martes, 25 de diciembre de 2012

Viaje al Norte (I): SEO congresua

    Entre los días 6 y 9 de diciembre, tuvo lugar en Vitoria-Gasteiz el XXI Congreso Español y V Ibérico de Ornitología. Era esta una oportunidad para conocer a más pajareros españoles y para vivir nuevas aventuras junto a mis amigos, así que llegamos con bastante entusiasmo a la euskocapital. Para llegar a Vitoria, primero atravesamos casi toda la Comunidad Valenciana de abajo a arriba, y luego las grandes estepas de Aragón. Yo nunca había estado en esta región y me sorprendió bastante. Pensaba  que las estepas manchegas eran de las más solitarias e inmensas de Iberia, pero obviamente estaba equivocado. Unas llanuras con suaves colinas y cubiertas de amarillentas hierbas se extendían hasta donde alcanzaba la vista. El terreno, monótono pero con el encanto de lo estepario, nos regaló en varias ocasiones las estampas de las enormes sabinas que brotaban de vez en cuando, y eran unas sabinas altas y salvajes, con troncos claros y agrietados por el paso de los siglos. De vez en cuando, en el horizonte se veía alguna que otra montaña cubierta de nieve y un ratonero se deslizaba al lado del coche, hacia las colinas lejanas. Me llamó también la atención, y esto fue una mala impresión, las cantidades ingentes de pinos reforestados que hay entre Valencia y Navarra. Normal que España arda. Pero esto es tema para otra entrada.
    Comenzaba a preguntarme cuándo narices empezarían los bosques atlánticos (olivares y encinares everywhere) y cuándo se acabaría el clima mediterráneo, cuando el paisaje cambió. Pero el ecotono es engañoso... Robles y hayas, castaños y abedules pueblan aquellas tierras de leyenda, y de vez en cuando, encinas crecían también. Y de repente, todo volvió (y digo volvió, porque veníamos de la Comunidad Valenciana) a estar en bilingüe. A partir de ahí, todo pasó de ser lo que era a ser euskoalgo.
    KONTUZ!  Las próximas entradas contienen entusiasmo extremo por la ornitología. Si quieres seguir cuerdo, te recomiendo que no sigas leyendo. Si ya eres un sectario, adelante.
   El congreso tendría lugar en el Palacio de Congresos Europa - Europa Biltzar Etxea y hacia allí nos dirigimos justo al llegar. El frío no era exagerado, aunque se empezaba a notar que el invierno está cerca. Por el camino, en un bancal oímos el silbido de un zorzal alirrojo (Turdus iliacus) que cantó en la nocturnidad vitoriana. Ni siquiera tras oírles silbar por la noche, en diferentes calles del centro de la ciudad, en varias ocasiones, me llegué a acostumbrar a esa forma de actuar por parte de un pájaro del que no sé mucho.
    Sin embargo, no hablaré mucho del Congreso en sí, sino de las "aventuras" que vivimos aparte.
    Conforme nos movíamos por el Norte, noticias de rarezas y observaciones dignas de ser buscadas en la zona cantábrica llegaban a nuestros oídos: colimbos, zampullines cuellirrojos, ánsares chicos, ampelis, estaban siendo vistos cerca, por no hablar del dormidero de pinzones reales de los Euskal Mendiak. La cosa se iba poniendo seria, como iré relatando en siguientes entradas...

miércoles, 28 de noviembre de 2012

A tots ens agrada fer bimbos [Viatge a L'Albufera amb la SAO]

    El otro día (IX/XI/MMXII), en Reservoir Birds, se publicaba la observación de una cerceta aliazul (Anas discors) en el Parc Natural de l'Albufera de València. Yo no soy bimbero, es decir... no soy un entusiasta de ir persiguiendo pájaros que nunca he visto para engrosar mi lista de aves observadas (claro que, si aparece una rareza cerca de donde yo estoy...) y reconozco que con ver pajarillos normales me entusiasmo igual. Reconozco también que, cuando el pasado sábado algunos miembros de la SAO fuimos a La Albufera, no tenía previsto ver la cerceta, no sé qué pensarían los demás. De hecho, al subir al observatorio a contemplar la Mata del Fang, plagada, literalmente, de ánades frisos, rabudos, azulones, patos cuchara, porrones, algunas cercetas y  patos colorados, que desde lejos eran simplemente decenas y decenas de puntos negros flotando en el agua plateada, no pude evitar pensar que aquello sería como buscar una aguja en un pajar...
    Pero hete aquí que alguno de nosotros (creo que fue David Cañizares) clama victoria. Entre los cucharas había un pato diferente. De silueta "cucharoide" -pensé- pero con una gran mancha blanca entre el pico y el ojo, y otra mancha clara (cucharoide también) en la parte posterior del flanco. La cerceta o barraquete aliazul, el pato medialuna, nadaba tranquilamente rodeado de anátidas europeas, destacando sólo por la mancha facial en forma de medialuna blanca. Un macho.
Mapa de distribución de Anas discors: en amarillo: distribución
durante la época reproductiva. En azul, zona de invernada.
(Según del Hoyo et al. 1991-1999)
La cerceta aliazul es una anátida endémica de América. A pesar de esto, aparece accidentalmente en invierno en la Península Ibérica, pero sí, es rareza ocasional. Pasa el invierno en zonas empantanadas de agua salada y en manglares. Prefieren aguas tranquilas. En América del Norte, donde se reproduce, habita lagos y lagunas de agua dulce poco profundas. Esto nos hace ver que el pato medialuna es prácticamente el ánade americano más migrador, de hecho, en ocasiones se les ve invernando en Brasil o Chile. Algunas llegan hasta las Islas Galápagos.
    Desde los años cincuenta, ha habido un notable aumento de sus poblaciones, debido a la mejor conservación de sus áreas de cría, lo que ha propiciado que la media poblacional llegue hasta los seis millones de individuos en los últimos diez años (US Fish & Wildlife Service, 2009). Aunque el índice de mortandad de la cerceta aliazul es uno de los mayores entre las anátidas americanas, debido a la caza (sí, se cazan) y a lo extenso de sus migraciones... Tengamos en cuenta que muchas atraviesan más de la mitad del continente americano, desde Alaska hasta Colombia, por poner algún ejemplo. ¡Cómo no va a alegrarse uno con semejante bimbo! Aunque estas cosas se pasan rápido, por desgracia. El ejemplar que vimos ha seguido siendo observando días después (XXIV-XI).
Cormoranes grandes (Phalacrocorax carbo)
   L'Albufera nos recibió somnolienta, nublada, cayó una lluvia matinal como un regalillo del cielo, pero no fue preocupante, para nada lo que yo me imaginaba que caería. Los campos de arroz recibieron a la SAO plagados de garzas reales, garcetas comunes y grandes, y cormoranes. 
    Desde la barca, dirigida con destreza por Boro, mientras escuchábamos su sabiduría sobre La Albufera y el cultivo del arroz, pudimos observar zampullines, cormoranes y garzas. De vez en cuando, entre la vegetación aparecía una garza real (Ardea cinerea) con mirada expectante, que se deslizaba justo cuando llegábamos por encima del agua como un fantasma de las cañas. Las plantas que hay por allí, básicamente, son carrizos, cañas, espadañas y lirios amarillos.
Esta garza real revoloteó en la alta cañada justo cuando pasaba la barca y cayó al agua. Debió de pensar que todo
estaba perdido en aquella situación, porque el animal no se movió, se quedó flotando en el agua como se ve en la foto.
    Al salir del pasillo de cañas, el pequeño mar se abrió ante nosotros. La inmensidad de una laguna interna, el espejo del sol, reposaba tranquila, sobrevolada por alguna solitaria gaviota de Audouin.
Paradise
    I arriba el moment d'un altre bimbo! Per fi, al Tancat de la Pipa, vaig veure una polla blava (Porphyrio porphyrio)! ¡Qué ganas tenía de ver un calamón! Nunca había visto uno, si bien esta primavera pasada fui con Guille precisamente a buscar alguno en el río Algar, no tuvimos suerte, por lo que este momento fue para mí bastante emocionante. Creo que fue también David el que descubrió el primer calamón, en una orilla, junto a algún cormorán y azulones. Al rato vimos otro, y otro más, y otro, y hasta Rafa vio uno volando, cosa que, dice, le sorprendió. 
Calamón. Foto hecha con mi móvil, en uno de mis
conocidos intentos de digiscoping.
    En el entorno de la albufera se han realizado diversas actividades para la mejora de la calidad del agua, a través de los llamados "filtros verdes", utilizando plantas propias de la zona (Enea sp., Iris pseudacorus, Phragmites australis...). Cada año, en la gestión de las zonas repobladas, se hacían podas al raso, para que al año siguiente el ciclo continuase. Los calamones, muy aficionados a comer brotes de enea, no desaprovechaban la ocasión de zampárselos, con lo cual, nos contaron por allí, la población de calamones aumentó pero la de enea no podía remontar. Se solucionó cambiando la enea por el lirio, y a los calamones se les fue el entusiasmo...
    I ara, l'altre bimbo... En los carrizales, cantaban buitrones y pinzones, y pájaros moscones (Remiz pendulinus), que nunca había visto (podéis reñirme). No estuvo mal para terminar la jornada. Un grupo de siete moritos (o picaports, que és com es diu en valencià, i aquesta és una nova paraula que he aprengut) sobrevoló el Tancat. Cormoranes, garzas y anátidas revoloteaban por allí.
    De vuelta al puerto de Catarroja, acompañados por el perro barquero de Boro el Barquero, el gos barquer, que es el nombre que decidí ponerle al animalillo, el sol ya bostezaba y los campos de arroz, cuajados de cazadores (sin comentarios, que os conozco), se adormecían bajo una bruma otoñal mediterránea. 

¡Ah! Y cumplo 100 entradas con ésta. Quién lo diría, no pensé que viviría para ver este blog con 100 entradas... Obviamente es gracias a vosotros. ¡GRACIAS!

*Más info en:
*El Nido de Rafa: "Cerceta aliazul en la Albufera de Valencia"
*Birding Albufera
*Tancat de la Pipa

viernes, 16 de noviembre de 2012

domingo, 4 de noviembre de 2012

Tiempo de setas

Un tesoro en forma de hongo.
    Con la llegada a tiempo de las lluvias otoñales, los campos ibéricos, henchidos del líquido elemento, empiezan a fructificar en forma de setas. Las gotas de lluvia caen desde el cielo y se agarran de las secas y sufridas ramas de los pinos, se desprenden risueñas de las manos de las nubes, se precipitan inquietas y saltan de rama en rama como pequeños y traviesos trapecistas salvajes, infiltrándose en los pilares de la tierra con cuidado, con cariño, para terminar desmenuzándose en millones de moléculas que dan vida al bosque mediterráneo. 
    Bajo la hojarasca, bajo el omnipresente Brachypodium, los Suillus comienzan a despertar, y sus sombreretes levantan la alfombra de musgo. La humedad lo invade todo. Y que viva el otoño.
    En Chinchilla, los hongos más comunes son los Suillus, que forman micorrizas con los pinos carrascos de la repoblación. Estos hongos basidiomicetos... un momento, ¡no he dicho qué es una micorriza! Una micorriza se produce cuando un hongo y una planta se asocian simbióticamente, de forma que la planta puede asimilar fácilmente ciertos elementos que no podría adquirir por medio de la absorción a través de sus raíces, además, las hifas del hongo que se distribuyen por el suelo, actúan como una extensión de las raíces de la planta, del pino en este caso. Casi la totalidad de las plantas terrestres están asociadas a un hongo; para que veáis lo importantes que son, las orquídeas no pueden sobrevivir sin tal asociación mutualista. Tengo pensado hacer una entrada sobre la Ophrys fusca Link (con dibujos y tó, ts, que veo que últimamente estoy incumpliendo la promesa que hice) en la que lo explicaré de forma clara. Como iba diciendo antes de explicar lo de las micorrizas, los Suillus son hongos basidiomicetos, en general comestibles todos, aunque yo de eso no entiendo, así que no preguntéis... (risa malévola).
Cladonia. En los países nórdicos, otros miembros de
este género forman parte de la alimentación de los renos y caribúes.
   Ayer tuve un momento para escaparme y 'setear', para ver cómo había afectado la lluvia a los campos cercanos a Chinchilla. Como yo pensaba, todo estaba alegre y verde, parece mentira que hayamos tenido un verano tan seco. Y es que nuestros ecosistemas son tan resistentes a las sequías extremas que a veces pecamos de pesimistas. Con unos días de lluvias, los campos dan lo mejor de sí mismos. Paseando por un sendero escondido (nadie camina nunca por él), vi enebros y aladiernos con yemas; alfombras verdes de líquenes del género Cladonia que han pasado todo el verano secos y de color grisáceo o blanco fotosintetizaban la luz de los pocos rayos de sol que les llegaba a través de la cubierta arbórea. 
    El silencio lo envolvía todo y las setas crecían por doquier, así que me dediqué a observarlas crecer... Es broma. Pero sí las miré y remiré. Chispeaba. Un carbonero común se acercó y oí su tenue canto. 
    Y algo que vi y que me alegró mucho, es que las Ophrys, que casi no habían florecido en primavera, estaban recuperándose y había brotes en muchos recovecos y entre los hierbajos. 
Aquí estoy. Llega la noche. Llega la humedad extrema tras las lluvias.
    Tan sólo eran las cinco de la tarde y ya había la luz que veis en la foto de la derecha. Ese hongo me dijo que, aunque yo me fuera, él seguiría ahí, con sus esporas, a la espera de ser mordido por algún animal. Porque he visto que las setas de Suillus aparecen algunas mañanas de Otoño llenas de mordidas que dejan ver su carne amarilla, y me pregunto quién podrá haberlo hecho. Siempre pienso que son los conejos.
    Mi paseo me llevó hacia la zona donde hace casi un año, estuve plantando bellotas de quejigo y coscoja. No llegué a ese lugar, pero deseé que no hubieran fracasado las plantaciones... El verano tan seco me ha dado tan mal rollo y tan pocas esperanzas con respecto a la supervivencia de los plantones...
    Lo cierto es que me quedé con ganas de ver más especies de hongos, sólo vi cuatro tipos de seta diferentes, pero las más grandes y llamativas eran los Suillus. El otro día, Rafa Torralba fotografió, en el Parque de Abelardo Sánchez de Albacete, unas setas que nunca he visto y que identifiqué en seguida. Se trataba de un rodalillo de Coprinus comatus (O. F. Müll.) Pers., la seta barbuda, así que esta mañana he ido con mi padre a buscarlas al parque. Había otras setas agaricales, pero las barbudas eran las más altas y llamativas de todas. 
Seta barbuda (Coprinus comatus). En inglés se la llama Shaggy Mane, que quiere decir "melena hirsuta", o Lawyer's wig, literalmente, "peluca de abogado".
    La seta barbuda es comestible, de hecho, he leído que está bastante buena si se consume cuando es recomendable, es decir, antes de que las láminas maduren y se oscurezcan. Pero yo no me arriesgaría a comerlas sabiendo que crecen en el parque de una (casi) gran ciudad. Crece en sitios que han sido abonados con excrementos de animales, en jardines, parques, herbazales...
    Mi estación preferida, por suerte, está transcurriendo como debe ser, lluvias muy abundantes, hojas de oro cayendo al río, anfibios, grullas, colirrojos y petirrojos centroeuropeos llegando, setas creciendo y temperaturas bajando. Supongo que así no me puedo quejar.
    Sé que no estoy poniendo tantos dibujos como dije que pondría, pero es que entre los estudios, la camarita nueva, que hay que aprender a usarla, y demás historias, el lápiz y las pinturas se están quedando marginados. Me prometo a mí mismo que las próximas entradas llevarán. ¡Lo juro!

sábado, 3 de noviembre de 2012

Concentración de Vanessa atalanta en Albacete

    El bonito ejemplar de Vanessa atalanta L. que veis libando flores de madroño en la fotografía ha recorrido cientos, tal vez miles de kilómetros, desde algún lugar de Centro o Norte de Europa hasta Albacete. Estos días, he podido ver, acompañado del Búho Apolonio, algunos grupos de este ninfálido en el Parque de Abelardo Sánchez.
    Los madroños, adornados de frutos amarillos, anaranjados, rojos y verdes, y flores, han recibido con alegría otoñal a estos insectos migratorios, épicos en sus viajes, que llegan a partir de septiembre a la Europa mediterránea. Aquí se reproducen y ponen huevos, y las mariposas que nacerán la próxima primavera volarán a bosques y herbazales de latitudes más altas, atravesando montañas, valles, lagos y planicies. Las orugas, oscuras y pinchudas, se alimentan de ortigas.
    En esta época, muchas zonas de Iberia se ven invadidas por algunas mariposas migratorias que pasan aquí el invierno, no todas son tan fácilmente reconocibles como la V. atalanta, pero ahí están. Pequeños y frágiles insectos que recorren distancias impensables sin el esfuerzo de nuestras máquinas... Durante los días soleados de otoño y principios de invierno, es muy normal verlas en jardines y parques de ciudades y en el campo.
    Me llamó mucho la atención, y esto se lo comentaba a Pepe... digo, al Búho Apolonio, que estuviéramos a 12 ºC, y estuvieran tan activas las mariposas. De hecho, pensé, estaban tan entretenidas libando los racimos de flores de madroño, que tal vez podría incluso dejar que se me subieran a la mano... Y lo intenté, pero la mariposa se deslizó por el aire como cae una hoja de roble, y fue a posarse, como con dejadez, a un tagete del parterre donde crecen los madroños. No pude sorprender al Búho con mis poderes entomológicos... otra vez será.

domingo, 28 de octubre de 2012

    La muerte es sólo un estruendo seguido del silencio absoluto en el bosque. Llega el dolor y la desesperación para el Príncipe del Bosque. Se desploma un ciervo y caen los pilares de la tierra. Su cuerna, ya pelada, se aferra a la faz del Venado. Como caen dos recios robles, así caen sus defensas, y arrastra hojas, ramas y bayas de enebro, y el silencio llega a doler tras el momento de angustia. Copas de pinos infinitos sobre el fornido cuerpo del ciervo, que incluso ahora sigue siendo majestuoso, contemplan la escena de la hermosura y la libertad destruidas en pocos segundos.
    El hombre, un superestúpido superdepredador, en su contienda contra la Naturaleza Ibérica y haciendo jocosa gala de su desagradable fama, destruye, tala, quema, aplasta y ASESINA. El hijo de la gran p**a llega con el hedor de la muerte injusta, arrastra al Príncipe y lo olvida en una callejuela del pueblo, humillando la memoria del Gran Ciervo Salvaje. La berrea, el canto del petirrojo que acababa de llegar de Centroeuropa, el aroma de la foresta mediterránea cuando la lluvia la tapa y la esperanza que le daba la promesa de la perpetuación de su linaje... todo eso se ha borrado, se ha eliminado de la memoria de la montaña para siempre. Alejado de los romeros, de los pinos, los majuelos y las jaras, yace.
    En mi corazón la garra fría del hijo de la gran p**a se ceba, arañándolo y estrujándolo, y el cuerpo del Gran Venado permanece inmóvil, mientras sus ciegos ojos observan eternamente el cielo y se anegan con la lluvia. El cielo y el bosque entero lloran la muerte del Príncipe del Bosque que nunca reinará. Ya nada importa, porque sin pedir permiso ni perdón, el Hombre ha vuelto a acabar con otra vida sana del monte.


martes, 16 de octubre de 2012

¡Que se extingue la Hydrocharis!

    Vaya cambio, ¿eh? De repente, mi blog se volvió blanco, y yo sin decir nada. Es que no puedo estarme quietecico. Pero ahora me gusta más, es más aséptico, ya no distrae e incluso, me atrevería a decir que es más serio, ¿no? Un poquito.
    Cambiando de tema, resulta que se me ha ocurrido montar un estanque en el patio de mi casa. Como no puedo hacer un hoyo en la tierra (más que nada, porque no hay tierra donde cavar), va a constar de un enorme recipiente, tal vez de acero inoxidable o de plástico resistente a cambios de temperatura e insolación. No me gusta el plástico. En definitiva, sería como tener un estanque en el suelo, pero fuera del suelo, con lo cual los animales y los vegetales que deban entrar (excepto las algas, claro está, que aparecen mágicamente, como todo el mundo sabe) han de ser introducidos adrede.
    Así que, revisando libros sobre fauna y flora dulceacuícolas y en Internet, descubrí una planta conocida en castellano como mordisco de rana (Hydrocharis morsus-ranae L.). La distribución de esta planta se extiende por prácticamente toda Europa hasta algunas zonas de Asia en su área original, pues en los años treinta del pasado siglo se introdujo en Canadá, de donde se escaparon a principios del siglo XX del Jardín Botánico de Ottawa) e incluso ha llegado a cubrir parte de la región de los Grandes Lagos, donde se considera invasora, por razones obvias.
    Sin embargo, echando un vistazo a la distribución ibérica del mordisco de rana en el Atlas y Libro Rojo de la Flora Vascular Amenazada de España*, observo dos poblaciones. La primera, más conocida, se encuentra en Doñana. La segunda población, descubierta hace pocos años, está en Lugo; ambas zonas se encuentran en territorios protegidos. Yo no sé si aparte existirá todavía en algún humedal por ahí perdido, pero navegando por la red intentando responder a mis dudas, he descubierto un trabajo que me ha dado bastante que pensar. Publicado en el 2000 en Portugaliae Acta Biologica con el título ¿Se extinguirá Hydrocharis morsus-ranae L. de la Península Ibérica?*, en él se describe la única población conocida (hasta aquel momento), la de Doñana. Pero entonces... ¿la distribución más meridional de esta especie está en Doñana? ¡Correcto!
    En los libros que tengo donde aparece, los ejemplares siempre vienen de lugares donde son relativamente abundantes, Centro Europa, Norte América... Parece mentira que una especie donde en unos lugares cubre metros y metros cuadrados de agua dulce, en otros sitios sea escasa y esté hasta protegida. Deberíamos, pues, estar orgullosos de la gestión ibérica de las aguas continentales (nótese la ironía)...

    La Hydrocharis es una Hydrocharitaceae, una familia que cuenta con cinco géneros y cinco especies (una por cada género). Dentro del género Hydrocharis, la H. morsus-ranae es la única especie europea. Se sabe que hubo otras poblaciones en el centro peninsular y del Oeste, pero yo pienso que antes ocupaba zonas bastante amplias. En España está catalogada como "VULNERABLE", una categoría que debería revisarse, en mi opinión.
    Sus hojas, pequeñas y en forma de corazón, flotantes, parecen las de algún nenúfar. Tienen tallos estoloníferos que no enraizan en la tierra. Sus flores tienen tres pétalos blancos y tres sépalos, las masculinas agrupadas en grupos de dos o tres, las femeninas son solitarias. Cuando encuentran un nuevo espacio donde multiplicarse, lo hacen rápidamente de forma vegetativa. De hecho, en la web del Sea Institute de la Universidad de Wisconsin*, se dice de ella que puede formar un entramado de raíces y tallos tan denso que puede afectar al tráfico de barcos. Se multiplica por reproducción asexual, por separación de unos tallos especiales que acumulan sustancias de reserva y con gran poder de germinación, y por hibernáculos que se desprenden de la planta durante el verano y permanecen en el fondo del estanque durante el invierno. Aun así, cuando las temperaturas son propicias puede llegar a haber reproducción sexual, aunque es rara.
    Imaginaos las amenazas que tiene: desecación de zonas empantanadas y zonas propicias para su reproducción, introducción de especies invasoras como el cangrejo rojo americano, que por cierto, en algunos sitios da buena cuenta de ellas, cambios hidrológicos y cosas por el estilo.
Flores femeninas y hojas flotantes de Hydrocharis morsus-ranae. Foto de lafema.hu.

Flor de Hydrocharis. Extraída de biolib.cz.


 Pues nada, entonces supongo que de momento tendré que contentarme con ranúnculos...



REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS (para quien quiera saber más sobre esta humilde planta):

*En el Atlas y Libro Rojo de la Flora Vascular Amenazada de España: http://www.magrama.gob.es/es/biodiversidad/temas/inventarios-nacionales/700_tcm7-149483.pdf

*En Portugaliae Acta Biologica: ¿Se extinguirá la Hydrocharis-morsus ranae (L.) de la Península Ibérica? Autores: P. García Murillo, S. Cirujano, L. Medina y A. Sousa.

*University of Wisconsin Sea Institute: European Frog-bit (Hydrocharis morsus-ranae):

sábado, 13 de octubre de 2012

Los majanos tienen ojos

    Existe un majano (es decir, piedras que sobran al labrar la tierra agrupadas a modo de túmulo, muy típicas de La Mancha) donde una familia de mochuelos crió este año. Me gusta mucho ir a verlos despedir el sol al atardecer, mientras sus plumas brillan refulgentes con la ida del astro rey. Además, lo bueno es que se están quietos mucho rato y cambian de posición justo cuando lo necesitas. Si necesitas que te miren, haces un ruido con cualquier cosa y en seguida giran la cabeza para mirarte. Si les pillas desprevenidos, muchas veces se bajan de la piedra más alta y es entonces cuando se convierten en otra piedra más, pero con dos enormes ojos amarillos y relucientes. Son una pasada.
Mochuelicos. Lo de exagerar mucho los bordes del bicho
con tinta china no me disgusta...
Tras haber estado mirándoles prácticamente todo el verano, me entristeció mucho encontrarme hace poco a uno de ellos atropellado en la carretera. No subí la foto porque muchos estaréis cansados de los atropellos, pero me dolió mucho... Pude observarlo detenidamente y comprendí la forma en que están dispuestas sus plumas, como un traje de un príncipe nocturno.

¡¡Tss!! ¡Nenico, mírame, que te vea bien la cara!

domingo, 30 de septiembre de 2012

Segunda primavera para los anfibios albaceteños

    Antes de la llegada del frío y las lluvias otoñales, tan esperadas siempre, mis padres se ocuparon de traer leña seca. No sería la primera vez que meto leña en la chimenea y empieza aquello hervir y a humear como un goshver. Mientras colocaba en orden la leña cortada hace poco, me he puesto a pensar en cómo ha afectado la lluvia a los campos, y en especial al pinar de mi pueblo, que prácticamente moría de sed. En quienes más me ha dado por pensar ha sido en los anfibios y en las plantas. Las plantas, bueno, pueden resistir, pues muchas semillas están adaptadas a la sequedad del verano mediterráneo; pero los anfibios... me preocupaban un poco, la verdad.
Sapo corredor cerca de Chinchilla (Epidalea calamita)
   Pero nada, menuda alegría. Las lluvias, como cuenta Anzaga en su blog, son aprovechadas por los anfibios para dispersarse, para ir en busca de nuevas masas de agua que verán en poco tiempo nuevas generaciones de anuros y urodelos.
   Pero es que hoy, en el paseo que me he dado por la Sierra de Chinchilla y en la vuelta a mi casa, por la carretera, he contado 8 sapos, algo que no me había pasado nunca. Incluso los sapillos moteados (Pelodytes punctatus), que habrán llegado desde no se sabe dónde a una charca artificial, ya estaban uniéndose en amplexo; qué gusto, qué placer, volver a ver el campo bullir de vida después de la sequía.
Acoplamiento lumbar de sapillos
moteados
(Pelodytes punctatus) bajo el agua
    El sapillo moteado se reproduce en aguas tranquilas como charcas, balsas, e incluso (algo que me llama mucho la atención, porque no lo sabía) en cuevas, donde parece encontrarse bastante a gusto. Excepto en la época de celo, al igual que muchos otros "sapos", es marcadamente terrestre. Durante el día se oculta en agujeros, grietas y bajo piedras.
La única charca que he visitado ya estaba siendo poblada por estos pelodítidos, y los sapos parteros y corredores ya estaban llegando... Esto empieza a animarse. ¡Si es que cuatro días de lluvia dan pa' mucho!



    Qué alegría. Los sapos corredores que vienen en camino, de momento, se escondían bajo rocas y troncos, esperando la llegada de la humedad (y eso que incluso de día ya empieza a haber bastante) nocturna para desplazarse.
Sapo corredor guareciéndose durante el día.
     Todavía hay mucha gente que se extraña de que haya anfibios que se alejan del agua y que solo la buscan para reproducirse. Pero lo cierto es que una buena lluvia a tiempo, al contrario de lo que ocurrió el año pasado, es muy beneficiosa para los anfibios. Las charcas se vuelven a llenar, las semillas del verano comienzan a brotan y ofrecerán alimento a pequeños insectos herbívoros que podrán resistir el invierno mesetario.
    Los anfibios se enfrentan, durante esta época lluviosa, a peligros que escapan a la imaginación de su mente arcaica, y a ellos me he referido en varias entradas ya:  las carreteras. Muchas carreteras atraviesan vías de desplazamiento de anfibios y, por suerte, esta noche mi madre ha sido lo suficiente precavida para ir esquivando a los pobres sapos corredores, que, como señores vestidos con una fría tela estampada con los colores del suelo del bosque, permanecían quietos, muy cargados de razón, sentados en el asfalto húmedo. Pero claro, no todos son como mi madre. He visto varias imágenes desagradables a la luz de los faros del coche. Sapos espachurrados por doquier lloraban sus jugos al cielo del moribundo septiembre. ¿Cuántas vidas anfibias se habrán de cobrar las carreteras durante las noches con más desplazamientos de sapos? Hay mucha gente a la que le importa un comino la mísera vida (y eso de mísera, lo dudo) de un sapo o de un gallipato y prefieren ir más rápido con el coche y no esquivar estos animales, que, por otro lado, cuesta bastante verlos en el suelo durante la noche, ya que si están quietos, desde lejos parecen piedras. Pero a mí sí me importan sus vidas y disfruto  mucho (pero sé que más gente también lo hace) observando a estos animales de costumbres tan interesantes. Tal vez la planificación de las redes de carreteras debiera tener algún arreglo para evitar tantas muertes, no sólo de anfibios sino también de aves, reptiles y mamíferos; ya sé que hay muchas que las tienen, pero todavía hay muertes indeseadas (un momento, ¿acaso alguna muerte lo es?).
Este hermoso ejemplar de sapo corredor cruza una carretera albaceteña una fría noche de finales de septiembre. En cuanto me lo encuentro, me bajo del coche y lo aparto. No sé si volverá a cruzar el asfalto, no quiero creer que lo hará, pero es tan fácil que vuelva sobre sus pasos...

¡Por cierto! Se nota que he cambiado de cámara, ¿eh? ;-)

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Los quebrantahuesos sobrevuelan los páramos

Arriba, Blimunda la quebrantahuesos. Abajo, pero más
alto, un buitre leonado.
Una sombra alargada recorre el suelo rocoso, cubierto de erináceas, de los inmensos Campos de Hernán Perea, la altiplanicie más alta de la Península Ibérica. A más de 1600 metros, la sombra se desplaza lentamente, dando rodeos. Al mirar arriba, descubrimos una figura un tanto siniestra. El joven quebrantahuesos está ahí. Su silueta vuelve a las altas montañas del Sur de España. Gracias a la insistencia de los colaboradores y voluntarios en los programas de reintroducción de esta especie, llevadas a cabo por la Fundación Gypaetus, el quebrantahuesos consigue poco a poco recobrar sus antiguos territorios perdidos. 
  Junto a un grupo de buitres leonados, Blimunda la Quebrantahuesos planea en lo azul, sobre las lomas y las colinas fracturadas por el hielo, el agua y el viento. De pronto, otra silueta se acerca a la nube de buitres, un águila real planea a una distancia prudente del grupo. A lo lejos, los pinos negros, erguidos como antiguas torres de la montaña, son presentes en la distancia del momento en que los grandes carroñeros de Iberia nos sobrevuelan. Reunidos todos allí, los buitres curiosos en lo alto, que se acercan a mirar, y los observadores de aves abajo, el tiempo pasa rápidamente. Antes de que nos hayamos dado cuenta, el grupo de carroñeras se pierde en la distancia, entre el lío de doradas lomas, cumbres y colinas.
    Seguimos nuestro camino, sin darnos cuenta de los cernícalos que observan los coches desde la distancia. Aquellos campos son la cosa más grande que he visto en mi vida. Ahí te das cuenta de lo pequeño que eres. No hay prácticamente árboles, algunos pinos negros, que de lejos recuerdan a las araucarias chilenas, coronan las cumbres lejanas, y con suerte, encontramos espinos albares adaptados a las duras alturas del páramo. Me llama la atención una mata, espinosa, con frutos azulados, con la forma de un miniescaramujo; al principio pensé que era un endrino, pero no le saqué fotos ni tomé ninguna muestra, así que ni idea; me quedo sin saberlo de momento.
    Los paisajes más espectaculares que he visto hasta ahora están ahí. "¡Pues no hay pocos en toda Iberia!" diréis. Pero, vaya, esperaos, ¡que mi trayectoria todavía es corta! Todo es grande, inmenso, inconmensurable, desmesurado. Me dio por pensar que si alguien acababa mal ahí... pronto sería comida de buitres.
Quebrantahuesos joven. Últimamente he hecho varios retratos de rapaces exagerando mucho los bordes con pluma o rotuladores y me he dado cuenta de que no quedan tan mal, el resultado no me desagrada. 
    Con cámara nueva (¡y encima réflex!) y sin haber tenido tiempo de practicar con ella, muchas fotos salieron de aquella manera, pero mejor de lo que esperaba. Lo bueno era que cada vez que los buitres sentían cerca gente, se acercaban a curiosear y nos pasaban por encima a baja altura. El sonido de las cámaras disparando fotos invadía el ambiente y lo cierto es que cuando los veías alejarse y coger altura, al menos a mí, se me quedaba una especie de sensación de soledad.

Buitres leonados (Gyps fulvus)

Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus)

  La majestuosidad de las rapaces en vuelo tiene todo lo salvaje del monte mediterráneo ibérico. Sin
embargo, la persecución de las "alimañas" en España durante los siglos XIX y XX tuvo especial repercusión en el quebrantahuesos. La última vez que fue visto en Andalucía en libertad fue en 1987.
Los páramos muestran algunas rocas madre fracturadas por efecto de la gelifracción. Aquí la nieve en invierno es un
inconveniente bastante desagradable, en especial para los que se dedican al pastoreo por esta zona. 
Aparte de buitres y águilas, esta es tierra de reptiles e invertebrados. Aprovechando la ocasión, nos pusimos en busca de ofidios y eslizones, y estuvimos unos minutos levantando piedras que engañaban, pues muchas eran la propia roca madre que sobresalía sobre la tierra. Una de las veces que levanté una piedra plana, encontré un arácnido rechoncho y negro que correteó un momento para esconderse nuevamente. Al primer golpe de vista me pareció una Uroctea durandi, como le comenté a Luis Juan González, pero luego vi que se trataba de una gran hembra de Eresus, la especie todavía no la sé, no tengo el libro de arácnidos a mano, habrá que esperar...

domingo, 23 de septiembre de 2012

¡Bienvenido, Otoño!

    Parece que fue ayer cuando volviste de nuevo a alegrar nuestros bosques de hoja caduca con los rojos, los dorados y los anaranjados de tu manto.
¿Qué mejor manera de comenzar mi estación favorita del año con los carroñeros del monte mediterráneo?

Ayer tuve una experiencia de lo más gratificante, junto con algunos otros miembros de la SAO, que ya iré relatando en sucesivas entradas. Sólo quiero decir que me dio para varias entradas y no vimos buitres leonados únicamente...

miércoles, 5 de septiembre de 2012

¡Migración otoñal! Llegan los carambolos

     Llevaba un tiempo deseando encontrarme con estas limícolas tan nórdicas, tan épicas en sus viajes. Hace unos días vi un ejemplar solitario molestado por dos collalbas grises, ya al atardecer, en Chinchilla; así que le di el aviso a Rafa Torralba, quien ya sabía de otra aparición de más carambolos cerca de Albacete en agosto. Nos pusimos en camino, como muy bien explica en su blog, junto a Paco Hidalgo, y acercándonos poco a poco a un bando de 25 individuos, pude comprobar las diferentes libreas que mostraban estos recién llegados. Casi todos entremudando, ahora comprobando las fotos me da la impresión de que incluso había algún juvenil, a pesar de que comentamos en aquel momento que todos eran adultos.
    Fue muy emocionante el descubrir a unos cuatro o cinco carambolos sentados, casi al mediodía, es decir, cuando empiezan a sentarse y cuesta más verlos. Al rato, en aquella llanura blanca, con una manada de vacas bravas rondando cerca (esto impone bastante), conseguimos descubrir a una veintena de ejemplares más, alarmados ante nuestra presencia. En un momento determinado, una liebre ibérica salió disparada de una mata cercana que espantó a la bandada y revolotearon emitiendo su repetitivo silbido.

    Cuando era pequeño, tenía un libro que se llamaba "La vida secreta de los animales en el Gran Norte". Uno de los animales de los que hablaba era el chorlito carambolo. Me llamaba la atención una secuencia de imágenes de un macho (pues es el macho quien incuba) incubando en la tundra. Un hombre se le acercaba y conseguía agacharse y acariciarle el pecho, el ave quieta como una estatua. Estas imágenes causaron profunda huella en mi joven mente, y nunca las olvidé, así que, al estar el otro día observando estos ejemplares magníficos, no pude evitar preguntarme si realmente serían tan confiados. Dejaron que nos acercásemos bastante, pero no una cosa exagerada, aunque valió la pena, ¡vaya que sí!

    Saber de dónde vienen, cuántos kilómetros han tenido que atravesar para llegar allí, sentirlos cerca, nerviosos, notar que se relajan cuando te quedas quieto un rato... son sensaciones bastante agradables. O, perdonad, es que estoy empezando a enamorarme de las limícolas y me pongo romanticón.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Se me ha ido la pinza

    Tener un blog no es moco de pavo. Tras mucho reflexionar, he decidido darle otro toque al mío, y pasar de tantas fotografías y darle más a la ilustración de la Naturaleza, que en realidad es lo que más me atrae, mucho más que la fotografía. Prefiero en ocasiones hacer un buen dibujo antes que una foto increíble.
    El verano es momento para hacer todo lo que no puede hacerse durante el resto del año, así que he aprovechado y me he puesto a usar técnicas nuevas para mí pero normales para los acostumbrados al arte natural. Encontrarse con especies nuevas para ti ("bimbos"), sentir el campo al máximo, el bosque, la estepa, el río, son alicientes para sentarse ante un papel en blanco y plasmar en él lo observado, o incluso copiarlo del natural, que, en mi opinión, es lo mejor que un artista puede hacer. Progresivamente iré publicando posts referentes a observaciones camperas pero con bocetos y otros dibujillos, algo más "yo". Fotos también caerán, claro... Lo que pretendo decir con esta entrada clave es que voy a dosificar más las fotografías.
    Uno se pregunta a veces, sin razón aparente, ¿por qué sigo con el blog? ¿Por qué no lo dejo ya? ¿Sirve de algo? Esto es una nueva etapa en este blog que espero que se prolongue indefinidamente; si bien estuve a punto de cerrarlo para siempre hace unas semanas por circunstancias de la vida, cambié de opinión hace unos días, con la observación de unos mochuelos en unos majanos manchegos. Ayer llegó esta idea a su punto álgido con la observación de un bando de 25 chorlitos carambolos a las afueras de Albacete, así que aquí estoy.
    Espero que esta nueva imagen de El Saúco sea del agrado de todos.

lunes, 20 de agosto de 2012

¡Cuidado con el yezgo!

    Eso me dije a mí mismo tras salir de las sombras de un bosquecillo de higueras y nogales que crecían, junto a una acequia, en la Ribera del Júcar albaceteño. De repente, me encontraba en un pequeño descampado repleto de este saúco herbáceo que alcanza los dos metros de altura y se corona por un ramillete de flores blancas o amarillentas en primavera. Estas flores se convierten a finales de verano en frutos negros bastante tóxicos, si bien en algunas webs pone que se usan como medicinales, yo no me fiaría mucho de esta planta, especialmente por pertenecer al género Sambucus, pues ni de las hojas del propio S. nigra me fío. El yezgo o sauquillo (Sambucus ebulus) crece cerca de zonas húmedas como ríos, acequias, riachuelos y estanques y hasta hace poco pensaba que en Albacete casi no había. En aquel lugar, junto a las higueras y a pleno sol, era como estar en un extraño campo de maíz con la sombra de lo venenoso...
    El yezgo es común en la Europa mediterránea y en inglés se le conoce por muchos nombres, como Danewort, Dane weed (hierba dana) o Danesblood, porque se pensaba que sólo crecía donde habían batallado los danos (un pueblo germánico que habitaba en el sur de la actual Suecia y algunas islas danesas). El término Danesblood, que vendría a significar algo así como "sangre de los danos", tiene que ver con el color rojizo o anaranjado que toman las hojas y el tallo al final del otoño.
    Se distingue del saúco por su porte arbustivo, poco ramificado (normalmente consta de una única rama), y por sus hojas, con mayor número de foliolos, largos y estrechos. Además, durante el invierno, la parte aérea desaparece completamente, y permanece solo la parte subterránea, formada por rizomas alargados.
    En Cataluña se le llama évol y en euskera se le dice zihaurri.
Brotes de Sambucus ebulus en Villena.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Saúco en Letur (Albacete)

Crecían unos cuantos altos, entre higueras y zarzas, en una ladera bajo una acequia. En agosto ya maduran los frutos... que me han servido para hacer mermelada.

martes, 7 de agosto de 2012

jueves, 26 de julio de 2012

La búsqueda fallida del búho real

XIX/VI/MMXII. Son las seis de la mañana y salto de la cama justo cuando empieza a sonar la alarma del móvil. Un desayuno rápido y me echo al monte. Se nota que el día anterior ha estado lloviendo, hay charcos en todos los rincones de Chinchilla y la humedad lo envuelve todo. Todavía no ha salido el sol, pero una luz grisácea, mortecina, como de día de playa pasado por agua, lo envuelve todo. Una vergonzosa golondrina canta en un cable de mi calle.
    Mi objetivo es encontrar un búho real (Bubo bubo) que acude a reposar en ocasiones a un alto pino de tronco retorcido de algún lugar de la Sierra de Chinchilla. Descubrí que aquel era su posadero gracias a unos amigos que vinieron de visita y vieron en aquella zona algunas egagrópilas grandes y pálidas amontonadas. Mi idea inicial era deleitarme con la simple visión del Gran Duque, pero conforme me acerco por el sendero al lugar en cuestión, decenas de preguntas empiezan a formarse en mi cerebro. ¿Qué comerá? ¿Adónde irá por la noche? ¿Será una hembra, un macho, un individuo joven? ¿Qué edad tendrá? ¿Qué cosas habrá visto? ¿Qué animales serán aquí parte de su dieta?
    El pinar, henchido de alegría por la lluvia del día anterior, observa con ojos llorosos el cielo gris que amenaza tormenta, porque, por si no lo sabéis, esta es la mañana del día en que cayó una tormenta de dimensiones épicas en la ciudad de Albacete, a menos de 15 km de donde se desarrolla este paseo. Hace un frío de tormenta algo molesto y me arrepiento de no haber cogido más abrigo. Según mi móvil, la temperatura en Albacete no llega a los 13ºC. Y yo estoy a una altitud de casi 950 metros (Albacete está a 600).
    Los madrugadores pájaros del bosque me reciben con sus tenues cantos, parece como si quisieran elevar su canto a los cielos, pidiendo lluvia, porque como todo el mundo sabe, una lluvia a tiempo siempre es buena para el bosque mediterráneo. El agateador (Certhia brachydactyla), para variar, no cesa de emitir su agudo y repetitivo canto. Los pinzones vulgares (Fringilla coelebs), dueños del lugar, acompañados los machos por sus discretas hembras, aparecen y desaparecen, desvaneciéndose su canto tras las copas de los pinos carrascos. El campo rezuma vida y olores variados que me invitan a seguir en busca del Gran Duque.
    Para llegar al pino donde, supongo, está el Búho, mi camino debe atravesar un espartal con especies florísticas interesantes, y después un pequeñísimo campo de alto cereal, justo al lado del pino del Gran Duque. A un lado, hacia el Sur, termina el espartal y queda el pinar de nuevo; detrás de mí, el espartal, y más atrás el pinar nuevamente. A mi izquierda, el páramo se extiende hasta donde alcanza la vista (se divisan algunas reforestaciones, ¡variadas, menos mal!) hacia el Noreste. Casi todo son colinas bajas cubiertas de espartos (Stipa tenacissima), tomillos (Thymus), genistas, candileras (Phlomis lychnitis) y algunas matas secas de Asphodelus.
    Miro el reloj, las siete y cuarto de la mañana. He tardado casi una hora en llegar (y eso que he intentado detenerme lo más mínimo, pero ya se sabe, aparece una planta interesante, un insecto que corre a esconderse y vas a ver qué es, que si qué canto ha sido ese, que si he oído un aleteo...). Me dispongo a atravesar con cuidado el campo de cereal cuando me doy cuenta, con cierta sorpresa, de que una avispa negra, larguirucha y reluciente, está enganchada con sus mandíbulas a una espiga. Detrás de ella, dos ejemplares más hacen lo mismo. Vale. Genial. A pesar de la cara de pocos amigos de los guardianes del bancal, lo atravieso con cuidado, sin perder de vista el pino que empieza a parecerme algo siniestro.

Pardillo común (Carduelis cannabina)
    El cielo grisáceo parece no poder contener la lluvia en el horizonte, que cada vez está más oscuro, y el aire empuja las espigas de los espartos con una fuerza tremenda. Incluso los pardillos comunes no pueden casi sujetarse a ellas con sus delgadas patas. Observo un grupo pequeño de estos fringílidos que se entremezcla con otro grupo de jilgueros, un macho de pardillo extrae semillas de una espiga de esparto no sin cierto esfuerzo, mientras el viento lo bambolea de un lado hacia otro.



    Cada vez estoy más cerca del pino y de él no sale volando ningún búho, como ocurrió la primera vez que lo vi (claro que yo no sabía que el búho estaría, si bien conocía su presencia debido a las egagrópilas que había a los pies del árbol que ya he comentado antes). Miro desde los pies del pino y en los altos ramajes del árbol no encuentro ningún estrígido alojado. Pena. De todas maneras, si el animal hubiera estado, ¿habría salido volando? En mi mente sonó un SÍ rotundo, con lo cual me sentí algo culpable en caso de que hubiera estado y hubiera salido volando hacia el infinito, molestado por mi presencia, y encima con la lluvia tremenda que se avecinaba.
    Miro el reloj y ya son casi las ocho de la mañana. Decido esperar sentado en el suelo, bajo la espesura, mirando con atención el pino y el campo abierto que se extiende ante él. Tal vez el Búho venga al rato, pienso. Pasan los minutos. De repente, se oye sobre mí el zumbido de veintiún pares de alas agitándose, y por entre las copas de los pinos diviso una bandada de gaviotas reidoras (Chroicocephalus ridibundus). ¿En medio de la estepa albaceteña? Sí, hijo, sí. Y no es la primera vez que veo bandos así, incluso ejemplares solitarios. El suceso tiene su explicación. En esta zona de La Mancha hay muchas lagunas (la mayor y más conocida, la laguna salada de Pétrola, a pesar de encontrarse a varios kilómetros de aquí) y las gaviotas, claro está, van de una a otra, con lo cual pasan por planicies y bosques; nada fuera de lo común, a pesar de lo que mucha gente pueda pensar, ya que algunas especies de gaviota visitan también aguas interiores, como es el caso.
Gaviotas reidoras (Chroicocephalus ridibundus)

    Un conejo pasea con sus típicos andares a unos veinte metros detrás de mí y dos torcaces luchan armando un escándalo tremendo. Empiezo a aburrirme, sobre todo porque no se oye casi ningún canto de pájaro (totovías y pinzones) así que, mientras “viene” el Búho, decido ir a explorar. Primero, salgo del pinar, atravieso otro bancal mayor que el de las avispas y me dirijo hacia unas encinas solitarias. Un enorme bando de estorninos monea por allí y una pareja de gangas (Pterocles alchata) sobrevuela el lugar, emitiendo el macho su característico grito (que me recuerda al de un cuervo afónico). Hasta este año nunca había visto tantas gangas; de hecho, en lo que llevamos he visto dos bandadas, esta pareja que ahora pasa, y he oído su gritito en otras llanuras de al rededor de Chinchilla.
Ganga ibérica (Pterocles alchata)
La ganga, la reina de las estepas manchegas (la emperatriz sigue siendo la avutarda). Otras aves que me encuentro son algunos abejarucos (Merops apiaster) que permanecen sentados sobre rocas sin inmutarse del griterío de los estorninos. Se oyen a lo lejos también terreras y las totovías (Lullula arborea) no se alejan del borde del bosque. Jilgueros, pinzones, aláudidos y pardillos parlotean y revolotean por la zona. Nunca había visto tantas especies de fringílidos seguidas. A pesar del viento, las aves cantan, lo cual sirve de ayuda, pues sin verlos ya sé que están.


    Vuelvo al pino y el búho no ha llegado. En el suelo, un montón de enormes egagrópilas grisáceas se acumula. Se me ocurre que puedo recolectarlas para analizar el contenido y así conocer la alimentación de mi perseguido Gran Duque. Empieza a chispear, así que decido irme a casa, no sin antes detenerme en la observación de una araña lobo (Hogna radiata).

    El rey de la noche, el señor de la oscuridad de los bosques ibéricos, no se ha presentado a la cita. Hoy no ha habido suerte, pero guardo en mi mochila un puñado de egagrópilas que me ayudarán a saber qué mamíferos (y adelanto, insectos, pues he visto en una de ellas una pata de saltamontes) forman parte de la dieta de este tímido individuo de Gran Duque.