15 julio 2014

Voluntariado en Yeste II: arreglando un cuerpo de agua para salamandras

Cartel utilizado para señalizar nuestra actuación.
    El segundo día, el sábado día 12 de julio, acudimos al lugar del voluntariado. La actividad se centró en la adaptación de un cuerpo de agua para la salamandra (Salamandra salamandra). Reformamos un abrevadero en una ladera que recibía agua de una fuente unos metros más arriba, la Fuente Molejón en Yeste, cerca de Boche y del río Tus. El abrevadero estaba cubierto por una mezcla de fibra de vidrio y pintura, así que cortamos el agua, arrancamos ese toda esa capa, hasta dejarlo esquelético, y lo recubrimos con cemento. Pusimos rocas y piedras dentro para ofrecer cobijo a las futuras larvas de anfibio. Asimismo, otro grupo de voluntarios construía un estanque. Finalmente, tras dejar secar el cemento, reconectamos el abrevadero con la charca, taponamos el abrevadero y dejamos que se llenase todo de agua durante toda la noche.
Entorno del abrevadero y el estanque. El bosque de alrededor está formado principalmente por pinos carrascos, algún resinero (a la izquierda de la foto se ve uno, cónico y más oscuro que los demás),
sabinas, romeros, jaras, encinas, zarzas...
Los voluntariados que se encargaron de cavar el estanque y montarlo
hicieron un trabajo brillante. ¡Aquí disfrutarán muchos anifbios!
    La actuación iba dirigida a la recuperación de la población local de salamandra, pero cualquier anfibio, como es natural, será bienvenido. En la tierra ligeramente empantanada de alrededor se plantaron almeces y fresnos.
Lobito jaspeado (Pyronia cecilia) sobre Mantisalca salmantica, en los alrededores del abrevadero.
Torvisco (Daphne gnidium)
    Bromeamos con encontrarnos la zona destrozada por jabalíes y cabras montesas a la mañana siguiente, aunque en el fondo nos preocupaba, pero el día siguiente volvimos y todo estaba perfecto. Un día tardamos en adaptar la zona. Ahora solo falta esperar que la vegetación crezca y dé sombra.
Un gran equipo.
    La salamandra no es un urodelo escaso en la Sierra de Segura. Donde encuentra cuerpos de agua aptos, generalmente prospera, pero el gran problema de los anfibios en la Iberia mediterránea, como siempre, es la pérdida de hábitat, y todo lo que se haga para reforzar poblaciones nunca es suficiente. Por eso es importante pequeños gestos como este y concienciación.
Detalle de las sierras béticas de Albacete. Los cuadros en rojo representan citas de salamandra común.
Fuente: S.I.A.R.E
Salamandra común (Salamandra salamandra). Foto de Rafa Torralba.

Voluntariado en Yeste I: un safari nocturno en el jardín

    Finalmente, fui al voluntariado para la reforma y construcción de un cuerpo de agua en la Sierra de Segura albaceteña que formaba parte del Proyecto Amphibia. Nos alejamos en el complejo rural de La Alberquilla, a unos minutos de Yeste, en una zona de colinas de monte bajo de romeros y sabinas y pinares de pino carrasco.
    La primera noche aprovechamos para explorar el entorno de la casa rural y, armados de frontales y linternas y acompañados por niños y padres que también participaban en el voluntariado, buscamos animales nocturnos que surgían de grietas y rincones atraídos por la luz de las farolas. 
    No podíamos imaginar la cantidad de atrópodos que esperaban para posar para nuestras cámaras... Fuera bromas, el primer animal que apareció fue una hembra adulta de empusa (Empusa pennata).. Para mí fue una grata sorpresa, ya que es el primer ejemplar adulto que he podido observar, siempre había encontrado instares sin alas. Como se ve en la fotografía inferior, sabemos que es una hembra por la estructura de las antenas, filiforme, y no plumosa como las de las machos.
Hembra de Empusa pennata.
    Si observáis bien, la empusa está posada sobre una estructura cerámica. Era un trozo de tinaja encajado en el muro sobre el cual estaba situado el farol que atrajo a la empusa. En la boca de la tinaja, que estaba rellena de tierra, encontramos también un terídido muy similar a la Latrodectes o viuda negra, pero no nos dio tiempo a verlo mejor porque justo después de descubrirlo, desapareció en su guarida; alrededor de su tela, cadáveres de decenas de insectos pequeños se acumulaban macabramente.
    Seguimos caminando, alejándonos de las luces hacia un murete de rocas con abundantes resquicios y grietas ideales para más animales pequeños. Otro insecto que encontramos aquí fue un escarabajo de las tinieblas del género Akis, con su típica forma de desplazarse, 'como si estuviera perdido', en busca de algo podrido o muerto que echarse a la boca.
Akis sansi
    Con las luces de los frontales vislumbramos los ojillos de una tarántula de la especie Hogna radiata, que sería de las primeras, pues abundaban muchísimo. También veríamos otras arañas lobo en otras zonas más alejadas del complejo de jardines y casas, pero voy por orden. La abundancia y tamaño de las arañas causó sensación entre los peques.
Hogna radiata
    Otro arácnido que nos detuvimos a contemplar fue el opilión, una criatura de cuerpo minúsculo y de patas infinitas. No pican, pero su aspecto, que recuerda a las arañas patilargas (Pholcus) le acarrea mala reputación. No he podido identificar la especie a la que pertenecen los dos individuos que vimos, aunque me parece poco científico ponerla así, como si nada, pero si sabéis cuál es, os agradecería mucho que me dijerais qué os parece.
Haz click en la imagen para ver mejor la fotografía.
    Del muro pasamos a un área cespitosa con farolas altas y jardincillos. Allí fotografiamos una hermosa hembra de gran grillo verde (Tettigonia viridissima), un grillo de matorral omnívoro.
Un bonito ejemplar de (Tettigonia viridissima) hembra sobre el brazo de Irene. Se observa al final del abdomen el largo oviscapto u ovopositor, una estructura pinchuda que la hembra utiliza para 
perforar el suelo y realizar la puesta.
    Las farolas son un foco de atracción para decenas de insectos que viven en el monte. Incluso en la zona más concurrida por humanos, los insectos no faltaban menos que a las afueras de La Alberquilla. Las pequeñas polillas de la familia Geometridae y algunas polillas penacho (Pterophoridae) se agrupaban revoloteando en nubecillas alrededor de las bombillas.
Chlorissa cloraria
Emmelina monodactyla
Myelois circumvoluta. Imagen de Irene Álvarez.
    En medio de una de las zonas de jardín había un pequeño estanque de turbias aguas azuladas, allí los niños encontraron una Hogna radiata macho flotando, y al apuntarle con el foco de luz, movió las patas temblorosamente, como flotando en el espacio. Con un palo que había encontrado la pequeña Adriana, conseguimos salvarla llevándola a la orilla y colocándola sobre la hierba. 
El macho de Hogna radiata que rescatamos con el palo de Adriana.
    Cuando los niños y sus padres se fueron a dormir y solo quedamos unos cuantos y yo, volvimos en busca de la viuda negra, que todavía no había vuelto a salir, y seguimos caminando por la carretera, internándonos en la oscuridad, en dirección contraria al murete de rocas. Desde la base de los matorrales y en zonas arenosas, pequeños ojos luminosos nos devolvían la mirada. Eran más licósidos, y esta vez la cosa se ponía seria. Empezamos a ver las primeras tarántulas ibéricas (Lycosa hispanica), de cara expresiva e instinto cazador.
Me encanta este bicho. Hembra de Lycosa hispanica.
Otra Lycosa hispanica.
    Vimos decenas de ejemplares, por doquiera que mirásemos, entre los arbustos siempre había un par de ojillos brillantes que se iluminaban con la luz de nuestros frontales. Reconozco que a mí me encanta verlas, son uno de mis artrópodos favoritos y esa mirada de invertebrado inteligente me fascina. A Rafa también le gustaron, así que nos metimos en un arenal al lado de la carretera, donde las hierbas agostadas albergaban más individuos. Descubrimos también una mariposa niña celeste (Lysandra bellargus) durmiendo sobre un cardo seco, y con ella practicamos la macrofotografía a oscuras totalmente, sólo con el flash de la cámara. La pobre se portó bien y pronto la dejamos en paz.
Lysandra bellargus "durmiendo".
    De vuelta ya a las habitaciones, volvimos a pasar por donde habíamos visto la Empusa pennata del principio de la entrada, pero ya no estaba, al igual que la viuda negra, que se debió asustar mucho porque ya no quiso salir. Volvimos a encontrarnos con más ejemplares de Hogna radiata, algunos con una pata de menos. Finalmente, en el último farol que revisamos, justo delante de nuestras habitaciones, encontramos las arañas más grandes que hemos visto nunca. Eran criaturas sí nos inspiraron algo dentro, no digo temor porque somos naturalistas con bastante campo andado, pero sí algo de repelús. Había dos enormes seres grises de ocho patas largas sobre este último farol, aprovechando que la luz atraía pequeños insectos, y los cazaban. Ninguno las conocíamos, de hecho, cuando Rafa me ha dicho hoy el género al que pertenecen, no me sonaba de nada: Eusparassus. Uno de los ejemplares había capturado un adulto de hormiga león. Medirían unos 7 cm.
Eusparassus cf dufouri
Eusparassus cf dufouri
    Con esta última visión arácnida y el canto lejano de un autillo nos fuimos a acostar (y aún en la habitación nos encontramos más arañas, en concreto, dos terídidos pequeños), y nos despedimos con un "ya veréis cómo soñáis todos con arañas". Y así fue.

19 junio 2014

El Charco Azul (Valdeganga) y recuerdos del incendio de mayo

    El Charco Azul es un paraje de interés natural que se forma en una zona de unión entre el río Valdemembra y el Júcar a unos kilómetros al Oeste de Valdeganga. En esa zona se construyó una piscifactoría que en la actualidad se encuentra en desuso. En el año 2008, la zona se adaptó al esparcimiento con la construcción de pasarelas de madera que conectaban varias zonas sobre el agua y carteles informativos sobre la naturaleza del lugar, sin embargo, este pasado invierno, una avenida de agua procedente del Valdemembra ha destruido parte de una pasarela, haciendo prácticamente imposible el acceso directo a una parte del paraje. Más de seis meses después, la zona sigue igual. 
    Hace más de un mes, el pasado 6 de mayo de 2014, se declaraba en una zona muy cercana un trágico incendio que se cobró la vida de un hombre mayor que intentaba apagar restos de poda, como se puede leer en Internet. En el incendio ardieron unas 30 ha de ambas orillas del río. Más de un mes después, he visitado la zona y en esta entrada voy a contaros lo que he visto, si bien solo he observado la zona afectada por el incendio desde el coche y de lejos.
Dedalera negra (Digitalis obscura)
    En realidad, el propósito de nuestra visita era buscar algún ejemplar de dedalera negra (Digitalis obscura) (fam. Plantaginaceae) en plena floración que fotografiar, ya que suelen hacerlo, en esta zona del mundo, a finales de primavera. El Charco Azul es una de las localizaciones más cercanas a la capital donde he encontrado esta especie, sin contar con las Sierras de Alcaraz y Segura, aunque es común en los montes ibéricos y debe de haber en más sitios de la provincia. Descubrí este sitio el año pasado, cuando me sorprendí con la floración de decenas de ejemplares en una ladera dominada por grandes pinos piñoneros y bojes, tras las copiosas lluvias primaverales. Las flores tubulares de color naranja herrumbroso y amarillo, cubiertas de una fina vellosidad, brillaban fantasmagóricamente en la penumbra del pinar. Sin embargo, hoy era diferente. No me ha costado encontrar las matas de dedalera, pero sí me ha costado ver flores. Solo un ejemplar estaba en plena floración, pero con una espiga más corta, y las otras matas tenían flores secas o ni siquiera tenían espigas florales. Sin duda, la sequía ya hace de las suyas, a pesar de que el monte intenta seguir adelante como puede, ya que por eso está adaptado a la falta de agua que no es rara en la cuenca mediterránea. Mientras tanto, el bosque de ribera seguía como siempre, con sus característicos ruiseñores comunes y cetias ruiseñores reclamando, y el soniquete de algunos páridos, además de jilgueros, verdecillos y abejarucos.
Comunidad de Sambucus ebulus, muy abundante en la zona, en plena floración.
Hay también álamos blancos
(Populus alba).
Imagen de una zona del pinar de los alrededores del Charco Azul, con sus imponentes piñoneros.
    Los puentes y las construcciones de la antigua piscifactoria constituyen un soporte para algunas plantas que gustan de grietas y roquedos, como la sorprendente boca de dragón (Antirrhinum litigiosum), fácil de ver floreciendo en la parte superior de puente de la zona. De uno de los ejemplares he recogido semillas, de las cuales producen miles y miles. En la parte del puente más cercana a donde el agua se agita brutalmente (el Júcar es un río salvaje y engañoso, rápido y furioso), las frondes del culantrillo de pozo (Adiantum capillus-veneris) se sacuden.
Antirrhinum litigiosum
    Los enjambres de pequeños insectos flotaban bajo los grandes tallos inclinados de la invasora Arundo donax, la caña brava, lo cual hacía bastante incómodo caminar por la zona. Las flores de zarza y de clemátide atraen hordas de himenópteros y dípteros polinizadores que andan atareados durante todo el día volando de aquí para allá, cosa que las aves insectívoras no dejan de aprovechar. Incluso las lagartijas delatan su presencia con el crujir de las hojas de las alamedas a su paso. Otros depredadores que prefieren esperar a que sus presas caigan en sus redes son las arañas. Tejiendo sus telas en la vegetación que cubre algunas acequias, muchos araneidos aguardan pacientemente.
Larinioides sclopetarius con una presa.
    Volviendo ya, algo nos ha llamado la atención algo reluciente que yacía a un lado del camino. Era una criatura con cierto parecido a un pez, pero en realidad era un ejemplar de eslizón ibérico (Chalcides bedriagai), muerto. Este es el primero que veo en tierra firme, anteriormente lo conocía de Isla Grosa, donde aparece abundantemente. La cita ya la he subido al SIARE.
Chalcides bedriagai
    Finalmente, nos hemos dirigido de vuelta al coche, no sin antes recolectar alguna Pallenis spinosa para el herbario. A la vuelta, ha sido cuando he podido observar y fotografiar los estragos del incendio, que si bien no son tan visibles, el daño se nota si se observa con atención. No ardió mucho, pero poco siempre es mucho.
Se observa monte bajo y pinar quemado en la parte superior de la colina.
Otra zona afectada, ya volviendo a Valdeganga. Ardieron bancales, donde se observan ya nuevos brotes de caña, y monte bajo (sobre todo espartales y romerales, algunos pinos y árboles cercanos al agua. 

17 junio 2014

Breve historia natural de las hormigas león (Neuroptera: Myrmeleontidae)

   En algún claro arenoso de uno de nuestros interesantes espartales, una fila de pequeñas hormigas negras del género Camponotus se desplaza con parsimonia hacia su cuartel general subterráneo. Caminan sin prisa pero sin pausa, sienten en sus pequeños cuerpos una suerte de primitivo poder predictivo que las pone manos a la obra para proteger la colonia de una lluvia inminente. Estamos a finales de julio, y estas tormentas veraniegas son comunes. Los obreros llevan semillas y restos de animales muertos, así como hojas, ramitas y tierra nueva que van introduciendo en el hormiguero. Los soldados, de amplias cabezas, vigilan que la operación ocurra sin problemas y deambulan alrededor de la marabunta, cerca de la entrada del hormiguero. Como si la escena estuviera cronometrada, poco después de que la última hormiga desaparezca en la oscuridad del reino subterráneo, la lluvia empieza a caer.
    Un par de días después, el sol, cuyos rayos volvieron a calentar la tierra a la mañana siguiente de la tormenta, ya ha secado el suelo. Las hormigas vuelven a la superficie con sus quehaceres. Sin descanso, colaboran para hacer más grande y rico el imperio al que pertenecen. A un metro o dos de allí, a los pies de una gran roca erosionada, algo se mueve. Un pequeño bulto de arena y la marca que va dejando delata su presencia, aunque se mueve a unos milímetros bajo el suelo. Se trata de un depredador que aprovecha el factor sorpresa para atacar a sus víctimas y alimentarse. Aquí vive una joven larva de hormiga león. Las lluvias recientes han destruido su trampa y tan pronto como se ha secado la arena, se ha puesto manos a la obra.
Aspecto de la larva de Myrmeleon formicarius.
GGSS
    La hormiga león, a pesar de su nombre, no es una hormiga típica (Hymenoptera: Formicidae), sino un neuróptero, como las beneficiosas crisopas, los ascálafos o la famosa Nemoptera bipennis, símbolo de la Asociación Española de Entomología. El aspecto (monstruoso si midieran 3 m) de las larvas les otorgó ese nombre (Myrmeleon, el género que da nombre a la familia, significa, literalmente, hormiga león). Son pequeñas criaturas poco más largas que las hormigas normales, de aspecto jorobado, con un abdomen de gruesa cutícula que les protege de las altas temperaturas que alcanza el suelo en los veranos mediterráneos, una cabeza alargada dotada de dos largas estructuras a modo de mandíbulas de aspecto feroz y dos pares de patas dirigidos hacia delante y el otro hacia la parte trasera del abdomen. Tienen un característico modo de locomoción, pues se desplazan siempre hacia atrás por medio de convulsiones abdominales, facilitando su enterramiento. 
    Como decía, nuestra hormiga león se dispone a construir un nuevo centro de caza: desplazándose en círculos cada vez más cerrados y expulsando arena mediante rápidos movimientos de la cabeza, va creando una especie de embudo en la arena, una trampa, en el fondo del cual permanece tras haberlo construido (1). Al cabo de unas horas, a pocos centímetros de nuestra larvita, van apareciendo más embudos de otras larvas hermanas. Es curioso, pero por lo general, las larvas que construyen su embudo en sitios alejados de zonas más cubiertas por vegetación lo hacen con un menor diámetro, mientras que el de nuestra larva, que se encuentra en una zona más expuesta, es mayor (2).
    ¿Y ahora qué? Ahora, a esperar. Pueden pasar horas, minutos o segundos, pero tarde o temprano, una hormiga procedente del hormiguero cercano pasará por allí. Ya sea un obrero en busca de comida que llevar al hormiguero o un soldado explorando el terreno circundante, una hormiga caerá al embudo y comenzará la acción. La hormiga intentará salir de la trampa, pero la larva de hormiga león zarandeará la cabeza, lanzándole arena para que caiga, a la vez que las paredes del embudo de arena comenzarán a desmoronarse. Y así ocurre. La hormiga acaba presa de las piezas bucales de la larva de hormiga león, que atraviesan su exoesqueleto inyectando un líquido disolvente que destruye el interior de la hormiga, matándola. Es una muerte cruel pero necesaria. Nuestra larva absorbe su jugo hasta que no queda de la hormiga algo más que una crujiente piel seca. Las presas de las hormigas león no son siempre hormigas, en realidad, cualquier pequeño invertebrado que caiga en su trampa es susceptible de ser su presa, desde arañas de pequeño tamaño hasta isópodos (cochinillas de la humedad o ‘bichos bola’). Cuando la larva ha terminado, con un rápido movimiento de la cabeza, lanza el cuerpo seco de su presa por encima de su embudo para no estorbar, y después lo reconstruye.
Las hormigas león pueden permanecer hasta 3 años en forma de larva, dependiendo de la especie. Pasan las semanas y llega un día en que la larva siente que está preparada para dar el paso: construye un pequeño capullo redondo con granos de arena que une con una especie de seda y se acurruca en su interior. Algunos días después, la larva ya se ha transformado en una criatura amarillenta de grandes ojos que no es ni larva ni adulto (imago), sino crisálida, y permanece prácticamente inmóvil mientras, en su interior, sus tejidos se redistribuyen y van formando futuros órganos. 
Crisálida de Myrmeleon sp. GGSS
    Tras unas pocas semanas, el imago ya está completamente formado y surge de la arena, estirando lentamente sus cuatro alas transparentes. En su último estadio de vida, se parece lo mismo a su larva que una mariposa a su oruga. Su pequeña cabeza es triangular y está dotada de dos enormes ojos de color característico y un par de antenas capitadas, acabadas en un pequeño mazo. El abdomen es largo, otorgándole aspecto de caballito del diablo. Vuelan bastante torpemente al atardecer en busca de un individuo del otro sexo con el que aparearse. Nuestra hormiga león emprende su primer vuelo, que no estará exento de peligro, en busca de pequeños insectos y polen. Puede ser capturada por cualquier ave insectívora, salamanquesa o insecto depredador, como las mantis, aunque no obtendrán mucho alimento debido a la delgadez del imago.
Imago de hormiga león (Myrmeleon formicarius). GGSS
    Muchas veces, las hormigas león adultas son atraídas por las luces de la ciudad. Es fácil verlas en las noches de finales de verano revoloteando alrededor de luces de escaparates y farolas, mientras que por el día permanecen con las alas plegadas escondidas o sobre troncos o hierbas. Nuestra hormiga león resulta ser una hembra y, tras haberse apareado, encuentra otra zona arenosa donde depositar sus huevos, que coloca individualmente en la arena. Los adultos sólo tienen un cometido, el de la reproducción. Así que, a los pocos días, muere. Así se repite el ciclo biológico de las hormigas león, un insecto fascinante que pasa desapercibido casi siempre y cuya existencia ignoran la gran mayoría de los humanos.

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(1) En la serie documental El Jardín Viviente, en el capítulo titulado Amantes de la arena, hay una secuencia donde aparece una larva de hormiga león construyendo su nido a alta velocidad. No os la perdáis.
(2) Según Hakan Bozdoğan, Cengiz Bahadıroğlu y Sevil Toroğlu en Some behavioral observations on larvae of Antlion, Myrmeleon formicarius Linnaeus, 1767 (Neuroptera: Myrmeleontidae) in forest and non-forest areas of Kahramanmaras Province, Turkey (Journal of Zoology, 2013).

Avispa cuco (Chrysis ignita)

Este bonito ejemplar de Chrysis ignita apareció ayer tras una tormenta veraniega en Chinchilla,
sobre una barandilla de hierro, en busca de algo de sol. Parasita a otros himenópteros solitarios.