16 agosto 2013

Un acuario de andar por casa

¿Un acuario sin filtros, ni sustancias químicas, ni peces de colorines? Challenge accepted.

    El mes pasado, en una de las visitas que hicimos al Júcar, se me ocurrió montar un acuario con algas, unos esquejillos de Ceratophyllum demersum e invertebrados acuáticos de la orilla del río, donde la velocidad del agua es menor. Sin filtro ni bomba de aire ni termostato; así, hala, a pelo.
    Después de haber intentado el año pasado montar un acuario de características similares, con algunos ejemplares de la gamba Atyaephyra desmaresti y un enorme macho de ditisco (Dytiscus marginalis), planorbis y mucho "verdín" que acabó desapareciendo, este año nos proponíamos algo más serio. Los ditiscos quedan bien en los acuarios, y no digamos las gambillas, que aparecen a toneladas en algunas zonas del río, y de hecho ya tengo ganas de poner alguno; pero pensamos hacerlo correctamente e introducir poco a poco los colonizadores del acuario.
A la izquierda, ditisco o escarabajo buceador (Dytiscus marginalis).
A la derecha, un bonito ejemplar de Atyaephyra desmaresti en la mano de mi amigo Julio.
    El acuario es un tanque de 60L en el que introdujimos, a mediados de Julio, agua de río gravilla limpia, algas filamentosas y Ceratophyllum demersum, que me regalaron hace unos meses. Esta es la primera fase de creación del ecosistema. Acto seguido, metimos los primeros caracolillos de río (Melanopsis tricarinata), un endemismo ibérico común en las provincias que lindan con el Mar Mediterráneo, peo con poblaciones dispersas en el interior, como es el caso de Albacete, En las orillas tranquilas aparecen a cientos. Son fáciles de identificar por su tamaño (~47 mm) y por una serie de caracteres diagnósticos que presento a continuación:
Tentáculos oculares filiformes, trompa prominente y concha alargada
y crestada. Incorrecto, no es un elefante acuático sino un Melanopsis tricarinata.
    El Ceratophyllum que me dieron debía de contener huevos o larvas de un pequeño caracol de agua dulce, un planórbido que no he conseguido identificar todavía, y que se han adaptado a su nuevo hábitat la mar de bien, al igual que los Melanopsis. Además, de vez en cuando, he dejado caer, como si de un verdadero remanso se tratase, alguna hoja de fresno o de chopo cuyos limbos han sido raspdos en cuestión de días por los pequeños moluscos y los microorganismos, comenzando así la segunda fase: los consumidores primarios empiezan a actuar como tales y el acuario se estabiliza; comienzan a aparecer numerosos invertebrados de muy pequeño tamaño, como las Daphnias.
    Las Daphnias, o pulgas de agua, como se las conoce popularmente, son crustáceos inferiores (clase Branchiopoda, superorden Cladocera) con 5 taxones localizables en la cuenca del Júcar en Albacete (según el libro Atlas fotográfico de los invertebrados acuáticos de la cuenca del Río Júcar en la provincia de Albacete, del Instituto de Estudios Albacetenses, indispensable para el naturalista que desee la pequeña fauna dulceacuícola local de la provincia). Aparecieron en cantidades industriales en el acuario a las pocas semanas de instalarlo y es muy interesante verlas desplazarse, moviéndose mediante impulsos gracias a sus "bracitos" (por eso las llaman "pulgas de agua", porque parecen saltar dentro del agua como pulgas), a pesar de lo difícil de su contemplación, pues no cuento con buenos aparatos ópticos para observar cosas tan pequeñas, y medirán menos de 2 mm de longitud. Se alimentan de pequeñas algas y partículas en suspensión. En reposo, suelen quedarse en las paredes del acuario, haciendo posible el encontrarlas fácilmente. Las pulgas de agua se reproducen de manera partenogenética, es decir, las hembras ponen huevos fértiles sin necesidad de la actuación del macho, naciendo de estos huevos hembras genéticamente idénticas a sus madres. En la última generación, sin embargo, aparecen machos para poder crear huevos resistentes a condiciones ambientales desfavorables. Por eso han nacido tantísimas Daphnias en mi acuario.
Copépodo en el acuario del año pasado.
No os confundáis con este otro Copépodo.
Esta segunda vez que he montado el acuario sin filtros, a pesar de poder observar tantas pulgas de agua, no he visto ningún copépodo (otros crustáceos inferiores muy chiquiticos, que parecen gambicas, pero más pequeños aún).
    Observar la microfauna dulceacuícola que rodea nuestras vidas, por muy pequeño que sea el charco o riachuelo que habiten, siempre depara sorpresas que alegran al naturalista (amateur y avanzado). Una simple lupa de mano de pocos aumentos (aunque una lupa binocular mejor mola más) servirá para descubrir los pequeños seres que, ajenos a todo lo que ocurre en la civilización humana, se desarrollan, se reproducen, viven sus vidas y mueren, repitiéndose este ciclo una y otra vez. Ya iré contando cómo se desarrolla este pequeño ecosistema que es el acuario que he montado y las alegrías que va dando.
Daphnia sp, planorbis, Melanopsis devorando la hoja de chopo, Ceratophyllum y másMelanopsis.

31 julio 2013

He vuelto a Flickr

    Tras casi un año sin utilizarlo, he vuelto a las andadas; así que ya podéis seguirme: elsaucov2. Lo había dejado de usar porque ya no me cabían las fotos, pero como ahora hay ni más ni menos que 1 TB de espacio, ¡hay que aprovechar!
    Es más, he de reconocer que la nueva presentación de la web me gusta más que antes, es más 'moderna', como podéis ver en la imagen. Las fotos que se van agregando a los álbumes se van acumulando en la parte inferior de la galería de cada usuario. Además, han añadido una foto de portada, cosa que se ha puesto muy de moda últimamente en las redes sociales y que, personalmente, me agrada bastante.



28 julio 2013

Bienvenidos a mi 'patch' nº 1: la Sierra de Chinchilla

    En inglés, el diccionario Oxford define la palabra patch com"a small plot or piece of land, especially one that produces or is used for growing specific vegetation" o "a small area or amount of something" (un trocico de tierra donde crecen plantas y otras cosas, básicamente). Desde pequeño, llevo visitando uno de los muchos secarrales que hay en la provincia de Albacete, el de mi pueblo, en La Mancha de Montearagón, pero hasta ahora no me había decidido a hacer, por simple y pura diversión y entretenimiento, una suerte de patch league personal: una lista de todas las especies de seres vivos que veo en el lugar durante un año. Cuando digo seres vivos, por supuesto, hablo de plantas y animales, pero no me olvido de los hongos, líquenes, seres humanos y alienígenas que visitan la zona. También cuentan los rastros (huellas, plumas, deposiciones...) y los cantos.
    Mi patch de Chinchilla incluye parte de la Sierra y el propio pueblo. Es que ando mucho, y la verdad, una densa mierdirreforestación de pinos no da para mucho, necesito incluir más y más ecosistemas.
Mirad qué bonico se pone mi patch en primavera, pero no os confundáis con La Comarca...
Hasta le he puesto un marco a la foto y tó.
      A pesar de lo pisoteada que está la Sierra, de la cantidad de gente de la capital que viene cada fin de semana a caminar, de la gente sin escrúpulos que la destroza y de la aparente poca variedad botánica que hay y de los ciclistas que se meten por cualquier sitio (dios, cómo los odio), aquí es donde desarrollo mi actividad naturalista más 'light'. 
    He dividido este patch en dos zonas: el municipio y la Sierra. En Chinchilla, sobre todo en el casco histórico, donde abundan muros antiguos y tejados medio derruidos, es fácil localizar en primavera y verano nidos de vencejo común (Apus apus), golondrina común (Hirundo rustica), avión común (Delichon urbicum), collalba negra (Oenanthe leucura), colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros), estornino negro (Sturnus unicolor). En invierno, los tejados se cubren de puntos negros: llegan los estorninos pintos (Sturnus vulgaris) de Centroeuropa. Durante las migraciones prenupcial y postnupcial, es fácil ver rapaces de diversas especies. Con cuidado, alguna vez (sobre todo de pequeño, que era más explorador) he conseguido ver ratones caseros (Mus musculus). Es fácil ver lagartijas en el entorno del pueblo, y las salamanquesas (Tarentola mauritanica) curiosean por los muros en busca de polillas y mosquitos. El otro día, a plena luz del día, vi una salamanquesa que capturó un moscardón azabache, y la descubrimos por el '¡crack!' que hizo el exoesqueleto del díptero al ser capturado por el gecónido.
    Y hablando de insectos, también los lepidópteros son un grupo diverso y abundante incluso en las calles y jardines del pueblo. 
Ropalóceros chulos que se ven por Chinchilla. De arriba a abajo y de izquierda a derecha:
1. Iphiclides podalirius, la "chupaleche", no es raro verla por los herbazales que rodean el castillo;
2. la migratoria Vanessa  cardui de la imagen liba flores de Sedum album subsp. micranthum en mi tejado;
3. Argynnis pandora, sobre el invasor Ailanthus altissima;
4. Lasiommata megera libando flores de Buddleja davidii.
Cada vez que utilizamos insecticidas y otros -idas, especies tan interesantes y bonitas como éstas
ven disminuidas sus poblaciones.
    La flora urbana que atesora la muy noble, leal y fidelísima ciudad de Chinchilla de Montearagón tampoco se queda atrás. Algunas hierbas montaraces provenientes de la sierra, como Sarcocapnos enneaphylla (zapaticos de la Virgen), Chaenorhinum origanifolium, la medicinal Jasonia glutinosa (té de roca) o incluso un Eryngium campestre (cardo corredor) que crece en una grieta de mi calle, son verdaderos ejemplos de adaptación al bullicio pueblerino. En rincones húmedos y grietas, prosperan Ailanthus altissima (árbol del cielo), Ficus carica (higuera), Urtica urens (ortiga), Fumaria officinalis, Capsella bursa-pastoris (bolsa de pastor), Melilotus albus (meliloto blanco)Polycarpon tetraphyllum, Lamium amplexicaule y demás "malas hierbas"... Como veis, muchas de esas plantas 'urbanas' no son más que hierbas, arbustos y árboles que normalmente medran en bordes de caminos, descampados  y demás zonas ruderales, alteradas profundamente por el ser humano. La crasulácea Sedum album (uva de gato) invade los tejados del casco antiguo, creando pequeños bosques de flores rosadas en verano, a los que acuden con alegría mariposas y abejas.
Plantas rupícolas observables en el entorno de la ciudad de Chinchilla, de izq. a der.:
Chaenorhinum origanifolium, Sarcocapnos enneaphylla subsp. saetabensis, inflorescencia de Sedum sediforme.
    En lo que se refiere a flora de la alterada Sierra de Chinchilla, la "Sierra Procomunal", biogeográficamente se encuentra en la Región Mediterránea > Provincia Mediterráneo-Ibérica-Central > Subprovincia Castellana > Sector Manchego > Subsector Manchego xucrense, donde la vegetación potencial se compone de carrascales del Quercetum rotundifoliae, espartales del Stipetum tenacissimae y tomillares y otras formaciones que incluyen diversas especies xerófilas (Rosmarinus officinalis, Rhamnus lycioides, R. alaternus, Quercus coccifera, Brachypodium retusum, diversas especies de caméfitos de labiadas como Teucrium pseudochamaepitys, T. capitatum, T. gnaphalodes, Lavandula angustifolia, Salvia lavandulifolia...). Como he dicho, la vegetación potencial son encinares, pero la actividad humana a lo largo de los siglos, las guerras (yo creo que sobre todo en la Reconquista) y la necesidad de pastos y campos de cultivo ha hecho mermar estos bosques, quedando sólo algunos pies de encina testigos de aquellos bosques del típico monte mediterráneo. Hay densas repoblaciones de pino carrasco (Pinus halepensis) en diversos puntos de la zona. 
De arriba a abajo y de izquierda a derecha:
1. Romero macho (Cistus clusii). La familia de las cistáceas tiene buena representación en la Sierra, con especies del género Fumaria, Helianthemum... En la zona aparecen, asimismo, algunos ejemplares de Cistus albidus.
2. La orquídea Ophrys fusca es también abundante en toda la Sierra. 
En Invierno es fácil ver las rosetas de hojas por el monte, incluso en umbrías.
3. La endémica Fritillaria lusitanica es una bulbosa que aparece en laderas soleadas, muy escasa.
4. Estróbilo o piña en cristiano de pino piñonero (Pinus pinea).
5. Flores de peral (Pyrus communis) de un solitario ejemplar cerca de La Casa del Agua, en un páramo alejado. El peral resiste temperaturas extremas en el reposo invernal, algo que le viene de perlas, porque en la zona se han registrado temperaturas inferiores a -20 ºC en las oscuras noches invernales.
6. El cardo que yo llamo "cardo azul" o Echinops ritro, adorna los secarrales con sus 
esféricos capítulos florales a finales de verano.
7. Ejemplar amarillo de la escrofulariácea gallocresta (Bellardia trixago = Bartsia trixago). 
8. Té de roca (Jasonia glutinosa = Chiliadenus glutinosus), utilizado localmente para malestares estomacales.
   En otoño, cuando llegan las lluvias y el aire se enfría, las hifas subterráneas de diversas especies de hongos generan cuerpos fructíferos que atraen a buscadores de setas, y los líquenes, endurecidos por el sol y las altas temperaturas, se ablandan ahora, volviéndose verdes y extendiendo sus talos, como desperezándose.
A la izquierda, Suillus sp., una boletácea muy común en pinares de repoblación.
A la derecha, aspecto humedecido de Cladonia convoluta.
    Toda esta flora, no tan diversa como podría serlo si se tomasen las medidas oportunas, aloja sin embargo numerosísimas especies entomológicas que me vuelven loco.
Artrópodos representativos de la Sierra de Chinchilla. De arriba a abajo y de izq. a der.:
1. Otro endemismo ibérico de preciosa librea, una hembra de Steropleurus martorelli.
2. Tenebriónido del género Blaps (B. lusitanica? B. gigas? B. hispanica?).
3. Mosca parásita del género Anthrax. Estas moscas son superparásitos (esta palabra no me la he inventado): parasitan larvas de avispas parásitas que parasitan orugas de la procesionaria del pino.
4. Oedipoda charpentieri es un saltamontes común, junto con otros representantes del mismo género.
5. Escorpión amarillo o alacrán (Buthus occitanus), menos peligroso de lo que la gente se piensa, se guarece en huecos bajo rocas y grietas.
6. Nido lenticular de Uroctea durandi, una araña fácilmente reconocible gracias a los puntos amarillentos que presenta
en cada vértice de su negro abdomen pentagonal.
    Yo diría que los insectos más comunes de la zona son las moscas y los ortópteros. Entre mayo y octubre, y sobre todo a finales de verano, las hierbas agostadas acogen infinidad de pequeños saltamontes, que sirven de empujón para el desarrollo de las tres especies de mántidos más fáciles de observar:
A la izquierda, hembra de Iris oratoria, mantis de tamaño pequeño a mediano que se caracteriza por
poseer dos ocelos muy coloridos en sendas alas posteriores. En el centro, una hembra de la cada vez más escasa Mantis religiosa. En la foto de la derecha se observa una ninfa de Empusa pennata.
    La región mediterránea se caracteriza por su diversidad de especies, y en la sierra de Chinchilla, la diversión está asegurada si lo que se busca son artrópodos terrestres de cualquier tipo.
    La fauna vertebrada, menos variada pero todavía abundante, sobre todo en lo que respecta a aves y herpetofauna, sorprende al andarín que osa aventurarse atravesando pinares, caminos, páramos, garrigas y tierras de labor.
Herpetofauna común de la Sierra de Chinchilla: de izq. a der.:
1. Sapillo moteado (Pelodytes punctatus). 2. Sapo corredor (Epidalea calamita).
3. Lagartija colilarga oriental (Psammodromus jeanneae).
4. Esta culebra bastarda o de Montpellier (Malpolon monspessulanus) es conocida en este blog, ya
que fue la que intenté salvar hace unos años (se había quedado atrapada en una enorme tinaja, a los pies del monte),
 sin éxito.
    Las típicas aves de bosque, como los picos, páridos, agateadores y fringílidos, llenan el aire con sus melodías durante prácticamente todo el año, si bien en verano algunas aves desaparecen, sospecho que en busca de sitios más frescos. Creo, además, que si la variedad de alimento que ofrece el bosque fuera mayor, la ornitofauna sería mucho más diversa. Esta sierra acoge infinidad de paseriformes. Aparecen aláudidos como la totovía (Lullula arborea), las cogujadas común (Galerida cristata) y montesina (G. theklae), fringílidos, etc. En invierno, es posible ver invernantes como el zorzal alirrojo (Turdus iliacus).
    El patch que he delimitado, al ser tan grande, incluye distintos tipos de ecosistemas, que ayudan a que la diversidad faunística aumente.
De arriba a abajo y de izq. a der.:
1. En invierno, las garcillas bueyeras (Bubulcus ibis) acompañan a los rebaños de ovejas manchegas
 por los herbazales.
2. Los críalos (Clamator glandarius) parasitan nidos de córvidos y campean por encinares y chaparrales en la zona.
3. El mochuelo  (Athene noctua), una especie en recesión, frecuenta olivares y campos de cultivo, anidando en
majanos y casas abandonadas. Sus gritos, como maullidos, se pueden escuchar perfectamente desde los senderos del pinar que cubre el Cerro de San Cristóbal hasta El Morrón, y más allá.
4. Otra ave común, aunque no sólo aquí, sino en toda la provincia de Albacete, es el verdecillo (Serinus serinus).
5. Un pájaro cuyo canto delata su presencia la mayoría de las veces, es el agateador común (Certhia brachydactyla), abundante, que desaparece misteriosamente a mediados del verano en el pinar,
para volver a aparecer a principios de otoño.
6. La collalba negra (Oenanthe leucura), amante de los roquedos de toda la Sierra,
encuentra en las laderas orientadas al Sur sus territorios de cría.
     Curiosamente, en las zonas más cercanas al pueblo es donde más mastofauna hay. Los roedores y lagomorfos viven en cualquier hábitat; los conejos (Oryctolagus cuniculus) viven en majanos y galerías excavadas por ellos, mientras las cabras montesas (Capra pyrenaica) pastan tranquilamente. La liebre que aparece en esta zona de Iberia es otro endemismo, la liebre ibérica (Lepus granatensis). Los carnívoros, como el zorro, no son escasos, y si caminamos prestando atención a los rastros y huellas en cualquier sendero, podemos encontrar excrementos de zorro rojo (Vulpes vulpes) sobre arbustos y rocas. En el libro La Sierra de Chinchilla. El centro de adiestramiento CENAD 'Chinchilla' y sus condiciones ambientales, editado por el Ministerio de Defensa (2007), se habla de más mamíferos que todavía no he conseguido ver.
De izq. a der.:
1. Cabra montés (Capra pyrenaica), 2. Conejo (Oryctolagus cuniculus), 3. Ardilla roja (Sciurus vulgaris)
   ¡Ah! Os llamará la atención lo de "centro de adiestramiento". Sí, la Sierra de Chinchilla también tiene una parte oscura, y es el campo de tiro y maniobras, donde se entrena a soldados para la guerra, para la muerte. Todo comenzó a finales del Franquismo, cuando se expropiaron tierras que luego se consolidaron como un Campo de Maniobras de 14000 ha y que supone asimismo un problema para los habitantes de las localidades cercanas de Higueruela y Hoya Gonzalo. Pero eso es harina de otro costal, y si bien en este blog se defiende la paz y estamos abiertamente en contra de las maniobras de guerra del Estado, las cosas duras hay que decirlas. A pesar de que ese libro se escribió para demostrar que las maniobras no causan ninguna alteración medioambiental en la zona, los ruidos, los cañonazos, etc. y las fotografías (pinchad AQUÍ y AQUÍ) demuestran lo contrario. En el documental "Donde se cuece la guerra: los Campos de Maniobras de Chinchilla de Montearagón" de Eguzki Bideoak y la Coordinadora por la Desmilitarización de la Sierra de Chinchilla, se explica el malestar social que existe hacia esta parte siniestra de la Sierra. A pesar del infierno bélico que se gesta a unos pocos metros de mi patch, la vida sigue para delante, conquistando nuevas laderas soleadas y renaciendo de las cenizas del pasado. Los enebros brotan de nuevo en las tierras desnudas y los animales vuelven, muy poco a poco, a sus antiguos territorios que el hombre les arrebató por las talas indiscriminadas. 
    Y así es como la lista de especies de mi patch crece y crece.

12 mayo 2013

Escapar dibujando o morir

    En una época en la que las situaciones, personas y comentarios te superan, encontrar una vía de escapada es el único modo de seguir adelante. Cada papel en blanco, no importa la calidad, es un universo por crear, un horizonte por descubrir, y cualquier garabato, un amigo con el que sentirse a gusto.
    Las imágenes en estos papeles se agrupan, solapándose sin orden ni concierto, pero ayudándome a crear. Los recuerdos de excursiones al campo que duermen en el fondo de mi mente afloran en esos momentos en que doy rienda suelta a mi mano, conectada por tendones a los músculos, esclavos del cerebro creador.
    El problema surge cuando no hay papeles en blanco a mano y el único modo de aguantar es respirar hondo y dar un paso al frente, sin mirar atrás, como cuando vuelves del monte a oscuras prácticamente, después de haber estado escuchando la llamada del Gran Duque.

07 mayo 2013

Isla Grosa 2013

    La isla, que parecía flotar sobre las plateadas aguas del Mediterráneo como una enorme criatura jorobada y pacífica, nos esperaba. Coronada por una nube de parlanchinas gaviotas patiamarillas, parecía aguardar impaciente a que amarrásemos la Zodiac, que se alejaba de La Manga a toda velocidad y sólo quedaba de aquel viaje sobre el agua una estela pálida de incertidumbre optimista que desaparecía poco a poco. A las puertas de la Gran Isla Grosa, un enorme tronco vetusto de piel amarillenta dormía semienterrado en la arena de la pequeña cala, per saecula saeculorum.
    Con el paso de los días, comprendí que lo que me había dicho Fran sobre la magia de la isla era verdad... La migración prenupcial de aves no llegaba en todo su esplendor y empezábamos a pensar que la culpa era mía por haber traído el mal tiempo de La Mancha. A pesar de los infortunios climáticos y migratorios, el tiempo en la isla transcurría con tranquilidad, lento pero sin prisa, y nosotros permanecíamos ajenos por completo a lo que acontecía en la sociedad humana. 
    Pude observar “en mano” algunos pájaros que ansiaba bimbar, como el colirrojo real, el mosquitero ibérico o el papialbo. Pequeñas alegrías (enormes para nosotros) como levantarse y en la primera ronda encontrar aves tan interesantes en las redes como el autillo (Otus scops, Scops Owl) nos llenaban ciertamente de odgullo y satidfación.

    Entre ronda y ronda, nos entreteníamos en diversas actividades sin duda enriquecedoras para la mente y el espíritu, como dormir o escuchar música, estudiar, identificar plantas, dibujar, cantar o simplemente mirar cómo el mar fluía tras las Withanias, las Salsolas y las Suaedas, entre La Manga y nosotros. Un día, el aire nos trajo del interior una tormenta brutal... que dejó dos enormes arcoiris que nos deleitaron (nos hicieron flipar, de hecho) largo rato, mientras las gaviotas histéricas gritaban y volaban sin parar.
Los albores de la tempestad.
En efecto, todos esos puntitos blancos en el aire son gaviotas. Abajo se observan las redes.
    La magia de la Isla se ponía de manifiesto en aquellos días, que aunque no nos traían aves, sí nos permitían observar alcatraces inmaduros cazando, mientras las gaviotas los perseguían, o encontrar eslizones bajo piedras sueltas. Al mediodía, en los escalones azules aparecían culebras bastardas (Malpolon monspessulanus) y lagartijas colilargas (Psammodromus algirus) que buscaban el cálido sol mediterráneo para poner en marcha sus delgados cuerpecillos.
    Y entonces un día la calma llegó y Fran dijo: "Hoy es día de abubilla; caerá a la tarde", y al revisar las redes, en efecto, una abubilla (Upupa epops, Hoopoe) esperaba ser anillada (aunque, obviamente, ella no lo sabía). 
    Tranquila y olorosa, la abubilla se dejó anillar y liberar en pocos minutos. 
    Descubrimos (al menos yo, que no las conocía) plantas que nos sorprendían por sus formas y colores, por sus adaptaciones a la sequía y la salinidad o por la forma de crecer. Era el caso del Mesembryanthemum o el Umbilicus gaditanus, los Asparagus horridus o el Lycium intricatum. Más de una vez nos vimos en un apuro al engancharse alguna red en estas dos últimas plantas... 
    Y un día los cielos se abrieron y la luz del sol nos torró, y la biodiversidad ornítica comenzó a aumentar (que no el número de individuos). Entonces cayeron alcaudones comunes (Lanius senator, Woodchat Shrike), collalbas grises (Oenanthe oenanthe, Northern Wheatear) y rubias (O. hispanica, Black-eared Wheatear), más currucas y mosquiteros... Las currucas cabecinegras (Sylvia melanocephala, Sardinian Warbler) eran prácticamente residentes en la isla, y si no caía nada en la red, tranquilidad, seguro que hay alguna cabecinegra esperando. También capirotadas (Sylvia atricapilla, Blackcap) Y al tuit de "Dos tallarols de casquet se m'han cagat a la mà", @GarciaLlorca respondió: "100 anys de bona sort!". A ver si es verdad.
    Yo pensaba que habría muchas más gaviotas de Audouin (Larus audouinii, Audouin's Gull) moneando por la isla, pero la verdad es que dejaron de criar hace un tiempo. Las patiamarillas, en su extrema agresividad, perseguían furiosas y ruidosas a cualquier Audouin que tuviera la valentía de acercarse al muelle. Al final, sobre todo cuando quedaban pocos días para que nuestro turno en la isla llegase a su fin, empezaron a llegar bastantes Audouines; de hecho, en un momento dado llegamos a contar más de cuatro juntas en el muelle. A una de ellas le faltaba una pata y permanecía quieta, pero se desplazaba con cuidado y volaba bien. 
    Me embelesaba mirando el comportamiento lárido, los grititos y movimientos de cuello, y permanecía largo rato escuchando sus monólogos (porque sí, eran monólogos, ¿en qué mente sana cabe que una gaviota sola, flotando en la orilla del mar, se ponga a emitir ruiditos mientras mira hacia abajo, gira, nada, se queda quieta..? Ahí comprendí que las gaviotas tienen un problema. Un problema serio. Es broma... Vale, no).
    Los días allí se acababan, y el último, como si fuera voluntad de la isla, una niebla espesa cubrió el Mar, alcanzando la isla y cubriéndola en pocos minutos. Pensábamos que ya no llegaríamos a tiempo cuando la niebla maldita se fue, permitiéndonos dejarla... Sin embargo, yo no quería irme de la isla sin regalarle algo antes, a la isla como ente, como superorganismo que nos había dado tantas alegrías, así que comencé un dibujo. Nos era difícil conseguir agua (ejem...) así que no usé acuarelas. Tampoco las habría podido utilizar, de todas maneras, porque el papel sobre el que lo hice no era el adecuado. Decidí retratar a un ave presente en la isla (¿Qué si no? Y no era una gaviota). El dibujo empezaba así:
    Y lo colgamos en la pared, para que allí quede, como testimonio de todos los naturalistas que pasan por Isla Grosa, en la Región de Murcia, y a los que tantas alegrías regala. 
    Tengo muchas fotografías de pájaros, plantas y atardeceres groseros que me gustaría compartir con todos los lectores de mi blog. Tal vez las muestre en alguna otra entrada o tal vez se queden en mi disco duro para siempre, no lo sé. Han pasado ya varias semanas desde que volviera y con el lío de no tener internet en ningún lado, la entrada permanecía flotando en el limbo. Confieso que, en parte, he estado saboreando hasta hace nada el regustillo grosero, disfrutando de los recuerdos y exprimiéndolos hasta el fin. 

Esta entrada es para mi gran amigo Fran, sin él no habría sido posible nada de lo aquí relatado. Gracias.