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14 agosto 2025

Ruta nocturna con Miguel por la Sierra de Chinchilla

Los 27,5 ºC que había al salir del coche a las 22:30h en la Sierra de Chinchilla nos sentaron como un puñetazo en la cara cuando mi amigo Miguel Domenech y yo nos disponíamos a recorrer sus senderos en busca de artrópodos, el pasado 7 de julio. Hacía tiempo que no iba de ruta por Chinchilla y teníamos en mente ver alguna Perlamantis allibertii, pero no hubo suerte. En cambio, sí pudimos observar otros insectos también interesantes. Una suave brisa nos acompañó prácticamente durante todo el paseo, hasta más allá de las 2 de la madrugada, pero nada de fresco. 

Hicimos una ruta circular que nos llevó por diferentes paisajes, aunque estábamos a oscuras, bordeando el paraje de La Fontana, y luego otra por las cercanías de la Rambla del Agua. Discurrimos a lo largo de espartales, pinares, tomillares y zonas de matorral diverso que nos presentaron la entomofauna característica de la zona, mientras hablábamos de nuestras cosas e iluminábamos nuestro paso con frontales. 

Entre los arácnidos, destacaron Lycosa fasciiventris y L. hispanica, como siempre. Me sorprendió que los ejemplares observados no fueran de gran tamaño, como otras veces: en general, todas eran pequeñas o medianas. También vimos un macho de Amblyocarenum walckenaeri muerto y aparentemente pisoteado. Entre los insectos que observamos, destacaron cuatro especies de mantis: Mantis religiosa, Iris oratoria, Rivetina baetica y Geomantis larvoides y un insecto palo del género Leptynia (y ya son dos los que podemos ver por la zona). También vimos lepidópteros descansando, como adultos de la procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa) y licénidos, además de algún himenóptero y los omnipresentes escarabajos Blaps. Además, pudimos ver tres ejemplares de sapo corredor (Epidalea calamita) en una balsa y varios chotacabras pardos (Caprimulgus ruficollis).

Y, como siempre que voy por el campo con Miguel, aprendí mucho con sus conocimientos sobre ortópteros y pudimos observar y oír bastantes especies:

-Calliptamus barbarus
-Euchorthippus elegantulus
-Pezotettix giornae
-Omocestus minutissimus
-Oedaleus decorus
-Oedipoda charpentieri
-Oecanthus pellucens (solo oído)
-Gryllus bimaculatus (solo oído)
-Sphingonotus caerulans
-Dociostaurus jagoi
-Anacridium aegyptium
-Ramburiella hispanica
-Locusta cinerascens
-Phaneroptera laticerca
(comprobada por Miguel bajo la lupa)

Leptynia
Rivetina baetica
Una hembra de Argiope lobata en una sabina albar.
Nido de avispas papeleras (Polistes) a pocos centímetros de la araña anterior.
Phaneroptera laticerca sobre un torvisco (Daphne gnidium).
Blaps cf. waltlii
Oedipoda charpentieri
Argiope lobata con un saltamontes en su red.
Solífugo (Gluvia dorsalis)
Lycosa hispanica
Dos machos de Oedaleus decorus sobre una hembra.
Dociostaurus jagoi
Lycosa fasciiventris
Omocestus minutissimus
Ninfa de Anacridium aegyptium.
Lixus anguinus
Geomantis larvoides
Locusta cinerascens
Ramburiella hispanica con un ácaro en una tibia.
Ammophila durmiendo.
Sapo corredor (Epidalea calamita)

24 julio 2018

Multitud de criaturas nocturnas en la sierra

    Las noches de verano son unos de los momentos del año que más espero que lleguen. Sentir la brisa que sopla sobre los matorrales en la nuca, el canto del chotacabras, el gritito del mochuelo, la estridulación de los ortópteros y el crujir del ramaje de los pinos con el movimiento de algún mamífero son eventos que me alegran el alma. El otro día (22-23 julio 2018), Ismael Ortiz y yo decidimos dar un paseo nocturno por la Sierra de Chinchilla. Quedamos sobre las 11 y volvimos a casa a las 3:15 de la madrugada, así que el paseo dio de sí. Nos metimos por un sitio al que solamente he ido una o dos veces, y no nos defraudó. Para empezar, por un camino a las afueras del pueblo encontramos una hembra de luciérnaga mediterránea (Nycophila reichii) iluminando.
Hembra de luciérnaga mediterránea (Nyctophila reichii) (fam. Lampyridae).
    No muy lejos de esta hembrita de luciérnaga, apareció en todo el medio de la senda una araña lobo de la especie Hogna radiata, uno de los licósidos más comunes en la zona. Y aclaro que les hago fotos por vicio ya, porque están por todos lados.
Hogna radiata (fam. Lycosidae).
    Poco a poco, fuimos llegando a la sierra e internándonos entre los montes. De pronto, junto a unas centáureas a las que me acerqué para observar con atención, detectamos una culebra de escalera (Zamenis scalaris) inmadura que dejó que la observáramos. A los pocos minutos, la dejamos proseguir su camino: la culebra de escalera es inofensiva y se alimenta de roedores y otros animales dañinos.
Culebra de escalera (Zamenis scalaris). 
Carpocoris mediterraneus atlanticus (fam. Pentatomidae).
    Otro arácnido que detectamos en varias ocasiones es la Argiope lobata, que es muy común entre los espartos, aunque esta estaba en un pino joven.
Argiope lobata (fam. Araneidae).
    Yo andaba buscando algún saltamontes del grupo de los Pamphagidae, y la noche, que era brumosa aunque bien iluminada por la Luna, nos regaló un Ocnerodes gigantesco.
Ocnerodes sp. (fam. Pamphagidae).
Una mantis que ya echaba de menos: Rivetina baetica (fam. Mantidae).
    Había tanta humedad en el ambiente, que se me empapó la mochila. Las nubes pasaban a toda velocidad ante la Luna y en la noche se oían y se olían todos los sonidos y aromas del monte mediterráneo... En lo que respecta a arácnidos, la noche fue muy productiva:
Araña de la familia Sparassidae.
Araña del género Xysticus. Fam. Thomisidae.
Detalle de la cara de una hembra de Lycosa hispanica. La tarántula española.
Fam. Lycosidae.
Detalle de la cara de Lycosa  cf. fasciiventris. Fam. Lycosidae.
    Finalmente, llegamos a una explanada donde siempre suele haber nidos de otra araña, la Uroctea durandi, no sin antes toparnos con un ciempiés casero (Scutigera sp.). Este año, la explanada de la que hablo está llena de vegetación (encontramos algunas mantis andurreando por allí y míriadas de saltamontes) y me llamó la atención encontrar cuatro nidos de esta araña de la familia Oecobiidae.
Uroctea durandi. Fam. Oecobiidae.
    En el camino de vuelta, encontramos otros dos insectos que ansiaba por ver este año. Dos grillos comunes en la zona iberolevantina, pero que solo he visto dos veces, hasta ahora.
Parasteropleurus martorelli hembra. Fam. Bradyporidae.
Parasteropleurus martorelli macho. Fam. Bradyporidae.
    Con estas bellas criaturas concluyó la caminata junto a mi amigo Ismael, buena gente donde las haya.

01 septiembre 2016

Paseo por la Sierra de Chinchilla tras mucho tiempo...

Collalba rubia (Oenanthe hispanica)
    Hoy, 1 de septiembre, he vuelto a la Sierra de Chinchilla, tras muchas semanas sin visitarla y explorarla, a pesar de tenerla al lado, deteniéndome entre los espartos, alguna encina y curioseando entre las hierbas, en busca de insectos y con los sentidos alerta por si se acercaba algún plumífero amigo por el cielo o entre las ramas de los pinos. Salimos sobre las cinco de la tarde de casa y no hace muchas horas que hemos vuelto, a las nueve y media, tras darnos la vuelta porque, de pronto, el cielo se ha puesto nublo y amenazador, con rayos y truenos, aunque luego no ha llegado a llover. Ahora os cuento más detalladamente.

    Lo primero que me llamó gratamente la atención al internarme en la plantación de pinos carrascos es que algunas (solamente vi dos) zonas estaban cortadas por los guardas forestales, con una señal que impedía el paso a los ciclistas (y andarines) y que rezaba: "Senda cortada, recuperación medioambiental". Imagino que esto se debe a que alguien por fin ha escuchado precisamente a la presión que hemos metido desde ARBA Albacete en las redes sociales y a la gente concienciada del pueblo que también ve la erosión que causan las sendas ilegales de los ciclistas. El monte no es el circuito privado de nadie, debemos respetar siempre el suelo, las plantas y las sendas. Esperemos que se vayan cortando más sendas ilegales y se vaya poco a poco recuperando el sentido común, como parece que empieza a ocurrir.

    Seguimos caminando hasta el espartal, donde siempre me sorprendo con la variedad de líquenes que cubren el suelo y las rocas:
Squamarina cartilaginea
    Explorando, encontré un cardo gigante (Onopordum nervosum) y mi sentido arácnido me avisó de que podría haber algo interesante en él y, efectivamente...
Iris oratoria
    Me senté en una gran roca que parecía un escalón, donde crecían tés de roca en las grietas, a observar el paisaje. Solo veía espartos a mi alrededor, cada vez más altos, los cojines de Genista pumila subsp. pumila, rodales de lastón, hierbas agostadas... Sobre la tierra rojiza, una costra biológica de líquenes multicolores y musgos secos, conchas de caracoles judíos (Sphincterochila candidissima) y los minúsculos Xerocrassa subrogata. A veces me pregunto si habrá otras especies de caracoles que no he visto aún escondidas por esa zona y me prometo volver cuando empiecen las lluvias otoñales, en busca de otros moluscos. Las ajedreas (Satureja montana) ya están en flor y también el espliego (Lavandula latifolia), desde hace varias semanas. El aire venía del noreste, cargado de un agradable aroma mediterráneo. Desde mi posición veía la punta del Mugrón. Por encima del valle del Júcar parecía nublado, pero seguimos explorando.
Me cuesta mucho comprender, después de haber observado la naturaleza con detenimiento durante muchas salidas al campo, cómo es posible que muchas personas consideren un espartal un secarral, y hablen de estas formaciones vegetales despectivamente. Siempre me sorprendo con la cantidad de saltamontes, arácnidos y otros invertebrados que encuentro aquí, por no hablar de la variedad de especies de plantas, que, sin ser grandiosa, sigue siendo sorprendente. Debemos respetar nuestros espartales, aprender a ver más allá de un secarral y saber recuperar el bosque correctamente a través de ellos, pero con cuidado, ya que muchas especies que hacen rica nuestra tierra viven y dependen enteramente de ellos.
Un ácaro enorme que nunca había visto, bajo una egagrópila de búho. ¿Erythraeidae? ¡Ayuda con la identificación por favor!
    En un bancal arenoso, con escasa vegetación, encontramos una araña de interés que tenía muchas ganas de ver con detenimiento otra vez: la araña triangular (Uloborus walckenaerius). Tejía su tela entre siemprevivas. Uloborus walckenaerius es una araña curiosa. La hembra llega a los 6 mm y el opistosoma (el abdomen) tiene unos mechoncillos blancos que se ven claramente si uno observa a la araña de lado. Cuando teje su tela, parecida a las de la familia Araneidae (siendo nuestra araña triangular de la familia Uloboridae), se coloca en el centro, en la parte trasera, es decir "boca arriba", con las patas delanteras estiradas, lo cual le da un aspecto extraño. Según cuenta W. S. Bristowe (1958) en su The world of spiders ("El mundo de las arañas"), Uloborus es una de las pocas arañas que carecen de glándulas de veneno: para devorar su presa, lo que hacen es envolverla con hilos y después, no antes, muerden, inyectando jugos disolventes.
Uloborus walckenaeri
    La siguiente araña que apareció fue una araña tigre (aunque voy a tomarme la libertad de llamarla, a partir de ahora, araña de espartal, por ser tan comunes entre estas poáceas) de la especie Argiope lobata, tan frecuentes en esta época en casi toda nuestra geografía. La hembra de araña de espartal, tan imponente, apareció como flotando entre unas matas y, en su tela, no uno, sino tres machos, esperaban su turno. Era la primera vez que veía un macho de Argiope lobata, así que no perdí un segundo con este hallazgo a unos metros de la Uloborus.
Argiope lobata, macho.
Habré visto decenas de Argiope lobata en estos espartales y en todas me paro un rato y observo con detenimiento. El macho es exageradamente más pequeño que la hembra. Allí entre las espigas de atocha, ante mis ojos, es posible que estuviera teniendo lugar un mecanismo etológico muy curioso: la elección críptica femenina. Este proceso, algo difícil de explicar, ocurre en algunas especies: las hembras son capaces de variar su éxito reproductivo en función de las características del macho, después de la cópula, para evitar la endogamia, como es el caso. Se ha demostrado que las hembras de Argiope lobata son capaces de  regular la cantidad de esperma que reciben de un macho, suponiendo que la cópula se produzca con varios machos. Las hembras de Argiope lobata guardan tanta cantidad de esperma como les es posible de un primer macho, por si acaso no tienen la oportunidad de copular con otros. En caso de que aparezcan machos nuevos, las hembras pueden "ajustar" su éxito reproductivo, regulando la cantidad de esperma que obtienen de los siguientes machos, dependiendo de la compatibilidad (genética, por ejemplo) o la calidad del macho (Welcke & Schneider, 2009). Por lo menos, a mí, este comportamiento me parece algo curiosísimo.
    Tras esto, llegamos a la zona de barbacoas, junto al "Bosque del Olvido", nombre de reciente aparición, y llegamos a donde los caminos se bifurcan, uno al norte y otro al sur, hacia el cuco restaurado. A lo lejos había una retama, en el camino del sur, así que fuimos a ella y cogí sus frutos, para usar sus semillas en futuras reforestaciones. Desde este camino, que va en dirección a la Estación de Chinchilla, se ve la parte sur de la Sierra de Chinchilla. Las colinas onduladas de las fincas al sur de la A-31 me parecían muy bonitas con la luz prelluvia y algunos grandes pinos y encinas que crecen en medio de los campos de esta zona de La Mancha se veían majestuosos con sus oscuras y globosas copas. En un cardo seco, al borde del camino, vimos otra hembra de Iris oratoria de otro color.
Iris oratoria
    Algunos conejetes corrían de aquí para allá. Las matas del torvisco (Daphne gnidium) florecían y ofrecían sus frutos rojos al sol de la tarde. Dimos la vuelta hacia el cuco y las nubes que venían del norte de la provincia se nos aproximaban. Empezamos a ver algún relámpago lejano. 

    Junto al cuco, hay un descampado donde las olivardas (Dittrichia viscosa) hojean y enseñan sus primeras flores amarillas para el otoño que se aproxima. También allí busqué algunos insectos y obtuve recompensa.
Mantis religiosa, una preciosa hembra. Al fondo, el cuco.
   Las nubes cada vez estaban más cerca y oíamos los truenos. Apresurándonos entre las hierbas, aceleramos el paso, de vuelta a casa, asustando míriadas de pequeños ortópteros como el Sphingonotus o los Oedipoda. En los campos baldíos cantaban las cogujadas y algún escribano triguero nos observaba sobre las matas. La tormenta venía y aunque me gusta mojarme con la lluvia, prefiero no morir por el impacto de un rayo, así que huimos. Hasta la próxima.


Bibliografía:
-Bristowe, W. S. (1958) The World of Spiders. The New Naturalist. Collins: London.
-Welke, K. and Schneider, J. (2009). Inbreeding avoidance through cryptic female choice in the cannibalistic orb-web spider "Argiope lobata". Behavioral Ecology, 20(5), pp. 1056-1062.