03 diciembre 2022

Viaje a los Pirineos II: Selva de Oza y Guarrinza hacia Agua Tuerta

    El sábado 5 de noviembre, nos levantamos con una helada que había dejado los prados y los matorrales y árboles de Ansó cubiertos de polvo blanco de hielo, pero con un cielo despejado azul. En el valle, el sol todavía no se había alzado lo suficiente como para alumbrar. Tras otro gran desayuno en Casa Úrsula, nos dirigimos hacia la Selva de Oza para después subir al impresionante paraje de Guarrinza hacia Agua Tuerta. Los paisajes, otra vez, nos impresionaron muchísimo.

Grandes moles de piedra nevadas.
Río Aragón Subordán.
Abetales y pinos albares con muérdago.
    Una vez en la Selva de Oza, nos cruzamos a mucha gente (era sábado, comprensible) que iba al monte a andar. Recorrimos pocos kilómetros en un sendero entre hayas y abetos y nos fuimos fijando en la vegetación que había, en un ambiente muy húmedo siempre, subiendo cuestas y bajándolas, pero al rato decidimos volver al coche y dirigirnos directamente a Guarrinza.
Lobaria pulmonaria hidratada.
Un sendero por la Selva de Oza.
Nos gustó mucho ver jóvenes abetos (Abies alba) brotando entre la hojarasca de las hayas.
De vez en cuando, el sol iluminaba los dorados árboles, mientras continuábamos nuestro recorrido.
La reinante humedad en la umbría del Barranco de Espata favorece la presencia de muchos helechos, como este del género Polystichum.
O este otro, la lengua de ciervo (Phillytis scolopendrium), que ya habréis visto más veces en este blog. En la imagen, creciendo en un bloque de piedra sobre el agua, rodeado de culantrillos y fresas silvestres.
También se veían multitud de helechos del género Polypodium.
Y el extendido helecho macho (Dryopteris filix-mas).
No vimos muchas setas, pero de vez en cuando, alguna pequeñita nos llamaba la atención.
Olmo de montaña (Ulmus glabra).
Abetillo en un lado de uno de los puentes que cruzamos.
Arroyo en el Barranco de Espata.
Yesquero (Fomes fomentarius) sobre un haya.
Todavía era otoño en el hayedo.
Abetillo en la hierba.
Muuuu.
El sonido de los cencerros de las vacas nos acompañaba muchas veces al llegar a los claros de los bosques.
Paisaje nevado sobre lo que creo que es la Sierra de Alano.

    Habíamos previsto subir a Agua Tuerta, un interesante paraje que nos recomendó Chus y que no pillaba muy lejos, así que en cuanto llegamos al coche, pusimos rumbo a este impactante lugar, como veréis. Porque el valle de Agua Tuerta es uno de los lugares más espectaculares que he visto en mi vida, paisajísticamente hablando.

El petirrojo es un ave muy abundante en toda la zona y sus reclamos se oyen prácticamente en cualquier sitio.

     Cuando llegamos a Guarrinza, vi que el camino de tierra continuaba subiendo por la ladera derecha de un valle que parecía no acabar. Se veían retazos de hayedo y prados, con algunos abetos y pinos dispersos. Pero el camino hacía varios giros y no veía más allá. Nos sentamos a almorzar unos sándwiches que nos supieron a gloria, mientras yo me detenía a mirar el horizonte y a los curiosos humanos que teníamos cerca, que actuaban como si no hubiera nadie más alrededor. 

    Al terminar el tentempié, nos pusimos rumbo al gran valle de Agua Tuerta, a una media hora a pie (tardamos más porque nos parábamos en todo), siempre con los ojos bien abiertos por si veíamos algún animal interesante.

Vistas desde Guarrinza, donde almorzamos. A nuestro alrededor, crecían sauces caprinos, saúcos rojos y zarzas, y nos sobrevolaban, de vez en cuando, ninfálidos (vanesas) y algunos petirrojos se acercaban a ver qué les dábamos de comer (no les dimos nada).
Una enorme haya que quedaba a nuestra izquierda conforme subíamos.
Cascadas del río Aragón Subordán.
Conforme subíamos, quedaban detrás los retazos de hayedo y empezaban a aparecer algunos serbales (Sorbus cf aria) que atraían algunos pajarillos como mirlos capiblancos (Turdus torquatus) y pinzones reales (Fringilla montifringilla).
Un helecho, Polystichum lonchitis, donde la nieve empezaba, en una umbría.
A varios metros por encima de nosotros, en la ladera derecha del camino, se veían manchas de bosquecillos donde predominaba el pino negro (Pinus uncinata).

    Poco antes de entrar por el estrecho pasillo de roca, sobrepasando ya los 1600 m de altitud, donde se localizaba el refugio de Agua Tuerta, vimos un monumento megalítico que consistía en un círculo de piedras acumuladas con un hueco en el centro donde crecían helechos. Estas estructuras, construidas por los humanos de hace unos seis mil años, abundan en este valle. Sin duda, los antiguos habitantes de estos valles pirenaicos, debieron ver algo mágico en el lugar. 

Valle Aragón Subordán con el dolmen en el ángulo inferior izquierdo.

    Nosotros no fuimos menos, pues conforme subíamos, el paisaje nos parecía cada vez más impresionante y fantástico. Una vez cruzado el refugio, lo que vimos nos sobrecogió. Era un gigantesco valle glaciar, una extensa llanura en la que serpenteaba un río formando amplios meandros, todo flanqueado por montañas colosales, algunas blancas de nieve. Sentí que estaba en algún lugar de Beleriand y la situación me recordó a cuando Tuor llega a la ciudad élfica secreta de Gondolin. 

Valle de Agua Tuerta (Aguas Tuertas en castellano). Tras estas montañas, está la frontera con Francia.
El paisaje, como no paro de repetir, era sobrecogedor.

También aquí encontramos otro dolmen que estaba señalizado con un cartel vandalizado.
Montañas de La Frontaza (algunas superan los 1800 m de altitud). Si hacéis zoom en la imagen, veréis dos personas andando en el valle, justo en medio, cuando comienza la sombra.
    Exploramos un poco el valle y miramos diferentes florecillas que aparecían en la hierba, pero no queríamos que nos anocheciera en esta zona y nos volvimos al coche, deteniéndonos de vez en cuando a mirar el bando de unos 40 pinzones reales que aprovechaban los frutos del mostajo. La vuelta era por el mismo camino de subida.
Pinzón real (Fringilla montifringilla).
Pinzón real (Fringilla montifringilla).
Pinzón real (Fringilla montifringilla).
    Anochecía ya y en el valle todo se tornaba de color ocre. Nos detuvimos a contemplar un álamo temblón (Populus tremula) que ya habíamos visto en la subida.
Bajada desde Agua Tuerta. Al fondo del valle, el río Aragón Subordán.
Laderas cubiertas de hayedos, álamos temblones y pinos.
El enorme álamo temblón (Populus tremula) que crecía junto al camino todavía no presentaba el follaje otoñal del resto de los árboles caducifolios que lo rodeaban.
Vallejos con hayas jóvenes. 
En el camino, tuvimos que atravesar, saltando de piedra en piedra a veces, varios riachuelos que bajaban desde las cumbres.
Ya en la ida, vimos varios caballos pastando.
Su complexión, de patas cortas y pelaje denso y grueso, le permite a esta raza de caballo hacer frente a lo riguroso del invierno.

    Así acabó nuestro viaje por la Selva de Oza, Guarrinza y Agua Tuerta, mientras la luna se alzaba redonda y brillante detrás de nosotros, por encima de las montañas de Agua Tuerta. Al día siguiente, nos esperaba una pequeña ruta por los alrededores de Ansó y de nuevo al Bosque de Gamueta, pero esta vez, sería sin lluvia.

10 noviembre 2022

Viaje a los Pirineos I: valle de Ansó - Linza / Bosque de Gamueta

Llevo mucho tiempo sin escribir sobre mis expediciones a la naturaleza en el blog, lo cual no quiere decir que es porque no me muevo, sino más bien por falta de tiempo para escribir. Este año, he continuado tanto con las salidas de costumbre a la Sierra de Chinchilla, como a las Sierras de Alcaraz y de Segura, además de acercarnos a la costa del sureste ibérico y a los Pirineos (Andorra), entre otros lugares. Así que, buscando un huequecillo en mis ajetreados días, os cuento un poco el último viaje que he hecho, que me ha llegado al alma, sobre todo, por lo impresionante de los paisajes. 

La semana pasada, hicimos un viaje fugaz a las montañas del norte, a los Pirineos. Y en concreto, a una zona de Aragón que nos llamaba especialmente: los valles d'Echo y Ansó, Huesca. Antes que nada, tengo que agradecerle al colega Chus Campo, por sus amables consejos, rutas recomendadas y curiosidades sobre el entorno. Este viaje, como os digo, se me ha quedado grabado en la mente con mucho cariño y ya tengo ganas de volver a explorar la zona y descubrir escondidos rincones naturales. Son lugares recónditos, con valles entre enormes montañas de cimas nevadas, bajo las que se ven bosques maduros muy diversos y húmedos, de hayas, pinos albares, robles, arces, abetos y muchas otras plantas, que alcanzan tamaños descomunales. 

Nuestra llegada a la preciosa localidad de Ansó se coordinó con una buena cantidad de lluvia muy esperada. Al día siguiente, el viernes 4 de noviembre, nos dirigimos hacia el Bosque de Gamueta, con una temperatura de unos 4 ºC (y descendiendo conforme ascendíamos) y lluvia y viento incesantes que nos acompañaron durante toda la excursión. Tras un buen desayuno en el hotel rural (Casa Úrsula de Ansó, 100% recomendable), pusimos rumbo a esta zona que nos había comentado Chus, con la esperanza de ver, por lo menos, un picamaderos negro (Dryocopus martius) que finalmente no llegamos a ver. 

La carretera se movía entre valles estrechos, con laderas cubiertas de bosques otoñales, que ascendían hacia picos lejanos y acababan convirtiéndose en manchas de pinos negros, dispersos y oscuros, después en enebrales bajos y finalmente, en campos de rocas con mantos de nieve resplandeciente. 

En algún lugar entre Ansó y Zuriza, en el reino del haya, el boj, el pino albar y el abeto.

La lluvia incesante no nos impidió parar en varios puntos de la carretera entre Ansó y Zuriza. Así pude observar diferentes especies florísticas que me llamaron la atención, como algunas especies de arce.

Roble albar (Quercus petraea)
En las cumbres más altas, se acumulaba abundantemente la nieve.
Grandes moles observando impasibles el paso de las estaciones en el bosque mixto.
Fotografía tomada desde el mirador de Trasveral.
El hayedo llega hasta los mismos bordes de la carretera, regalando al viajero paisajes únicos
e inolvidables, de los que se quedan grabados en la retina.
Finalmente, llegamos al refugio de Linza, dentro ya del Parque Natural de los Valles Occidentales, junto al que se encuentra el Bosque de Gamueta. Nuestro asombro por la belleza del paisaje fue aquí similar al que teníamos durante el camino de ida. Estábamos boquiabiertos con la exuberancia de la naturaleza pirenaica.
El Bosque de Gamueta está formado principalmente por grandes hayas maduras.
Bajo una incesante y fría lluvia, recorrimos varios senderos de este mágico bosque pirenaico,
 enamorándonos cada vez más de él.
    En este bosque, con la humedad que reinaba en el momento, disfruté como un crío con mis amigos los líquenes epífitos. Pudimos ver grandes cantidades de pulmonaria (Lobaria pulmonaria), un gran liquen de talo foliáceo que funciona como bioindicador. Habita en bosques húmedos, maduros y con el aire muy limpio y puro.
Lobaria pulmonaria (liquen verde foliáceo) y Ramalina farinacea (liquen blanco).
Euphorbia. Me recordó a E. amygdaloides.
Las grandes "barbas" de un liquen usneoide.
Un yesquero (¿Fomes fomentarius?), creciendo sobre un viejo tronco de haya moribundo.
En esta zona, observé muchas hojas del heléboro verde (Helleborus viridis), planta indicadora de bosques maduros bien conservados.
El hayedo otoñal nos llevó por senderos de un aspecto realmente mágico.
Muchas hayas me parecían casi iguales o de edad similar, pero este ejemplar tan bonito que crecía en el borde del bosque se me antojó espectacular. Bajo la incesante lluvia, pudimos admirar su enorme fuste.
Las grandes ramas crecían de forma casi horizontal desde el enorme tronco del haya.
Uno de los senderos que recorrimos nos llevó a este paisaje de ensueño.
    La caminata, en realidad, se nos hizo muy corta, y fue siempre lineal, no circular. Volvimos al coche para guarecernos un poco de la intensa lluvia y comer un tentempié. Después, nos dirigimos hacia otro sendero del mismo Bosque de Gamueta, que nos regaló unos enormes abetos (Abies alba) de un tamaño descomunal.
El monte Maze, Txamantxoia en euskera.
El sendero que seguimos se distingue entre las copas desnudas de las hayas.
Abeto (Abies alba)
Algunos de los grandes abetos que crecían entre las hayas alcanzaban una altura considerable.
Entre las hayas, se veían muchos brotes de jóvenes abetos.
Ya por la tarde, con el frío y la lluvia, resultaba imposible encontrar fauna en el hayedo...
Un liquen Cladonia de "copitas".
La oscuridad nos alcanzó enseguida, pero sentimos que valió la pena calarse hasta los huesos por explorar aquel paraje tan único. Volvimos a Ansó con muchas ganas de visitar, al día siguiente, otros lugares mágicos de los Pirineos.