Mostrando entradas con la etiqueta Polinizadores. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Polinizadores. Mostrar todas las entradas

15 julio 2026

Las adelfas: ¿desiertos entomológicos?

Adelfa (Nerium oleander)

Nos es muy familiar, a los que vivimos en el contorno mediterráneo, la explosiva floración de la adelfa o baladre (Nerium oleander), de la familia Apocynaceae, adornando cada verano, en forma de seto, jardines y parques, flanqueando carreteras y caminos, e, incluso en zonas del este y sur de la península ibérica (en territorios prácticamente sin heladas), en bordes de ramblas y ríos, donde crece formando adelfares autóctonos. Es un arbusto con flores de muchas variedades cromáticas, aunque la silvestre suele ser rosa fuerte. Plantadas, se ven variedades blancas, rojas, magentas, naranjas o amarillentas, de flor simple y también de flor doble y abigarrada, y de diversos portes, incluso existe una variedad enana. Lo que he observado, con respecto a su morfología floral, es que las de flor doble a menudo atraen muchísimos más pulgones y sus frutos tienden a deformarse (tuberculosis de la adelfa) por una bacteria (Pseudomonas savastanoi). Su cultivo está muy extendido en zonas cálidas del sur de Europa por dos razones: es súper resistente al calor y la sequía (prácticamente no necesita riego) y aporta mucho color al paisaje, dándole un toque tropical en los tórridos veranos mediterráneos.

16 noviembre 2020

Observando la naturaleza en el Arroyo Viñuelas (Illescas)

El viernes pasado (13.11.2020), decidimos alejarnos del bullicio urbano en busca de un pequeño reducto de naturaleza recuperada en el entorno del Arroyo Viñuelas, que transcurre a las afueras de esta pequeña ciudad de La Sagra (Toledo). El entorno ha sido ajardinado con flora mediterránea como romeros, lavandas, madroños, santolinas y arces de Montpellier en la zona más urbana, mientras que, en la senda que continúa alejándose del casco urbano junto al arroyo, han plantado un incipiente bosquete de perales, fresnos, manzanos de diferentes variedades, álamos, saúcos y otros árboles. 
    En el entorno ajardinado que he mencionado primero, más mediterráneo y con muchos arbustos, estos días he podido observar una interesante entomofauna típica de esta época. Las primeras mariposas Vanessa atalanta empiezan a llegar a estas latitudes más sureñas de forma más o menos abundante. Las reinas de abejorro Bombus terrestris se preparan para la hibernación. Las abejas de la miel Apis mellifera continúan con sus quehaceres, como de costumbre, y visitan las flores de romero de forma masiva. También se ven especies solitarias que no me atrevo a identificar y muchos dípteros como Calliphora.

Vanessa atalanta

    Entre tanto zumbido y con un sol radiante de otoño, si uno permanece atento, podrá detectar la presencia fugaz de algunas lagartijas Podarcis virescens que se dignan a salir de sus escondrijos, en los recovecos de los tocones y las grietas de los muros del terraplén ajardinado.

Podarcis virescens
  
   Pero dejamos la ciudad atrás y nos internamos en la senda que discurre entre las plantaciones de árboles, entre los que crecen ortigas y otras plantas silvestres que aprovechan las tierras removidas y nitrogenadas. Es el caso del pepinillo del diablo Ecballium elaterium, una planta sorprendente y traicionera, a la que hay que aproximarse con cautela. Cuando maduran, sus frutos explosivos lanzan las semillas por los aires en cuanto notan una ligera perturbación, como el roce de un zapato... En esta planta, no resulta raro encontrar ejemplares de una mariquita de la especie Henosepilachna argus, que se especializa en plantas de la familia Cucurbitaceae.

Flores de Ecballium elaterium.
Aspecto de una mata de Ecballium elaterium.
Se ven muchos tallos que ya han lanzado el fruto.
También pude ver este sírfido Eristalinus taeniops.

    Resulta curiosa la abundancia de aves rapaces en esta zona, en concreto, de milanos reales (Milvus milvus), que nos sobrevolaban en círculos sobre un campo de cultivo.
Milanos reales (Milvus milvus) y... ¿os parece la silueta de un buitre negro
la de arriba a la izquierda?
Milano real (Milvus milvus).
    Ya de vuelta, nos topamos con los innumerables conejos europeos (Oryctolagus cuniculus), tan abundantes en los terraplenes de esta zona, en los que además encuentran muchas verduras silvestres. 
Conejo europeo (Oryctolagus cuniculus)

    A lo lejos, una silueta conocida nos sorprende: un macho de pito real (Picus sharpei), nuestro mayor pájaro carpintero. No sabemos si nos llegó a ver, porque estuvo un buen rato levantando hojas y paseándose por la zona. Lo bueno es que se dejó fotografiar bastante bien.

Pito real (Picus sharpei)
Pito real (Picus sharpei)

Luces de otoño.

    Ya de regreso al primer tramo del paseo, volvemos a detectar los insectos que habíamos visto antes, y otras aves como petirrojos Erithacus rubecula, lavanderas blancas Motacilla alba y carboneros Parus major. Es muy interesante encontrar lugares como este en nuestras ciudades, en los que algunas administraciones se empeñan en recuperar un entorno agradable no solo para las personas, sino también para la naturaleza.
Serín verdecillo (Serinus serinus)

Langosta egipcia (Anacridium aegyptium)
Lavandera blanca (Motacilla alba)

Urraca (Pica pica)
Abejorro (Bombus terrestris) en unas flores de madroño (Arbutus unedo).

Agrupación de caracoles Eobania vermiculata.

13 abril 2020

Una Osmia en el patio

    La otra tarde salí al patio, después de una espléndida mañana soleada llena de pequeños artrópodos que iban y venían entre las flores y las hojas. Me entretuve con una hembra de Thomisus onustus, la araña cangrejo típica, que se había encaramado a unas florecillas blancas de un centro floral que organicé a finales del invierno. El sol calentaba todavía los tejados, pero en los patios todavía húmedos del pueblo, que ya no recibían la luz directa del astro rey, comenzaba a hacer algo más de fresco,. Las hormigas se paseaban más lentas por las hojas nuevas de la zarza y algunas Anthophora seguían sus últimos zumbidos del día entre los tulipanes amarillos. En una esquina umbría y mojada, un escarabajo de la familia Anthicidae daba vueltas sobre una macetilla de pensamientos blancos. La naturaleza diurna se apagaba poco a poco.
    Unos minutos después, me detuve delante de otras macetas, porque una pequeña Osmia me llamó la atención. Escalaba sobre un esqueje de plátano seco, moviendo las patas delanteras como intentando asirse a algo invisible. Al cabo de unos segundos, la tomé entre mis dedos y la llevé a los ciclámenes, y ahí pude observarla con detenimiento. 
Osmia sp. (6.04.2020)
Mirándola de cerca, pude ver que se trataba de un macho. Por otra parte, ya no soy tan atrevido para identificarla a nivel específico como solía hacer antes, que me lanzaba sin pensar a dar una identificación un poco a lo bruto. La edad y los consejos de personas a las que admiro han traído algo más de prudencia, así que prefiero dejarla en "abeja solitaria del género Osmia".
Osmia sp. (6.04.2020)
    Pero hablemos de su ecología. Las abejas del género Osmia, como la que tuve entre mis manos, anidan en grietas y agujeros, en tallos huecos y, cada vez más, en los llamados "hoteles de insectos" que se están poniendo cada vez más de moda. Las osmias nacen a finales del invierno, dependiendo de la zona pueden nacer bien entrada la primavera si el tiempo es fresco, pero suelen aparecer los primeros adultos en pleno febrero. Primero nacen muchos machos, y después las hembras. La hembra encuentra un hueco donde hacer su nido, que suele tener forma de tubo, y acumula polen al fondo del todo. Después, pone un huevo y sella la cámara con una pared o tabique de barro, repitiendo la operación una y otra vez hasta llenar el hueco. Así, la larvita que nace se alimenta del polen que le guardó su madre en la celdilla. Las larvas que quedan en las celdas más externas suelen ser machos, que nacen antes, mientras que aquellas que quedan más al fondo de las celdas son, por lo general, hembras.
Osmia sp. (6.04.2020)
    Estas abejas no hacen panal, pero son muy importantes a la hora de polinizar las primeras flores de nuestros campos. De hecho, en algunos países se sueltan osmias en plantaciones de frutales y se favorece su presencia en ellos colocando nidales que las abejillas aprovechan en seguida. De esta forma, los agricultores se aseguran una cosecha de frutas como albaricoques, peras, manzanos, almendras... Si queréis saber más sobre estos insectos, podéis consultar esta entrada del blog del CREAF.
Osmia sp. (6.04.2020)
    La abejita parecía tener frío, por lo fácil que era manipularla, así que la dejé entre los pétalos del ciclamen, para que al día siguiente se calentara y pudiera emprender el vuelo.

10 mayo 2017

Operación Tartonraira: grandes sorpresas en la Sierra de Chinchilla

    Bueno, pues el día 7 de mayo fui a la Sierra de Chinchilla a buscar más flores y os voy a contar un poco. Yo iba con la intención de encontrar algún gladiolo en los espartales (creo que hace años vi uno, pero no estoy seguro, así que quería comprobar si había. Ya os adelanto que no vi ninguno), pero luego me decanté por ir a la ladera de las sanamundas (Thymelaea tartonraira), una planta no muy fácil de ver en nuestra zona, pero que tiene algunos reductos en la parte oriental de Castilla-La Mancha. Para ir andando, esa ladera queda un pelín lejos, sobre todo si te vas parando todo el rato en cada bicho o planta que ves, como hago yo. En ese momento, después de comer (mi caminata duró nada más y nada menos que 6 horas), no podía imaginarme qué me iba a encontrar en este paseíto. Salí y atravesé el aparcamiento de la rambla del Cañaveral que aun estando cubierto de grava, consigue atraer fauna interesante en las laderas que lo rodean, donde aún quedan olmos autóctonos y además plantaron arbustos espinosos como rosales silvestres y majuelos: los ruiseñores cantaban a viva voz y las currucas cabecinegras se lo pasaban a lo grande revoloteando de rama en rama. Allí vi los primeros cardos marianos (Sylibum marianum) de la zona en flor. Subí la cuesta que lleva al monte y me dirigí por un sendero entre los pinos hacia la Era del Ataúd. Por el camino me entretuve fotografiando unas florecillas en el borde de la carretera: Centranthus calcitrapae, murajes (Anagallis sp.) y una especie de campánula que no conocía, la Campanula erinus.
Campanula erinus, Anagallis sp. y Centranthus calcitrapae. Sierra de Chinchilla, 7.5.2017.
    Intenté llegar rápido a la Era del Ataúd sin detenerme mucho más, pero vi un herbazal interesante para insectos así que bajé una ladera poco antes de llegar y me pegué un trastazo contra el suelo, menos mal que nadie me vio, porque fue ridículo (*risas*). En ese herbazal encontré una lagartija colilarga oriental (Psammodromus jeanneae) que al principio se asustó y corrió a esconderse en las hierbas, pero finalmente dejó que la observase con atención. Me miraba y entornaba los ojillos.
Lagartija colilarga oriental (Psammodromus jeanneae). Sierra de Chinchilla, 7.5.2017.
    De ahí ya fui directo a mi espartal, que por fin empieza a despertar, aunque se toma su tiempo. Al borde del pinar encontré unas matas pequeñas de hierba de la plata (Argyrolobium zanonii) que, posteriormente, me identificó Álvaro García Valero. En el espartal encontré algunas flores. A lo lejos podía ver las primeras matas de lino blanco (Linum suffruticosum) en flor.
Lino blanco (Linum suffruticosum). Sierra de Chinchilla, 7.5.2017.
Algunas flores tenían visitantes: meloideo sobre lino blanco. 7.5.2017.
    A partir de este lino blanco, la cosa ya empezó a ponerse más interesante. Unas gangas ibéricas (Pterocles alchata) alzaron el vuelo de detrás de unos espartos, con sus gorjeos característicos, mientras los aláudidos cantaban con fuerza. Daba unos pasos y en seguida algo llamaba mi atención. A mi alrededor, las espigas de los gamones florecían con blanca pasión contra el verde de los pinos y el azul del cielo. Una mata de encina muy achaparrada me cautivó: tenía en sus brotes agallas de Plagiotrochus quercusilicis.
Agallas de Plagiotrochus quercusilicis sobre encina. Sierra de Chinchilla, 7.5.2017.
    En el suelo del espartal, las hormigas recolectoras Messor barbarus iban de aquí para allá, poniendo las entradas de sus nidos a punto. Otras especies de hormiga también andaban por allí como Aphaenogaster sp. Una pequeña Temnothorax sp. andurreaba en torno a los estambres de una flor de gamoncillo (Asphodelus ayardii). Me fijé en las primeras flores de un cardo del género Carduus que siempre he identificado como Carduus platypus subsp. granatensis, aunque ahora ya dudo porque también podría ser Carduus nigrescens. Todavía no había muchas flores, solo vi dos y sobre una de ellas, un asustadizo curculiónido (gorgojo) del género Lixus que giraba en torno a la flor para esconderse conforme yo daba vueltas para fotografiarlo bien.
Lixus sp. Sierra de Chinchilla, 7.5.2017.
 Los botones de oro (Ranunculus gramineus) sobresalían entre los espartos, nunca había encontrado tantos en floración a la vez.
Botón de oro (Ranunculus gramineus). Sierra de Chinchilla, 7.5.2017.
    Anduve unos minutos más entre los espartos y las aulagas chicas, encontrándome con lagartijas cenicientas y empusas. Hace poco cambiaron la taxonomía de la lagartija cenicienta, pero la foto no me permite identificarla, así que la dejo como Psammadromus cf hispanicus.
Lagartija cenicienta. Sierra de Chinchilla, 7.5.2017.
Muchos aquí verán un secarral. ¡Yo veo tantísimas cosas, tanta riqueza natural!
Podría vivir en este lugar y descubrir cada día algo nuevo.
Confieso que me apena que la gente desprecie los páramos. Muchas veces atesoran más especies que un pinar.
Mantis palo (Empusa pennata). Sierra de Chinchilla, 7.5.2017.
Abeja melífera (Apis mellifera) sobre gamonita (Asphodelus ayardii). Sierra de Chinchilla, 7.5.2017.
Sierra de Chinchilla, 7.5.2017.
    Del espartal pasé directamente a un herbazal que hay poco antes de llegar a las barbacoas y allí me entretuve con flores anuales: salvia gallocresta o verbenaca, pamplinas, amapolas, lechetreznas... hasta vi varias matas de marrubio español (Marrubium supinum), con sus bolas de flores rosadas. Y me di prisa en atravesar los caminos hasta el Cuco.

Sierra de Chinchilla, 7.5.2017.
    Finalmente llegué casi al Bosque de las Palabras, lo mío me costó. Cada vez estaba más cerca de las bufalagas o sanamundas (Thymealea tartonraira). Me pareció emocionante empezar a encontrar plantitas interesantes que no se ven en otras zonas de la Sierra, como los pinillos de oro (Hypericum ericoides) o la primera sorpresa botánica de la tarde: la coronilla (Coronilla minima subsp. lotoides). 
Coronilla minima. Sierra de Chinchilla, 7.5.2017.
Sierra de Chinchilla, 7.5.2017.
Un pequeño crisomélido, Cryptocephalus sp. que encontré en las flores de coronilla. Sierra de Chinchilla, 7.5.2017.
    Finalmente, vi las famosas Thymealea tartonraira subsp. valentina. No es una planta llamativa, pero tiene su interés ya que es un endemismo setabense (único del E de la Península, setabense: relativo a la zona de Játiva, Valencia, etc.), raro en general en la provincia de Albacete, aunque aparece en algunos puntos, como aquí.
    Permanecí poco tiempo prestando atención a las sanamundas, la verdad es que no son una planta resultona físicamente, pero era algo que "tenía" que ver. El paisaje desde esa cingla de la sierra, si bien bastante "normal", me atrajo bastante, me pareció bonito.
Sanamunda (Thymelaea tartonraira subsp. valentina). Sierra de Chinchilla, 7.5.2017.
Gamones al borde de la Sierra de Chinchilla. La montañita del fondo es el Villar de Chinchilla,
los confines orientales de La Mancha casi.
A la izquierda de la montaña, hay otra que parece más pequeña, es el Mugrón de Almansa.
Flor de ruda (Ruta angustifolia). Sierra de Chinchilla, 7.5.2017.

    Y estando allí, encontré una Zygaena lavandulae, un insecto precioso que tampoco tenía registrado en este lugar. Inconfundible con su "collar" blanco, se dejó observar y fotografiar con tranquilidad. Bienvenida sea:
Zygaena lavandulae. Sierra de Chinchilla, 7.5.2017.
    Poco a poco, el sol descendía y cada vez había menos luz en esa ladera orientada al sureste. Pero antes, una última sorpresa para mí: desde donde estaba, vislumbré unas espigas amarillas que resultaron ser algunas matas de albaida (Anthyllis cytisoides), una planta que no se ve por La Meseta mucho. De hecho, es una planta bastante termófila, pero se ve que ahí encuentra un buen sitio donde crecer. Estuve un rato mirándolas, no me lo esperaba para nada. Ni sabía que había albaidas en Chinchilla, pero como he dicho con la Zygaena, bienvenidas sean. Ahora explico por qué me llamó tanto la atención verlas ahí: como he dicho, la albaida es una planta muy termófila que prefiere zonas muy soleadas y secas, con pocas heladas. Muchas veces, por esta época, cuando uno viaja en tren desde Alicante o Murcia o Valencia hacia Albacete y se fija en cómo cambia la vegetación hacia una zona con inviernos más fríos, estas plantas resultan bastante llamativas en el campo. No son muy altas ni su amarillo tan resultón como el de las genistas, pero igualmente atraen la mirada de los viajantes (o a lo mejor solo la mía...). Estuve un rato flipando con las albaidas y luego me senté.
Albaida (Anthyllis cytisoides). Sierra de Chinchilla, 7.5.2017.
    Me quedé un rato sentado en el escalón de la Sierra. La temperatura descendía poco a poco conforme llegaba la noche y todo se tornaba dorado con los últimos haces solares. Olía bien. Zumbaba una abeja cerca, una preciosa Rhodanthidium sticticum, gran amante de las flores de jara. Olía a romeros húmedos. Cerca de mí vi uno de sus principales habitantes, el escarabajo del romero (Chrysolina americana). Un pequeño saltamontes saltó cerca, una ninfa de Calliptamus. En la pared amarillenta sobre la que me reclinaba había grietas de las que salían zapatitos de la virgen (Sarcocapnos enneaphylla), esta planta me recuerda a la athelas de la Tierra Media, no sé por qué.
    Decidí volver a casa. Todo era de color dorado y las espigas de los gamones saludaban al pasar por delante. Los pinos también. Todo saludaba, se despedían de mí. Cerca del Cuco, las aves cantaban: al-fan-huííííí, al-fan-huíííííí decían los alcaravanes, con sus ojos amarillos para ver mejor en el crepúsculo. La cogujada se posaba en los majanos y cantaba, y luego se iba y no volvía. El viento acariciaba las plantas. Qué buen sitio para descansar, pensé, y me fui.
Carduus sp. al atardecer. Sierra de Chinchilla, 7.5.2017.

29 marzo 2016

Paseítos semanasanteros | Chinchilla y Alicante

    Estas vacaciones tan duras para mí, he tenido la oportunidad de "bichear" en sitios muy cercanos. Paseos cortos, cuando las circunstancias lo permitían, en los que he podido ver pequeñas señales de la primavera que llegó el pasado día 20 de marzo.
    En el patio de casa, el sol caldeaba el ambiente, sobre todo a media mañana, con lo que muchos insectos aprovechaban las flores que se abrían poco a poco. Los dípteros abundaban más que cualquier otro grupo animal:
Moscardón azul (Calliphora vicina), sobre inflorescencia de durillo (Viburnum tinus). 



Mosca rayada (Sarcophaga sp.), sobre una lobularia (Lobularia maritima).
Meliscaeva auricollis
Eristalinus aeneus sobre flores de alhelí (Matthiola incana).
Moscardón azul (Calliphora vicina) libando las flores de una margarita canaria (Argyranthemum frutescens).
Esfinge colibrí (Macroglossum stellatarum), libando flores de clavelinas. La aparición de esta mariposa en Chinchilla esta Semana Santa ha sido masiva, había ejemplares por todos lados.
    También hubo algún que otro himenóptero (abeja y avispa) que se acercó a las flores...
Abeja solitaria (Osmia rufa) sobre durillo (Viburnum tinus).
Avispa papelera (Pollistes sp.) asoleándose.
    Tras unas lluvias de fin de semana, tuve tiempo de pasearme por las dunas fósiles de Urbanova. Allí encontré "lo de siempre" y alguna que otra sorpresa.
Centaurea sonchifolia, una compuesta común en la zona, a unos metros de la orilla del mar. 
Echium sabulicola, típica de los arenales costeros mediterráneos.
Una cistácea muy común que crece en las dunas fósiles de Urbanova: Helianthemum syriacum.
Chrysanthemum coronarium
Anacyclus valentinus
    Siempre me gusta entretenerme en esa variedad de plantas que crece en la costa mediterránea, tan parecida pero a la vez tan distinta de la flora manchega. También aparecieron algunos animales: el típico júlido Ommatoiulus rutilans y una salamanquesa rosada (Hemidactylus turcicus), amante de aquellas áridas tierras.
Gorriona sobre un limpiatubos (Callistemon citrinus).
    Me llamó la atención ver, en unos jardines, un grupo de gorriones comunes (Passer domesticus) que se alimentaba de las flores de unos limpiatubos (Callistemon citrinus). Supongo que será algo normal en jardines donde crece esta planta, pero me sorprendió verlos así e imagino que estarían en busca de néctar.
    Luego, volví a Chinchilla. Paseando por la Sierra de Chinchilla, encontré una enorme oruga de una especie de bómbix (Lasiocampa trifolii) en una mata de siempreviva.
Lasiocampa trifolii
Una de las orquídeas que crecen en la Sierra de Chinchilla: Ophrys fusca, la orquídea abejera oscura.
    Llegando al final de mi paseo, pude observar con atención un par de cogujadas montesinas (Galerida theklae) que se alimentaban en una zona de hierba. Aquí podéis ver un vídeo que grabé de uno de los ejemplares.
                                    

    El paseo por la Sierra de Chinchilla me dejó con un sabor amargo, fue impresionante ver cómo la destrucción de laderas y la creación de sendas ilegales está destruyendo poco a poco el suelo. Da vergüenza ver la zona. Pero algo haremos para remediarlo...
    Al día siguiente, el último día en España, me di un garbeo por la zona alta del pueblo, cerca del castillo. Fuimos por mi barrio, el de San Julián, parándome de vez en cuando, deteniéndome a mirar algún insecto, una lagartija o una flor.
Lagartija ibérica (Podarcis hispanica)
Flor de caléndula (Calendula officinalis), planta muy cultivada en parterres y descampados en Chinchilla, que se asilvestra con mucha facilidad.
En la zona de las cuevas, encontramos esta pareja de langostas egipcias o chicharrones (Anacridium aegyptium), un saltamontes gigantesco muy común en la zona, y que ya ha aparecido muchas veces en el blog.
Escarabajo de las flores (Oxythyrea funesta) en una flor de jacinto ornamental.
Vista de Chinchilla.
    Asomándome al borde de una calle, ya volviendo a casa, en un descampado con hierbas ruderales, vi un pequeño pájaro que se alimentaba de las semillas de un senecio (Senecio vulgaris). A primera vista me pareció un verdecillo, pero mirándolo con atención me di cuenta de que era un jilguero lúgano (Spinus spinus), una hembra. Me sorprendió verla en estas fechas, aunque supongo que será de las últimas en irse. Se encontraba muy afanada en inflarse a semillas, así que me imaginé que se estaría preparando para volver a su zona de anidamiento...
Jilguero lúgano (Spinus spinus)