jueves, 10 de noviembre de 2022

Viaje a los Pirineos I: valle de Ansó - Linza / Bosque de Gamueta

Llevo mucho tiempo sin escribir sobre mis expediciones a la naturaleza en el blog, lo cual no quiere decir que es porque no me muevo, sino más bien por falta de tiempo para escribir. Este año, he continuado tanto con las salidas de costumbre a la Sierra de Chinchilla, como a las Sierras de Alcaraz y de Segura, además de acercarnos a la costa del sureste ibérico y a los Pirineos (Andorra), entre otros lugares. Así que, buscando un huequecillo en mis ajetreados días, os cuento un poco el último viaje que he hecho, que me ha llegado al alma, sobre todo, por lo impresionante de los paisajes. 

La semana pasada, hicimos un viaje fugaz a las montañas del norte, a los Pirineos. Y en concreto, a una zona de Aragón que nos llamaba especialmente: los valles d'Echo y Ansó, Huesca. Antes que nada, tengo que agradecerle al colega Chus Campo, por sus amables consejos, rutas recomendadas y curiosidades sobre el entorno. Este viaje, como os digo, se me ha quedado grabado en la mente con mucho cariño y ya tengo ganas de volver a explorar la zona y descubrir escondidos rincones naturales. Son lugares recónditos, con valles entre enormes montañas de cimas nevadas, bajo las que se ven bosques maduros muy diversos y húmedos, de hayas, pinos albares, robles, arces, abetos y muchas otras plantas, que alcanzan tamaños descomunales. 

Nuestra llegada a la preciosa localidad de Ansó se coordinó con una buena cantidad de lluvia muy esperada. Al día siguiente, el viernes 4 de noviembre, nos dirigimos hacia el Bosque de Gamueta, con una temperatura de unos 4 ºC (y descendiendo conforme ascendíamos) y lluvia y viento incesantes que nos acompañaron durante toda la excursión. Tras un buen desayuno en el hotel rural (Casa Úrsula de Ansó, 100% recomendable), pusimos rumbo a esta zona que nos había comentado Chus, con la esperanza de ver, por lo menos, un picamaderos negro (Dryocopus martius) que finalmente no llegamos a ver. 

La carretera se movía entre valles estrechos, con laderas cubiertas de bosques otoñales, que ascendían hacia picos lejanos y acababan convirtiéndose en manchas de pinos negros, dispersos y oscuros, después en enebrales bajos y finalmente, en campos de rocas con mantos de nieve resplandeciente. 

En algún lugar entre Ansó y Zuriza, en el reino del haya, el boj, el pino albar y el abeto.

La lluvia incesante no nos impidió parar en varios puntos de la carretera entre Ansó y Zuriza. Así pude observar diferentes especies florísticas que me llamaron la atención, como algunas especies de arce.

Roble albar (Quercus petraea)
En las cumbres más altas, se acumulaba abundantemente la nieve.
Grandes moles observando impasibles el paso de las estaciones en el bosque mixto.
Fotografía tomada desde el mirador de Trasveral.
El hayedo llega hasta los mismos bordes de la carretera, regalando al viajero paisajes únicos
e inolvidables, de los que se quedan grabados en la retina.
Finalmente, llegamos al refugio de Linza, dentro ya del Parque Natural de los Valles Occidentales, junto al que se encuentra el Bosque de Gamueta. Nuestro asombro por la belleza del paisaje fue aquí similar al que teníamos durante el camino de ida. Estábamos boquiabiertos con la exuberancia de la naturaleza pirenaica.
El Bosque de Gamueta está formado principalmente por grandes hayas maduras.
Bajo una incesante y fría lluvia, recorrimos varios senderos de este mágico bosque pirenaico,
 enamorándonos cada vez más de él.
    En este bosque, con la humedad que reinaba en el momento, disfruté como un crío con mis amigos los líquenes epífitos. Pudimos ver grandes cantidades de pulmonaria (Lobaria pulmonaria), un gran liquen de talo foliáceo que funciona como bioindicador. Habita en bosques húmedos, maduros y con el aire muy limpio y puro.
Lobaria pulmonaria (liquen verde foliáceo) y Ramalina farinacea (liquen blanco).
Euphorbia. Me recordó a E. amygdaloides.
Las grandes "barbas" de un liquen usneoide.
Un yesquero (¿Fomes fomentarius?), creciendo sobre un viejo tronco de haya moribundo.
En esta zona, observé muchas hojas del heléboro verde (Helleborus viridis), planta indicadora de bosques maduros bien conservados.
El hayedo otoñal nos llevó por senderos de un aspecto realmente mágico.
Muchas hayas me parecían casi iguales o de edad similar, pero este ejemplar tan bonito que crecía en el borde del bosque se me antojó espectacular. Bajo la incesante lluvia, pudimos admirar su enorme fuste.
Las grandes ramas crecían de forma casi horizontal desde el enorme tronco del haya.
Uno de los senderos que recorrimos nos llevó a este paisaje de ensueño.
    La caminata, en realidad, se nos hizo muy corta, y fue siempre lineal, no circular. Volvimos al coche para guarecernos un poco de la intensa lluvia y comer un tentempié. Después, nos dirigimos hacia otro sendero del mismo Bosque de Gamueta, que nos regaló unos enormes abetos (Abies alba) de un tamaño descomunal.
El monte Maze, Txamantxoia en euskera.
El sendero que seguimos se distingue entre las copas desnudas de las hayas.
Abeto (Abies alba)
Algunos de los grandes abetos que crecían entre las hayas alcanzaban una altura considerable.
Entre las hayas, se veían muchos brotes de jóvenes abetos.
Ya por la tarde, con el frío y la lluvia, resultaba imposible encontrar fauna en el hayedo...
Un liquen Cladonia de "copitas".
La oscuridad nos alcanzó enseguida, pero sentimos que valió la pena calarse hasta los huesos por explorar aquel paraje tan único. Volvimos a Ansó con muchas ganas de visitar, al día siguiente, otros lugares mágicos de los Pirineos.

1 comentario:

  1. Anónimo10/11/22

    Gracias, Guille. Qué rdos más bonitos me has traído.

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