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06 marzo 2012

En busca del camachuelo trompetero

El otro día fuimos en busca de los camachuelos trompeteros (Bucanetes githagineus) que, se sabe, se instalan para anidar por estas fechas cerca de Jijona y del río Monnegre (Alicante) desde hace unos años. Como todo el mundo mundial sabe, el camachuelo trompetero es un pájaro norteafricano que lleva paseándose por el Sureste Ibérico desde los años setenta e incluso ha llegado ya al Delta del Ebro, desplazándose hacia el Norte por la Costa Mediterránea Ibérica. Dicen que ha llegado a nuestro país debido a la subida de las temperaturas y a la desertificación extrema de algunas zonas de nuestro territorio, ya que su hábitat natural es el desierto, los roquedos áridos y las estepas; y a juzgar por el paisaje donde se supone que anidan, una serie de precipicios, cortados y roquedos de yesos geniales al más puro estilo marroquí, la verdad es que parece el hábitat perfecto para el Bucanetes.

Estuvimos esperando un rato a que aparecieran, pero nada. Mientras aguardábamos su llegada, un grupo pequeño de una especie introducida en España (también desde los años 70), el arruí (Ammotragus lervia), apareció en una cumbre cercana. Pudimos avistar tres individuos que nos miraban desde las alturas con curiosidad, con su característica mirada caprina. El arruí se introdujo en España en 1970, en Sierra Espuña (Murcia), para abastecer la demanda cinegética (¡qué hambre debían de tener los españolitos!), y en La Palma, donde se han extendido por la Caldera de Taburiente, poniendo en peligro la flora endémica. Es un extraño sentimiento el que noto cuando veo uno de estos animales: el bicho mola, pero no mola que esté aquí.
Beeeeh.
De todas maneras, ahí estaban los animales, ramoneando globularias y brezos, tan tranquilas. Las dejamos atrás (por no decir abajo, porque empezamos a subir una ladera tan vertical, que de vertical estaba al revés) y allí nos sentamos para observar mejor la llegada de los camachuelos, entre sedums, globularias y más brezos.
No, no babeéis más. Al final no aparecieron, pero ¡qué bien se estaba allí arriba, en las alturas, observando el frío mundo a nuestros pies! En esos momentos, rodeado de naturaleza salvaje, escuchando las risotadas del pito real, uno se cuestiona muchas cosas del mundo en que vivimos; pero no había tiempo para lamentaciones, ni para dormir bajo el cálido sol mediterráneo del primero de marzo, había que aprovechar de la compañía, de las risas, las bromas y las alegrías, mientras una paloma zurita (o una torcaz) surcaba el aire justo delante de nosotros. Al final nos quedamos con ganas de verlos, pero no perdimos la tarde. El campo nunca defrauda, siempre hay algo que ver, algo nuevo que conocer, algo que comprender.
   A nuestro alrededor, en la cumbre, crecían globularias (Globularia alypum), una planta tóxica originaria del Mediterráneo que coloniza terrenos áridos; Sedum sediforme, suculenta que crece en zonas soleadas y que abunda por estas tierras del Este, el omnipresente Brachypodium y pinos carrascos.
Globularia alypum
Para los que se hayan quedado con ganas de ver un camachuelo trompetero, es más o menos como lo que sale en la foto inferior.
Es un intento, pero así podréis haceros la idea. Obviamente, el colorcillo rojo del pico y la cara descubre su identidad: es un macho con plumaje nupcial (en verano). El resto del año, es decir, cuando no se les ve, tienen colores más apagados, pardogrisáceos. El canto es reconocible en la distancia, por algo se llama "trompetero", es como un pitido extraño; la verdad es que no recuerda a un pájaro de los de toda la vida.
Así que... bueno, sin camachuelos quedamos, pero con buenas experiencias camperas terminamos. Ya habrá tiempo para verlos más adelante. Pienso que por culpa del invierno tan seco y frío que hemos tenido, los pobres no han tenido ganas ni de empezar a anidar, y como todavía hiela por la noche... Cuando haya más alimento y suban las temperaturas, acudiremos en su busca, y entonces os contaré... pero esa vez no habrá dibujos.