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13 octubre 2024

Una oruga de la esfinge de la muerte

 

Acherontia atropos. Albacete, 10.10.2024.

El otro día vi mi primera oruga de la esfinge de la muerte, en el Jardín Botánico de Castilla-La Mancha. Iba caminando por el suelo sin detenerse, sin duda en busca de un lugar donde pupar. 

08 mayo 2020

Primer paseo del confinamiento

2 de mayo de 2020. Por fin podemos salir a dar paseos, por lo que, para nuestra primera andadura,  aprovechamos para ir al castillo que domina la cima del Cerro de San Blas y La Mancha toda. Poco tardamos en llegar, dentro del radio de 1 km en el que podemos movernos. Por el camino, me causa mucho placer ver los jaramagos, las arvejas, amapolas, malvas, lavateras y toda clase de flora primaveral en plena explosión. Una vez en el castillo, un gorrión chillón (Petronia petronia) llama mi atención en la ladera y, cómo no, también las collalbas negras (Oenanthe leucura), protagonistas orníticas de este entorno.
Collalba negra (Oenanthe leucura) - Castillo de Chinchilla, 2.05.2020. 
Collalba negra (Oenanthe leucura) - Castillo de Chinchilla, 2.05.2020. 
    Las plantas rupícolas que crecen en las paredes del castillo también florecen con fuerza. En nuestra zona tenemos dos especies llamativas: Sarcocapnos enneaphylla y Chaenorhinum cf. crassifolium. A veces, las flores atraen algunos insectos de los que se alimentan las collalbas. Ambas tienen preferencia por paredes rocosas calizas donde medran bien. En la pared de la muralla, a la altura de mis rodillas, detecto un par de moscas del género Bibio, posiblemente Bibio hortulanus en cópula. La hembra, de color naranja herrumbre, es muy distintiva con su cabeza pequeña y afilada; mientras que el macho es de color negro y tiene unos ojos compuestos muy grandes que le cubren casi toda la cabeza.
Bibio sp. - Castillo de Chinchilla, 2.05.2020.
    Este año ha llovido más que nunca, así que la vegetación está más exuberante que nunca. Las flores tapizan las laderas del pueblo y la hierba crece más verde que nunca bajo los bancos de nubes que atraviesan el cielo de La Mancha. Pegadas a la muralla del castillo, crecen orugas, rabanizas, cerrajas, amapolas, malvas, pajitos, arvejas, ortigas, asfódelos, dientes de león, lavateras y espigas de muchas gramíneas. Y en esos mismos herbazales que flanquean los senderos, abundan también los insectos y otros invertebrados, hasta algún reptil como lagartijas o salamanquesas.
Iphiclides feisthamelii - Castillo de Chinchilla, 2.05.2020.
Tarentola mauritanica - Castillo de Chinchilla, 2.05.2020.


Oruga de Pontia daplidice - Castillo de Chinchilla, 2.05.2020.
    Después de una vuelta bajo el sol, nos encontramos con una planta nueva para mi registro de flora chinchillana, aunque ya la había registrado en Albacete: Lamarckia aurea. Esta gramínea aparece desde las Canarias hasta Oriente Próximo, prefiriendo suelos sueltos y soleados para crecer.
Lamarckia aurea - Castillo de Chinchilla, 2.05.2020.

15 enero 2020

Ansias entomológicas en invierno

    Enero en la Región Mediterránea puede significar dos cosas: ningún artrópodo a la vista o, con suerte, alguna mariposa, saltamontes o escarabajo pululando por ahí. Con más suerte todavía, podemos localizar alguna mantis tardía o hibernante.
Colias (Colias croceus), descansando sobre un tallo de albaida (Anthyllis cytisoides). 10.01.2020.
    Un buen sitio para muestrear en busca de la entomofauna invernal puede ser un lugar con tendencias más térmicas: dunas arenosas, zonas sureñas y bajas, pobladas de vegetación adaptada a la aridez, siempre en días con poco viento y pocas nubes. En mi provincia, estos lugares suelen ser los que están más cerca de los territorios murcianos y alicantinos. Así, el domo volcánico de Cancarix puede ofrecer alguna que otra pequeña sorpresa si nos adentramos entre sus matorrales xerófilos, donde predominan arbustos típicos de nuestro rincón del mundo, con algunos representantes de enclaves menos continentales. En pocas palabras, esta montaña se originó hace 8-6 millones de años, cuando uno de los múltiples volcanes que surgieron del interior del planeta en el sureste de la península ibérica se solidificó lentamente conforme brotaba la lava, erosionándose su entorno.
Domo volcánico de Cancarix, irguiéndose entre las colinas espartadas.
    La Sierra de las Cabras, donde se encuentra esta enorme mole volcánica situada a más de 700 metros sobre el nivel del mar, presenta una vegetación que a mí me llama mucho la atención, por contar con tantos taxones más abundantes en las provincias costeras vecinas que escasean o brillan por su ausencia en mis zonas de campeo habituales. Conforme uno se aproxima a esta montaña, que recuerda lejanamente al Matho Thípila de los indios lakota en América del Norte, la vegetación resalta el carácter único de la zona. Al llegar, nos reciben matorrales muy verdes, donde abundan el romero, el esparto y la albaida, que empieza a florecer tímidamente, y pinos carrascos muy rectos,  que van dando paso a otras plantas que uno esperaría encontrar en enclaves más costeros y cálidos: Salsola oppositifolia, Lavatera maritima, Lobularia maritima, Asparagus horridus, Convolvulus althaeoides... Hasta aparecen por ahí las hojas bicolores ("bandera de Andalucía") de Lapiedra martinezii, una bulbosa que, según indica el botánico Pedro Sánchez Gómez: "Lagasca (el científico que describió la planta en 1816) se lo dedicó a una señora gaditana más o menos metida en el mundo de la botánica de aquella época, apellidada de la Piedra, que estaba casada con un tal Juan Antonio Martínez, persona influyente de la época, de ahí lo de "Lapiedra martinezii". Por tanto, el género se lo dedicó a la esposa y luego viuda del tal Martínez, al que le dedicó la especie". 
Hojas de Lapiedra martinezii. 10.01.2020.
    A mí todas estas plantas me llaman muchísimo la atención y me hacen pensar que probablemente encontraremos, también, una muy interesante fauna acompañante. Conforme avanzamos hacia la cumbre, a la que no llegamos a subir, los pinos van volviéndose más dispersos, dejando paso a unas laderas con matorrales como el lentisco (Pistacia lentiscus), el espino negro (Rhamnus lycioides), el acebuche (Olea europaea var. sylvestris), la sabina mora (Juniperus phoenicea), Ballota hirsuta, siempre entre el abundante esparto y su compañera, la albaida.
Aspecto del domo, más de cerca. Se aprecia una pequeña nube de chovas piquirrojas que habitan su cumbre.
Vegetación de ladera, orientación sur.
Entorno del volcán de Cancarix.
    Se puede consultar más información sobre la flora de este curioso entorno en "Vegetación del pitón volcánico de la Sierra de las Cabras de Hellín (Sureste de Albacete)" de Jorge Baonza Díaz (enlace al documento)
    En este lugar, a unos 12 ºC o algo menos, con rachas de brisa e intervalos nubosos que pasaban a toda velocidad sobre nuestras cabezas, mi amigo Miguel Domenech y yo conseguimos encontrar algunos insectos. Nada fuera de lo común, pero curiosos igualmente. Lo suficiente para saciar nuestra hambre insectil.
Lasiocampa trifolii sobre albaida (Anthyllis cytisoides).
Mantis palo (Empusa pennata), una de las mantis que pasan el invierno en las marañas de arbustos,
resistiendo los fríos intensos.
    Conforme ascendíamos, pudimos ver también, más de cerca, la nubecilla de chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax) que coronaba una esquina de la cumbre.
Chova piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
Chova piquirroja. Parece que el ejemplar de la izquierda le está ofreciendo algo con el pico, algo normal en estos animales con vínculos sociales tan estrechos
    Una vez arriba, decidimos descender de nuevo, almorzar y continuar hacia la vecina provincia de Murcia, en busca de temperaturas más cálidas y ortópteros. En el descenso, continuamos con la observación naturalística.
Pezotettix giornae, uno de nuestros saltamontes invernales por excelencia.
Leptotes pirithous 
Ooteca de Sphodromantis viridis.
    Además, dos saltamontes en estadio adulto que pudimos ver también son Omocestus raymondi y Sphingonotus cf rubescens. También algun escarabajo como Pimelia sp. y Cymindis cf lineola. 
Albaidas y otras plantas comenzando su floración, con el domo al fondo.
Clavelillo (Dianthus broteri), curiosa especie que observaba por primera vez.
    Una vez en Ricote (Murcia), aparte de un pequeño paseo que dimos por ahí, disfrutamos del paisaje y las vistas. Pero lo que más nos sorprendió (gratamente), fue encontrarnos con una de las últimas Sphodromantis viridis del invierno.
Sphodromantis viridis
Sphodromantis viridis
     Esta especie de mantodeo de origen norteafricano se está expandiendo por la Península Ibérica hacia el norte. Algunos quieren achacarlo al cambio climático, yo tengo dudas importantes.
    Pudimos observar también muchas matas de sanamunda (Thymelaea tartonraira), que aparece también por algunas sierras de Albacete. Curiosamente, en las Relaciones topográficas de Felipe II (1576), se menciona esa planta en la Sierra de Chinchilla y se dice lo siguiente: "En el Reyno de Murçia le dizen la yerua de Ricote". Entendí el porqué del nombre antiguo, paseando entre los pinos y las matitas de sanamunda, en el corazón de Murcia.
Valle de Ricote.

31 diciembre 2017

El último día del año, bajo las nieblas del páramo

The Mist
    Parece que no termina de amanecer el último día del año. Una intensa niebla blanquecina se ha adueñado de La Mancha oriental y se ensaña especialmente con Chinchilla y su sierra. La humedad tan alta confiere unos tonos más fuertes a los colores del mundo. Los musgos de los tejados, del género Grimmia, henchidos de verdor, los líquenes, turgentes, la alta torre del campanario, todo está como dormido. Me cruzo con fantasmas por la calle.n Ya en la sierra, entre los pinos, me parece estar caminando como en un sueño. No se oye nada, solo el canto del algunos mirlos madrugadores. Ni un aleteo, ni un reclamo. Al rato, oigo la risotada del pito real...
    En el espartal, me invade una extraña sensación, mágica y misteriosa, algo arcana acaso. Un lejano canto de la cogujada del pedregal y el rápido vuelo de los zorzales, entre los rosales silvestres, me recuerdan que no es la Tierra Media, sino la Sierra de Chinchilla, el lugar en que me encuentro. Andurrean algunos ácaros rojos de terciopelo entre las piedrecitas.
El espartal en la niebla. 
Gaviotas sombrías (Larus fuscus) sobrevolando el espartal, dirigiéndose tal vez al vertedero de Albacete.
    Entre la niebla, me fijo en los arbustos altos, por si tal vez encontrara algún zorzal interesante o invernantes. Lo cierto es que solamente veo verderones, pardillos y algún pinzón vulgar. En un rincón de la Sierra, me sorprende un grupo de sabinas albares (Juniperus thurifera), con toda la pinta de haber sido plantadas, con muy buen criterio en mi opinión. ¿Por qué? Porque lo que más abunda en la Sierra de Chinchilla son pinos carrascos (Pinus halepensis) repoblados, pero si uno se fija, después de todas estas décadas con pinos plantados, no hay regeneración natural: no se ven pinos jóvenes. No sé qué factor influirá en esto: si el frío, la humedad invernal, el ramoneo de los mamíferos... el caso es que parece ser, que los pinos carrascos no están hechos para la Sierra de Chinchilla, a las pruebas me remito. Pero pueden servirnos para crear suelo y romper las rocas, dar sombra en ocasiones y alimentar a algunos animales. Donde no hay pinos, es conveniente utilizar especies arbóreas adaptadas a las condiciones del lugar: la encina, la coscoja y creo firmemente que la sabina albar es una buena opción. Con cuidado, por supuesto: esta especie de conífera es muy heliófila, ama el sol como nadie. Se adapta como ningún otro árbol a las condiciones continentales de Castilla y es extremadamente probable que hace pocos siglos, hubiera muchísimas más en nuestra zona. Seguiremos observándolas e informando. Yo, de momento, tengo ya un buen puñado de arcéstidas de sabina albar para hacer semilleros...
Sabina albar (Juniperus thurifera).
    ¡Qué ilusión me hace ver estas sabinas aquí! Sigo caminando, parece que la niebla se va, pero vuelve. Todo está empapado, los pinos gotean como si acabase de llover.
Orugas de procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa). Con los fríos del invierno y la humedad, muchas mueren. Cuando emerjan de los bolsones, los críalos y los carboneros darán buena cuenta de ellas. No debemos recurrir a las fumigaciones masivas, pues no son selectivas y lo que hacemos es envenenar al resto
de fauna y flora del monte.
Líquenes de dos especies distintas. Creo que son Evernia y Ramalina.
    Qué gusto, después del largo verano, recibir tanta lluvia y humedad en forma de nieblas. Así da gusto. Las orquídeas ya tienen su correspondiente roseta basal y los enebros están cada vez con menos arcéstidas rojas, de las cuales dan buena cuenta las aves. ¡Hasta el año que viene!

09 noviembre 2017

Perdidos por la provincia de Pontevedra

    Después de la aventura en San Andrés de Teixido, decidimos que al día siguiente, que era el sexto (30 de julio), no nos moveríamos muy lejos de casa, dentro siempre de la provincia de Pontevedra. No cogimos mucho el coche, pero sí anduvimos y nos metimos por rincones bastante poco transitados, a juzgar por la cantidad de fentos, zarzas y arbustos diversos que crecían por los senderos. Por mi parte, tenía muchas ganas de volver al "hábitat" de Alfonso en A Franqueira o "La Francesa", como erróneamente lo llamé el primer día. Me parecía uno de los lugares más interesantes que mis pies habían pisado en tierras célticas y teníamos la suerte de que nos quedaba cerca. Nos metimos por un camino distinto al de las otras veces, que Alfonso conocía. Bajando la carretera, veíamos que el cielo se nublaba algo, aunque luego se despejó. Un tojo cercano atrajo nuestra atención, en él había un colorido escarabajo longicorne, la Oberea oculata, cuyas larvas se alimentan de tejidos de sauces. 
Oberea oculata (fam. Cerambycidae).
    Siguiendo el camino, nos encontramos con unos amables aldeanos, que nos saludaron con unos amables "¡Bos días!". Estuvimos un rato hablando con ellos y nos recomendaron un camino que daba la vuelta al valle, junto al río, lo cruzaba y luego seguía hasta unos viejos molinos, y después llevaba a la aldea de O Formigueiro. Así hicimos. Nos despedimos de ellos y seguimos caminando. Al final, llegamos al puentecillo del riachuelo donde vimos los Carabus galicianus, pero por otro camino.
Joven helecho real (Osmunda regalis), bastate común en Galicia.
¡A la rica mora!
Líquenes de varias especies.
Me quedaría aquí a vivir.
El bosque estaba tranquilo, interrumpido el silencio, en ocasiones, por el reclamo de algún herrerillo.
El lonchite (Blechnum spicant) es un helecho fácil de ver en terrenos ácidos de bosques húmedos.
    Y en el puentecillo, entre los abedules y sauces, no había mucho que ver. Volvimos a buscar anfibios y encontramos lo mismo que las otras veces. Había algunas setas y muchas babosas negras gigantescas del género Arion. Volví a encontrarme alguna garrapata caminando tranquilamente sobre mis brazos. Nos entretuvimos bastante rato fotografiando setas y haciendo pruebas con la cámara, mientras se aproximaba la hora de comer. Mientras Alfonso tardaba y tardaba, practicando con su pepino de cámara, yo decidí hacer fotos de paisajes. Y esta que veis abajo fue la que mejor me quedó y la que creo que mejor refleja el ambiente de este mágico rincón gallego.
A Franqueira.
    A Alfonso se le ocurrió que quizás podríamos comer en La Cañiza, o A Cañiza, conocido enclave donde se producen jamones serranos de primera calidad. Volvimos a paso rápido al coche, pero nos desviamos por la aldea de O Formigueiro.
Pequeña setita creciendo sobre un tronco muerto en A Franqueira.
Camino de vuelta a O Formigueiro.
Bombus pascuorum
    Tras un sendero bastante difícil de transitar, invadido por zarzas, helechos y hiedra, llegamos a O Formigueiro, donde un ejército de perros nos ladró durante nuestro recorrido por esta pequeña aldea hermana de A Franqueira. Nos encontramos con las gentes que habíamos visto antes, y les preguntamos si habían visto alguna salamandra. Nos indicaron que cerca había una gran balsa con agua donde podían verse. Nos pareció raro, pues las salamandras no son muy dadas a meterse dentro del agua, así que pensamos que seguramente las confundían con algún tritón. Y efectivamente. Tras cruzarnos con una vaca que se había perdido por en medio del bosque y que emitía un bramido que nos atravesaba las "corás", llegamos a la balsa, donde decenas de tritoncillos nadaban. Eran tritones ibéricos (Lissotriton boscai). Nueva especie para mí. 
Lissotriton boscai 
Lissotriton boscai
Larva de odonato.
    Tras zamparnos sendos bocadillos descomunales de jamón serrano con queso en La Cañiza, nos acercamos a un pueblecito donde comenzaba la ruta del río Xabriña. Nos pareció un lugar encantador, con callejuelas limpias con macetas de hortensias y azaleas, helechos en los rincones y florecillas amarillas por doquier. Las golondrinas comunes iban y venían por las callejuelas soleadas, entonando sus cánticos veraniegos.
Si has ido a Galicia y no has fotografiado un hórreo, no has ido a Galicia.
Sobre el sendero caían las ramas de muchos árboles distintos cultivados en las huertas de la zona. Había árboles curiosos como robles americanos, abetos de Douglas, laureles, avellanos...
Lobito agreste (Pyronia tithonus).
    El camino nos llevó hasta unos molinos de agua, os muiños do Outeiro, abandonados pero rehabilitados para ser visitados, aunque ruinosos. Entre muretes de piedras acumuladas unas encima de otras, laureles, robledales y pinares, íbamos sorprendiéndonos con hallazgos la mar de interesantes. La luz se filtraba entre los árboles del arroyo, reflejándose en el agua que corría bajo las enormes frondes de Osmunda regalis.
Colmenas.
Oruga de Cilix sp. sobre endrino. En este mismo endrino encontramos
también una oruga de Iphiclides feisthamelii.
    En un recodo del río, nos entretuvimos tomando fotos hasta que empezó a oscurecer. Entre otras cosas, pude ver una huella de mustélido, un escorpión de agua (Nepa cinerea), más babosas, helechos, luciérnagas... Fue un día genial aunque hizo bastante calor para mi gusto y las rutas de campeo empezaban a pasar factura... Pero todavía quedaban dos jornadas de bicheo por la fantástica tierra de Galicia.
Maravillas de la naturaleza.
Calliptamus sp.
Helecho.
O muiño de Rita.
Rana patilarga (Rana iberica).
Codeso (Adenocarpus lainzii).