martes, 21 de julio de 2015

En El Torcío

El otro día (11.07.2015) estuve explorando, junto a unos amigos, las orillas del río Júcar a su paso por el término municipal de Albacete, en el paraje conocido como El Torcío. Para llegar hasta allí desde Albacete, ha de dirigirse uno por la carretera que lleva a Los Pinares, junto a Romica, y en uno de los desvíos se llega hasta el pequeño paraje, atravesando repoblaciones de pinos carrascos y piñoneros, con buenos sotobosques de romeros y coscojas en algunas zonas, y algunos nogales y encinas solitarios.

El Júcar, a su paso por el paraje de El Torcío. El Júcar, a su paso por el paraje de El Torcío.

Uno de nuestros amigos, amante de la pesca sin muerte, se entretuvo a la orilla del agua, intentando pescar alguna carpa, y mientras, fuimos a dar un paseo para explorar la zona. Alejándonos de la orilla del Júcar, las áridas laderas de las lomas aparecían cubiertas de vegetación mediterránea como romeros, coscojas, pinos carrascos y piñoneros, encinas y algunas zarzas y espinos albares, así como retamas y cardos. Las uvas de pastor (Sedum sediforme) alzaban sus amarillas inflorescencias entre los tomillos y las rocas. Muchas hierbas ya hacía días que andaban agostadas, pero los insectos se encuentran en su salsa en esta zona: calor y sol es lo que necesitan para concluir sus ciclos. Vimos varias especies de hemípteros (chinches), muy abundantes en el monte por estas fechas:
Carpocoris mediterraneus
Carpocoris mediterraneus
Carpocoris mediterraneus
Graphosoma lineatum
Jess tuvo la suerte de ver un insecto que jamás he visto, yo me lo perdí, pero al menos le hizo una foto. Se trata de una Stictocephala bisonia, una chinche saltadora de la familia Membracidae, procedente de Norteamérica, que se ha extendido mucho por el sur de Europa.
Stictocephala bisonia Stictocephala bisonia

Una de las chinches que vi y que fotografié me sorprendió horas más tarde, al comprobar la foto, ya que su escutelo servía de hogar a un pequeño grupo de ácaros parásitos chupadores de hemolinfa.

Chinche verde (Nezara viridula) parasitada por ácaros. Chinche verde (Nezara viridula) parasitada por ácaros.

Agalla de la avispa parásita Diplolepis eleganteriae sobre un foliolo de rosal silvestre (Rosa sp.). Agalla de la avispa parásita Diplolepis eleganteriae sobre un foliolo de rosal silvestre (Rosa sp.).

También hubo tiempo para la observación de aves. Las oropéndolas europeas (Oriolus oriolus) no dejaban de cantar desde los altos álamos plateados, incluso conseguimos ver una hembra; pero, sin duda, la estrella de la tarde fue un jovencito alcaudón común (Lanius senator) que se mostró muy dispuesto a ser observado por nuestros curiosos ojos, mientras devoraba una abeja. El canto de los jilgueros resonaba por el vallejo y las golondrinas rozaban el agua a toda velocidad con sus cortos picos para saciar la sed.

Alcaudón común (Lanius senator), joven. Alcaudón común (Lanius senator), joven.

La flora de la zona también tiene interés científico. Un espino albar (Crataegus monogyna), con los frutos todavía verdes, resistía implacable la insolación veraniega de media tarde, junto al camino, a unos metros del río, donde la zona perdía esa humedad característica de los bosques de galería.

Espino albar (Crataegus monogyna) Espino albar (Crataegus monogyna)

Los árboles que crecen en la orilla forman un paisaje característico. Los álamos blancos (Populus alba), de follaje plateado, parecen de purpurina cuando el viento voltea las hojas y muestra su envés blanquecino. Otros árboles comunes en la zona son el fresno (Fraxinus angustifolia), los sauces (Salix sp.) y el olmo (Ulmus minor), que no es raro por el Júcar albacetense. En las orillas, los carrizos (Phragmites australis), las cañas (Arundo donax) y las eneas (Typha domingensis) hacen imposible el acceso a las salvajes aguas del Júcar, formando un ambiente sombrío y húmedo que aprovechan los invasores peces mosquito (Gambusia holbrooki) para resguardarse y alimentarse. Estas zonas remansadas son óptimas para ellos, ya que no se aventuran al centro del cauce, donde el agua podría llevárselos, y porque se alimentan de pequeñas larvas de insectos que viven entre los tallos de estas plantas palustres.

Bosque ripario en El Torcío. Bosque ripario en El Torcío.

Fue una tarde de exploración y descubrimientos naturales en compañía de mis amigos Alex, Mariadel, Marta, Nuria y mi Jess, acompañados por el fluir de uno de los ríos que hidratan las secas tierras de nuestra zona, el Júcar.

1 comentario:

  1. Un paseo sin desperdicio alguno. Por cuestiones técnicas que desconozco me he quedado con las ganas de ver la cópula de las chinches rayadas. No creo que se deba a mi indiscreción. ;-)

    ResponderEliminar

¿Te ha gustado? ¿Qué te ha parecido? ¿Quieres sugerir o preguntar algo? ¡Deja un comentario!
Gracias por tu participación.