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18 octubre 2023

En busca de Danaus chrysippus y otros animales en El Hondo (Elche)

El día de la Fiesta Nacional de España, el 12 de octubre, fuimos María del Mar y yo con mis primas Clara y Cristina a buscar la famosa mariposa tigre (Danaus chrysippus) en el Parque Natural de El Hondo de Elche (Alicante). Mis amigos Alonso y Juanjo habían ido la semana de antes a buscarla y me comentaron que era muy fácil ver este ninfálido en la zona. Y así fue. En cuanto aparqué el coche en el aparcamiento de este interesantísimo humedal, protegido por la Generalitat Valenciana desde 1988 y por la Unión Europea (sitio RAMSAR y ZEPA), ya vimos los primeros ejemplares.

Mariposa tigre (Danaus chrysippus) libando flores de Limonium.

Mariposa tigre (Danaus chrysippus) sobre flores de Limonium.
Este ninfálido tropical, que en España se alimenta de matacán (Cynanchum acutum), se ha extendido de forma natural por el Mediterráneo occidental desde finales de los años 80 del siglo XX. Su distribución incluye prácticamente todo el continente africano y el sur de Asia. Muchos estudios confirman que el cambio climático (volvemos a lo mismo) está ayudando a esta mariposa a conquistar nuevos territorios. Tratándose, además, de una especie con gran capacidad de dispersión, ya que es una potente voladora, no es de extrañar que ya haya conseguido alcanzar incluso el centro de España (Toledo). Es probable que, conforme pasen los años, esta mariposa continúe expandiendo su distribución.
Junto al centro de visitantes del Parque Natural de El Hondo, se ha instalado un pequeño "jardín botánico" y un oasis de mariposas donde, sin duda, la estrella es la D. chrysippus.

Dimos un paseo al final de la mañana por el Parque Natural y pudimos ver también algunas de las aves características de este lugar, como el flamenco rosa (Phoenicopterus roseus), la focha moruna (Fulica cristata) y la cerceta pardilla (Marmaronetta angustirostris), estas dos últimas especies amenazadas de extinción, además de moritos (Plegadis falcinellus), cucharas comunes (Spatula clypeata), ánades reales (Anas platyrrhynchos) y patos colorados (Netta rufina).

La focha moruna (Fulica cristata) se considera En Peligro Crítico de Extinción en el Libro Rojo de las Aves de España. El Hondo de Elche es uno de los mejores lugares para verla en Europa. Aquí la veis junto a su polluelo.

Flamenco rosa (Phoenicopterus roseus) y focha común (Fulica atra).

Cerceta pardilla (Marmaronetta angustirostris). Otra especie En Peligro Crítico que encuentra en El Hondo un buen lugar donde reproducirse cada año.

Cuchara europeo (Spatula clypeata)

Flamenco rosa, ejemplar juvenil.

Por supuesto, también las libélulas hicieron acto de aparición. Aquí estuve muy atento, porque sabía que había especies que no había visto, a pesar de encontrarme solamente a unos 180 km de casa. Conseguí ver varias especies de odonatos. Destacaba sobre todo, por su abundancia, Anax parthenope. Y finalmente, vi dos especies de libélulas nuevas para mí:
Orthetrum trinacria. Otra especie beneficiada por el cambio climático que cada vez se ve en más puntos del sur de Europa.

Diplacodes lefebvrii. Se ve en algunos humedales del sur de la Península, pero seguramente le pase lo mismo que a la especie anterior.

También vimos otros odonatos, como la típica Ischnura graellsii. Además, aparecieron entre algunos arbustos dos saltamontes, Eyprepocnemis plorans y Heteracris cf. litoralis, y una avispa de la especie Rhynchium oculatum.

Eyprepocnemis plorans
Este ejemplar de Ischnura graellsii decidió posarse sobre el abanico de Clara.
Esta araña del género Larinioides se estaba poniendo las botas con una libélula del género Sympetrum.

Después de comer, nos acercamos a las salinas cercanas a la playa de El Pinet. Allí disfrutamos de la presencia de un buen número de avocetas comunes (Recurvirostra avosetta), así como de más flamencos, una garceta común (Egretta garzetta) y diversas limícolas.
Avocetas (Recurvirostra avosetta)

Flamencos rosas (Phoenicopterus roseus). 

En líneas generales, todas estas observaciones fueron las más relevantes de la jornada, aunque me dejo más aves y plantas, y algún insecto.

A pesar de las áridas condiciones del sureste ibérico, lugares como El Hondo y el sistema de saladares cercanos le otorgan unas particularidades ecológicas a la zona de un gran interés. Por eso, ir a bichear por estas zonas siempre me llena de gran gozo y me estimula mucho el cerebro. 

29 diciembre 2022

Aglais io en Albacete

 La mariposa pavo real (Aglais io, antes Inachis io o Nymphalis io) se distribuye por buena parte de Europa. Sin embargo, en el sur de España es un insecto extremadamente raro y escaso, muy difícil de ver excepto en zonas montañosas. En Albacete, solo hay una cita de 1992 en Riópar y yo vi una en el Hueco de Tus a finales de 2012, hibernando dentro de una vieja casa. Me impactó mucho, porque tenía las alas plegadas y no se movía, pero al ponerla al sol las abrió y se fue volando. Pero ayer, 28 de diciembre de 2022, apareció un ejemplar en la Fiesta del Árbol de la ciudad de Albacete y nos acercamos a verlo.

Aglais io en la Fiesta del Árbol (AB), 28 de diciembre de 2022.
Vista lateral del insecto, mostrando el patrón de camuflaje del reverso de las alas, parecido a una corteza.
    El ejemplar fue detectado por Camilo Gaude y Puri Córcoles, que lo compartieron en el grupo de Facebook "Fauna y Flora de Albacete". Al principio, llegamos a pensar que se trataba de una inocentada, siendo 28 de diciembre, pero era totalmente cierto, ahí estaba la Aglais io. Desafiando a la febrícula y malestar que estoy pasando estos días, nos acercamos a verla.
    Las orugas de este ninfálido se alimentan de ortigas, principalmente Urtica dioica y U. urens, pero también se ha constatado su presencia sobre Humulus lupulus. En el sur de España, U. dioica se restringe a zonas bastante húmedas y frescas (por ejemplo, U. dioica en Albacete solamente se ve en zonas altas de las sierras de Alcaraz y Segura). U. urens está más extendida y aparece en campos de labor nitrificados y bordes de caminos. Urtica pilulifera es otra ortiga muy abundante en mi entorno, pero, por lo que sea, la Aglais io no la utiliza, seguramente porque es un insecto que necesita ambientes más frescos y menos secos que el sur de la Península. El adulto pasa el invierno escondido en resquicios, garajes, etc. Por eso, no es raro observarla en esta época, pero sí en este sitio. Sin duda, se trata de una interesante observación para la ciudad de Albacete. 
Distribución de A. io según GfS.
Citas de A. io en GBIF a día de hoy.
El ejemplar de Aglais io, mostrando sus ocelos. El insecto, cuando se siente amenazado, abre las alas y las frota, asustando al posible depredador, que piensa que un animal grande le está mirando.

26 marzo 2018

Primeras orquídeas del año e invertebrados ocultos

    Han pasado unos días desde que empezaron a surgir las primeras orquídeas en Chinchilla, cuya floración se ha visto frenada por las recientes borrascas que han traido hasta copos de nieve. El 11 de marzo, salimos Ismael y yo a bichear por los alrededores del pueblo y decidimos bajar a la llanura, donde el viento arremetía de vez en cuando contra nosotros y a veces caía un calabobos frío que casi no mojaba. Con él, vi las primeras Ophrys gr fusca, las más tempranas, siempre en unas laderas orientadas hacia el sureste. Son la especie más abundante en la Sierra de Chinchilla y continúan floreciendo hasta finales de abril-principios de mayo. Su floración se solapa con las del resto de Ophrys del lugar.
Ophrys gr fusca
Ophrys gr fusca
    En un casuto abandonado junto a una línea eléctrica y una rambla con un pequeño sauce, bajo una piedra cobijada por un bello almendro en flor, encontré tres arácnidos interesantes. Uno de ellos, el imponente terídido Steatoda paykulliana, no muy común por la zona, junto con un ejemplar que parece de la familia Dysderidae y otra araña sin identificar.
Steatoda paykulliana, ejemplar hembra.
Dysderidae
Salix sp.
    Tres días después, acompañé a Juan José Lucas para que viera alguna que otra orquídea, y de paso nos metimos en los páramos para buscar maquílidos, antiguos insectos considerados fósiles vivientes por los que estoy mostrando bastante interés últimamente. No encontramos ninguno, aunque sí aparecieron algunos artrópodos la mar de interesantes:
Heterócero sin identificar.
Buthus sp. Alacrán o escorpión amarillo.
Crisálida de un ninfálido. Sin identificar.
Julidae. Probablemente del género Ommatoiulus.
Las ootecas de las arañas del género Hersiliola
son muy fáciles de encontrar. La arañita que
realizó esta puesta utilizó una concha de Jaminia quadridens
para elaborar el capullo protector.
Embióptero que encontramos bajo una chapa, compartiendo hogar con una colonia de hormigas Crematogaster auberti.

06 agosto 2017

Safari nocturno en A Franqueira

    Llegamos tarde a A Franqueira. En medio del bosque, se oía de vez en cuando el roce de las hojas entre sí cuando pasaba el viento. Hablábamos en voz baja, con las luces bajadas para reducir nuestro impacto en la fraga.
    Al final de la carretera, vimos marchar por la negra lejanía una serie de puntitos de luz que avanzaban de oriente a occidente, uno tras otro, conservando siempre una distancia igual entre sí. Alfonso exclamó sobresaltado: "Así Dios me salve como es la Santa Compaña". "Es", dije yo. ...
    En realidad, no ocurrió eso, pero no puedo negar que, por lo menos yo, tenía en mente la imagen del Cortejo de las Ánimas que contemplaron Xan de Malvís, también conocido como el bandido Fendetestas, y el alma en pena de Fiz Cotovelo, en El bosque animado. Siempre desde un punto de vista literario y no supersticioso.
    Presentíamos que iba a ser una buena noche naturalística y así fue:
El primer animal que vimos, un opilión gigantesco que jamás había visto: Gyas titanus. Los opiliones son arácnidos, pero no pican ni tienen veneno.
Coelometopus clypeatus, identificado por Jonatan Antúnez.
Rana patilarga (Rana iberica).
Larva de salamandra (Salamandra salamandra). La primera vez que veía esta especie.
    Me encantó ver decenas de cárabos, pero los escarabajos, no los búhos. Los cárabos son escarabajos depredadores que corretean por el suelo en busca de pequeños animales que llevarse a las mandíbulas. Son criaturas crepusculares o nocturnas y por el día se esconden en grietas o bajo piedras o el musgo. Es realmente extraordinario ver un cárabo corriendo por el campo a plena luz del día, ya que no les gusta nada la luz, y prefieren evitar los grandes calores del verano o el frío invernal. A veces se les observa durante el día, en el campo, pero solo en ocasiones especiales, como cuando está nublado y no brilla mucho el sol. Vimos varias especies de Carabus, todas preciosas y nuevas para mí. Normalmente los veíamos por el suelo, pero una vez, al mirar hacia arriba, vimos uno caminando hacia abajo, a varios metros del suelo, sobre el musgo que cubría un abedul: estaría explorando la vida, conociendo nuevos senderos en el bosque de las meigas... Bromas aparte, nos sorprendió esa circunstancia, porque son criaturas que prefieren andar por el suelo.
Carabus cf arvensis.
Carabus cf arvensis.
Carabus lineatus lateralis
Lithobiidae
    Nos íbamos acercando a un regato en busca de algún anfibio, cuando Alfonso se alertó por la presencia de una enorme araña en el centro de su tela, la cual ocupaba prácticamente todo el ancho del sendero. 
Araña de jardín (Araneus angulatus).
    Esquivando correctamente la tela, para evitar deshacérsela al pasar por el lado, pasamos al otro lado; luego colocamos una rama, justo detrás, para que cuando volviéramos a pasar por allí no nos la llevásemos por delante. Seguíamos viendo animales la mar de interesantes, como algunos noctuidos:
Noctua comes, identificada por Alejandro A. Lázaro y confirmada por José Luis Yela.
Noctua pronuba, identificada por Alejandro A. Lázaro.
    Seguíamos viendo decenas de opiliones, por todos lados, incluso se me subieron algunos por el cuerpo, de los gigantes. Suerte que no pican y suerte también que no les rompí ninguna de sus larguísimas patas. Vimos varias setas que no habíamos visto el día anterior, así como varios ejemplares de rana patilarga y decenas de renacuajos y larvas de salamandra. Las babosas seguían estando por todos lados, de varias especies, pero las más llamativas por su tamaño, no las superaba nadie, eran las Arion.
Leccinum scabrum, identificada por Emilio José Salvador.
Rana patilarga (Rana iberica).
    Finalmente decidimos volver a casa. Era muy tarde y no se oía nada, pero hacía frío y el nivel de humedad en el bosque cada vez era mayor. Esquivamos la araña en su tela y volvimos a encontrarnos con otra, en el centro de su tela, que no habíamos visto antes, de un color verde muy llamativo.
Alberto Narro, en Biodiversidad Virtual, me comenta: "Debería tratarse de la subespecie personata de Araneus angulatus. Actualmente, según "Breitling, R., Bauer, T., Schäfer, M., Morano, E., Barrientos, J. A. & Blick, T. (2016b). Phantom spiders 2: More notes on dubious spider species from Europe. Arachnologische Mitteilungen/Arachnology Letters 52: 50-77", establecen esta subespecie como "subspecies inquirenda". Esta subespecie tiene que ser estudiada para confirmar si se trata de una especie críptica del suroeste de Europa, o en cambio, se trata de la A. angulatus personata."

05 agosto 2017

Agallas explosivas, endemismos gallegos y bosques atlánticos en A Franqueira

    He pasado unos días en Galicia, visitando a mi querido y buen amigo Alfonso. Nunca había viajado a esta zona de la Península Ibérica, así que presentía que todo iba a ser nuevo para mí. Si bien muchas de las especies observadas junto a Alfonso eran viejas conocidas mías, hubo un buen número de ellas que jamás había visto. He tenido la suerte de ser guiado por algunos lugares resguardados y poco visitados, donde me he deleitado con el lento movimiento de la enorme babosa Arion, la curiosa forma de huir del escarabajo endémico Carabus galicianus o el chirrido del alcaudón dorsirrojo; en cambio, en otros lugares más frecuentados, también he podido ver las fugaces aletas de los delfines en la ría de Vigo, el ajetreo de las aves marinas en las Islas Cíes, la floración de los brezos en Teixido y muchas otras cosas más, que iré relatando poco a poco en este blog. Más de 3000 km de carretera recorridos en 9 días y más de 1200 fotografías tomadas han dado lugar a estas entradas. Voy a empezar por el primer día, el martes 25 de julio, cuando Alfonso me llevó a su lugar de bicheo favorito: A Franqueira, en la provincia de Pontevedra. Tras mi llegada a Galicia el día anterior y una agradable cena en Valença do Miño (Portugal), fuimos al día siguiente a A Franqueira y en seguida nos internamos en un lugar que en mi mente se relacionaba mucho con la famosa "fraga de Cecebre" de El bosque animado. Era una carballeira entre la cual discurría un sendero que subía y bajaba entre terraplenes cubiertos de líquenes, musgos y helechos. A nuestra mano izquierda, aparecía y desaparecía, entre los fentos, un murete de grandes piedras de granito, cubiertas por verdor silvano. En el suelo, grandes losas redondeadas de antiguos caminos cada vez menos transitados parecían intentar guiar nuestros pasos.
Paxariños (Linaria triornitophora), la primera planta interesante
que vimos, un endemismo del noroeste de Iberia.
Fronde de lonchite (Blechnum spicant).
Dedalera (Digitalis purpurea). Una de las últimas flores de esta especie
que quedaban en la zona.
    A veces el sendero se curvaba imperceptiblemente o nos interrumpía el paso un pequeño regato que había que atravesar saltando de piedra en piedra. De lejos se oían las campanillas de las vacas.
Gran babosa negra (Arion ater) junto a una seta.
Las babosas gallegas son las más grandes que he visto nunca.
Frutos de la hierba de San Juan o sanalotodo (Hypericum androsaemum).
Planta típica de bosques atlánticos umbrosos y húmedos.
    Los robles (Quercus robur) que flanqueaban el senderillo dejaban caer abundantes agallas redondas (gen. Andricus) de un tamaño algo menor que pelotas de golf, pardas y húmedas, y al pisar la hojarasca crujían rompiéndose. Estábamos hablando de cómo se producen las agallas mediante la picadura de un insecto en el tejido de la planta, mientras Alfonso sostenía una entre sus dedos, cuando esta se rompió en mil pedazos, explotando como una pequeña bomba, llenándonos la ropa de pequeños insectos parecidos a hormigas.
Helechos (Dryopteris filix-mas) a contraluz.
Sendero en el bosque atlántico. A Franqueira.
    Poco a poco, el sendero fue dejando atrás los árboles momentáneamente y aparecimos rodeados de fentos en un claro muy soleado, donde volaban insectos de varios tipos. Uno de ellos era una medioluto ibérica (Melanargia lachesis). También revoloteaban por allí lobitos agrestes (Pyronia tithonus), que se posaban en las zarzas a tomar el sol. Una enorme mosca nos sorprendió, era una Volucella.
Medioluto ibérica (Melanargia lachesis).
Lobito agreste (Pyronia tithonus).
    En ese claro del camino, a mano derecha, en la ladera del terraplén, vimos varios helechos, uno de ellos llamó mucho mi atención pues se trataba del helecho real (Osmunda regalis), que solamente había visto una vez, cultivado. Este es uno de los más grandes en Europa. No sería el último de esa especie que vería en este caminar por Galicia... En la hierba, saltaban a nuestro paso los ortópteros, como los Oedipoda, Calliptamus y algún Chorthippus que desconozco todavía.
Chorthippus parallelus, identificado por Jonatan Antúnez.
    Poco a poco, el camino volvió a internarse en la húmeda floresta verde y luminosa y siguieron apareciendo nuevas e interesantes especies para observar, como líquenes Usnea, que denotaban la alta calidad ambiental del lugar.
Líquen Usnea, que crece sobre ramas y cortezas en bosques bien conservados y
de aire puro y con humedad ambiental alta.
Calimorfa (Euplagia quadripunctaria). Sus orugas se alimentan de ortigas y otras plantas.
Lagartija gallega (Podarcis bocagei), la primera que veo.
Peltigera sp. 
Russula virescens,
identificada por Emilio José Salvador, de la Asociación Micológica de La Roda.
    Conforme avanzábamos, el camino, que se había convertido en una suerte de túnel verde entre los árboles y arbustos, comenzó a descender. Llegamos a un pequeño puente que cruzaba un arroyo que se desparramaba entre los guijarros, algunos cubiertos de musgo Polytrichium. En las frías y cristalinas aguas nadaban, donde podían, los zapateros, y bajo algunos guijarros encontramos un escarabajo que nunca había visto, un endemismo gallego, el Carabus galicianus. Este escarabajo único en el mundo vive siempre cerca de aguas corrientes y limpias en bosques bien conservados, se considera un indicador de hábitat poco manipulado por la mano del hombre. Caza por la noche, alimentándose de pequeños animales como gusanos o insectos, y si se ve en peligro, es capaz de meterse en el agua, agarrándose a las piedras con sus pequeñas uñitas. Se distingue bien por sus fémures de color butano.
Carabus galicianus
Carabus galicianus
    Lo cierto es que me enamoré de aquel pequeño rincón umbroso y húmedo, donde el lonchite crecía con gran abundancia. Entre los abedules cubiertos de musgos y líquenes, cantaban los herrerillos. En las grietas escondidas bajo las frondes de los helechos y la hiedra de la ladera se escondían las ranas patilargas y reptaban las larvas de los cárabos. Volvían las grandes babosas negras a hacer acto de aparición junto al agua, dejando tras de sí un pequeño sendero plateado.
Larva de Carabidae.
Rana patilarga (Rana iberica), muy parecida a la bermeja.
El mágico rincón de los Carabus galicianus, entre abedules, salgueiros y robles.
Uno de mis lugares favoritos...
     Este, sin duda, era uno de esos bosques mágicos que salen en los libros de cuentos. Como hadas, volaban entre las hierbas las típulas, en pleno acto amoroso, pero cubiertas de incómodos ácaros parásitos. Las típulas son dípteros frágiles que no pican, pero por su tamaño, muchas veces acaban aplastadas por quien no las conoce, pensando que el picotazo que pueden soltar debe de ser considerable. Lo cierto es que las típulas no pican, y muchas especies ni siquiera pueden comer (otras, se alimentan de néctar) porque sus piezas bucales son inútiles.
Típula "a" (Tipula maxima), cubierta de ácaros parásitos. 
Típulas (Tipula maxima) copulando. 
    Un zumbido agresivo, mientras decidíamos sobre el pequeño puente qué hacer a mediodía, nos hizo mirar a un lado del arroyo. Sobre una oscura piedra, había un ejemplar de avispa asiática (Vespa velutina), la temida especie invasora. Del tamaño de un avispón europeo (Vespa crabro) pero más oscuro, esta especie captura abejas y otros pequeños insectos para llevarlos a su nido y alimentar sus larvas con ellos. Se ha adaptado muy bien en el Noroeste de España, ya que el clima es similar a su lugar de origen, en Asia. Llegó a Europa en un barco de carga en 2004 y se extendió rápidamente. La avispa asiática la vimos prácticamente en todas las excursiones que hicimos. Finalmente decidimos volver a un parquecillo con mesas para comer, recorriendo el mismo camino entre abedules, sauces y carballos y seguimos viendo nuevas cosas... Se nos hizo muy incómoda la vuelta, pues las moscas planas nos intentaban acribillar, pero por suerte, nosotros éramos más rápidos. Por si esto fuera poco, encontré varias garrapatas más pequeñas que la cabeza de un alfiler caminando tranquilamente sobre mis manos.
Daedalea quercina, identificada por Emilio José Salvador,
de la Asociación Micológica de La Roda.
Cistácea sin identificar, tal vez un Halimium, que crecía en medio del sendero.
    En aquel merendero donde paramos, había una pequeña ruta botánica con árboles y arbustos con carteles y sus nombres en gallego y castellano, así como el nombre científico. Había varios pinos de Monterrey (Pinus radiata) plantados que daban sombra. Este pino es una especie muy usada para reforestar en el norte ibérico, aun sin ser autóctona. Aproveché para coger una piña del suelo, con su característica "barriga" lateral. Después de comernos cada uno varios bocadillos, Alfonso me llevó bajando una carretera a pie, para seguir explorando en otra zona boscosa, entre abedules, sauces y arraclanes.
Ninfa de Tettigonidae sobre un brezo (Erica cf cinerea).
Centaurea nigra
Nemobius sylvestris. Hembra.
Conforme caminábamos por la carretera, subiendo la colina, el bosque variaba poco en esta zona.
Todo eran abedules y carballos que crecían altos entre los zarzales y la hiedra.
    En el bosque había caballos semidomésticos que caminaban con parsimonia entre las zarzas y los perros asilvestrados huían de nosotros. Tras observar con detenimiento una vieja tronca de abedul en putrefacción, donde las larvas de coleópteros crecían y se alimentaban, Alfonso me dijo que iba a llevarme a otra zona más expuesta, con pinos "mansos" repoblados (Pinus sylvestris), pinos marítimos (Pinus pinaster), brezales y tojos (Ulex europaeus). Así que deshicimos nuestros pasos y llegamos a otro camino, efectivamente, más abierto.
Toxo (Ulex europaeus)
A Franqueira
    En este lugar, los tábanos y las moscas planas de las vacas parecían mucho más agresivas y lo cierto es que hubo un tramo que se hicieron bastante pesadas y caminar por el sendero se hacía muy incómodo. De repente, Alfonso me advirtió de la presencia de un ave que tenía muchísimas ganas de ver: ¡un alcaudón dorsirrojo (Lanius collurio)! El canto de un macho, que volaba y se posaba en unos plátanos de sombra que la gente del pueblo había plantado entre los fentos, resonaba sobre las cumbres de la zona. Alfonso me llevó a un rincón que consistía en una especie de corral muy amplio de piedras apiladas. Allí me tuve que sentar en la hierba, porque no podía más del cansancio y del calor, y los bichos siguieron apareciendo poco a poco.
Tenía muchas ganas de ver este caracol: Portugala inchoata. Típico de Galicia y Portugal.
Hembra de alcaudón dorsirrojo (Lanius collurio).
    Sentado en la sombra del muro, sobre el que crecían helechos y brezos, vi una garrapata subiéndoseme al brazo, así que con un escalofrío, me levanté y decidimos seguir explorando, ya de vuelta. Alfonso me llevó a un extraño bosquete de xestas (Cytisus scoparius). Eran arbustos enormes y tapaban la luz del sol, que ya bajaba hacia el horizonte. El tímido reclamo de un camachuelo común (Pyrrhula pyrrhula) se oía a lo lejos, junto con los bufidos de más caballos. El cansancio y el calor nos hicieron volver sobre nuestros pasos, pero incluso así pudimos ver más animales, como algunos pájaros cantores:
Tarabilla europea (Saxicola torquatus).
Acentor común (Prunella modularis).
   Poco antes de entrar al coche y rehidratarnos, vimos un mutílido que aún no he conseguido identificar. 
    Fue un día genial. Aun así, no podía imaginar cómo iban a ser los siguientes días en esta máxica terra das meigas e da Santa Compaña, explorando turberas, bosques, islas atlánticas y campos, y viviendo experiencias inolvidables junto a mi buen amigo. Esto solo acababa de empezar...

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*Más información:
-Flora de Galicia, blog.