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lunes, 22 de julio de 2024

No es vistosa, pero sí valiosa

Artículo publicado también en el número 345 de la revista "Albacete a mano".

    Las duras condiciones ambientales (de suelo y clima) que en ocasiones encontramos en muchos hábitats de nuestro entorno mediterráneo llevan al límite vital a las plantas que crecen en ellos. Así, a lo largo de millones de años de evolución, las especies han ido adaptándose y cambiando su morfología para conseguir resistir suelos salinos, compactados, arenosos, expuestos al sol, con una presencia casi testimonial de agua o con enormes diferencias de temperatura entre el día y la noche. ¿Y cómo lo han hecho? Pues encogiendo sus hojas, haciéndolas pequeñas o lineares, lo que disminuye la superficie de evapotranspiración, o llenándose de pelillos (indumento) blanquecinos que retienen la humedad o reflejan la luz solar, evitando así la deshidratación; algunas plantas también crean estructuras de resistencia (rizomas, bulbos…) o desarrollan grandes sistemas radiculares en busca de agua. Incluso, algunas plantas son caducifolias, pero no en otoño, sino en pleno verano: dejando caer sus hojas, entran en un estado de mínima actividad y consiguen evitar la pérdida de agua, renaciendo con la llegada de las lluvias otoñales y primaverales.

    En el Jardín Botánico de Castilla-La Mancha, es fácil oír la frase que encabeza este texto, especialmente cuando les contamos a nuestros estimados visitantes la importancia ecológica de muchas de las plantas que crecen aquí y que, por vicisitudes de la evolución de las especies, han sacrificado las grandes y llamativas flores, y las hojas verdes y amplias, por exigencias del hábitat. Que no son llamativas, sino valiosas. Porque donde ellas crecen, pocas plantas podrían vivir. Y esto conlleva el organizarse en ecosistemas muy raros y únicos en el contexto europeo, que a su vez atraen a otras especies animales de gran importancia y rareza.

    Una de estas plantas, verdadera joya viviente, pero poco vistosa, es Anarrhinum fruticosum. Esta pequeña mata, que no tiene nombre vulgar, solamente crece de forma natural en la sierra de Crevillente (Alicante) en toda Europa. Más allá, crece solamente en áreas muy secas de Marruecos y Argelia. Vive en suelos calcáreos y su población natural es tan pequeña que presenta un altísimo riesgo de extinción, siendo muy sensible a la destrucción de su hábitat. Y aunque es poco llamativa, es un tesoro del sureste ibérico que tenemos la suerte de poder encontrar floreciendo estos días de verano en el Jardín Botánico de Castilla-La Mancha, en la colección de endemismos iberonorteafricanos. Como sociedad, debemos conocer y proteger estos tesoros naturales que crecen tan cerquita de nosotros, para que no debamos nunca lamentar su desaparición, aunque por su aspecto no sean vistosos, pero sí muy valiosos.

Anarrhinum fruticosum floreciendo en el Jardín Botánico de Castilla-La Mancha, Albacete, en el mes de junio de 2024.

martes, 10 de enero de 2023

Retorno a la costa en enero

    El sábado 7 de enero, me llevé a mis amigos Alonso & Miguel a la playa. No a tomar el sol ni a bañarnos, por supuesto, sino a hacer lo que toda persona digna hace normalmente en su día a día: buscar bichos.
    Salimos de Albacete hacia las 8:30h de la mañana y tras un breve desayuno en Almansa, seguimos directos hacia las playas de Urbanova. En concreto, a la zona dunar que hay al sur de esta localidad, donde tanto he bicheado desde pequeño. El día comenzaba fresco y luminoso, con un fondo mediterráneo de aguas relucientes. En las dunas, nos recibía el manto de la invasora uña de gato (Carpobrotus edulis) que lleva muchos años tapizando las arenas y ahogando a la flora dunar propia del entorno.

Manto de Carpobrotus edulis invadiendo el arenal. De vez en cuando, en estas zonas cubiertas por esta suculenta, se observan hojas de la azucena de mar (Pancratium maritimum), pero rara vez aparecen otras plantas allá donde crece esta especie sudafricana.

    En seguida nos pusimos a buscar invertebrados. Rápidamente encontramos viejos conocidos de este blog, ortópteros como Truxalis nasuta, Acrotylus insubricus, etc. mientras esquivábamos a personas con intenciones poco decentes.
Joven saltamontes de la familia Acrididae.
Vista frontal de uno de los ejemplares de Truxalis nasuta que encontramos.
Magnífica fotografía de mi amigo Alonso Ródenas.
Anduvimos durante unos cientos de metros y acabamos subiendo a una loma desde donde vislumbrábamos las costas alicantinas hasta Benidorm. En la subida, en una zona donde abundaban plantas como Globularia alypum, vimos lo que creemos que es la larva del abundante escarabajo de la nariz sangrante (Timarcha espanoli). Claramente, era la larva de un crisomélido, gordo y arrugado, pero de un color verde metalizado muy bonito. Ante nuestros ojos, se puso, en ese momento, a comer las hojas de Plantago albicans sobre las que se movía.
Larva de Timarcha espanoli.
En la cima de la loma, se nos acercaron una vanesa (Vanessa atalanta) y una libélula roja (Sympetrum fonscolombii). Decidimos volver al coche para ir a comer a Los Arenales, para después dar una vuelta rápida por el Clot de Galvany y ver qué se cocía por allí. Detectamos las aves que ilustro con las fotos abajo y también ánade friso (Mareca strepera), pato colorado (Netta rufina) y gallineta (Gallinula chloropus), además de tarabillas europeas (Saxicola rubicola) y pinzones vulgares (Fringilla coelebs).
Cuchara europeo (Spatula clypeata) descansando.
Focha común (Fulica atra)
Cerceta común (Anas crecca)
Garceta común (Egretta garzetta) vadeando en la orilla.
Zampullín chico (Tachybaptus ruficollis)
Alcaudón real (Lanius meridionalis)
    Después de andurrear un rato por los hides del Clot de Galvany, nos dirigimos al Cabo de Santa Pola, visita obligada a pesar de la masificación de gente. Allí, sobre todo, vimos algunas plantas e invertebrados bajo piedras. Por allí se ve la curiosa caracola terrestre Leonia mammillaris, un endemismo bético-rifeño.
Oroval (Withania frutescens), endemismo íbero-magrebí propio de zonas de clima sin heladas.
Uno de los abundantes isópodos que detectamos, todavía sin identificar.
Arisarum vulgare o candilicos. Me encanta esta planta termófila.
Lapiedra martinezii, endemismo del sur y sureste de Iberia y N de Marruecos.
     En definitiva, fue un gran día con amigos haciendo lo que más nos gusta, disfrutando del ambiente mediterráneo de la costa del sureste español, y volvimos a La Mancha con ganas de repetir experiencia, pero más adelante, cuando llegue la primavera.

jueves, 24 de marzo de 2022

El pítano (Vella pseudocytisus subsp. pseudocytisus) en su hábitat natural

 El pítano (Vella pseudocytisus subsp. pseudocytisus) es un arbusto de la familia de las brasicáceas (crucíferas) que conocí gracias a las labores de conservación de esta especie que se llevan a cabo en el Jardín Botánico de Castilla-La Mancha. Esta planta, endémica de las estepas con yeso de la zona central del río Tajo, se encuentra amenazada de extinción. Crece en las cercanías de Ontígola (Toledo) y Aranjuez (Madrid), acompañando a espartos, gamones, genistas, carraspiques... Curiosamente, está tan adaptada a los suelos con yesos que es capaz de extraer agua mediante ósmosis inversa en estas zonas tan castigadas no solo por el clima del lugar, sino también por las características edáficas, del suelo.

Tenía muchas ganas de verla en su hábitat natural, así que, coincidiendo con su floración en el JBCLM, nos acercamos a verla cerca de Ontígola. Primero decidí echar un vistazo a unas laderas con yeso que se encuentran al sur de esta localidad, pero no di con ella. Desde lejos veía matas amarillas, pero eran Genista scorpius. Su tono de amarillo es diferente. No obstante, aunque no la vi en este enclave, sí disfruté como un crío viendo otras cosas.

Iberis saxatilis [carraspique]

Terraplenes yesosos, con plantas adaptadas a estos duros ambientes
como Gypsophila struthium, Lepidium subulatum...

Junto a un cultivo, crecían muchas de estas lechetreznas... ¿Euphorbia lagascae?

Laderas con yeso, con Gypsophila, Lepidium, Stipa...

En los yesos existe una costra biológica muy interesante. Estos líquenes blancos son Cladonia foliacea.

Una curiosa perdiz roja (Alectoris rufa) en medio de un campo de cultivo.

Tras esta vuelta sin éxito, decidí buscar en Internet algún artículo que mostrara al menos las cuadrículas donde podría verse el pítano. No fue difícil encontrarlo, y en seguida pusimos rumbo a otro lugar cercano, esta vez en Aranjuez. Ya desde el coche se veían las plantas en flor, aquí y allá, entre gamones y otros arbustos. 

En esta imagen se aprecia muy bien cómo el esparto crecen mayoritariamente en las partes superiores de las colinas, en suelos donde el yeso se ha lavado, junto a retamas, y el pítano aparece en suelos
más bajos, con yesos, incluso algo nitrificados.

Pítano en flor.

Hábitat del pítano.

Detalle de una ramilla florida.

viernes, 10 de diciembre de 2021

Viaje a Gredos (Macizo Central)

Día 1: 4 de diciembre de 2021. Llegada. Pequeña ruta a orillas del río Pelayo. 4 km caminados.

Tarde nublada. Después de tomar un tentempié junto a un puente, a orillas del río Pelayo, que desciende desde las altas cumbres de Los Galayos, exploramos la zona por algunos senderos. Como nos encontramos en un valle entre muchos árboles, la poca visibilidad en seguida se adueña del entorno y el sol se esconde al otro lado de la montaña. Caminamos entre alisos (Alnus glutinosa) y pinos resineros (Pinus pinaster), aunque me sorprende también la presencia de algunos pinos laricios (Pinus nigra). Más arriba, en las laderas, crecen jarales y distingo por lo menos tres especies: Cistus ladanifer, C. salviifolius y C. populifolius. Está claro que el suelo es ácido. Se oyen pocos pájaros, el reclamo de algún petirrojo tal vez. Pero todo enmudece para dejar cantar al verdadero señor del valle: el río. Caminamos algunas decenas de metros entre durillos (Viburnum tinus) y algún gran madroño (Arbutus unedo) que nos regala sus frutos. Mientras tanto, yo me voy entreteniendo observando los líquenes epífitos que crecen sobre la corteza de los árboles, así como con los que salen en el suelo.

Cladonia cf. ochrochlora
Frutos del durillo (Viburnum tinus).
Río Pelayo.
Frutos del madroño (Arbutus unedo) maduros.
Cornicabra (Pistacia terebinthus) otoñal.
Cladonia squamosa

Después seguimos la carretera hacia arriba, entre pinos resineros, brezos y algún castaño, hasta llegar a una especie de mirador, desde donde detectamos en el horizonte una enorme montaña con las cumbres algo nevadas. Los pinos de la zona están siendo resinados. Volvemos y cenamos bien, nos preparamos para la caminata del día siguiente.

Panorámica de los montes sureños de Gredos, con nieve en la cumbre.

Día 2: 5 de diciembre de 2021. Subida hacia Los Galayos desde el Nogal del Barranco. Llegamos hasta La Apretura, sin cruzar a las zetas, a los pies del refugio Victory. 14 km caminados. Altitud máxima alcanzada: 1860 msnm.

Subimos hacia el Nogal del Barranco sobre las 10:30h de la mañana, pero primero paramos en las cercanías del Pino Bartolo, árbol monumental de Gredos que no llegamos a ver, y junto a una surgencia de agua que la mano humana ha canalizado en una piscina, nos sorprende un enorme macho negro de cabra montés de Gredos (Capra pyrenaica victoriae), que sale corriendo en cuanto nos ve, ladera abajo, cruzando la carretera e internándose en el pinar por una especie de vaguada tapizada de helechos secos. Continuamos la subida y llegamos al Nogal del Barranco sobre las 11 y pico de la mañana. Suponemos que se tratará de una caminata fácil, nada que ver con los casi 30 km que hicimos en Picos de Europa en agosto (nuestro bautizo en el senderismo hardcore). Y como comprobamos horas después, efectivamente, nada que ver. Como siempre me paro en cada cosa, a ver una planta, un insecto, un árbol, la ruta se nos hace más larga pero igualmente disfrutamos mucho subiendo la montaña, tanto del ejercicio físico como de las vistas. En el Nogal del Barranco, nos recibe la famosa estatua de bronce del macho montés de Gredos y tras comprobar la ruta y que vamos bien tapados, comenzamos el ascenso. En seguida nos damos cuenta de que estamos en un bosque mediterráneo y que, a pesar del invierno incipiente, las apariencias engañan, por lo que nos van sobrando capas de ropa. Nada que no se arregle con una cremallera de la chaqueta más desabrochada.

Famosa estatua de la cabra montés macho de Gredos.

Durante la primera parte de la subida hacia Los Galayos, en concreto hacia el refugio Victory, atravesamos densos pinares de pino resinero con algún que otro melojo (Quercus pyrenaica), encinas (Quercus ilex subsp. ballota) y sobre todo, enebros (Juniperus oxycedrus). También veo algunas plantas retamoides (¿Cytisus scoparius?) y helechos (Pteridium aquilinum). El sendero está muy bien empedrado, sobre todo la parte baja del recorrido. Conforme subimos, casi siempre tenemos en el horizonte alguna cumbre coronada de tímidas manchas de nieve blanca y una peluca de niebla.

Paisaje de Gredos, donde se aprecia el pinar de resinero y algún enebro.
Pinares y enebrales de Gredos.
En esta imagen que tomé conforme ascendíamos se aprecia el pinar de resinero abajo y el corte de la vegetación a cierta altitud, donde predominaban herbazales, piornales y helechos,
además de gran cantidad de cantueso.

En la subida, nos encontramos con varias personas que nos saludan alegremente con una sonrisa. Hacía un buen día, a pesar de algunas ráfagas de viento que nos empujaban con fuerza de vez en cuando. En cierto punto, el sendero nos llevó a un promontorio flanqueado por un enebro. A mano izquierda, un terraplén descendía abruptamente hacia el fondo del valle. Debajo del terraplén, en el paredón de roca granítica y pizarrosa, crecía un tejo (Taxus baccata) totalmente inaccesible, pero inconfundible.

Tejo (Taxus baccata)

Después de este encuentro botánico, la subida se empinó todavía más y la vegetación se volvió distinta. Los enebros iban desapareciendo poco a poco y eran sustituidos por piornos. Abundaban, también, los cantuesos. Los Galayos aparecían entre las nubes ante nosotros, engalanados con manchas de nieve, y las primera cabras montesas de Gredos comenzaron a hacer acto de presencia desde las alturas.

Los enebros desaparecían poco a poco y la niebla llegaba desde el norte,
aunque no parecía atravesar Los Galayos.
Nieve y niebla.
De las laderas caían cascadas y fuentes naturales que se acumulaban
en pequeñas piscinas de aguas cristalinas.
Los Galayos con algo de nieve.
Los paisajes eran impresionantes.
Piornos (desconozco la especie, imagino que podría ser Cytisus oromediterraneus.
Al echar la vista atrás, este era el paisaje que nos encontrábamos. 
 
Y por fin pudimos ver bien las cabras. A nuestra izquierda, bajo el llamado Risco del Enebro, vimos un joven macho sentado en un prado verde un poco más grande que él, rodeado de algunas hembras y cabritos jóvenes. Y después de caminar unos metros más, en seguida detectamos un segundo grupo esta vez con varios machos en plena ebullición hormonal. Uno de los machos presentaba ya el característico color negro de esta subespecie de cabra montés. El celo de las cabras es ciertamente gracioso, pues el macho suele perseguir a la hembra, silbando y resoplando, mientras saca la lengua. Curiosamente, a una hembra y su cabritillo le seguían cuatro machos, aunque el único que hacía el paripé era el de mayor tamaño. Al otro lado del camino, en la ladera de nuestra izquierda, también vimos un pequeño grupo guiado por un macho adulto, que me permitió observarlo en la distancia largo rato.

Las hembras con sus cabritillos ramoneaban en los recovecos de la montaña.

Macho joven.
El mismo macho joven. Nótese la coloración del pelaje, más clara.

Una curiosa escena. Aunque aquí solamente aparecen tres machos, en realidad había cuatro; también una hembra y un chotillo al que el macho más grande parecía estar cortejando,
aunque la hembra adulta estuviera a su izquierda.
La misma escena anterior, el macho grande no sabía ni a quién cortejar.
Los machos más jóvenes seguían bien de cerca al macho grande, desconozco la razón exacta.
Otro grupo de cabras monteses a nuestra izquierda.
Foto familiar.
El gran macho del grupo de nuestra izquierda.
Nótese el aspecto recio y el pelaje tan oscuro, casi negro, e invernal.
Pocos segundos antes de sentarse...
... a ramonear una brizna de hierba mientras contemplaba, tranquilo, sus dominios.

    Mientras observábamos a los animales, seguíamos ascendiendo y ya teníamos a pocos metros el refugio Victory. Como íbamos en plan light, decidimos dar media vuelta al encontrar una cascada que atravesaba el camino, pero no de agua líquida precisamente, sino de chuzos de hielo como cristales transparentes por entre los que se escurrían las lágrimas de la montaña. Por supuesto, la temperatura había descendido muchos grados desde que iniciamos nuestra andadura.

Carámbano, qué palabra tan bonita.

Magníficos piornales en el descenso.
Poco a poco volvíamos a entrar en los pinares.
Los pinos son árboles elegantes, destacando en la distancia.
En los troncos se acumulan decenas de líquenes epífitos de diferentes especies.

Finalmente, llegamos de nuevo a la estatua del macho montés sobre las cinco de la tarde. Como todavía quedaba casi una hora de luz, decidimos volver a parar cerca del pino Bartolo, el pino laricio monmental de Gredos. Aunque cuando comprobamos que se tardaba más de lo que pensábamos en llegar hasta él, decidimos simplemente dar una pequeña vuelta por la zona, mientras nos sobrevolaban buitres leonados (Gyps fulvus) y chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax).

Río Pelayo
Pseudevernia furfuracea es un líquen muy abundante.
Castaño (Castanea sativa)
Las últimas luces del día sobre Gredos.
Más allá del bosque...

El río discurría rodeado de sauces otoñales, sorteando las rocas moldeadas por él mismo durante siglos.

Día 3: 6 de diciembre de 2021. Paseo por Playas Blancas. 4,5 km caminados.

El último día hicimos una parada rápida en Arenas de San Pedro, porque vi desde el coche una planta al borde del río. Se trataba de Osmunda regalis, el helecho real, y ante esa planta siempre hay que pararse para admirarla.

Su tamaño descomunal lo delata desde lejos, no en vano es uno de
los helechos más grandes del continente europeo.
Osmunda regalis entre alisos.

Después continuamos hacia nuestra parada final en la zona, el paraje de Playas Blancas, junto al río también. Allí, entre los pinos, contemplamos jarales y brezales, labiérnagos, carboneros garrapinos y otras aves forestales. Como evento reseñable, vi una salamandra atropellada más fina que un folio, triste primer encuentro con el primer adulto que observo de esta especie. Y así concluye la exploración de Gredos, sierra a la que sí o sí, he de volver, espero que pronto, pero en primavera.

Últimos vistazos a la alta montaña.
Triste encuentro.
Brezales (por identificar).
Durillo (Viburnum tinus)
Manto bicolor (Lycaena phlaeas)
Helechal de Pteridium aquilinum.
Gredos, último vistazo.