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18 enero 2023

Espiando el comedero para pájaros

    Esta mañana he echado un vistazo al comedero para pájaros que instalamos el año pasado en el Jardín Botánico de Castilla-La Mancha, junto con la Sociedad Albacetense de Ornitología. Colocándome en un punto estratégico donde las aves no podían verme, tras poquísimo tiempo de espera, han comenzado a aparecer una multitud de pajarillos que he podido observar desde muy cerca. El alimento que colocamos, junto con la SAO, consiste en semillas pequeñas y pipas de girasol, así como cacahuetes y bolas de grasa. Las especies más abundantes eran los gorriones (común y molinero) y los verderones comunes, a los que acompañaban algunos verdecillos y pinzones comunes. De vez en cuando, también se acercaba algún mirlo a curiosear y una pareja de carboneros comunes. 
    En general, todos los pájaros se alimentaban directamente en el suelo, en busca de las semillas que el vendaval de estos días esparce desde el comedero principal. Como se supone que hoy iba a nevar un poco y las temperaturas han permanecido bajas (aunque no tan bajas como sería lo normal), con máximas de 6 ºC, y se espera que sigan bajando hasta -7 ºC estos próximos días, nos hemos asegurado de que el comedero esté bien lleno.
   Sin duda, los comederos para pájaros suponen una buena ayuda para muchas aves que pasan el invierno en nuestros jardines, tal y como demuestran muchos estudios realizados, principalmente, en Reino Unido.

Verderones comunes (Chloris chloris) y serín verdecillo (Serinus serinus), a la izquierda.
Verderón común (Chloris chloris)
Verderón común (Chloris chloris) en un arbusto cercano.
Pinzón vulgar (Fringilla coelebs), hembra.
Pinzón vulgar (Fringilla coelebs), hembra.
Gorrión molinero (Passer montanus). Creo que el JBCLM es el lugar donde mayor densidad de gorriones molineros he visto en mi vida.
Gorrión molinero (Passer montanus), arriba, y gorrión doméstico (Passer domesticus), abajo.
Gorrión molinero (Passer montanus)
Una tímida hembra de pinzón vulgar (Fringilla coelebs) observando el frenesí de los gorriones en el suelo, que se inflaban a semillas.
* Actualización: hoy he mirado otra vez y, aparte de un pajarillo que me ha parecido un carbonero garrapinos (Periparus ater), he podido fotografiar una paloma torcaz (Columba palumbus) que no paraba de emitir su característico canto y un petirrojo (Erithacus rubecula).
Mirlo (Turdus merula), hembra.
Serín verdecillo (Serinus serinus), macho.
Petirrojo (Erithacus rubecula)
Paloma torcaz (Columba palumbus)

06 diciembre 2022

Viaje a los Pirineos III: Paco Ezpelá y de nuevo en Gamueta

 El último día en Huesca, el domingo 6 de noviembre, dimos una vuelta matinal por el bello pueblo de Ansó, uno de los pueblos más bonitos de España. Nos gustó mucho recorrer sus callejuelas empedradas y oscuras, con balcones llenos de geranios y chimeneas humeantes. Al poco de empezar el paseo, un milano real (Milvus milvus) nos sobrevoló curioso.

Milano real (Milvus milvus)
    Nuestros pasos nos llevaron a la zona de Paco Ezpelá, un sendero circular que recorre el bosque que crece a las afueras de Ansó, pasando por vallejos muy húmedos donde vimos algunas setas y laderas algo más soleadas. Al llegar, el sol calentaba un poquito, por lo que algunos insectos se mostraban activos.
Saltacercas (Lasiommata megera), uno de los dos ejemplares que vimos asoleándose.
El sendero nos llevó al interior del bosque, donde al principio veíamos avellanos, mostajos (Sorbus torminalis), muchísimos bojes, algún acebo, abetos, robles, hayas... No llegamos a terminar la ruta porque, a medio camino, nos dimos la vuelta con la intención de volver al bosque de Gamueta, por si cayera el picamaderos negro (spoiler: no).

Hojas de alamo temblón (Populus tremula).
Muérdago (Viscum album)
Setas en el bosque.
Las hojas caídas de los árboles y arbustos nos dan una pista de las especies que habitan en la zona.
Hepática (Hepatica nobilis)
Avellano (Corylus avellana) mostrando ya sus amentos femeninos.
Otra de las mariposas que veíamos por la zona y que no paraba quieta: la manto bicolor (Lycaena phlaeas).
Tras unos pocos kilómetros hasta el refugio de Linza, reemprendimos el paseo por el bosque de Gamueta. Íbamos, como decía, con los ojos bien abiertos en caso de ver un ave negra volando entre las hayas. Como el día era más tranquilo que la primera vez que visitamos el hayedo, pues el sol brillaba con fuerza y el viento era una simple brisa que filtraban las copas de los árboles, pudimos ver algo más de fauna silvana.
Aún quedaba un poco de nieve en las cumbres.
La enorme haya que nos recibe al entrar en el bosque nos sorprendió de nuevo por su tamaño.
Haya (Fagus sylvatica)
El liquen (Lobaria pulmonaria) se encontraba, esta vez, deshidratado, mostrando su aspecto blanquecino en vez de verde.
Pinzón vulgar (Fringilla coelebs)
Hayedo de Gamueta.
Trepador azul (Sitta europaea) enterrando hayucos en las grietas de los árboles.
En este paisaje, esperaba, en cualquier momento, avistar un picamaderos negro. No hubo suerte.
Monte Maze (Txamantxoia).
El lecho seco de un riachuelo de montaña.

Pico picapinos (Dendrocopos major) que nos alertó por los tamborileos que resonaban en el bosque. Al principio, efectivamente, pensamos que se trataba de lo que ya sabemos, pero no.
Trametes versicolor
Nos despedimos de Linza con este bello paisaje.

    Almorzamos en el refugio de Linza con otros andarines que habían aprovechado el día soleado para buscar un poco de montaña. Estuvo con nosotros una perra guardiana que parecía muy interesada en lo que almorzábamos, mientras babeaba sobre la hierba mirándonos.

    Cuando emprendimos el viaje de vuelta a La Mancha, nos detuvimos en varios sitios para admirar el paisaje y despedirnos como dios manda: llenando nuestra caja de recuerdos de hermosos panoramas naturales, donde los bosques no llegan a tocar el cielo porque las montañas de nieve les ganan en altura.

Parque Natural de los Valles Occidentales (Huesca).
Enorme pino albar (Pinus sylvestris) a cientos de metros de altitud sobre nosotros.

24 enero 2021

Aves en el viento de la sierra

 Ayer, a pesar del viento y las nubes que amenazaban lluvia, fuimos a unas laderas de la Sierra de Chinchilla cerca de Casa Cano que tenía ganas de visitar. Igual no es la mejor época, pues seguramente habría encontrado alguna planta en flor o algún insecto interesante que no he detectado por la zona de haber ido en primavera o verano, pero tenía vistos unos arbustos desde la lejanía que me llamaban la atención y tenía ganas de escudriñarlos (al final, resultaron ser sabinas y coscojas). El paisaje consistía en unos páramos de esparto que se elevaban y luego descendían abruptamente a la llanura, dejando ver sus estratos inclinados, como líneas rectas y grisáceas inclinadas de dura piedra. Abajo, junto a los campos de labor, una casa en ruinas ponía fin a la vegetación nitrófila de salsolas y daba paso a un pequeño bancal de olivos. En la cima de todo, algunos árboles y arbustos más oscuros, sabinas, encinas y coscojas, destacaban entre el amarillo pálido de los espartos invernales y el gris de los raquíticos tomillos. El viento soplaba con fuerza y se metía en los oídos, enfriando oreja y cabeza a su paso. Una vez que levanté la mirada, vimos un águila real (Aquila chrysaetos) que planeaba como podía luchando contra la ventisca, cuando, de repente, una fuerte ráfaga la llevó con fuerza a otra zona alejada mientras profería chillidos de queja. 

Águila real (Aquila chrysaetos)

Descendiendo hacia la casa abandonada, siempre luchando por movernos contra el viento, encontramos una agalla en un Bupleurum fruticescens que parecía un apelotonamiento de hojas a mitad del tallo. He estado buscando qué podría haber causado esta deformidad, pero no he encontrado nada que me convenza. Si alguien sabe de qué podría tratarse, puede dejar un comentario en esta entrada. 
Deformidad (agalla) en Bupleurum.

Escudriñando los paredones, atravesando la bajada repleta de salsolas y algunas ortigas, encontramos varios ejemplares de doradilla (Asplenium ceterach), uno de los helechos más extendidos por Chinchilla. Aparte de un sedum que parecía Sedum dasyphyllum subsp. glanduliferum, no se veían muchas más plantas de interés o, más bien, nuevas para mí.

Casa abandonada. Según SIGPAC, esto se llama Casa Cano.
Dentro crecían salsolas, ortigas y Piptatherum.
Doradilla (Asplenium ceterach)

    En el pinar, de vuelta a casa, se veían ya las rosetas de las orquídeas. Del género Ophrys, estas plantas resultan algo comunes en la zona, aunque unas especies más que otras.

Roseta basal de Ophrys preparada para florecer en unos pocos meses.

    A pesar del vendaval, lo cierto es que las aves estaban muy activas, todas en busca de alimento y agua. Grandes bandos mixtos de fringílidos pasaban a los lados del coche, invadiendo como nubes los olivares y campos de almendros. Jilgueros, verderones, pinzones y pardillos acompañados de estorninos y alguna urraca. De pronto, a lo lejos, en una valla, vislumbramos la forma inconfundible de una pequeña rapaz, seguramente un cernícalo. Se trataba de una hembra de cernícalo vulgar (Falco tinnunculus). Nos acercamos a ella con el coche, lentamente, intentando no asustarla, y pude conseguir unas buenas fotografías, que permiten apreciar el aspecto de esta pequeña rapaz, aliada de los agricultores para mantener a raya a los roedores del campo.

Cernícalo vulgar (Falco tinnunculus)
Cernícalo vulgar (Falco tinnunculus)
Cernícalo vulgar (Falco tinnunculus). Se aprecia la cera que rodea el pico y el ojo, donde se conoce como anillo orbital. En la narina (agujero de la "nariz"), se aprecia el cono que permite que el aire entre cuando el halconcito vuela a una velocidad vertiginosa, rompiendo el flujo del aire
y facilitando la respiración.
Cernícalo vulgar (Falco tinnunculus)
Después de aguantarnos un poco, voló hacia un pistachero,
desde donde siguió mirándonos con curiosidad. Foto a través de la valla.
Aquí se aprecia mejor el pecho moteado. Después, el ave bajó al suelo y caminó varios metros,
hasta que volvió a elevarse en el cielo, perdiéndose en el horizonte. Foto a través de la valla.
    Después, paramos un momento en un pequeño olivar con algunos almendros, donde se agrupaban pequeños pajarillos que en seguida se acostumbraron a nuestra presencia. En total, detecté las siguientes especies: carbonero común (Parus major), mirlo común (Turdus merula), curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala), pardillo común (Carduelis cannabina), pinzón vulgar (Fringilla coelebs), colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros), lavandera blanca (Motacilla alba), verderón (Chloris chloris), jilguero (Carduelis carduelis) y estornino (Sturnus). Además, algunos conejos (Oryctolagus cuniculus) se paseaban ramoneando hojillas verdes. Prácticamente todas las aves aprovechaban las aceitunas caídas en el suelo. Y todo esto, a pesar del viento.
Carbonero común (Parus major)
Pinzón vulgar (Fringilla coelebs)
Conejo (Oryctolagus cuniculus)
Lavandera blanca (Motacilla alba)
Colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros), ejemplar macho.
Colirrojo tizón (Ph. ochruros), hembra.