miércoles, 26 de septiembre de 2012

Los quebrantahuesos sobrevuelan los páramos

Arriba, Blimunda la quebrantahuesos. Abajo, pero más
alto, un buitre leonado.
Una sombra alargada recorre el suelo rocoso, cubierto de erináceas, de los inmensos Campos de Hernán Perea, la altiplanicie más alta de la Península Ibérica. A más de 1600 metros, la sombra se desplaza lentamente, dando rodeos. Al mirar arriba, descubrimos una figura un tanto siniestra. El joven quebrantahuesos está ahí. Su silueta vuelve a las altas montañas del Sur de España. Gracias a la insistencia de los colaboradores y voluntarios en los programas de reintroducción de esta especie, llevadas a cabo por la Fundación Gypaetus, el quebrantahuesos consigue poco a poco recobrar sus antiguos territorios perdidos. 
  Junto a un grupo de buitres leonados, Blimunda la Quebrantahuesos planea en lo azul, sobre las lomas y las colinas fracturadas por el hielo, el agua y el viento. De pronto, otra silueta se acerca a la nube de buitres, un águila real planea a una distancia prudente del grupo. A lo lejos, los pinos negros, erguidos como antiguas torres de la montaña, son presentes en la distancia del momento en que los grandes carroñeros de Iberia nos sobrevuelan. Reunidos todos allí, los buitres curiosos en lo alto, que se acercan a mirar, y los observadores de aves abajo, el tiempo pasa rápidamente. Antes de que nos hayamos dado cuenta, el grupo de carroñeras se pierde en la distancia, entre el lío de doradas lomas, cumbres y colinas.
    Seguimos nuestro camino, sin darnos cuenta de los cernícalos que observan los coches desde la distancia. Aquellos campos son la cosa más grande que he visto en mi vida. Ahí te das cuenta de lo pequeño que eres. No hay prácticamente árboles, algunos pinos negros, que de lejos recuerdan a las araucarias chilenas, coronan las cumbres lejanas, y con suerte, encontramos espinos albares adaptados a las duras alturas del páramo. Me llama la atención una mata, espinosa, con frutos azulados, con la forma de un miniescaramujo; al principio pensé que era un endrino, pero no le saqué fotos ni tomé ninguna muestra, así que ni idea; me quedo sin saberlo de momento.
    Los paisajes más espectaculares que he visto hasta ahora están ahí. "¡Pues no hay pocos en toda Iberia!" diréis. Pero, vaya, esperaos, ¡que mi trayectoria todavía es corta! Todo es grande, inmenso, inconmensurable, desmesurado. Me dio por pensar que si alguien acababa mal ahí... pronto sería comida de buitres.
Quebrantahuesos joven. Últimamente he hecho varios retratos de rapaces exagerando mucho los bordes con pluma o rotuladores y me he dado cuenta de que no quedan tan mal, el resultado no me desagrada. 
    Con cámara nueva (¡y encima réflex!) y sin haber tenido tiempo de practicar con ella, muchas fotos salieron de aquella manera, pero mejor de lo que esperaba. Lo bueno era que cada vez que los buitres sentían cerca gente, se acercaban a curiosear y nos pasaban por encima a baja altura. El sonido de las cámaras disparando fotos invadía el ambiente y lo cierto es que cuando los veías alejarse y coger altura, al menos a mí, se me quedaba una especie de sensación de soledad.

Buitres leonados (Gyps fulvus)

Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus)

  La majestuosidad de las rapaces en vuelo tiene todo lo salvaje del monte mediterráneo ibérico. Sin
embargo, la persecución de las "alimañas" en España durante los siglos XIX y XX tuvo especial repercusión en el quebrantahuesos. La última vez que fue visto en Andalucía en libertad fue en 1987.
Los páramos muestran algunas rocas madre fracturadas por efecto de la gelifracción. Aquí la nieve en invierno es un
inconveniente bastante desagradable, en especial para los que se dedican al pastoreo por esta zona. 
Aparte de buitres y águilas, esta es tierra de reptiles e invertebrados. Aprovechando la ocasión, nos pusimos en busca de ofidios y eslizones, y estuvimos unos minutos levantando piedras que engañaban, pues muchas eran la propia roca madre que sobresalía sobre la tierra. Una de las veces que levanté una piedra plana, encontré un arácnido rechoncho y negro que correteó un momento para esconderse nuevamente. Al primer golpe de vista me pareció una Uroctea durandi, como le comenté a Luis Juan González, pero luego vi que se trataba de una gran hembra de Eresus, la especie todavía no la sé, no tengo el libro de arácnidos a mano, habrá que esperar...

6 comentarios:

  1. Guillermo, me encanta que mi blog esté entre tus recomendados (que molan mogollón). ¡Me encanta estar rodeada de tanta naturaleza!. El tuyo es estupendo.
    Besos

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  2. Guillermo, cómo siento tu emoción!
    Vaya fotos las de los buitres! Yo también pienso lo mismo cuando se van..., me quedo siempre con ganas de más.
    Me encanta tu espontaneidad, parece que nos hablas...
    Esto me ha gustado especialmente: "Pero, vaya, esperaos, ¡que mi trayectoria todavía es corta! Todo es grande, inmenso, inconmensurable, desmesurado." Y he acabado riéndome con: "Me dio por pensar que si alguien acababa mal ahí... pronto sería comida de buitres."
    No conozco esa zona de Jaén pero por lo que leo es un paisaje singular dentro del Parque de las Sierras de Cazorla y Segura... Muy interesante, gracias por darlo a conocer.
    Con que juguetito nuevo! Que la disfrutes! El buen ojo ya lo llevas puesto!
    Un besote.

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  3. ¿Como vas sumando eh, pájaro?...

    Saludos.

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