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martes, 19 de agosto de 2025

La fuente de los tilos en la Hoz de Beteta

29.07.2025. La fuente de los tilos es una pequeña área recreativa con senderos que encontramos en la carretera entre Beteta y Puente Vadillos. El acceso es muy fácil y todo el recorrido incluye vegetación relíctica propia de épocas más húmedas y frescas, como denota la presenta de tilos (Tilia platyphyllos) y otras especies de árboles y arbustos caducifolios. Hicimos una pequeña ruta adaptada que nos permitió observar diferentes especies animales y vegetales. He de decir que me dio mucha alegría y satisfacción comprobar que la recreación de los bosques relícticos eurosiberianos que podemos visitar en el Jardín Botánico de Castilla-La Mancha y que está inspirada en este entorno, es prácticamente igual en lo que se refiere a composición de especies florísticas (vamos, que está muy bien conseguida) y la sensación es muy familiar. A continuación, muestro algunas fotografías que realicé en este entorno único de la provincia de Cuenca.

Asplenium fontanum, un helecho creciendo directamente sobre una gran roca.

Hipparchia fidia

Olmo de montaña (Ulmus glabra)

Helecho (Pteridium aquilinum)

Plántula de sorbo silvestre o peral de monte (Sorbus torminalis).

Hongos descomponedores en un tronco muerto.

Lagarto ocelado (Timon lepidus) juvenil.

Coenympha dorus

Ramas de pino cubiertas de líquenes Pseudevernia furfuracea.

Pudio (Rhamnus alpina)

Avellano (Corylus avellana)

Tilo de hoja ancha (Tilia platyphyllos)

Mostajo (Sorbus aria)

Agalla de Andricus quercustozae sobre quejigo (Quercus faginea).

Paredones calizos de la Hoz de Beteta.

Mostajo (Sorbus aria) sobre el río Guadiela.

Oí el canto de una paloma zurita (Columba oenas) en el roquedo y haciendo mucho zoom con la cámara, pude captarla en un pequeño abrigo.

Tilo de hoja ancha (Tilia platyphyllos)

sábado, 1 de abril de 2023

Un viaje inesperado a Murcia I: safari nocturno en La Azohía y caminata a Cala Cerrada

Ya han pasado varias semanas desde que mis grandes amigos Miguel, Álvaro y Alonso me raptaran el viernes 10 de marzo. Llamaron a mi puerta sobre las 16:10h de la tarde. Al abrir, me encontré a dos personas de pie, con la cabeza tapada, cubierta con un pasamontañas, mirándome fijamente. Me quedé mirando durante unas milésimas de segundo a los ojos del que estaba a la izquierda y le reconocí. Eran Miguel y Alonso. Después, en Murcia, recogeríamos a Álvaro.

-Vístete, que nos vamos -me dijo Miguel, después de quitarle con mi mano el pasamontañas, con una mirada pícara.

Nos embarcamos en una aventura en la cual todo fueron sorpresas para mí gracias a mis tres buenos amigos. Tengo que reconocer que me emocioné bastante, pues esto era ni más ni menos que una despedida de soltero como debe ser: caminatas, aventuras por el monte y búsqueda de bichos durante un fin de semana entero.

La primera noche, el viernes, nos preparamos la cena y fuimos directos a explorar los alrededores de la torre vigía de La Azohía y encontramos algunos animales sorprendentes, como la cochinilla Porcellio succinctus, un endemismo del sureste semiárido de España que nunca habíamos visto. Vimos dos ejemplares de un tamaño bastante llamativo para ser una cochinilla.

Uno de los ejemplares de Porcellio succinctus que vimos. La Azohía (Murcia), 10.03.2023.
El pamfágido Eumigus cucullatus. La Azohía (Murcia), 10.03.2023.
Un cerambícido, Agapanthia asphodeli. La Azohía (Murcia), 10.03.2023.
Agapanthia significa "enamorado de las flores" en griego.
Una enorme concentración de chinches de la adelfa (Caenocoris nerii) sobre el bayón (Osytis lanceolata). Había varias ramas repletas de este hemíptero. La Azohía (Murcia), 10.03.2023.
El helecho Cosentinia vellea. Me hizo mucha ilusión ver este pequeño pteridófito adaptado a las sequías mediterráneas y de zonas cercanas. La Azohía (Murcia), 10.03.2023.

El sábado, 11 de marzo, Álvaro nos guio hasta una caleta de aspecto tropical de la accidentada costa murciana, en el entorno de Cabo Tiñoso, Cala Cerrada. A esta cala accedimos después de una caminata de una hora y pico bajo un alegre sol matinal a través de pinares y matorrales iberonorteafricanos. El relieve era, en general, algo abrupto, sobre todo para bajar a través del pinar. En esta zona arbolada, encontramos el primer reptil que captó nuestro interés, una culebra de herradura (Hemorrhois hippocrepis). Esta especie algo termófila se me había resistido hasta el año pasado, en que pude ver un rápido individuo en las cercanías de Alcaraz. Sin embargo, la perdí de vista en seguida.

Culebra de herradura (Hemorrhois hippocrepis). Cabo Tiñoso (Murcia), 10.03.2023.
    Atravesamos el sendero que discurría entre espartales eternos donde florecían los resecos romeros y los cornicales (Periploca angustifolia). Íbamos con los ojos bien abiertos, no fuera a ser que apareciera un camalón (Chamaeleo chamaeleon), pero no tuvimos esa suerte, tendríamos que esperar...
El mar Mediterráneo.
Llegamos a Cala Cerrada, donde unos grandes palmitos (Chamaerops humilis) y lentiscos (Pistacia lentiscus) nos esperaban. También vimos algunas matas de amapola de mar (Glaucium flavum).

Después de que mis amigos se metieran completamente en el agua (que estaba congelada), y yo metiera los pies entre los guijarros y me doliera hasta lo más profundo de los tarsos, volvimos de nuevo por el mismo camino que habíamos hecho, con un calor impropio del mes de marzo. Una collalba negra (Oenanthe leucura) cantaba desde lo alto de un risco.
Miguel y Alonso en el camino de vuelta. El paisaje del sureste de la península ibérica, más propio del norte de África, no siempre es del gusto de todos. Para mí, está claro que tiene un encanto único en el contexto europeo, muy valioso.

Romero (Rosmarinus officinalis, me niego a aceptar que lo hayan metido en el género Salvia) y la espinosa  Launaea pumila.
Volvimos al coche para comer y descansar un rato en la casa, porque luego mis amigos me llevarían a otro sitio costero muy interesante...

La escarpada costa salvaje de algunas zonas de la Región de Murcia.


sábado, 3 de diciembre de 2022

Viaje a los Pirineos II: Selva de Oza y Guarrinza hacia Agua Tuerta

    El sábado 5 de noviembre, nos levantamos con una helada que había dejado los prados y los matorrales y árboles de Ansó cubiertos de polvo blanco de hielo, pero con un cielo despejado azul. En el valle, el sol todavía no se había alzado lo suficiente como para alumbrar. Tras otro gran desayuno en Casa Úrsula, nos dirigimos hacia la Selva de Oza para después subir al impresionante paraje de Guarrinza hacia Agua Tuerta. Los paisajes, otra vez, nos impresionaron muchísimo.

Grandes moles de piedra nevadas.
Río Aragón Subordán.
Abetales y pinos albares con muérdago.
    Una vez en la Selva de Oza, nos cruzamos a mucha gente (era sábado, comprensible) que iba al monte a andar. Recorrimos pocos kilómetros en un sendero entre hayas y abetos y nos fuimos fijando en la vegetación que había, en un ambiente muy húmedo siempre, subiendo cuestas y bajándolas, pero al rato decidimos volver al coche y dirigirnos directamente a Guarrinza.
Lobaria pulmonaria hidratada.
Un sendero por la Selva de Oza.
Nos gustó mucho ver jóvenes abetos (Abies alba) brotando entre la hojarasca de las hayas.
De vez en cuando, el sol iluminaba los dorados árboles, mientras continuábamos nuestro recorrido.
La reinante humedad en la umbría del Barranco de Espata favorece la presencia de muchos helechos, como este del género Polystichum.
O este otro, la lengua de ciervo (Phillytis scolopendrium), que ya habréis visto más veces en este blog. En la imagen, creciendo en un bloque de piedra sobre el agua, rodeado de culantrillos y fresas silvestres.
También se veían multitud de helechos del género Polypodium.
Y el extendido helecho macho (Dryopteris filix-mas).
No vimos muchas setas, pero de vez en cuando, alguna pequeñita nos llamaba la atención.
Olmo de montaña (Ulmus glabra).
Abetillo en un lado de uno de los puentes que cruzamos.
Arroyo en el Barranco de Espata.
Yesquero (Fomes fomentarius) sobre un haya.
Todavía era otoño en el hayedo.
Abetillo en la hierba.
Muuuu.
El sonido de los cencerros de las vacas nos acompañaba muchas veces al llegar a los claros de los bosques.
Paisaje nevado sobre lo que creo que es la Sierra de Alano.

    Habíamos previsto subir a Agua Tuerta, un interesante paraje que nos recomendó Chus y que no pillaba muy lejos, así que en cuanto llegamos al coche, pusimos rumbo a este impactante lugar, como veréis. Porque el valle de Agua Tuerta es uno de los lugares más espectaculares que he visto en mi vida, paisajísticamente hablando.

El petirrojo es un ave muy abundante en toda la zona y sus reclamos se oyen prácticamente en cualquier sitio.

     Cuando llegamos a Guarrinza, vi que el camino de tierra continuaba subiendo por la ladera derecha de un valle que parecía no acabar. Se veían retazos de hayedo y prados, con algunos abetos y pinos dispersos. Pero el camino hacía varios giros y no veía más allá. Nos sentamos a almorzar unos sándwiches que nos supieron a gloria, mientras yo me detenía a mirar el horizonte y a los curiosos humanos que teníamos cerca, que actuaban como si no hubiera nadie más alrededor. 

    Al terminar el tentempié, nos pusimos rumbo al gran valle de Agua Tuerta, a una media hora a pie (tardamos más porque nos parábamos en todo), siempre con los ojos bien abiertos por si veíamos algún animal interesante.

Vistas desde Guarrinza, donde almorzamos. A nuestro alrededor, crecían sauces caprinos, saúcos rojos y zarzas, y nos sobrevolaban, de vez en cuando, ninfálidos (vanesas) y algunos petirrojos se acercaban a ver qué les dábamos de comer (no les dimos nada).
Una enorme haya que quedaba a nuestra izquierda conforme subíamos.
Cascadas del río Aragón Subordán.
Conforme subíamos, quedaban detrás los retazos de hayedo y empezaban a aparecer algunos serbales (Sorbus cf aria) que atraían algunos pajarillos como mirlos capiblancos (Turdus torquatus) y pinzones reales (Fringilla montifringilla).
Un helecho, Polystichum lonchitis, donde la nieve empezaba, en una umbría.
A varios metros por encima de nosotros, en la ladera derecha del camino, se veían manchas de bosquecillos donde predominaba el pino negro (Pinus uncinata).

    Poco antes de entrar por el estrecho pasillo de roca, sobrepasando ya los 1600 m de altitud, donde se localizaba el refugio de Agua Tuerta, vimos un monumento megalítico que consistía en un círculo de piedras acumuladas con un hueco en el centro donde crecían helechos. Estas estructuras, construidas por los humanos de hace unos seis mil años, abundan en este valle. Sin duda, los antiguos habitantes de estos valles pirenaicos, debieron ver algo mágico en el lugar. 

Valle Aragón Subordán con el dolmen en el ángulo inferior izquierdo.

    Nosotros no fuimos menos, pues conforme subíamos, el paisaje nos parecía cada vez más impresionante y fantástico. Una vez cruzado el refugio, lo que vimos nos sobrecogió. Era un gigantesco valle glaciar, una extensa llanura en la que serpenteaba un río formando amplios meandros, todo flanqueado por montañas colosales, algunas blancas de nieve. Sentí que estaba en algún lugar de Beleriand y la situación me recordó a cuando Tuor llega a la ciudad élfica secreta de Gondolin. 

Valle de Agua Tuerta (Aguas Tuertas en castellano). Tras estas montañas, está la frontera con Francia.
El paisaje, como no paro de repetir, era sobrecogedor.

También aquí encontramos otro dolmen que estaba señalizado con un cartel vandalizado.
Montañas de La Frontaza (algunas superan los 1800 m de altitud). Si hacéis zoom en la imagen, veréis dos personas andando en el valle, justo en medio, cuando comienza la sombra.
    Exploramos un poco el valle y miramos diferentes florecillas que aparecían en la hierba, pero no queríamos que nos anocheciera en esta zona y nos volvimos al coche, deteniéndonos de vez en cuando a mirar el bando de unos 40 pinzones reales que aprovechaban los frutos del mostajo. La vuelta era por el mismo camino de subida.
Pinzón real (Fringilla montifringilla).
Pinzón real (Fringilla montifringilla).
Pinzón real (Fringilla montifringilla).
    Anochecía ya y en el valle todo se tornaba de color ocre. Nos detuvimos a contemplar un álamo temblón (Populus tremula) que ya habíamos visto en la subida.
Bajada desde Agua Tuerta. Al fondo del valle, el río Aragón Subordán.
Laderas cubiertas de hayedos, álamos temblones y pinos.
El enorme álamo temblón (Populus tremula) que crecía junto al camino todavía no presentaba el follaje otoñal del resto de los árboles caducifolios que lo rodeaban.
Vallejos con hayas jóvenes. 
En el camino, tuvimos que atravesar, saltando de piedra en piedra a veces, varios riachuelos que bajaban desde las cumbres.
Ya en la ida, vimos varios caballos pastando.
Su complexión, de patas cortas y pelaje denso y grueso, le permite a esta raza de caballo hacer frente a lo riguroso del invierno.

    Así acabó nuestro viaje por la Selva de Oza, Guarrinza y Agua Tuerta, mientras la luna se alzaba redonda y brillante detrás de nosotros, por encima de las montañas de Agua Tuerta. Al día siguiente, nos esperaba una pequeña ruta por los alrededores de Ansó y de nuevo al Bosque de Gamueta, pero esta vez, sería sin lluvia.