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10 agosto 2023

Subida al pico de la Almenara (sierra de Alcaraz)

La Almenara - Sierra de Alcaraz - Albacete

El pasado domingo, quedamos mis amigos Miguel Domenech y Alonso Ródenas porque hacía ya muchos días que no nos veíamos y necesitábamos nuestra buena dosis de subida a montañas en busca de naturaleza. Miguel había propuesto acercarnos al grandioso pico de la Almenara, en la sierra de Alcaraz. Se trata del pico más alto de la sierra de Alcaraz, con casi 1800 m de altitud. Desde muchos puntos de la provincia de Albacete y alrededores, se puede ver la Almenara en el horizonte. Y desde el propio pico, se divisan distancias muy lejanas de las provincias de Albacete, Jaén e incluso Granada. 

Llegamos sobre las 11:30h de la mañana justo a los pies de esta imponente montaña, atravesando densos pinares de pino laricio (Pinus nigra subsp. salzmannii), algunos centenarios, con algunas repoblaciones de pino negro de Austria (Pinus nigra subsp. nigra). No sé a quién se le ocurriría la gran idea de mezclar dos subespecies de pino negro en España cuando ya tenemos una endémica. En seguida detectamos gente en la cima de la montaña, se trataba de un grupo grande de scouts que, por el acento, debían de ser del extremo sureste de la región de Murcia. Al poco de empezar a subir, ya detectamos los primeros insectos bullendo a nuestro alrededor. Miguel encontró rápidamente un ejemplar de Albarracinia zapaterii, un "grillo de matorral" que no resulta raro en estas montañas de Albacete. 

Albarracinia zapaterii

Ascendimos relativamente rápido a la cima de la Almenara por la ladera, que era rocosa y muy empinada, dejando atrás la línea del bosque rápidamente, tras zamparnos cada uno un enorme bocadillo que Miguel nos había traído desde La Roda. El mío era de tortilla de patatas y guarretas, un tipo de chorizo alargado parecido a la chistorra, muy típico de mi zona. En el cielo volaban algunas chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax), que luego pude ver detenidamente en una ladera al otro lado de la cresta de la montaña.

La sierra de las Almenaras desde su pico más alto. A la izquierda, en la umbría, pude comprobar que crecía un bosque mixto con pinos pero también con quejigos, mostajos, arces y hasta olmos de montaña. 
Chova piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)

Después bajamos como pudimos de la cima, con mucho cuidado para no caernos, y nos acercamos a un abrevadero donde había una surgencia de agua helada. Nos mojamos la cabeza y la gorra y continuamos con el coche hasta un gran claro con arbustos dispersos. Esta zona se llamaba La Lagunilla. Allí encontramos algunos saltamontes, la especialidad de Miguel, y otros insectos. Pero internándome en un bosquete algo más sombreado, pude ver una curiosa calimorfa (Euplagia quadripunctaria) volando entre los pinos, los enebros y las lavandas.

Hembra recién mudada de Tessellana tessellata en mi dedo.

Abejorro común (Bombus terrestris lusitanica) sobre el cardo corredor (Eryngium campestre).

Si miraba a lo lejos, veía pinos y encinas en las montañas que nos rodeaban.

Enebro común (Juniperus communis)

Calimorfa (Euplagia quadripunctaria)

Enorme pino laricio (Pinus nigra subsp. salzmannii)

Gomphocerippus binotatus ibericus, saltamontes de alta montaña. La localidad tipo de descripción de esta subespecie era la zona que estábamos visitando.

Gran grillo verde (Tettigonia viridissima)

Cadáver de un saltamontes afectado por la enfermedad del hongo Entomophaga grylli. El hongo que infecta al insecto manipula su cerebro para dirigirlo a una ramilla alta, donde el insecto muere y el hongo brota a través de su cutícula para dispersar sus esporas. Así de cruel es la naturaleza a veces.

Continuamos con el coche hasta la llamada fuente de la Fuenfría o de Juanfría, en el arroyo homónimo. Allí paseamos a través de un prado húmedo, rodeados de cardos (Cirsium monspessulanum subsp. ferox). Nunca habíamos visto tantas mariposas juntas como en este sitio. En un momento, distinguí casi una decena de géneros volando a la vez, como Colias, Leptidea, Iphiclides, Argynnis, Pyronia, Hipparchia, Brintesia... Se posaban en el suelo a chupar las sales y el agua que arrastraba el pequeño arroyo.
Grupo de Colias.

Una de las múltiples chupaleches (Iphiclides feisthamelii).

Una lagartija colilarga (Psammodromus algirus) nos observó durante un rato desde la sombra de unos arbustos.

Leptideas y hespéridos.

Joven araña avispa (Argiope bruennichii), tan típica de los juncales y zonas húmedas.

Argynnis adippe
Alonso hizo unas fotos espectaculares, estoy seguro de que pronto las veremos en su página de Instagram (@ius_nature). También nos encontramos algunos viejos amigos como el saltamontes Chorthippus jucundus, de color verde. Después de descansar un rato en unos bancos, mientras Miguel se echaba la siesta, Alonso y yo nos fuimos a explorar la zona, subiendo una carretera de tierra. No vimos mucho y la temperatura subía, así que nos volvimos tras hacer algunas fotos.

Carlina acanthifolia subsp. baetica, planta a la que se le atribuyen propiedades protectoras de los hogares.

Detalle de la flor.

Argynnis adippe sobre una flor de espliego (Lavandula latifolia).

Inflorescencias de otra especie de Carlina.

A las cuatro de la tarde a principios de agosto, estos pinares de montaña mediterráneos no son el mejor lugar para dar un paseo...

Flor hipocromática de un cardo del género Cirsium.

Esta Hipparchia semele se paró en la bota de Alonso a libar barro y humedad. No se despegaba de él.

Hembra de Conocephalus.

Después sugerí ir al arroyo Endrinales, donde hay una pequeña población con unas casitas que nos gustan mucho, en una especie de cañón que forma este arroyo, rodeado de vegetación densa. Dimos otro pequeño paseo por la zona hasta llegar a un claro donde cada uno se separó un poco del resto a observar bichos y plantas. Al rato, recordaba haber estado por la zona con otros buenos amigos hace unos diez años, en concreto cerca de la localidad de El Batán del Puerto, pero no recordaba el sitio por donde habíamos paseado. Recordaba claramente haber visto allí una mariposa, Argynnis paphia, pero nada más. En cambio, Miguel sí conocía un sitio interesante cerca, llamada la Fuente Lisa, junto al río Madera, que pasa por allí. Así que después del arroyo Endrinales, fuimos al río Madera a mojarnos la cabeza y a despedirnos de la sierra, no sin antes mojarnos de nuevo la cabeza.
El claro donde buscamos bichos, junto al arroyo Endrinales.

Precioso macho adulto de mantis (Mantis religiosa). No está de más decir que estos animales son totalmente inofensivos para las personas.

Mariposa de los muros (Pararge aegeria), en la Fuente Lisa (río Madera).

Caballito del diablo (Callopteryx virgo) macho en el río Madera.

Caballito del diablo (Calopteryx virgo) hembra.

Otro caballito del diablo (Calopteryx haemorrhoidalis) en el río Madera.

Con esta fantástica visión de los pinos laricios creciendo en laderas casi verticales, desde la umbría de los bosques del río Madera, nos despedimos hasta otra vez. Fue un día fantástico en compañía de mis buenos amigos, por un lugar muy especial de nuestra provincia, a muy poca distancia de casa.

02 agosto 2020

Tettigonias y ovipositores

    Hace unos días, en un paseo nocturno por el Parque Periurbano de La Pulgosa, mis amigos y yo encontramos uno de mis tres insectos totémicos. Se trata de Tettigonia viridissima, llamado en muchos libros "gran grillo verde", un nombre, sin duda, traducido del inglés (Great Green Bush-Cricket). El ejemplar se encontraba junto al camino, clavando su largo ovipositor en el suelo duro y polvoriento, inyectando huevos. 
Tettigonia viridissima, Albacete, julio de 2020.

    Esta postura rápidamente me evocó mis primeros pasos en el mundo de la biología, con la Guía de Campo de Toman y Felix, que mi padre me compró en agosto de 1999, con seis años. En la explicación inicial de la sección de insectos, había un dibujo que ocupaba toda la página y mostraba lo siguiente:
De la Guía de Campo, de Toman/Felix. Editorial Susaeta.
    Todo esto me lleva, inevitablemente, a recordar las circunstancias en que encontré mi primera Tettigonia, hace muchos años. Creo que debía de tener unos 9 años. Una vez, en el patio del colegio, unos niños me llamaron, avisándome de la presencia de un enorme insecto verde como una hoja alargada, en el marco de una puerta metálica al que, por nuestra baja altura, no alcanzábamos. Cuando llegué corriendo a ver el bicho, en seguida me di cuenta de que era una Tettigonia viridissima, como la que salía en la Guía de Campo. Evidentemente, mi primera intención fue capturarla, pero no pude hacerlo hasta que llegó mi padre a recogerme, a quien convencí en seguida de que alargara la mano para capturarla. 
    Era una gran hembra, como la que vi el otro día, con su largo ovipositor (llamado también oviscapto u ovopositor) característico. El diccionario de la lengua española (RAE), define esta palabra de la siguiente forma: 

    Del lat. ovum 'huevo' y el gr. σκάπτειν skáptein 'cavar'.

1. m. Zool. Órgano perforador que llevan en el extremo del abdomen las hembras de muchos insectos, con el que abren lugar en la tierra o al través de los tejidos vegetales y aun animales, en que depositar con seguridad los huevos que han de poner.
    
    Como curiosidad, el aguijón de algunos himenópteros (avispas, abejas, hormigas; infraorden Aculeata) es, en realidad, un ovipositor modificado para la inyección de veneno. Otros himenópteros, como los icneumónidos, pueden presentar el ovipositor, que utilizan, en algunos casos, para atravesar la madera en busca de larvas de xilófafos. En este último caso, llama la atención el gigantesco ovipositor de la avispa Rhyssa persuasoria, capaz de atravesar la dura madera de los pinos, para inyectar un huevo en una larva escondida.
Los himenópteros del infraorden Aculeata, como este avispón europeo (Vespa crabro)
capturado en la laguna del Arquillo (AB) recientemente, tienen un oviscapto modificado
que funciona, además, como aguijón.
Hembra de Rhyssa persuasoria taladrando la madera con su potente ovipositor.
Fotografía de Paweł Strykowski. 
    Ciertamente, el mundo de los insectos nunca deja de sorprendernos con sus curiosas formas y adaptaciones. ¿Conocéis algún insecto cuyas hembras presenten un oviscapto muy desarrollado?

15 julio 2014

Voluntariado en Yeste I: un safari nocturno en el jardín

    Finalmente, fui al voluntariado para la reforma y construcción de un cuerpo de agua en la Sierra de Segura albaceteña que formaba parte del Proyecto Amphibia. Nos alejamos en el complejo rural de La Alberquilla, a unos minutos de Yeste, en una zona de colinas de monte bajo de romeros y sabinas y pinares de pino carrasco.
    La primera noche aprovechamos para explorar el entorno de la casa rural y, armados de frontales y linternas y acompañados por niños y padres que también participaban en el voluntariado, buscamos animales nocturnos que surgían de grietas y rincones atraídos por la luz de las farolas. 
    No podíamos imaginar la cantidad de atrópodos que esperaban para posar para nuestras cámaras... Fuera bromas, el primer animal que apareció fue una hembra adulta de empusa (Empusa pennata).. Para mí fue una grata sorpresa, ya que es el primer ejemplar adulto que he podido observar, siempre había encontrado instares sin alas. Como se ve en la fotografía inferior, sabemos que es una hembra por la estructura de las antenas, filiforme, y no plumosa como las de las machos.
Hembra de Empusa pennata.
    Si observáis bien, la empusa está posada sobre una estructura cerámica. Era un trozo de tinaja encajado en el muro sobre el cual estaba situado el farol que atrajo a la empusa. En la boca de la tinaja, que estaba rellena de tierra, encontramos también un terídido muy similar a la Latrodectes o viuda negra, pero no nos dio tiempo a verlo mejor porque justo después de descubrirlo, desapareció en su guarida; alrededor de su tela, cadáveres de decenas de insectos pequeños se acumulaban macabramente.
    Seguimos caminando, alejándonos de las luces hacia un murete de rocas con abundantes resquicios y grietas ideales para más animales pequeños. Otro insecto que encontramos aquí fue un escarabajo de las tinieblas del género Akis, con su típica forma de desplazarse, 'como si estuviera perdido', en busca de algo podrido o muerto que echarse a la boca.
Akis sansi
    Con las luces de los frontales vislumbramos los ojillos de una tarántula de la especie Hogna radiata, que sería de las primeras, pues abundaban muchísimo. También veríamos otras arañas lobo en otras zonas más alejadas del complejo de jardines y casas, pero voy por orden. La abundancia y tamaño de las arañas causó sensación entre los peques.
Hogna radiata
    Otro arácnido que nos detuvimos a contemplar fue el opilión, una criatura de cuerpo minúsculo y de patas infinitas. No pican, pero su aspecto, que recuerda a las arañas patilargas (Pholcus) le acarrea mala reputación. No he podido identificar la especie a la que pertenecen los dos individuos que vimos, aunque me parece poco científico ponerla así, como si nada, pero si sabéis cuál es, os agradecería mucho que me dijerais qué os parece.
Haz click en la imagen para ver mejor la fotografía.
    Del muro pasamos a un área cespitosa con farolas altas y jardincillos. Allí fotografiamos una hermosa hembra de gran grillo verde (Tettigonia viridissima), un grillo de matorral omnívoro.
Un bonito ejemplar de (Tettigonia viridissima) hembra sobre el brazo de Irene. Se observa al final del abdomen el largo oviscapto u ovopositor, una estructura pinchuda que la hembra utiliza para 
perforar el suelo y realizar la puesta.
    Las farolas son un foco de atracción para decenas de insectos que viven en el monte. Incluso en la zona más concurrida por humanos, los insectos no faltaban menos que a las afueras de La Alberquilla. Las pequeñas polillas de la familia Geometridae y algunas polillas penacho (Pterophoridae) se agrupaban revoloteando en nubecillas alrededor de las bombillas.
Chlorissa cloraria
Emmelina monodactyla
Myelois circumvoluta. Imagen de Irene Álvarez.
    En medio de una de las zonas de jardín había un pequeño estanque de turbias aguas azuladas, allí los niños encontraron una Hogna radiata macho flotando, y al apuntarle con el foco de luz, movió las patas temblorosamente, como flotando en el espacio. Con un palo que había encontrado la pequeña Adriana, conseguimos salvarla llevándola a la orilla y colocándola sobre la hierba. 
El macho de Hogna radiata que rescatamos con el palo de Adriana.
    Cuando los niños y sus padres se fueron a dormir y solo quedamos unos cuantos y yo, volvimos en busca de la viuda negra, que todavía no había vuelto a salir, y seguimos caminando por la carretera, internándonos en la oscuridad, en dirección contraria al murete de rocas. Desde la base de los matorrales y en zonas arenosas, pequeños ojos luminosos nos devolvían la mirada. Eran más licósidos, y esta vez la cosa se ponía seria. Empezamos a ver las primeras tarántulas ibéricas (Lycosa hispanica), de cara expresiva e instinto cazador.
Me encanta este bicho. Hembra de Lycosa hispanica.
Otra Lycosa hispanica.
    Vimos decenas de ejemplares, por doquiera que mirásemos, entre los arbustos siempre había un par de ojillos brillantes que se iluminaban con la luz de nuestros frontales. Reconozco que a mí me encanta verlas, son uno de mis artrópodos favoritos y esa mirada de invertebrado inteligente me fascina. A Rafa también le gustaron, así que nos metimos en un arenal al lado de la carretera, donde las hierbas agostadas albergaban más individuos. Descubrimos también una mariposa niña celeste (Lysandra bellargus) durmiendo sobre un cardo seco, y con ella practicamos la macrofotografía a oscuras totalmente, sólo con el flash de la cámara. La pobre se portó bien y pronto la dejamos en paz.
Lysandra bellargus "durmiendo".
    De vuelta ya a las habitaciones, volvimos a pasar por donde habíamos visto la Empusa pennata del principio de la entrada, pero ya no estaba, al igual que la viuda negra, que se debió asustar mucho porque ya no quiso salir. Volvimos a encontrarnos con más ejemplares de Hogna radiata, algunos con una pata de menos. Finalmente, en el último farol que revisamos, justo delante de nuestras habitaciones, encontramos las arañas más grandes que hemos visto nunca. Eran criaturas sí nos inspiraron algo dentro, no digo temor porque somos naturalistas con bastante campo andado, pero sí algo de repelús. Había dos enormes seres grises de ocho patas largas sobre este último farol, aprovechando que la luz atraía pequeños insectos, y los cazaban. Ninguno las conocíamos, de hecho, cuando Rafa me ha dicho hoy el género al que pertenecen, no me sonaba de nada: Eusparassus. Uno de los ejemplares había capturado un adulto de hormiga león. Medirían unos 7 cm.
Eusparassus cf dufouri
Eusparassus cf dufouri
    Con esta última visión arácnida y el canto lejano de un autillo nos fuimos a acostar (y aún en la habitación nos encontramos más arañas, en concreto, dos terídidos pequeños), y nos despedimos con un "ya veréis cómo soñáis todos con arañas". Y así fue.