Mostrando entradas con la etiqueta Madrid. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Madrid. Mostrar todas las entradas

24 marzo 2022

El pítano (Vella pseudocytisus subsp. pseudocytisus) en su hábitat natural

 El pítano (Vella pseudocytisus subsp. pseudocytisus) es un arbusto de la familia de las brasicáceas (crucíferas) que conocí gracias a las labores de conservación de esta especie que se llevan a cabo en el Jardín Botánico de Castilla-La Mancha. Esta planta, endémica de las estepas con yeso de la zona central del río Tajo, se encuentra amenazada de extinción. Crece en las cercanías de Ontígola (Toledo) y Aranjuez (Madrid), acompañando a espartos, gamones, genistas, carraspiques... Curiosamente, está tan adaptada a los suelos con yesos que es capaz de extraer agua mediante ósmosis inversa en estas zonas tan castigadas no solo por el clima del lugar, sino también por las características edáficas, del suelo.

Tenía muchas ganas de verla en su hábitat natural, así que, coincidiendo con su floración en el JBCLM, nos acercamos a verla cerca de Ontígola. Primero decidí echar un vistazo a unas laderas con yeso que se encuentran al sur de esta localidad, pero no di con ella. Desde lejos veía matas amarillas, pero eran Genista scorpius. Su tono de amarillo es diferente. No obstante, aunque no la vi en este enclave, sí disfruté como un crío viendo otras cosas.

Iberis saxatilis [carraspique]

Terraplenes yesosos, con plantas adaptadas a estos duros ambientes
como Gypsophila struthium, Lepidium subulatum...

Junto a un cultivo, crecían muchas de estas lechetreznas... ¿Euphorbia lagascae?

Laderas con yeso, con Gypsophila, Lepidium, Stipa...

En los yesos existe una costra biológica muy interesante. Estos líquenes blancos son Cladonia foliacea.

Una curiosa perdiz roja (Alectoris rufa) en medio de un campo de cultivo.

Tras esta vuelta sin éxito, decidí buscar en Internet algún artículo que mostrara al menos las cuadrículas donde podría verse el pítano. No fue difícil encontrarlo, y en seguida pusimos rumbo a otro lugar cercano, esta vez en Aranjuez. Ya desde el coche se veían las plantas en flor, aquí y allá, entre gamones y otros arbustos. 

En esta imagen se aprecia muy bien cómo el esparto crecen mayoritariamente en las partes superiores de las colinas, en suelos donde el yeso se ha lavado, junto a retamas, y el pítano aparece en suelos
más bajos, con yesos, incluso algo nitrificados.

Pítano en flor.

Hábitat del pítano.

Detalle de una ramilla florida.

17 abril 2017

El cantar de las ranas en el Real Jardín Botánico

    He pasado una Semana Santa bastante peculiar e interesante, viviendo cada día docenas de aventuras en la capital de nuestro reino ibérico. Varios de esos días, me acerqué al Real Jardín Botánico, donde aparte de observar con curiosidad y detenimiento las miles y miles de flores que han surgido con la llegada del calor primaveral (correcto, solamente una mañana de visita a este encantador lugar nunca es suficiente), tuve la suerte de escuchar un concierto de ranas comunes (Pelophylax perezi) en un estanque. Los anfibios parecían no inmutarse con la presencia de los turistas, ellas seguían a lo suyo. Aquí os muestro lo que vi y oí:

11 septiembre 2016

DE LA ENTRADA QUE TUVO EL SAÚCO EN MADRID Y SU EMOTIVO VIAJE A ALCALÁ DE HENARES

"[...] Desde la esquina de esa tapia, ya se ve Madrid. [...] La ciudad era morada. Huía en un fondo de humo gris. Tendida en el suelo contra un cielo bajo, era una inmensa piel con el lomo erizado de escamas cúbicas, de rojas, cuadradas lentejuelas de cristal que vibraban espejando el poniente, con láminas finísimas de cobre batido. Yacía y respiraba. [...] La ciudad era morada, pero también podía verse rosa. Todas las casas tenían vueltos sus ojos al crepúsculo. Sus caras eran crudas, sin pinturas ni afeites. Pestañeaban los aleros. Apoyaban sus barbillas las unas en los hombros de las otras, escalonándose como una estantería. Alguna cerraba sus ojos para dormir. Y se quedaba con la luz en el rostro y una sonrisa a flor de labios. [...]"

Industrias y andanzas de Alfanhuí, Rafael Sánchez Ferlosio

    Entraba el tren en Madrid, que se venía anunciando desde hacía rato, desde antes de cruzar el horizonte, con su boina gris de humo como un hongo reseco tendido en la llanura. Con su traque-traque-traque, el tren entraba en la villa, con parsimonia, en la estación de Atocha. Atocha es otra palabra para decir esparto (Stipa tenacissima). 
    Por la tarde, fuimos a Alcalá de Henares. Sus torres con tejado de pizarra, con sombreros de nido de cigüeñas pero sin cigüeñas, auguraban un alegre paseo por las calles de esta ciudad de la cuenca del Henares. El Henares es un río terroso que baja por las tierras oscuras y viene de las oscuras montañas. Está hecho con las sobras de las nubes olvidadas por los vericuetos de la serranía. En el centro de la plaza grande, está Don Miguel, con su curva pluma en la mano, esperando poder bajarse algún día del gran pedestal. 
Alcalá de Henares
    Me quedé solo en la plaza unos minutos, mirándole. Él también me miraba, pero con la vista perdida, opaca y profunda a la vez, llena de una nostalgia y agradecimiento al reconocimiento que todos, en cualquier rincón del mundo, le hemos hecho a su obra. Cuatrocientos años después de la muerte de Don Miguel de Cervantes Saavedra, le homenajeamos y recordamos su legado a la Humanidad. Qué honor para mí, poder venir de tierras manchegas a su casa y saludarle.
Miguel de Cervantes Saavedra
    Qué bonita es Alcalá de Henares, cómo paseaba la gente feliz bajo los soportales de la calle Mayor, disfrutando del calor de los últimos días del verano, comiendo polos y comprando regalos. Aprovechamos y entramos en la Universidad de Alcalá: nos paseamos por sus patios, bajo los árboles y en el claustro del rectorado. Et luteam olim marmoream nunc... El Colegio Mayor de San Ildefonso estaba vestido de verde. Los andamios le cubrían la cara y no podemos verle la fachada, pero como la espinita de Madrid que tenía en el alma resultó ser una semilla que empezaba a germinar, pienso que voy a volver y no me preocupo por no poder ver el edificio por fuera tal y como es, sin redes esmeralda.
    Las calles del centro de Alcalá tienen un color especial al atardecer. Se vuelven doradas y hay sombras engañosas. A la catedral-magistral llegan grajillas ruidosas y vienen como trayendo consigo un velo de anochecer. Cerca del Palacio Arzobispal hay una estatua de la reina Isabel la Católica, reina de todos los castellanos. Como ya anochece y el hambre y el sueño empiezan a hacer acto de presencia, dejamos atrás Alcalá de Henares con el ocaso. Volviendo a Madrid, recuerdo un relieve que hay a los pies de Miguel de Cervantes: representa a Don Quijote luchando contra los imaginarios gigantes que son en realidad simples molinos de viento, el capítulo VIII de la Primera Parte: "Del buen suceso que el valeroso Don Quijote tuvo en la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento, con otros sucesos dignos de felice recordación". 
    Dostoyevski dijo, en Diario de un escritor (1876), del Quijote, lo siguiente: "Si se acabase el mundo y alguien preguntase a los hombres: «Veamos, ¿qué habéis sacado en limpio de vuestra vida y qué conclusión definitiva habéis deducido de ella?», podrían los hombres mostrar en silencio el Quijote y decir luego: «Ésta es mi conclusión sobre la vida y... ¿podríais condenarme por ella?»". Es una frase que pronuncia Amelia Folch cuando llevan al Cervantes real a la Alcalá de 2016 para convencerle de que ha de reescribir el Quijote, en El Ministerio del Tiempo. Con esta visita a Alcalá de Henares, yo puedo decir que mi conclusión sobre la vida, aun inconclusa, ya tiene una nueva idea que añadir a sí misma.
Alcalá de Henares
Universidad de Alcalá
Patio de Santo Tomás de Villanueva, Universidad de Alcalá.
Calle Mayor
Catedral-Magistral de Alcalá de Henares