martes, 26 de abril de 2011

Habitante del bosque mediterráneo

    La lata de refresco es un ser común en el bosque, especialmente en el Cerro de San Cristóbal, en Chinchilla de Montearagón. Se trata de un ser metálico fuera de su hogar que es abandonado por las incautas manos humanas cuando deja de cumplir su función: refrescar y aportar una cantidad mediana de líquido burbujeante.
    Una lata fuera del frigorífico o la papelera es un ser vergonzoso, que queda a merced del azote de los vientos salvajes. En ocasiones, algunas de estas latas son recogidas por personas preocupadas por el medio ambiente y son llevadas a puntos de reciclaje o almacenaje. Generalmente, el destino de las latas de refresco es otro. Las latas de refresco, como se ha dicho, son seres metálicos. Tras ser abandonadas, normalmente, se vuelven salvajes e incluso se aproximan peligrosamente a otros seres, pero seres vivos, como el tomillo de una acequia al que se acercó esa lata de Coca-Cola de la foto, creando de este modo un claro impacto visual. El destino final de una lata de refresco olvidada en el monte es la oxidación y... ya no sé qué llega a ser de ellas. La lata de refresco es uno más de los innumerables desperdicios del humano maleducado y simple. Existen lugares naturales en los que la lata de refresco se codea con cajas de cigarrillos, zapatillas, bolsas de plástico de incontables contenidos, cajas de cartón, papeles, condones, y la gran amiga de la lata: la botella de cerveza, que, como se sabe, causa estragos al atravesarla la luz solar. Lo malo es que ni tan siquiera un monstruoso incendio forestal, que lame con sus innumerables lenguas ardientes centenares (por no decir millones) de árboles, segándoles la vida y amenazando vidas -incluso humanas-, ni siquiera eso convence al humano incauto para que no lance MIERDA al bosque.


8 comentarios:

  1. Ese tipo de humanos no sé qué hace en los espacios naturales pudiendo disfrutar de un buen revolcón en el basurero municipal de su ciudad. Estoy seguro de que es el mejor lugar para esta chusma marrana.
    Yo tampoco lo puedo evitar, compartir espacio con esta gente me produce muy mala gana.


    Saludos Guillermo.

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  2. Es tremendo, Javi. Algún día tendré que hablar también de los jóvenes que cogen las motos y se lanzan al monte literalmente...

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  3. Dentro de mi labor como educador de niños en el escultismo, una de las cosas que no tolero y educo a mis niños en este tema, es dejar el lugar que visitamos en mejores condiciones en que lo encontramos. Educando desde la base, es decir, con niños entre 6 y 8 años, se consiguen resultados excelentes, de colaboración y limpieza.
    Siempre desde la base...
    Saludos Guillermo¡¡

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  4. ¿Por qué me tengo que encontrar esta puta lata en todas partes?.
    Saludos.

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  5. *Javier (paisano): haces genial. Como muy bien dices, lo mejor es educar desde la base. A partir de los 12 años, es imposible hacerles cambiar de mentalidad, por mucho que insistas, aunque uno nunca se cansa de hacerlo. Bueno, un poco sí.

    *Tejón: Eso digo yo, ¡¿por qué?!

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  6. Como alguien dijo por ahí..."Que tras de tí sólo queden tus huellas".

    Yo también me pongo enferma, y empiezo a recoger todo lo que veo, lo cual es un problema y frustración, porque vuelvo cargada como una burra y sin haber podido recoger todo lo que quisiera. Necesitaría dos mochilas.

    Increíble que la gente tire por ahí cosas que tardan 1000 años en deshacerse, no sé si el caso de las latas, pero sí las botellas de plástico. Y el vidrio mucho más.

    Saludos!

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  7. Gracias por tu denuncia Gui.
    ¡Que triste, que triste....

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  8. jope no entiendo xq hay gente asi,que va dejando la basura xdonde le da la gana ! no piensan en las consecuencias!!!-.- estoo es vergonzosooo !!!! ¬¬

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