Una de las típicas frutas españolas de invierno es la mandarina, que se cultiva en abundancia en las regiones mediterráneas. Estos cítricos suelen cultivarse en grandes campos y los plantones son injertados. El otro día se me ocurrió probar con unas semillas de una mandarina que me comí, a ver qué tal se daba su germinación. La mandarina me la comí el día 30 de enero y acto seguido pelé las tres semillas con unas pinzas, extrayéndoles la capa externa, de color blanquecino. Usé el famoso método de la servilleta: las guardé en una servilleta de cocina húmeda (no encharcada) y todo lo envolví en papel de aluminio, a unos 20 C. A los cuatro días ya tenían una pequeña raíz y hoy, a 13 de febrero, están como se ven en la fotografía. Éxito.