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31 mayo 2026

Una calurosa excursión por la laguna del Arquillo

Hoy, 31 de mayo de 2026, fuimos mi amigo Barry Underwood y yo de excursión a la laguna del Arquillo. Yo pensaba que él nunca había ido, y lo estaba llevando como si fuera un sitio misterioso y nuevo para él hasta que me admitió que en realidad sí que había estado. En fin, decidimos continuar igualmente, y al llegar, nos recibió el griterío de unos gorriones chillones (Petronia petronia) que nos costó mucho detectar porque teníamos el sol de frente, hasta que finalmente vimos uno posado en una higuera que crecía en un paredón.

Gorrión chillón (Petronia petronia)
Llevé a Barry a ver la famosa pintura rupestre del ciervo, que ya ha aparecido alguna vez en este blog y nos costó un poco encontrarla, hasta que al final dimos con ella.
Pintura rupestre del ciervo. Laguna del Arquillo.
Después continuamos bordeando el río del Pesebre. Nos encontramos unas orquídeas que ya he visto varias veces en esta zona, aunque nunca me he detenido a identificarlas correctamente. Diría que son del grupo de Orchis coriophora: 

Finalmente, llegamos a este bello rincón de la provincia de Albacete para seguir observando diferentes especies animales y vegetales. El calor ya apretaba a las 11 de la mañana, menos mal que íbamos protegidos del sol. Es una barbaridad el tiempo que estamos teniendo a finales de mayo, muy agresivo, como si estuviéramos en pleno julio.
Laguna del Arquillo, con su característico masegar de Cladium mariscus, y los encinares con sabina albar y arce de Montpellier.
La laguna del Arquillo es famosa por sus nenúfares amarillos y sus galápagos leprosos. En este caso, no es un galápago leproso lo que conseguí fotografiar, sino una tortuga norteamericana del género Trachemys, un animal invasor en la península ibérica.
Nenúfares amarillos (Nuphar lutea) floreciendo.
Me gusta mucho esta imagen porque se aprecia muy bien la zonación de las diferentes comunidades vegetales desde la colina que divide la laguna en dos masas de agua algo conectadas entre sí: de más cerca a más lejos, hacia la zona oeste, un herbazal de gramíneas sobre una pequeña morra, después una franja de junco churrero (Scirpoides holoschoenus), después el masegar (Cladium mariscus), luego el cuerpo de agua de una parte de la laguna del Arquillo en su parte menos profunda, con la importante población de nenúfar amarillo (Nuphar lutea) y, después, un carrizal de Phragmites australis. Después viene una sauceda mixta con diferentes especies del género Salix intercaladas con plantas como cornejo (Cornus sanguinea) y espino albar (Crataegus monogyna), y luego, el bosque esclerófilo, donde abunda la encina o carrasca (Quercus ilex subsp. ballota) con algunas sabinas albares (Juniperus thurifera), sobre un sotobosque de arbustos dominado casi exclusivamente por romero (Rosmarinus officinalis).
Inflorescencia de cf. Scabiosa con una ninfa de ensífero.
Hembra y macho de Calopteryx haemorrhoidalis.
Cordulegaster boltonii, que veíamos ir y venir mientras devorábamos sendos bocadillazos de chistorras y tortilla con mayonesa como almuerzo de media mañana.
Cordulegaster boltonii

Pudimos ver y oir diferentes especies de aves como carriceros comunes (Acrocephalus scirpaceus) y aguilucho lagunero occidental (Circus aeruginosus), además de pinzón vulgar (Fringilla coelebs), cetia ruiseñor (Cetia cetti), ruiseñor común (Luscinia megarhynchos), pito real ibérico (Picus sharpei), tarabilla común (Saxicola rubicola), escribano triguero (Emberiza calandra) e, incluso, un cistícola buitrón (Cisticola juncidis), entre otros
Calopteryx xanthostoma
Arce de Montpellier (Acer monspessulanum)
Sin duda, una mañana en la que hemos disfrutado y aprendido mucho de este espacio natural tan especial, donde el naturalista puede disfrutar incluso de ser acosado por numerosas moscas planas hipobóscidas.

26 abril 2024

Retorno a la Rambla del Agua

    El otro día, después de bastante tiempo sin salir al campo, decidí acercarme a la Rambla del Agua, en la Sierra de Chinchilla. Esta es una zona que me conozco bien, donde he explorado la biodiversidad a fondo e, igualmente, cada vez que voy, siempre acaba sorprendiéndome. Mis compañeros de ARBA, la Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono, también la conocen muy bien y muchas veces la hemos recorrido a pie observando flora y fauna, y favoreciéndolas.

   Me desperté bastante pronto el día 22, y no podía volverme a dormir, así que desayuné y me eché al campo. A las 8:30h de la mañana ya me encontraba observando los extensos atochares (formaciones vegetales de esparto, Machrocloa tenacissima) de la sierra de mi pueblo, que tantos momentos de disfrute me han dado en la naturaleza desde que empecé a campear por mi cuenta en la naturaleza.

Muchas personas desprecian los espartales, pero a mí me encantan por la gran biodiversidad que presentan. El de la imagen se encuentra muy expuesto a los elementos y aquí el esparto convive con otras plantas propias de esta zona de la península ibérica como Brachypodium retusum, Thymus vulgaris, Genista pumila subsp. pumila, Teucrium capitatum, T. gnaphalodes e incipientes carrascas (Quercus ilex subsp. rotundifolia). En algunos vallejos, hay campos de cultivo en los que se alimentan perdices y otras aves, así como conejos.

Espartos en plena floración. A cuántas miles de familias dio de comer hasta hace pocos años esta planta, gracias a la fibra que se puede extraer de ella y que sirvió para hacer todo tipo de trenzados, en cestería, cuerdas, etc.
    Continuando mi camino hacia la Rambla del Agua, pude observar cómo las abundantes lluvias de marzo y las temperaturas templadas que hemos tenido han provocado una explosión de flores. Al inicio de la Rambla, o por lo menos por donde yo suelo acceder, encontré prácticamente cada planta en flor, especialmente los tomillos, pero también los primeros carraspiques (Iberis pectinata) que abundan en un campo de cultivo colindante, y las coronillas de fraile (entre otros nombres), Globularia vulgaris. La temperatura era de unos 6 ºC según el termómetro del coche, pero se esperaban máximas de unos 21 ºC, y todo estaba cubierto de rocío.

Tramo alto de la Rambla del Agua. El camino central es por donde caminan los senderistas y los animales, y por donde discurre el agua cuando llueve mucho.

Globularia vulgaris

Iberis pectinata
    La Rambla del Agua tiene tramos con laderas más expuestas y vegetación rasa y compacta, o con paredes erosionadas que estrechan el sendero a modo de pasadizo, donde se refugian aves e insectos de la arena, pero en general está bordeada de pinar de pino carrasco (Pinus halepensis) de repoblación, con un sotobosque bastante pobre que a veces se vuelve o inexistente o muy denso, y cuando es así, la planta principal que encontramos es el romero. Aparte de oir el canto de los piquituertos (Loxia curvirostra), aves especializadas en pinos de semilla pequeña y de algunas otras aves, no vi mucho movimiento de fauna durante mi corta caminata.

Zegris eupheme, descansando y relajada por el frío. una mariposa cuyas orugas se alimentan de diversas especies de crucíferas.

La única especie de orquídea que observé fue la abundantísima Ophrys fusca.

En las zonas expuestas que bordean la rambla y que aparecen de vez en cuando al recorrerla incluyen vegetación rasa de aromáticas mediterráneas y plantas espinosas, como el tomillo común (Thymus vulgaris) y la aliaga (Genista pumila) que aparecen en flor en la imagen, sobre poco suelo muy pedregoso.

Aquí abunda la coronilla (Coronilla minima subsp. lotoides).

Todavía quedan en flor algunas genistas (Genista scorpius).

Uno de los tramos de la Rambla del Agua. En esta zona, hemos plantado con ARBA diferentes especies autóctonas que se han dado muy bien, como el espantalobos (Colutea hispanica).

Otro de los insectos que pude ver, el abejorro común (Bombus terrestris lusitanicus), afanado en buscar néctar en un tomillo.
    Aunque la caminata fue corta y rápida, me sirvió para desintoxicarme un poco y para observar cómo las recientes lluvias han favorecido la floración de tantas especies. Al cabo de una hora y pico, me volví a casa, no sin antes detenerme observando otras flores.
Jarilla (Helianthemum asperum) y tomillo (Thymus vulgaris).

Helianthemum asperum

Tomillar con espartos y aliaga en flor.

21 abril 2021

El monte mediterráneo despierta lentamente

    El lunes 19 de abril, me aventuré a explorar una parte de la Sierra de mi pueblo que no he pateado excepto en invierno. Esta zona, por la que pasan esporádicamente ciclistas y andarines, se encuentra en un vallejo entre pinos, espartales y algún campo de labor pequeño. Hay zonas de monte bajo con genistas y asfódelos que parecen algo mejor conservadas que el resto de la sierra, con alguna encina joven no muy alta, pero digna de admirar. En total, anduve unos 11 km según el marcapasos del móvil, pero en una zona muy pequeña, ya que deshice lo andado varias veces, intentando no dejar algunos rincones de aspecto prometedor sin revisar.

En un claro de tomillar y herbazal, un buen rodal de orquídeas
espejo de Venus (Ophrys speculum) en seguida se hizo visible.

El ge de campo (Helianthemum cinereum) está estos días en flor.
No es difícil de detectar en todo el territorio.

    Mis pasos me llevaron a la zona más baja de lo que parecía una rambla entre los pinos, donde crecían de forma abundante el lastón y algunos asfódelos enormes. Entre los pinos no crecía prácticamente nada, excepto algún aladierno (Rhamnus alaternus) que esporádicamente aparecía a los pies de uno, seguramente procedente de la semilla ingerida por un pajarillo tiempo atrás. Un reclamo conocido me llamó la atención: era un papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca), que ya están llegando a Europa.

Papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca). Seguramente la mejor foto que he hecho en mi vida (no).


Dentro del pinar, encontré un árbol muerto y hecho trizas en el suelo. Tras examinar la diferente fauna que se aprovechaba de las cortezas que reposaban sobre la pinocha, como las hormigas Crematogaster scutellaris y algún colémbolo, detecté un liquen desprendido de la corteza de alguno de los árboles que circundaban la zona. Era Anaptychia ciliaris, un liquen que, en la Sierra de Chinchilla, solo he visto en tres localizaciones y que además denota que el aire es bastante puro en el entorno. A pesar de todo, es bastante raro de ver en la zona.

    Subiendo una ladera y alejándome del umbroso pinar, me dirigí hacia arriba través de una zona donde abundaban genistas, espartos, tomillos, salvias y lastones, y desde abajó vislumbré a contraluz las inconfundibles campanillas de Fritillaria lusitanica, una bulbosa de la familia de las liliáceas, que suele ser polinizada por avispas y que florece en abril.

Fritillaria lusitanica

    Al llegar a un camino y mirar hacia arriba, descubrí en el cielo la silueta inconfundible de un águila real (Aquila chrysaetos), la reina de las aves.

Águila real (Aquila chrysaetos)

    Un nuevo descendimiento a la rambla de antes me deparó una sorpresa arácnida, una garrapata en la rodilla. Menos mal que no se me enganchó. De nuevo en el pinar, encontré dos líquenes de suelo, uno de ellos era el abundante Cladonia foliacea subsp. endiviifolia y el otro, más escaso, Cetraria aculeata. Tras estos encuentros, un breve paseo por la Rambla del Agua me revela algunas otras especies de flora y fauna típicas del lugar. Aún así, noto que todavía no ha llovido suficiente esta primavera, una época crítica para las plantas. Esperemos que estas semanas caiga agua como debe caer, sin prisa pero sin pausa.

Las abundantes espigas florales de los asfódelos o gamones (Asphodelus aff. cerasiferus).

Collalba rubia (Oenanthe hispanica)

Neotinea maculata, otra orquídea, algo más escasa en la zona.

Orquídea abejera amarilla, creo que así se llama en castellano, Ophrys lutea.

Otra orquídea, Ophrys tenthredinifera.

La abundantísima Ophrys fusca.

Fritillaria lusitanica

Globularia vulgaris

Otro de los aspectos que puede presentar Ophrys fusca.

Fritillaria lusitanica, flor sin abrir.

05 abril 2021

Colirrojo real, orquídeas y mariposas: comienza la primavera

 Esta tarde fui a regar unas plantas autóctonas que plantamos hace un tiempo en la Sierra de Chinchilla, ya que lleva sin llover por lo menos desde el año 1283 d.C. Aprovechando la situación, me he dado un corto paseo por la Sierra en busca de alguna orquídea diferente a las Ophrys fusca que florecen ahora por doquier en el entorno (spoiler: no encontré ninguna otra de las ocho especies que he localizado hasta ahora por la zona; hace falta agua y tiempo). Al llegar, me reciben algunos himenópteros como tres millones de abejas de la miel y una Anthophora en los romeros, y una bonita Iphiclides feisthamelii que luego me volveré a encontrar, al volver al coche. Tras un paseo mirando diferentes ejemplares de orquídeas, me he detenido en una roca de un lastonar a observar los pajarillos forestales: jilgueros, pinzones, agateadores, mitos, carboneros comunes, piquituertos... revoloteaban de aquí para allá, ajenos a mi presencia (o seguramente no). 
    Después de anotar las observaciones en el cuaderno de campo, continúo hacia otra zona dentro del pinar, donde encuentro un rodal de una decena de orquídeas y me tumbo junto a ellas para dibujarlas e indicar sus partes en el cuaderno. Al rato, un pequeño paseo por un romeral me revela la presencia de otros animalillos, como las mariposas Pontia daplidice, Vanessa cardui Callophrys rubi, y la araña Agalenatea redii. En uno de los romeros, liba una esfinge colibrí (Macroglossum stellatarum), con su larga espiritrompa.

Esfinge colibrí (Macroglossum stellatarum)

Romeral junto a la Rambla del Agua.
Agalenatea redii

    De repente, en el pinar cercano, detecto a unos 20 metros de mí un pajarillo que picotea y revuelve el suelo. El corazón me da un vuelco, porque me doy cuenta de que es un colirrojo real (Phoenicurus phoenicurus), un pajarito que puede verse por aquí durante la migración sobre todo, y que hacía muchísimos años que no veía. 

Colirrojo real (Phoenicurus phoenicurus)

Iphiclides feisthamelii