La desembocadura del río Miño: A Guarda y Caminha

Pinares marítimos en la playa de Camposancos.
    El segundo día, fuimos a la desembocadura del río Miño. El día pintaba muy soleado (cogimos buen color de piel). Llegamos a unas playas arenosas donde crecían pinares de pinos marítimos y muchas plantas costeras  como la azucena de mar (Pancratium maritimum). Era la praia de Camposancos. De ahí directamente fuimos a la rocosa orilla del mar, en busca de los primeros animales de la jornada. La marea baja había dejado miles de pequeños charcos intermareales repletos de vida acuática con peces de diversas especies, moluscos, crustáceos, cnidarios... Nos detuvimos un buen rato observando los seres que moraban en el agua. Había peces minúsculos en bancos, gobios, camarones y muchas algas de varias especies, como Ulva lactuca y Enteromorpha.
Las algas de aspecto incrustante creo que son Lithothamnia; las lapas, Patella depressa;
los mejillones Mytilus, los bígaros son del género Gibbula y el tomate de mar o anémona es Actinia equina.
Es una pena que haya perdido para siempre mi libro de fauna y flora costeras del mar del Norte, en inglés,
que si bien no trata la misma zona, tenía muchas especies atlánticas comunes que podría haber identificado. 
Todas esas conchas negras son mejillones (Mytilus sp.).
Mejillones, lapas y cirrípedos.
    Había cormoranes moñudos justo donde rompían las olas con violencia, sentados en las rocas con tranquilidad. Nosotros decidimos continuar por otro lado, alejándonos algo más del agua. Teníamos la esperanza de ver alguna víbora de Seoane (Vipera seoanei), así que estuvimos alerta por si aparecía alguna. No hubo suerte, pero vimos otras cosas.
Podarcis guadarramae lusitanicus.
    Avanzábamos por la carretera bordeando la punta de Santa Tecla, ahora hacia el norte, hacia A Guarda. El sol pegaba con fuerza en la costa y empezamos a sentir la piel algo cansada de estar tan expuesta a los elementos. Algunas aves volaban de aquí para allá, un buitrón (Cisticola juncidis), tarabillas, gaviotas patiamarillas y reidoras...
Tarabilla europea (Saxicola torquatus).
Coreus marginatus, una chinche, sobre un muro de un corral abandonado.
    Por las fotos que veía en Facebook de mis amigos gallegos, veía que había muchos animales (y plantas) que, siendo tan comunes en Albacete, siguen siéndolo también en Galicia, a pesar de todo. Es el caso de la langosta egipcia (Anacridium aegyptium), que pudimos ver también aquí, en La Guardia, en varios puntos del camino, asoleándose. 
Langosta egipcia (Anacridium aegyptium).
    Finalmente, llegamos a La Guardia, o A Guarda en gallego, donde comimos "lo típico": pimientos de Padrón, zorza, pulpo... Después acudimos al puerto, a ver qué nos encontrábamos. Como solamente había gaviotas, decidimos volver y dirigirnos a Caminha, al otro lado del Miño, en Portugal. 
Panorámica de La Guardia / A Guarda.
Inmaduro de gaviota patiamarilla (Larus michahellis).
Verderón común (Chloris chloris) sobre un torvisco (Daphne gnidium).
    No vimos muchas cosas de interés o nuevas durante la caminata de vuelta a la playa de Camposancos, aunque destacó una oruga de Orgyia aurolimbata, un endemismo ibérico que me ha identificado amablemente Alejandro A. Lázaro Camafreita, quien obtuvo la primera cita de esta especie en la provincia de La Coruña.
Orgyia aurolimbata.
Lagartija lusitanica (Podarcis guadarramae lusitanicus).
Flor de la pasión (Passiflora caerulea) naturalizada junto al camino.
El hinojo de mar (Crithmum maritimum), prixel de mar en gallego, abunda en la zona.
    Finalmente llegamos al coche y cruzamos el Miño hasta llegar a Caminha. Allí, Alfonso me llevó a la orilla del río y estuvimos mirando gaviotas, y después a un humedal donde no había absolutamente ningún ave. Como estábamos cansados pero también nos dejó con mal sabor de boca el no poder pajarear por Caminha, decidimos que, esa misma noche, iríamos de safari nocturno a A Franqueira, a buscar animales de la noche en pleno bosque atlántico... La noche pintaba bien.
Gaviota reidora (Chroicocephalus ridibundus).
Gaviotas reidoras de diferentes edades.
No vimos nada aparte del paisaje. Algún jilguero, pardillos, gorriones...
Seixas, Portugal, com os seus lindos azulejos.
Una lagartija (Podarcis guadarramae lusitanicus) sin cola (le volverá a crecer),
que encontramos en una calle de Seixas.

Comentarios

  1. A pesar de que Caminha no te ofreció gran cosa ese día, me alegro de que no te fueras de la desembocadura de Miño de vacío.

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