, y que ahora vuelve de forma natural. Llevo tiempo comprobando, en mi entorno, que la desconexión de la naturaleza de la que hace gala una importante sección de la sociedad está basada, en general, en el desconocimiento que esta desvinculación ocasiona, como un círculo vicioso.

   Así, me gustaría hacer un apunte aportando datos reseñables para hacer ver, a quien me lea, si realmente debería o no haber cabras salvajes en Chinchilla y cómo afrontar los daños que este ungulado pueda causar. 

Capra pyrenaica hispanica

 Aquí nunca ha habido cabras

   Quiero comenzar haciendo referencia a la duda de su autoctonía. Hay quien afirma que la cabra montés no es un animal autóctono de la zona este de la provincia de Albacete y que "nunca ha habido cabras aquí", según me han dicho directamente. Para empezar, el ser humano cuando opina sobre la naturaleza en general y en concreto sobre especies, tiene un sesgo de interpretación importante y solo habla de lo que ha conocido, a nivel de individuo. El "nunca jamás" o el "en la vida" no suelen ser más de 50 años si el paisano conoció a Naranjito, como diría el colega Chus Campo. Para algunas personas, de nada sirve lo que digan los mastozoólogos o los estudiosos de las distribuciones históricas de la fauna: "de eso nunca ha habido aquí", será la respuesta que muchas personas interesadas en estos animales podrán obtener si preguntan por este cuadrúpedo en Chinchilla. Pero fallan menos los datos, los registros y la evidencia histórica que la memoria en general. La ciencia se basa en datos empíricos, no en sensaciones y recuerdos en momentos muy puntuales. Si hay registros arqueológicos y biológicos de la presencia de una especie en una zona en tiempos muy recientes... igual es que sí es autóctona.

    Por eso, hay que ofrecer datos fiables sobre la distribución local de la cabra montés en la zona. En la misma Cordillera de Montearagón, donde se encuentra la sierra de Chinchilla, encontramos pinturas rupestres de entre 10.000 y 6.000 años de antigüedad (Cueva de la Vieja, Alpera) donde uno de los animales que más abundantemente aparecen representados por los hombres y mujeres cazadores-recolectores de la Prehistoria, son las cabras monteses, junto con ciervos, uros, caballos salvajes y otros mamíferos salvajes que en la actualidad se hallan virtualmente extintos a nivel local.

Pinturas rupestres de la Cueva de la Vieja (Alpera), con las cabras monteses señaladas.
Su cronología se sitúa entre el 6500 y el 3200 a.C.

    Pero igual parece que nos remontamos a hace demasiados años. Miremos más recientemente, en concreto a las Relaciones Topográficas de Felipe II (1562) y a lo que dijo el encargado de redactar las de Chinchilla: "[...] crianse en esta tierra muchos benados, corços, gatos monteses y algunas vezes se hayan puercos y cabras monteses [...]".

    Como vemos, este animal, como tantos otros (ciervos, corzos, lince, lobo), es una especie autóctona, que fue eliminada hace siglos de gran parte de la Península y que ahora, como está ocurriendo en gran parte de Europa con otros mamíferos, recupera lo que siempre fue suyo, su hábitat. Dudar de su carácter autóctono en nuestros montes no aporta nada y ofrece una visión incorrecta de la medida del tiempo, que no remonta más allá de unas pocas generaciones. Es decir, su autoctonía en Chinchilla es respaldada por los registros históricos recientes. 

Daños y convivencia pacífica

    Por otro lado, lo que sí hemos de hacer es encontrar maneras de convivir con la fauna silvestre de la forma menos conflictiva posible y valorar su importancia como riqueza de nuestros campos. Si un gran animal silvestre, como es el caso de la cabra montés en Chinchilla, causa daños, ya sea en cultivos o construcciones, es responsabilidad exclusiva de las administraciones de gestión ofrecer una alternativa o indemnización a la persona afectada por el comportamiento natural del animal (en este caso, corresponde a la administración autonómica). Es imprescindible que sean técnicos quienes evalúen la situación y tomen las medidas adecuadas, de acuerdo con las leyes que rigen nuestra relación con el medio ambiente.

    Además de esto, es la propia sociedad la que, por su parte, debe también formular estrategias de convivencia pacífica con los animales, para reducir al máximo los riesgos. Es decir, la ciudadanía juega también su papel fundamental, independientemente de la gestión de los gobiernos locales o autonómicos. 

    En Europa, donde los humanos hemos aniquilado una gran proporción de grandes mamíferos, no estamos acostumbrados a convivir con ellos en nuestras cercanías desde hace cientos de años (exceptuando algunos países del noreste), por lo que la conciencia social es hipersensible al contacto estrecho con fauna salvaje, aunque este pueda consistir, únicamente, en su mera observación puntual y anecdótica en un entorno suburbano; no ocurre así en otros países de África o Asia. El caso más extremo pueden ser aquellas sociedades humanas que han de coexistir con superdepredadores de la talla de leones o tigres, donde se ha adaptado la ganadería y la agricultura locales (incluso la pesca, en el caso de que existan cocodrilos o hipopótamos, que causan más de 500 muertes al año) para reducir al máximo los conflictos. Resulta curioso, sin duda, que sean ciertas sociedades tradicionalmente consideradas más retrasadas por las imperialistas y avanzadas sociedades europeas, las que les den lecciones de conducta. Pongamos un ejemplo de convivencia con animales salvajes: el pueblo masái, una tribu seminómada de Tanzania y Kenia, depende en gran parte del pastoreo del cebú o vaca masái. En la sabana, leones, leopardos, guepardos, hienas y licaones son depredadores potenciales del ganado. Por ello, mediante su ingenio, los masáis fabrican diferentes medios disuasorios de estos carnívoros para proteger su medio de subsistencia, como es el caso de Richard Turere, que con 13 años organizó un sistema de luces parpadeantes que asustaba a los leones y los alejaba de los rediles del ganado. Además, mediante diferentes iniciativas locales, en Kenia se han protegido grupos de leones involucrando a la población masái, especialmente a los guerreros, que reciben formación y un salario por realizar seguimientos poblacionales y promover la protección de los leones, combatiendo la caza furtiva. ¿Por qué aquí no íbamos a exprimir nuestra inventiva de la misma manera, con el fin de proteger nuestros bienes de unos mamíferos que además de ser herbívoros son pacíficos? 

Cabra montés en el Estrecho del Hocino (Sierra de Alcaraz), de una de las poblaciones
de cabra más conocidas de la provincia de Albacete.

     Por otra parte, conozco a mucha gente que está encantada de poder ver estos elegantes animales tan carismáticos en un entorno tan cercano tanto de Chinchilla como de Albacete. Estas personas son consumidoras potenciales de los recursos turísticos y servicios de la zona, que visitan Chinchilla con el fin de observar las cabras y fotografiarlas, a la vez que pasean por las calles con encanto de la localidad y "corren la voz" sobre estos animales en sus entornos habituales, funcionando como atrayentes para otros interesados. Así, las cabras (y todos los valores naturales de Chinchilla) se encadenan en una red con el resto de valores turísticos, culturales, gastronómicos, etc. de la localidad. En otros países e incluso aquí en España, la fauna salvaje es un recurso muy seductor para muchos amantes de la naturaleza, quienes pagan gustosos por poder sentirse tan cerca de ella. En nuestro caso, la cabra montés es un endemismo exclusivo de la península ibérica, extendida en las principales cadenas montañosas del territorio y se divide en diferentes subespecies. Su endemicidad la hace única en el contexto mundial, por lo que su singularidad atrae a interesados en la fauna desde cualquier rincón del mundo.

    Recapitulando 

¿Es la cabra montés un mamífero autóctono en Chinchilla? La respuesta es sí, aunque haya permanecido ausente por causas antrópicas hasta tiempos recientes y esté volviendo a extenderse de forma natural, como ocurre con otros animales.

¿Se puede convivir con este animal en un entorno urbano o suburbano? Por supuesto que sí, tomando las medidas adecuadas y con un respaldo administrativo local y regional permanente.

¿Es beneficiosa la presencia de estos animales en Chinchilla a nivel turístico o social? Sí, puesto que muchas personas viajan a la localidad para observarlas y son potenciales usuarios de tiendas, restaurantes, etc. locales.

       A la luz de la tendencia expansiva de ciertos ungulados ibéricos (debida a múltiples causas, casi siempre antrópicas), así como la ocupación cada vez más intensiva e invasiva de parajes naturales por parte de los seres humanos (construcciones de urbanizaciones, carreteras, etc.) es esperable que, en el futuro próximo, el contacto entre humanos y grandes animales se acentúe, lo que puede ocasionar conflictos de diferentes tipos. En nuestro entorno, el jabalí, cuyas poblaciones se han visto favorecidas directamente por los humanos, es un gran mamífero extendido al que la sociedad rural, en general, está acostumbrada en cierta manera. La cabra montés es una especie que se suma a la recolonización de sus territorios, siendo previsible que otros ungulados como el corzo o el ciervo aparezcan en nuestro entorno en años venideros. De hecho, el corzo, cérvido mencionado en las Relaciones Topográficas de Felipa II para Chinchilla, que llevaba extinto en Albacete unos 200 años, ya se ha detectado en múltiples localidades de la mitad norte de la provincia, siguiendo la expansión que desde hace unos años se observa desde la Serranía de Cuenca hacia el sur. Su carácter es extremadamente adaptativo, lo cual le permite colonizar bosques caducifolios, pinares, encinares, matorrales degradados, herbazales, llanuras de cultivo y zonas suburbanas. Por esta razón, es muy abundante en toda Eurasia, formando parte de la dieta de depredadores como el lince europeo o el lobo. 

    Por eso, es tarea de todos, ciudadanos y administraciones, el considerar el valor innegable que aporta la mastofauna en nuestro entorno y aprovechar su presencia para promover prácticas de uso del medio más respetuosas tanto con la naturaleza como con nosotros mismos.


Momento familiar de las cabras monteses en Chinchilla.

martes, 29 de marzo de 2022

Primera búsqueda nocturna de sapos del año

  Después de semanas y semanas sin lluvia, por fin, acabaron llegando a mitad de marzo. Una noche, aprovechamos para ir en busca de anfibios activados por la repentina humedad ambiental. Lo cierto es que el único anfibio que vimos fueron sapos corredores (Epidalea calamita), pero lo pasamos bien. Aquí una muestra de lo observado, la noche del 26 al 27 de marzo.

Sapo corredor (Epidalea calamita) en una charca artificial.

Una araña del género Micrommata.

Cucaracha (Phyllodromica subaptera/iberica).

jueves, 24 de marzo de 2022

El pítano (Vella pseudocytisus subsp. pseudocytisus) en su hábitat natural

 El pítano (Vella pseudocytisus subsp. pseudocytisus) es un arbusto de la familia de las brasicáceas (crucíferas) que conocí gracias a las labores de conservación de esta especie que se llevan a cabo en el Jardín Botánico de Castilla-La Mancha. Esta planta, endémica de las estepas con yeso de la zona central del río Tajo, se encuentra amenazada de extinción. Crece en las cercanías de Ontígola (Toledo) y Aranjuez (Madrid), acompañando a espartos, gamones, genistas, carraspiques... Curiosamente, está tan adaptada a los suelos con yesos que es capaz de extraer agua mediante ósmosis inversa en estas zonas tan castigadas no solo por el clima del lugar, sino también por las características edáficas, del suelo.

Tenía muchas ganas de verla en su hábitat natural, así que, coincidiendo con su floración en el JBCLM, nos acercamos a verla cerca de Ontígola. Primero decidí echar un vistazo a unas laderas con yeso que se encuentran al sur de esta localidad, pero no di con ella. Desde lejos veía matas amarillas, pero eran Genista scorpius. Su tono de amarillo es diferente. No obstante, aunque no la vi en este enclave, sí disfruté como un crío viendo otras cosas.

Iberis saxatilis [carraspique]

Terraplenes yesosos, con plantas adaptadas a estos duros ambientes
como Gypsophila struthium, Lepidium subulatum...

Junto a un cultivo, crecían muchas de estas lechetreznas... ¿Euphorbia lagascae?

Laderas con yeso, con Gypsophila, Lepidium, Stipa...

En los yesos existe una costra biológica muy interesante. Estos líquenes blancos son Cladonia foliacea.

Una curiosa perdiz roja (Alectoris rufa) en medio de un campo de cultivo.

Tras esta vuelta sin éxito, decidí buscar en Internet algún artículo que mostrara al menos las cuadrículas donde podría verse el pítano. No fue difícil encontrarlo, y en seguida pusimos rumbo a otro lugar cercano, esta vez en Aranjuez. Ya desde el coche se veían las plantas en flor, aquí y allá, entre gamones y otros arbustos. 

En esta imagen se aprecia muy bien cómo el esparto crecen mayoritariamente en las partes superiores de las colinas, en suelos donde el yeso se ha lavado, junto a retamas, y el pítano aparece en suelos
más bajos, con yesos, incluso algo nitrificados.

Pítano en flor.

Hábitat del pítano.

Detalle de una ramilla florida.

miércoles, 2 de marzo de 2022

La tortuga mora

    En febrero, vi en Twitter una fotografía de una tortuga mora cerca de Águilas, donde ya empezaban a salir de su letargo. Este animalito se encuentra protegido en España, con la categoría de "En peligro de extinción". Aquí tenemos dos especies de tortuga terrestre y dos galápagos de agua, más todas las especies exóticas de tortugas que están apareciendo en diferentes ambientes de la península, debido a la liberación incontrolada de mascotas que se han ido realizando por personas incoscientes desde hace pocos decenios.

    Para mí, ver una tortuga terrestre en libertad no es para nada normal, por supuesto. Es un animal curioso sin duda, no solo por su forma y aspecto, sino también por sus características evolutivas, ya que forman parte de un orden de reptiles que perdura en el planeta desde el periodo Triásico (hace unos 250 millones de años).

    Así, decidimos ir a buscarlas al rincón más lejano del sureste ibérico, en febrero, justo cuando comienzan a estar más activas. Una vez allí, pensábamos que iba a ser muy difícil encontrar un ejemplar, y teníamos razón. Pero justo cuando nos habíamos dado por vencidos, apareció...

El animal no era tan lento como pensábamos.

De vez en cuando se detenía y nos miraba.

Luego se lo pensaba mejor y continuaba su marcha hacia delante.

    Antes de encontrarla, por supuesto, nos detuvimos mirando las plantas tan interesantes que crecen en este rincón de Europa:

Arisarum vulgare [candilicos]

Sideritis cf. ibanyezii [rabogato]

Flor de Arisarum vulgare. 

Periploca angustifolia [cornicabra, cornical]

Otra flor de Arisarum, con tonos más oscuros.

Lavatera maritima [malva marítima, malvavisco de mar]

Lavandula dentata [alhucema, lavanda dentada]

Antes de volver a casa, dedicamos un rato a observar los picados de los alcatraces atlánticos (Morus bassanus) junto a la costa rocosa.

domingo, 13 de febrero de 2022

Estornino pinto (Sturnus vulgaris)

 Hoy he visto este bonito ejemplar de estornino pinto en La Felipa, pedanía de Chinchilla. Aunque es un ave invernante que se mezcla con los estorninos pintos (Sturnus unicolor), lo cierto es que nunca había conseguido fotografiar uno por mi zona. Cuando iba al instituto, solía encontrarme algunos trozos de estornino pinto en el suelo del Parque de Abelardo Sánchez en Albacete, sin duda depredados por alguna rapaz.





Expedición tardoinvernal al Calar de la Sima

Distancia recorrida: 13 km.
Altitud máxima alcanzada (aprox.): 1600 m s.n.m.

    El pasado día 2 de febrero, hicimos Miguel Domenech, Alonso Ródenas y yo una expedición a una zona de grandes altitudes mediterráneas de nuestra provincia: el Calar de la Sima. Íbamos con la intención de encontrar algunos insectos que resisten los fríos, ventiscas y nieves de las cumbres escarpadas, ocultos entre matorrales compactos, espinosos y muy almohadillados, como Pycnogaster sanchezgomezi o algún Eumigus.

    El Calar de la Sima se localiza al sur del Parque Natural de los Calares del Mundo y de la Sima, en las sierras de Segura (que no del Segura, ya que esto es una delimitación geopolítica) albacetenses. La montaña más alta de este entorno es el pico Mentiras, con unos 1897 m sobre el nivel del mar. Las vistas una vez arriba, son espectaculares y aunque no es la primera vez que lo visito, ni la primera vez que aparece en este blog, la verdad es que lo disfruté de otra manera, más a gusto, más tranquilo. Dejamos el coche en una explanada, desde donde seguimos un sendero que subía atravesando unos pinares muy densos de pinos resineros (Pinus pinaster) y pinos laricios (Pinus nigra subsp. salzmannii). En el sotobosque, se veían algunos arbustos espinosos como el cojín de monja (Erinacea anthyllis), que posteriormente veríamos formando parte principal de algunas comunidades de alta montaña, por encima del límite del bosque. Los eléboros (Helleborus foetidus) ya comenzaban su floración. Me sorprendió no ver ninguna primavera (Primula vulgaris), pero imagino que la falta de lluvias se habrá llevado muchas por delante, o tal vez algún ungulado se las merendó hace tiempo. También se ve algún Daphne laureola, cuyo nombre vulgar desconozco, aunque en Internet pone que se llama "adelfilla", pero ya sabéis que no me gustan los nombres vulgares, pues muchas veces incitan a la confusión. Conforme vamos subiendo, poco a poco los pinares van dejando paso a zonas más despejadas, primero con pequeños sabinares de sabina mora (Juniperus phoenicea), donde predominan los prados pisoteados por el ganado, pero también otras zonas mejor conservadas, con muchos matorrales adaptados a grandes altitudes, y también arbolillos espinosos y pinos solitarios. Si recorremos algunos de estos senderos que discurren hacia las cumbres y prestamos atención, podremos observar una variación en las especies de plantas que componen el bosque de las sierras de esta zona. Por ejemplo, desde el coche podemos ver pinares de pino carrasco con lentiscos y esparto, luego pinares de resinero con encinas y algún quejigo, luego pinares de resinero y laricio, donde crecen enebros de la miera y más arriba, pinares de laricio, con algún resinero perdido, donde el enebro común sustituye al de la miera. Esto significa que conforme ascendemos, atravesamos diferentes pisos bioclimáticos: desde el piso mesomediterráneo al supramediterráneo, y después, el oromediterráneo. Aunque esto es tema para otra entrada.

    Conforme caminábamos, escuchábamos los reclamos y cantos de algunos pajarillos del bosque, como el herrerillo capuchino (Lophophanes cristatus), el carbonero común (Parus major) y el piquituerto (Loxia curvirostra). También se veían algunos buitres leonados (Gyps fulvus), cómo no.

    Además, a media subida encontramos un espinazo de algo que parecía un choto de cabra montesa (Capra pyrenaica), que analizamos en busca de insectos necrófagos. Encontramos un escarabajo del género Thanatophilus ("amante de la muerte") que salió corriendo a esconderse en cuanto nos detectó.

    Posteriormente, seguimos avanzando hacia una cumbre contigua al pico Mentiras y ahí consumimos un tentempié debajo de un enorme pino resinero solitario. A nuestro alrededor se veían muchos pinos con bolsones de la procesionaria del pino, Thaumetopoea pityocampa, que cada vez afectan con mayor virulencia a algunos pinos... 

    Finalmente, tras una subida de unos 200 m hasta una cumbre cercana al pico Mentiras, decidimos darnos por vencidos, pues no encontrábamos las especies de Pycnogaster y de Eumigus que andábamos buscando y volvimos a bajar. Sin embargo, al volver a pasar bajo el pino donde habíamos comido, Alonso dio la voz de alarma: ahí estaba nuestro joven amigo, junto a nuestras mochilas.

Al pasar la llamada Peña de la Cabeza, a mano derecha,
crecen algunas sabinas moras (Juniperus phoenicea).

Las vistas de las cumbres y cortados son espectaculares. Cuajadas de pinares y algunos espinos albares (Crataegus laciniata, seguramente), nos recuerdan cómo debió ser parte de la península ibérica
hace miles de años, cuando el clima era algo más frío.

Una oruga de geométrido entre las agujas del cojín de monja (Erinacea anthyllis). Atención a este blandito ser, que es capaz de desarrollarse durante un periodo en el que se alcanzan día sí y noche también, temperaturas bajo cero.

Desde el sendero, continuábamos viendo y admirando el paisaje agreste.

Los árboles que predominan aquí son viejos pinos negrales o laricios (Pinus nigra subsp. salzmannii), entre matorrales muy espinosos de enebros y otras plantas.

Thanatophilus cf. ruficornis.

El azafrán blanco de montaña, Crocus nevadensis, florecía junto con algunos narcisos.

Vegetación típica de estas zonas montañosas.

En busca de la biodiversidad montana.

En las cumbres, los pinos abanderados nos observaban impasibles.
Los fuertes vientos de estas altitudes configuran el porte de estos árboles.

Desde las cercanías del pico Mentiras, se ven sierras jienenses.

Estos matorrales espinosos de aspecto almohadillado, adaptados a la nieve e insolación, conforman el hábitat de un ortóptero montano muy interesante, Pycnogaster sanchezgomezi constricta,
endemismo de estas sierras prebéticas.

Los bolsones de la procesionaria son muy visibles desde lejos, adornando las copas de los pinos. 

Daphne oleoides

La peña del Cambrón, límite entre Jaén y Albacete, entre Andalucía y Castilla.

En estos matorrales donde abunda Erinacea anthyllis crecen también muchos ejemplares
de Daphne oleoides.

El pico Mentiras, con sus casi 1900 m de altitud, con algo de nieve.
Es el segundo pico más alto de la provincia de Albacete.

Espino blanco entre cojines de monja. Al fondo, el hueco de Tus.

El único ejemplar de Pycnogaster sanchezgomezi constricta que vimos.

Al fondo, la peña del Cambrón.

Piquituerto (Loxia curvirostra), un pajarillo de la familia de los fringílidos, como el verderón, el jilguero, el canario o el pinzón, muy ligado a los pinares, especialmente donde crecen pinos
de semilla pequeña.

El hueco de Tus.

Helleborus foetidus en floración.

Atardece.

Daphne laureola preparándose para florecer.