miércoles, 14 de enero de 2026

Viaje a Costa Rica VII: nos vamos a Monteverde y vemos quetzales en el bosque nuboso

16 de abril de 2023

Cuando amanecimos, mientras esperábamos un nuevo transporte que nos habría de llevar a la zona fresca y a mayor altitud de Monteverde, dimos otro pequeño paseo por los jardines del hotel Tabacón. Allí, aparte de detectar un pájaro carpintero de cara negra o centroamericano (Melanerpes pucherani), vimos también un anolis (Anolis limifrons). Además, dos coatíes (Nasua narica), de los que mantuvimos cierta distancia, y otros animalillos.

Carpintero centroamericano (Melanerpes pucherani)
Semillero variable (Sporophila corvina)
Blakea scarlatina
Anolis (Anolis limifrons)
Grillo del género Phylloptera.
Los coatíes no paran quietos, siempre en busca de animalillos y frutos que comer del suelo.
Este otro ejemplar buscaba invertebrados en un césped frente al hotel.
    Poco después, nos vimos embarcados en un bote que cruzaba el lago Arenal, desde el cual tuvimos unas vistas espectaculares del volcán homónimo, que dejábamos atrás, con su "chal" de nubes en torno a su cumbre.
Volcán Arenal desde el lago Arenal.

Por supuesto, también estuvimos pendientes de la fauna que veíamos en las orillas del lago. 

Cormorán neotropical (Nannopterum brasilianum)
Martín gigante neotropical (Megaceryle torquata)
La selva impenetrable.

Me dio mucha pena ver bambú por todos lados. Un guía nos dijo que lo trajeron de China y se les fue de las manos.
La omnipresente garcilla verde (Butorides virescens) nos esperaba al otro lado del lago,
donde desembarcamos. 

Una vez llegados al hotel (Trapp Family Monteverde), descansamos un poco, y desde la ventana pude ver diferentes aves. En la recepción, podías reservar diferentes rutas con guías por la selva, así que decidimos reservar una. 

Ruta por la selva en Monteverde: observaciones naturalísticas

Desde el hotel fuimos andando hasta la entrada de la reserva. El guía que nos esperaba se llamaba Rodrigo. Al principio nos pareció una persona algo distante: seguramente, pensé, estaba harto de tratar con turistas que no apreciaban la naturaleza o que no la respetaban. Al cabo de un rato con él, en seguida entablamos conversación sobre la naturaleza. Nos fue indicando diferentes especies animales y vegetales durante todo el camino y yo le hablé de mi trabajo en el Jardín Botánico de Castilla-La Mancha. Él me dijo que había colaborado con diferentes botánicos del mundo.

Al poco de entrar en la selva, Rodrigo nos mostró entre los árboles una pareja de quetzales (Pharomachrus mocinno) que iban y venían de un agujero en un tronco. Yo no me lo podía creer, siempre pensé que esta ave legendaria era dificilísima de observar en su hábitat natural. 

Durante este paseo, me di cuenta de que mi cámara no estaba respondiendo bien a lo que yo necesitaba, no sé si toqué alguna función (no soy fotógrafo) sin darme cuenta o le pasó algo a algún sensor con tanta humedad. El caso es que muchas de las fotografías que tomé en esta excursión salieron muy borrosas. Observamos enormes insectos palo y pajarillos entre las ramas, y nuestro primer mono capuchino o carablanca (Cebus capucinus). Luego veríamos más.

La selva impresionaba, y eso que, según nos comentó Rodrigo, no se trataba de un bosque primario. Yo no conocía ninguna planta y eso me encantaba, y nuestro guía nos iba diciendo nombres científicos de forma tan natural como si nos hablara de personas conocidas por todos. 
Permanecimos largo rato viendo las idas y venidas de los quetzales, mientras disfrutábamos como niños.

Trepadoras estranguladoras y helechos arborescentes en la selva.

El bosque nuboso de Monteverde.

Helecho desconocido.

Descomunal higuera estranguladora.

Colibrí en su pequeño nido, poco mayor que un dedal.

Sobre nuestras cabezas, se erguía el imponente dosel arbóreo de la selva tropical.

Algunas hojas me parecían conocidas, como esto que debía de ser una heliconia.
En cierto momento, nos detuvimos junto a unas personas que decían haber divisado un quetzal a bastantes metros de altura sobre ellos. Estuvimos mirando un rato sin ver nada. De repente, con mis prismáticos, detecté un magnífico ejemplar posado en una rama, a decenas de metros sobre nuestras cabezas. Tomé las fotos más bonitas que pude de este fantástico animal y nos lo quedamos mirando un buen rato. Rodrigo alabó mi rapidez visual en ese momento, y me sentí bien por haber sido útil. 
Quetzal (Pharomachrus mocinno).

Quetzal mostrando su larga cola.

Otra toma más de este animal casi mitológico.

Alejando un poco el zoom, para apreciar mejor esta maravilla de la naturaleza en su hábitat.
Tras gozar con este pájaro mítico, continuamos nuestro paseo selvático siguiendo a Rodrigo. Sus conocimientos no dejaban de sorprendernos indicándonos el nombre y características de muchas especies, enriqueciendo tanto nuestra excursión como el romero a un buen plato de gazpachos manchegos.
Mono capuchino o carablanca (Cebus capuccinus).

Cecropias.

Tarántula (Abdomegaphoema mesomelas) en su guarida. Rodrigo la enfocó respetuosamente con la linterna sólo unos segundos para no molestarla demasiado.

Acianthera cogniauxiana, una orquídea con curiosa floración de un tallo prácticamente invisible que crece adherido a la hoja.

La altísima humedad ambiental de la selva lluviosa permite el crecimiento de una gran cantidad de musgos en las ramas.

Cecropia angustifolia

Pava negra (Chamaepetes unicolor), un ave galliforme bastante grande, que caminaba lentamente en la selva, muy cerca de nosotros.

Encontramos bastantes orquídeas, sobre todo cerca de la zona de recepción de visitantes. Esta es una Warczewiczella discolor.

Y esta otra, Epidendrum exasperatum.
En el entorno de la salida de la Reserva, había dispuestos varios comederos para colibríes, aunque nos comentaron que estaban rellenos de un líquido altamente azucarado que es posible que fuera dañino para estas pequeñas y nerviosas aves. Estos comederos nos permitieron ver de cerca diferentes especies:
Heliodoxa jacula

Heliodoxa jacula

Campylopterus hemileucurus

Los animales bebían con frenesí.

Lampornis calolaemus

Colibri cyanotus

Colibri cyanotus
Una vez concluida la agradable excursión, nos pusimos en camino de vuelta al hotel. Al día siguiente nos esperaba otra aventura en la selva. Por el camino, disfrutamos de la exuberante vegetación de la selva:


Miconia oerstediana







En la entrada y los pasillos del hotel, casi de noche ya, encontramos bastantes insectos que acudían a las luces. El más sorprendente de ellos, sin duda, un enorme satúrnido (vimos varios ejemplares), quizá del género Copaxa y algunos gekos de la especie Lepidodactylus lugubris, de origen asiático.
Copaxa?

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