Odio el calor extremo del verano. Es algo superior a mí que me pone de un mal genio que no hay quien me mire. Por desgracia, noto que los episodios de calor extremo (más de 38 ºC) cada vez son más comunes en España, y esto es algo que he comentado con algunos amigos aficionados también a la meteorología. Cada vez el frío del invierno dura menos y el verano se va alargando y alargando...
El mundo animal nos da señales de que algo está cambiando en este aspecto. Es el caso de las libélulas, insectos antiguos cuya morfología prácticamente no ha variado en 300 millones de años, y que, gracias a sus potentes alas, son capaces de viajar largas distancias. Así, se ha constatado la reciente aparición de especies de libélulas africanas en la península ibérica en las últimas décadas, y yo he podido comprobarlo con mis propios ojos, en mi propia ciudad y zonas cercanas, como ya observamos en el estudio sobre odonatos que realizamos hace pocos años en Albacete. Hablo de especies africanas que se han asentado en España como Trithemis kirbyi, T. annulata, Orthetrum chrysostigma o Brachythemis impartita, cuya colonización es muy reciente. En el norte de Europa está ocurriendo lo mismo, con especies de libélulas clásicamente mediterráneas que se desplazan hacia latitudes más altas. El planeta se resiente y los cambios repentinos en las distribuciones de los animales son muestra de ello: no hay más que salir al campo y observar la naturaleza para darse cuenta.
Pero bueno, la entrada no va sobre cambio climático y libélulas. Va solo de libélulas, lo que pasa es que son un grupo muy interesante para observar este fenómeno. Hoy, en plena ola de calor (hasta 43 ºC en Albacete), salí por el Jardín Botánico de Castilla-La Mancha para hacer unas fotos que me habían pedido y, de paso, me he fijado en algunos odonatos que volaban en la recreación de la laguna kárstica de Ruidera. Esta laguna es interesante porque la cruza un puente por encima, por lo que se puede observar todo desde cierta altura. A pocos centímetros de la lámina de agua, como siempre, se veían pequeños caballitos del diablo (Ischnura graellsii y Erythromma lindenii), con vuelos lentos pero directos. De repente, a mayor altura sobre la lámina de agua, un rayo azulado ha pasado a toda velocidad para encontrarse con otra libélula de similares características: era una Anax parthenope que, patrullando su territorio, ha detectado la presencia de una libélula emperador (Anax imperator) y ha volado a toda velocidad a expulsarla. Me ha resultado llamativo ver tres Anax parthenope y solamente una A. imperator, cuando hasta hace solo tres años, la presencia de A. parthenope en el Jardín Botánico era casi testimonial. No sé a qué se debe esta aparición repentina.
 |
| Anax parthenope |
Después me he dirigido a la balsa de los huertos o alberca de las libélulas. Allí he vuelto a ver a la libélula emperador, pero... de otra manera. El aleteo membranoso ha captado mi atención en seguida. Marcaba el termómetro 37 ºC.
 |
| Libélulas emperador (Anax imperator) en pleno tándem sexual. |
También he podido ver otras especies de odonatos que aguantaban estoicamente el calor canicular e incluso ponían huevos en el agua de cocido.
 |
| Ischnura graellsii comiendo algo. |
 |
| Crocothemis erythraea |
 |
| Erythromma lindenii en tándem. El macho es el de la izquierda, la hembra se puede ver poniendo huevos en el agua. |
 |
| Erythromma lindenii descansando. |
Mientras tanto, las ranas comunes (Pelophylax perezi) se bañaban o se asoleaban tranquilamente en el interior de la alberca. Incluso he podido ver un amplexo de ranas que no he podido fotografiar, porque en seguida se han sumergido con un rápido chapoteo.
 |
| Rana común (Pelophylax perezi) descansando sobre una maceta de nenúfares. |