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23 abril 2023

Me florecieron los jacintos de bosque (Hyacinthoides hispanica)

A nuestra vuelta de Costa Rica, el jacinto de bosque (Hyacinthoides hispanica), una especie autóctona de la Península Ibérica, ya nos estaba floreciendo en las macetas. Es cierto que en mi zona no se ve, pero recuerdo verlo como una especie alóctona durante mi tiempo en Gran Bretaña y les cogí cariño. Hace unos meses quise probar su cultivo, junto con otras especies, y, estos días, la espera ha dado sus frutos.

Hyacinthoides hispanica. Ejemplar cultivado. 23 de abril de 2023.

25 marzo 2023

Tulipa sylvestris subsp. sylvestris

Este otoño compré algunos bulbos y plantas en un vivero de Países Bajos, de Warande. Pedí Primula elatior, P. veris, Hyacinthoides non-scripta y Tulipa sylvestris. Lo bueno de vivir en la Unión Europea es que los ciudadanos europeos tenemos acceso a un mercado mucho mayor e interesante y podemos comprar plantas y cosas que a lo mejor en nuestro país son mucho más difíciles de encontrar; porque, que yo sepa, estas plantas no se comercializan en España. Así que, a través de Instagram, pude contactar a finales de verano con nuestros primos neerlandeses y adquirir estas plantas, que llegaron a mi casa en seguida, muy bien empaquetadas y con un aspecto óptimo. 

Por diferentes causas, no pude plantar todo en su lugar definitivo hasta unas semanas después y he de decir que, a pesar de todo, las plantas respondieron muy bien una vez las puse en sus macetas, con buen sustrado y humedad. Tuvimos un otoño sequísimo por estas latitudes y un invierno frío y árido también, que además trajo días y días de heladas (por debajo de -5º C durante varias semanas), y la primavera ha llegado con más sequía y temperaturas superiores a los 20 ºC. Así es el clima mediterráneo, impredecible como él solo, y todavía más si miramos el contexto global. Bueno, que me desvío. Casi todo ha empezado a florecer con alegría desde que las heladas desaparecieron.

Hoy comparto en este blog unas fotos que les he sacado con el móvil esta mañana soleada a las flores recién abiertas del tulipán silvestre. Esta especie, el único tulipán autóctono de nuestro continente, es propia de Eurasia, desde Portugal hasta China. En la península ibérica, encontramos dos subespecies: Tulipa sylvestris subsp. australis y T. sylvestris subsp. sylvestris. La primera se extiende por buena parte de la Iberia mediterránea, mientras que la segunda, que es la subespecie que compré, se puede ver en algunas zonas de Cataluña y parte de los Pirineos, hacia Centroeuropa e Italia. El año pasado encontré algunos ejemplares de T. sylvestris subsp. australis creciendo en un cerro de la sierra de mi pueblo y me hizo mucha ilusión, con su banda roja como si fuera un gotazo de sangre en el exterior de los pétalos. La flor de la subespecie sylvestris me parece más redondeada y los pétalos no cuentan con esa mancha roja tan evidente en la subespecie australis. 

Tulipa sylvestris subsp. sylvestris. Ejemplares cultivados. Chinchilla, 25.03.2023.

16 julio 2018

Fantasmas en el monte

    Hace tiempo que no escribo, aunque no por falta de material sino por mantenerme entretenido en otras ocupaciones más importantes (académicamente hablando). Hoy toca actualizar el blog con unos cuantos insectos de estos días pasados.
    El otro día, mi hermana detectó un insecto que supo identificar más o menos (lo llamó "mariquita", es decir, el nombre castellano que se les da a los escarabajos de la familia Coccinellidae), trepando por un sillón de casa. Suerte que tenía un botecillo cerca que pude utilizar para capturarla (a mi hermana no, al escarabajo) y comprobar que se trataba de una especie que nunca había visto. Más tarde, me la llevé al monte y la liberé allí. 
Harmonia quadripunctata (fam. Coccinellidae).
    Después de liberar al pequeño coleóptero, continuamos el paseíllo, encontrando un joven conejo que oteaba atento desde su madriguera. A pesar de su abundancia, este lagomorfo (que no roedor) no suele aparecer en mi blog, y este me cayó bien, así que aquí va un retrato veraniego para ese animal:
Conejo (Oryctolagus cuniculus).
    Estamos en la época en que levantamos al vuelo a los sátiros (Hipparchia semele), una mariposa muy abundante en el campo mediterráneo español, que al plegar las alas parece que desaparece en el suelo o en cortezas de los árboles.
    Este año parece que va todo un pelín retrasado y estoy viendo plantas en floración todavía en pleno julio, aunque otras siguen con sus procesos normales.
Los espartos (Stipa tenacissima) ya tienen las espigas secas.
Ajo morado (Allium sphaerocephalon).
    Pero volvamos a los insectos. El paseo del otro día fue bastante productivo en lo que respecta a diversidad de especies. Hubo de todo, digamos.
Mantis (Mantis religiosa) en plena muda.
Scolia hortorum (fam. Scoliidae).
Moscas salteadoras (fam. Asilidae) en pleno acto.
Chinche (Eurydema ornata). Fam. Pentatomidae.
Saltamontes (fam. Acrididae).
Codophila varia. Fam. Pentatomidae.
    También vi dos Truxalis nasuta adultos que volaban como pájaros y uno acabó en un pino, a cinco metros de altura. Mi amigo Miguel Domenech me confirmó la especie y ayer fuimos a buscar algún Pamphagidae por Chinchilla, aunque teníamos en mente encontrar Truxalis, al final se nos hizo de noche por la zona donde suelen estar. Lo cierto es que fuimos bastante tarde y no encontramos ninguno, solo algún Oedipoda caerulescens y Calliptamus sp., aparte de dos ejemplares de Geomantis larvoides. Cuando oscureció, el aire comenzó a refrescarse y a soplar con fuerza, así que nos fuimos.
Sympecma fusca (fam. Lestidae).
Heliothis peltigera (fam. Noctuidae).

15 agosto 2017

Las Islas Cíes

    Este es el cuarto día de mi estancia en Galicia, el 28 de julio de 2017. Desde Cangas salió un catamarán blanco que atravesó la Ría de Vigo, paró unos minutos en el muelle de Vigo, donde recogió a un grupo de personas, y se encaminó a las Islas Cíes, a la isla de Monteagudo. En ese catamarán íbamos mi amigo Alfonso y yo. Las Islas Cíes son tres y se extienden alargadas, de norte a sur, a las puertas de la Ría de Vigo, como guardianes del lugar. Las Islas Cíes son tres, y de Norte a Sur, se llaman: Isla de Monteagudo, Isla del Faro (Illa do Faro) e Isla de San Martín (Illa de San Martiño). Forman parte del Parque Nacional de las Islas Atlánticas de Galicia. El catamarán dejaba ondas blancas no mar de Vigo, y detrás, venían los golfiños, de color oscuro, con sus aletas inconfundibles, surcando el oleaje que dejaba el barco. ¡Qué emoción! ¡Delfines! Nos siguieron durante unos minutos y luego desaparecieron entre la espuma. Llegamos pronto para lo que sería un día espléndido en "la mejor playa del mundo", aunque nosotros nos internamos por los senderos marcados que recorren las Islas de Monteagudo y del Faro, conectadas por una acumulación de arena, la playa de Rodas.

    Nada más llegar a la Isla de Monteagudo, bajamos al muelle y miramos hacia las transparentes aguas de la playa. Allí había un cormorán moñudo (Phalacrocorax aristotelis) buceando y emergiendo delante de todo el mundo como si no le importase nada la presencia humana. Había incluso gente tomando el sol en la orilla y bañándose.
Cormorán moñudo (Phalacrocorax aristotelis).
    Le dije a mi amigo Alfonso si es que había bosques sobre las islas. "Eso parece", me dijo. "Espero que no sean eucaliptos", dije. Efectivamente, lo eran. No solo había eucaliptos sino también acacias a tutiplén. Había también laureles, robles, pinos marítimos (y algún piñonero) y acebos. Al bajar del barco, llegamos a una playa arenosa vallada donde crecían diversas plantas dunares que ya vimos en Corrubedo.
Alhelí de mar (Malcolmia littorea).
Praia de Rodas.
    En seguida nos internamos por el camiño do Faro de Cíes, entre pinos y eucaliptos, y nos cruzábamos con muchísima gente que había venido a visitar las mejores playas del mundo. Se podían ver muchos pinzones vulgares (Fringilla coelebs) en busca de migajas bajo algunos bancos.
Pinzón vulgar (Fringilla coelebs).
Gaviota patiamarilla (Larus michahellis) sobre un pino. Al fondo el Lago dos Nenos.
    Cuando llegamos al Lago dos Nenos, me sentí muy feliz de observar, desde tan cerca, algunas especies de peces en libertad. Este pequeño lago se forma entre las dos islas y el agua se acumula y se remansa tras las rocas.
Múgil (Mugil cephalus).
Gobio (Gobius sp.).
Dorada (Sparus aurata), junto a un serránido, creo, y una julia (Coris julis).
    Los transeúntes también se fijaban en los peces que nadaban en el Lago dos Nenos. Había dos agujas (Belone belone) que no pude fotografiar correctamente para mostrarlas en el blog, pero pudimos admirarlas bien a traves de la turbia agua. Seguimos caminando hacia el sur, por el sendero, subiendo y bajando, internándonos en los bosques de las islas. Pasamos junto al antiguo y pequeño monasterio de la Isla del Faro, que perteneció a monjes franciscanos.
El madroño (Arbutus unedo) es una especie común en muchas zonas de Galicia.
Bosque en Cíes.
Ninfa de Tettigonidae, posiblemente Phaneroptera.
    La caminata se nos hizo bastante larga en algunos tramos, pero cada vez estábamos más cerca de un observatorio de aves al que queríamos llegar. Finalmente, tras mucho subir y bajar laderas bajo un sol de justicia, entre secarrales y pinos, llegamos. Valió la pena el sufrimiento...
Gaviota patiamarilla (Larus michahellis).
Gaviota patiamarilla descansando.
Y otra.
Islas Cíes.
    Tras observar cientos de gaviotas patiamarillas (no se veía ninguna otra especie, excepto unos cormoranes que descansaban junto a las olas), decidimos continuar el camino y llegar hasta uno de los faros. No sabíamos lo que nos esperaba. Fijaos en la subida al faro, en la foto inferior.
Uno de los faros de las Cíes.
    Igualmente, como nos gustan los retos y somos jóvenes y valientes, continuamos caminando y subimos hasta arriba del todo, bajo un sol nada gallego. En las paredes de rocas corrían lagartijas y a los lados del camino nacían unas flores amarillas de cardo. Finalmente, cuando hicimos cumbre, nos sentamos a la sombra de una pared, abrimos los macutos y nos dispusimos a devorar con fruición la comida que llevábamos a cuestas. Descansamos un rato y seguimos explorando. Las vistas a los alrededores del faro eran impresionantes. A lo lejos, se veía un gran barco de vela anclado. Las gaviotas seguían volando y entonando sus característicos graznidos en torno a las islas.
Pudimos observar otra vez al carraspique (Iberis procumbens),
que crece aquí disperso entre las rocas que sujetan el faro.
Vistas impresionantes.
    Bajamos a toda velocidad del faro, recorrimos el sendero de vuelta y volvimos al Lago dos Nenos, donde habían salido a alimentarse un grupo de cangrejos corredores (Pachygrapsus marmoratus). Volvimos a ver lisas, gobios y agujas, pero la dorada se había esfumado.
Cangrejo corredor (Pachygrapsus marmoratus).
    Alfonso y yo estábamos deshidratados, somnolientos y muy cansados, así que nos sentamos en un escalón del centro de información, a hablar y descansar un poco. No quería levantarme del cansancio y la sed, pero era inevitable sentir en nuestro interior esa fuerza sobrenatural que nos ayudó a seguir caminando en busca de nuevas observaciones naturalísticas. Bebimos agua y seguimos.
Eucaliptos plantados con fruición y sotobosque de fentos.
Araña de la familia Gnaphosidae.
Planta de la familia Asteraceae. Sin id.
    Seguimos caminando, caminando... hasta que llegamos a otro acantilado, donde Alfonso se detuvo con tranquilidad a fotografiar una gaviota patiamarilla que no se asustaba de los caminantes.
Las formaciones geológicas de las Islas Cíes son muy curiosas.
Gaviota patiamarilla (Larus michahellis).
Islas Cíes.
    Finalmente, subimos al mirador, donde se veía a la perfección la isla del sur, y luego bajamos por el camino por el que habíamos venido, en dirección hacia otra parte de la isla, donde se podían ver cormoranes. Por el camino nos íbamos parando con todo lo que nos parecía interesante.
Exosoma lusitanicum.
Lagartija lusitana (Podarcis guadarramae lusitanicus).
Vanessa atalanta.
    Nos encaminamos hacia unas playas muy escarpadas al este de la isla, desde las cuales podíamos ver la ría de Vigo. El terraplén bajaba salvajemente y el camino se hacía muy empinado a tramos. Donde rompían las olas había cormoranes moñudos que se asoleaban tranquilamente.
Cormoranes moñudos (Phalacrocorax aristotelis).
    A unos metros de la empinada costa de la isla, crecían torviscos (Daphne gnidium) y sus flores atraían lepidópteros diversos:
Náyade (Celastrina argiolus).
Sátiro (Hipparchia statilinus).
      El sol, el calor y el cansancio nos obligaban, poco a poco, a ir cada vez más lento y a fijarnos en menos cosas. Sin embargo, estaba siendo una jornada maravillosa, habíamos visto paisajes sorprendentes y teníamos las tarjetas de memoria (y nuestras propias memorias) repletas de imágenes irrepetibles. Volviendo con tranquilidad hacia el muelle, alejándonos de la escarpada ladera, vimos un cadáver de gaviota. A Alfonso y a mí nos dio por mirarlo, sin darnos cuenta durante unos segundos, de que justo encima del animal muerto, había otro vivito y coleando: un juvenil de lagarto ocelado (Timon lepidus). Dos mujeres pasaron por allí y se nos quedaron mirando, intentando ver lo que veíamos nosotros. Desde donde estaban ellas, no se veía el lagarto, con sus ocelos multicolores. Ahora caigo en que tendría que haberles dicho lo que estábamos viendo; en su lugar, mi amigo y yo quedamos como un par de locos que van por ahí fotografiando cadáveres de gaviota...
Lagarto ocelado (Timon lepidus).
    Nuestro catamarán volvía a Cangas a las siete de la tarde y una hora antes ya habíamos explorado todos los senderos de las Cíes. Fuimos a descansar a la sombra del edificio del bar, sentados en el suelo estuvimos mirando un rato las fotos que habíamos hecho... ¡¡pero incluso en esos momentos, no podíamos dejar de bichear!! Nos levantamos para caminar hacia una pequeña playa arenosa cercana.
Calliptamus cf italicus.
Pollos de gaviota patiamarilla.
Pinos dibujables.
Oruga de la maravillosa Brithys crini, la polilla de la azucena de mar.
    Y con esta última foto, mi cámara decidió descansar, ya que llevaba todo el día haciendo fotos y vídeos, más que ningún otro... Por suerte, no vimos mucho más, excepto una planta muy interesante: la camarina o camariña (Corema album), de la familia de las ericáceas y considerada "En peligro crítico de extinción" por la UICN.
Camariña (Corema album).
    Finalmente, el catamarán nos recogió y nos llevó de vuelta a Cangas. El sol se ponía tras la bruma y yo intentaba grabar a fuego en mi mente todas las vivencias del día. Permanecimos en silencio, mirando a las Islas Cíes, durante varios minutos. Quedé embelesado mirando as ondas no mar de Vigo, intentando divisar alguna aleta de cetáceo, pero no hubo suerte esta vez. Fue una vuelta agradable, demasiado corta tal vez, con un deje de morriña por las islas. Pero seguíamos en Galicia, aún quedaban muchas aventuras que vivir. Al día siguiente iríamos a La Coruña, a San Andrés de Teixido, ni más ni menos, así que necesitábamos descansar para la aventura suprema, para la promesa que yo me había hecho a mí mismo... ¡Adiós, Cíes, hasta pronto!
Adiós, Cíes, hasta pronto.

"Ondiñas veñen,
ondiñas veñen,
ondiñas veñen e van,
non te embarques, rianxeira,
que te vas a marear."