viernes, 10 de diciembre de 2021

Viaje a Gredos (Macizo Central)

Día 1: 4 de diciembre de 2021. Llegada. Pequeña ruta a orillas del río Pelayo. 4 km caminados.

Tarde nublada. Después de tomar un tentempié junto a un puente, a orillas del río Pelayo, que desciende desde las altas cumbres de Los Galayos, exploramos la zona por algunos senderos. Como nos encontramos en un valle entre muchos árboles, la poca visibilidad en seguida se adueña del entorno y el sol se esconde al otro lado de la montaña. Caminamos entre alisos (Alnus glutinosa) y pinos resineros (Pinus pinaster), aunque me sorprende también la presencia de algunos pinos laricios (Pinus nigra). Más arriba, en las laderas, crecen jarales y distingo por lo menos tres especies: Cistus ladanifer, C. salviifolius y C. populifolius. Está claro que el suelo es ácido. Se oyen pocos pájaros, el reclamo de algún petirrojo tal vez. Pero todo enmudece para dejar cantar al verdadero señor del valle: el río. Caminamos algunas decenas de metros entre durillos (Viburnum tinus) y algún gran madroño (Arbutus unedo) que nos regala sus frutos. Mientras tanto, yo me voy entreteniendo observando los líquenes epífitos que crecen sobre la corteza de los árboles, así como con los que salen en el suelo.

Cladonia cf. ochrochlora
Frutos del durillo (Viburnum tinus).
Río Pelayo.
Frutos del madroño (Arbutus unedo) maduros.
Cornicabra (Pistacia terebinthus) otoñal.
Cladonia squamosa

Después seguimos la carretera hacia arriba, entre pinos resineros, brezos y algún castaño, hasta llegar a una especie de mirador, desde donde detectamos en el horizonte una enorme montaña con las cumbres algo nevadas. Los pinos de la zona están siendo resinados. Volvemos y cenamos bien, nos preparamos para la caminata del día siguiente.

Panorámica de los montes sureños de Gredos, con nieve en la cumbre.

Día 2: 5 de diciembre de 2021. Subida hacia Los Galayos desde el Nogal del Barranco. Llegamos hasta La Apretura, sin cruzar a las zetas, a los pies del refugio Victory. 14 km caminados. Altitud máxima alcanzada: 1860 msnm.

Subimos hacia el Nogal del Barranco sobre las 10:30h de la mañana, pero primero paramos en las cercanías del Pino Bartolo, árbol monumental de Gredos que no llegamos a ver, y junto a una surgencia de agua que la mano humana ha canalizado en una piscina, nos sorprende un enorme macho negro de cabra montés de Gredos (Capra pyrenaica victoriae), que sale corriendo en cuanto nos ve, ladera abajo, cruzando la carretera e internándose en el pinar por una especie de vaguada tapizada de helechos secos. Continuamos la subida y llegamos al Nogal del Barranco sobre las 11 y pico de la mañana. Suponemos que se tratará de una caminata fácil, nada que ver con los casi 30 km que hicimos en Picos de Europa en agosto (nuestro bautizo en el senderismo hardcore). Y como comprobamos horas después, efectivamente, nada que ver. Como siempre me paro en cada cosa, a ver una planta, un insecto, un árbol, la ruta se nos hace más larga pero igualmente disfrutamos mucho subiendo la montaña, tanto del ejercicio físico como de las vistas. En el Nogal del Barranco, nos recibe la famosa estatua de bronce del macho montés de Gredos y tras comprobar la ruta y que vamos bien tapados, comenzamos el ascenso. En seguida nos damos cuenta de que estamos en un bosque mediterráneo y que, a pesar del invierno incipiente, las apariencias engañan, por lo que nos van sobrando capas de ropa. Nada que no se arregle con una cremallera de la chaqueta más desabrochada.

Famosa estatua de la cabra montés macho de Gredos.

Durante la primera parte de la subida hacia Los Galayos, en concreto hacia el refugio Victory, atravesamos densos pinares de pino resinero con algún que otro melojo (Quercus pyrenaica), encinas (Quercus ilex subsp. ballota) y sobre todo, enebros (Juniperus oxycedrus). También veo algunas plantas retamoides (¿Cytisus scoparius?) y helechos (Pteridium aquilinum). El sendero está muy bien empedrado, sobre todo la parte baja del recorrido. Conforme subimos, casi siempre tenemos en el horizonte alguna cumbre coronada de tímidas manchas de nieve blanca y una peluca de niebla.

Paisaje de Gredos, donde se aprecia el pinar de resinero y algún enebro.
Pinares y enebrales de Gredos.
En esta imagen que tomé conforme ascendíamos se aprecia el pinar de resinero abajo y el corte de la vegetación a cierta altitud, donde predominaban herbazales, piornales y helechos,
además de gran cantidad de cantueso.

En la subida, nos encontramos con varias personas que nos saludan alegremente con una sonrisa. Hacía un buen día, a pesar de algunas ráfagas de viento que nos empujaban con fuerza de vez en cuando. En cierto punto, el sendero nos llevó a un promontorio flanqueado por un enebro. A mano izquierda, un terraplén descendía abruptamente hacia el fondo del valle. Debajo del terraplén, en el paredón de roca granítica y pizarrosa, crecía un tejo (Taxus baccata) totalmente inaccesible, pero inconfundible.

Tejo (Taxus baccata)

Después de este encuentro botánico, la subida se empinó todavía más y la vegetación se volvió distinta. Los enebros iban desapareciendo poco a poco y eran sustituidos por piornos. Abundaban, también, los cantuesos. Los Galayos aparecían entre las nubes ante nosotros, engalanados con manchas de nieve, y las primera cabras montesas de Gredos comenzaron a hacer acto de presencia desde las alturas.

Los enebros desaparecían poco a poco y la niebla llegaba desde el norte,
aunque no parecía atravesar Los Galayos.
Nieve y niebla.
De las laderas caían cascadas y fuentes naturales que se acumulaban
en pequeñas piscinas de aguas cristalinas.
Los Galayos con algo de nieve.
Los paisajes eran impresionantes.
Piornos (desconozco la especie, imagino que podría ser Cytisus oromediterraneus.
Al echar la vista atrás, este era el paisaje que nos encontrábamos. 
 
Y por fin pudimos ver bien las cabras. A nuestra izquierda, bajo el llamado Risco del Enebro, vimos un joven macho sentado en un prado verde un poco más grande que él, rodeado de algunas hembras y cabritos jóvenes. Y después de caminar unos metros más, en seguida detectamos un segundo grupo esta vez con varios machos en plena ebullición hormonal. Uno de los machos presentaba ya el característico color negro de esta subespecie de cabra montés. El celo de las cabras es ciertamente gracioso, pues el macho suele perseguir a la hembra, silbando y resoplando, mientras saca la lengua. Curiosamente, a una hembra y su cabritillo le seguían cuatro machos, aunque el único que hacía el paripé era el de mayor tamaño. Al otro lado del camino, en la ladera de nuestra izquierda, también vimos un pequeño grupo guiado por un macho adulto, que me permitió observarlo en la distancia largo rato.

Las hembras con sus cabritillos ramoneaban en los recovecos de la montaña.

Macho joven.
El mismo macho joven. Nótese la coloración del pelaje, más clara.

Una curiosa escena. Aunque aquí solamente aparecen tres machos, en realidad había cuatro; también una hembra y un chotillo al que el macho más grande parecía estar cortejando,
aunque la hembra adulta estuviera a su izquierda.
La misma escena anterior, el macho grande no sabía ni a quién cortejar.
Los machos más jóvenes seguían bien de cerca al macho grande, desconozco la razón exacta.
Otro grupo de cabras monteses a nuestra izquierda.
Foto familiar.
El gran macho del grupo de nuestra izquierda.
Nótese el aspecto recio y el pelaje tan oscuro, casi negro, e invernal.
Pocos segundos antes de sentarse...
... a ramonear una brizna de hierba mientras contemplaba, tranquilo, sus dominios.

    Mientras observábamos a los animales, seguíamos ascendiendo y ya teníamos a pocos metros el refugio Victory. Como íbamos en plan light, decidimos dar media vuelta al encontrar una cascada que atravesaba el camino, pero no de agua líquida precisamente, sino de chuzos de hielo como cristales transparentes por entre los que se escurrían las lágrimas de la montaña. Por supuesto, la temperatura había descendido muchos grados desde que iniciamos nuestra andadura.

Carámbano, qué palabra tan bonita.

Magníficos piornales en el descenso.
Poco a poco volvíamos a entrar en los pinares.
Los pinos son árboles elegantes, destacando en la distancia.
En los troncos se acumulan decenas de líquenes epífitos de diferentes especies.

Finalmente, llegamos de nuevo a la estatua del macho montés sobre las cinco de la tarde. Como todavía quedaba casi una hora de luz, decidimos volver a parar cerca del pino Bartolo, el pino laricio monmental de Gredos. Aunque cuando comprobamos que se tardaba más de lo que pensábamos en llegar hasta él, decidimos simplemente dar una pequeña vuelta por la zona, mientras nos sobrevolaban buitres leonados (Gyps fulvus) y chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax).

Río Pelayo
Pseudevernia furfuracea es un líquen muy abundante.
Castaño (Castanea sativa)
Las últimas luces del día sobre Gredos.
Más allá del bosque...

El río discurría rodeado de sauces otoñales, sorteando las rocas moldeadas por él mismo durante siglos.

Día 3: 6 de diciembre de 2021. Paseo por Playas Blancas. 4,5 km caminados.

El último día hicimos una parada rápida en Arenas de San Pedro, porque vi desde el coche una planta al borde del río. Se trataba de Osmunda regalis, el helecho real, y ante esa planta siempre hay que pararse para admirarla.

Su tamaño descomunal lo delata desde lejos, no en vano es uno de
los helechos más grandes del continente europeo.
Osmunda regalis entre alisos.

Después continuamos hacia nuestra parada final en la zona, el paraje de Playas Blancas, junto al río también. Allí, entre los pinos, contemplamos jarales y brezales, labiérnagos, carboneros garrapinos y otras aves forestales. Como evento reseñable, vi una salamandra atropellada más fina que un folio, triste primer encuentro con el primer adulto que observo de esta especie. Y así concluye la exploración de Gredos, sierra a la que sí o sí, he de volver, espero que pronto, pero en primavera.

Últimos vistazos a la alta montaña.
Triste encuentro.
Brezales (por identificar).
Durillo (Viburnum tinus)
Manto bicolor (Lycaena phlaeas)
Helechal de Pteridium aquilinum.
Gredos, último vistazo.

8 comentarios:

  1. Bonita entrada; gracias por sacarnos de paseo al monte =)

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  2. An exceptional journey. The encounter with the Ibex is especially appealing and one that I have never had. Great photographs of magnificent creatures. Saludos desde Ontario.

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  3. Que preciosas estampas nos ha ofrecido, Guillermo.se nota que disfrutaste de la montaña, gracias por compartirlo.

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  4. Buen relato de todo lo que hay en esa montañas, y maravillosas imágenes...Un abrazo.

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  5. Una jornada preciosa y muy buenas imágenes. Gracias por compartirlo.

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  6. Maravilloso reportaje, me ha encantado. Saludos.

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  7. I enjoyed my time on your blog this morning. Beautiful photos and like you I like to hike, try walking everyday a couple of miles in the nature preserve where aI live. Nature and the mountains are so rejuvenating for me. Thanks for the blog postings.

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    1. Thank you so much for your nice comment! I'm glad you enjoyed it. The mountains and the landscape in your area must be astonishing.

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