Mostrando entradas con la etiqueta Galicia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Galicia. Mostrar todas las entradas

15 febrero 2018

Plantas carnívoras y lepidópteros en las turberas | Lagoa de Alcaián, Braña Rubia

    Esta es la última entrada sobre mi aventura por tierras galaicas, que ocurrió el día 1 de agosto de 2017. Alfonso y yo quedamos en Santiago de Compostela con Alejandro A. Lázaro Camafreita alias Geometridae (de Geometra conservancy), un crack del mundo lepidopterológico, que nos guió a una zona de turberas la mar de interesante. Allí, entre helechos reales (Pteridium aquilinum) y zarzales, aparecieron especies muy interesantes, algunas de ellas nuevas para mí. Alejandro nos había prometido bichear bien y aunque el día no parecía augurar buen tiempo, finalmente yo me llevé alguna que otra cosa sorprendente fotografiada en la memoria de la cámara, aparte de las perneras del pantalón empapadas, pues tuve un pequeño percance en un estanque no muy profundo...
Brezo de las turberas (Erica tetralix), indicadora de gran acidez en el sustrato.
Lobito agreste (Pyronia tithonus), macho.
Manto oscuro (Lycaena tityrus).
Díptero sin identificar.
Ochlodes sylvanus, macho.
Acrobasis porphyrella
Drossera intermedia
Drossera intermedia
    También pudimos observar pito real (Picus sharpei), Carabus sp., una hembra de tamaño medio de Argiope bruennichi y un gladiolo (Gladiolus sp.).

16 noviembre 2017

Breve andanza por los montes de Mouriscados y Mondariz

 El antepenúltimo día de mi estancia por tierras gallegas, junto a mi amigo Alfonso, fuimos a la zona de Mouriscados, por la tarde. Era el día 31 de julio. Alfonso me llevó a unos montes bastante curiosos, repoblados con abetos de Douglas.
Abeto de Douglas (Pseudotsuga menziesii)
Neocalicrania sp.
    Era un día raro. Estaba nublado pero no llovía, hacía algo de fresco... Fuimos a buscar anfibios a una charca, pero solamente encontramos ranas comunes y algún tritón ibérico, así que nos tuvimos que entretener con lo que había:
Acrididae
Euchorthippus sp.
Mantis religiosa
Mantis religiosa
Posible Chorthippus jucundus.
    Volvimos pronto. Después de cenar dimos un paseo nocturno por Mondariz (balneario) a ver qué aparecía. Allí, en una extraña fuente burbujeante de cristal, bebimos un agua que sabía a Vichy Catalán y olía a pedo de troll. No hubo tanta suerte en lo que se refiere a fauna, pero vimos una enorme babosa del género Arion y un ciervo volante menor muerto.
Arion sp.

09 noviembre 2017

Perdidos por la provincia de Pontevedra

    Después de la aventura en San Andrés de Teixido, decidimos que al día siguiente, que era el sexto (30 de julio), no nos moveríamos muy lejos de casa, dentro siempre de la provincia de Pontevedra. No cogimos mucho el coche, pero sí anduvimos y nos metimos por rincones bastante poco transitados, a juzgar por la cantidad de fentos, zarzas y arbustos diversos que crecían por los senderos. Por mi parte, tenía muchas ganas de volver al "hábitat" de Alfonso en A Franqueira o "La Francesa", como erróneamente lo llamé el primer día. Me parecía uno de los lugares más interesantes que mis pies habían pisado en tierras célticas y teníamos la suerte de que nos quedaba cerca. Nos metimos por un camino distinto al de las otras veces, que Alfonso conocía. Bajando la carretera, veíamos que el cielo se nublaba algo, aunque luego se despejó. Un tojo cercano atrajo nuestra atención, en él había un colorido escarabajo longicorne, la Oberea oculata, cuyas larvas se alimentan de tejidos de sauces. 
Oberea oculata (fam. Cerambycidae).
    Siguiendo el camino, nos encontramos con unos amables aldeanos, que nos saludaron con unos amables "¡Bos días!". Estuvimos un rato hablando con ellos y nos recomendaron un camino que daba la vuelta al valle, junto al río, lo cruzaba y luego seguía hasta unos viejos molinos, y después llevaba a la aldea de O Formigueiro. Así hicimos. Nos despedimos de ellos y seguimos caminando. Al final, llegamos al puentecillo del riachuelo donde vimos los Carabus galicianus, pero por otro camino.
Joven helecho real (Osmunda regalis), bastate común en Galicia.
¡A la rica mora!
Líquenes de varias especies.
Me quedaría aquí a vivir.
El bosque estaba tranquilo, interrumpido el silencio, en ocasiones, por el reclamo de algún herrerillo.
El lonchite (Blechnum spicant) es un helecho fácil de ver en terrenos ácidos de bosques húmedos.
    Y en el puentecillo, entre los abedules y sauces, no había mucho que ver. Volvimos a buscar anfibios y encontramos lo mismo que las otras veces. Había algunas setas y muchas babosas negras gigantescas del género Arion. Volví a encontrarme alguna garrapata caminando tranquilamente sobre mis brazos. Nos entretuvimos bastante rato fotografiando setas y haciendo pruebas con la cámara, mientras se aproximaba la hora de comer. Mientras Alfonso tardaba y tardaba, practicando con su pepino de cámara, yo decidí hacer fotos de paisajes. Y esta que veis abajo fue la que mejor me quedó y la que creo que mejor refleja el ambiente de este mágico rincón gallego.
A Franqueira.
    A Alfonso se le ocurrió que quizás podríamos comer en La Cañiza, o A Cañiza, conocido enclave donde se producen jamones serranos de primera calidad. Volvimos a paso rápido al coche, pero nos desviamos por la aldea de O Formigueiro.
Pequeña setita creciendo sobre un tronco muerto en A Franqueira.
Camino de vuelta a O Formigueiro.
Bombus pascuorum
    Tras un sendero bastante difícil de transitar, invadido por zarzas, helechos y hiedra, llegamos a O Formigueiro, donde un ejército de perros nos ladró durante nuestro recorrido por esta pequeña aldea hermana de A Franqueira. Nos encontramos con las gentes que habíamos visto antes, y les preguntamos si habían visto alguna salamandra. Nos indicaron que cerca había una gran balsa con agua donde podían verse. Nos pareció raro, pues las salamandras no son muy dadas a meterse dentro del agua, así que pensamos que seguramente las confundían con algún tritón. Y efectivamente. Tras cruzarnos con una vaca que se había perdido por en medio del bosque y que emitía un bramido que nos atravesaba las "corás", llegamos a la balsa, donde decenas de tritoncillos nadaban. Eran tritones ibéricos (Lissotriton boscai). Nueva especie para mí. 
Lissotriton boscai 
Lissotriton boscai
Larva de odonato.
    Tras zamparnos sendos bocadillos descomunales de jamón serrano con queso en La Cañiza, nos acercamos a un pueblecito donde comenzaba la ruta del río Xabriña. Nos pareció un lugar encantador, con callejuelas limpias con macetas de hortensias y azaleas, helechos en los rincones y florecillas amarillas por doquier. Las golondrinas comunes iban y venían por las callejuelas soleadas, entonando sus cánticos veraniegos.
Si has ido a Galicia y no has fotografiado un hórreo, no has ido a Galicia.
Sobre el sendero caían las ramas de muchos árboles distintos cultivados en las huertas de la zona. Había árboles curiosos como robles americanos, abetos de Douglas, laureles, avellanos...
Lobito agreste (Pyronia tithonus).
    El camino nos llevó hasta unos molinos de agua, os muiños do Outeiro, abandonados pero rehabilitados para ser visitados, aunque ruinosos. Entre muretes de piedras acumuladas unas encima de otras, laureles, robledales y pinares, íbamos sorprendiéndonos con hallazgos la mar de interesantes. La luz se filtraba entre los árboles del arroyo, reflejándose en el agua que corría bajo las enormes frondes de Osmunda regalis.
Colmenas.
Oruga de Cilix sp. sobre endrino. En este mismo endrino encontramos
también una oruga de Iphiclides feisthamelii.
    En un recodo del río, nos entretuvimos tomando fotos hasta que empezó a oscurecer. Entre otras cosas, pude ver una huella de mustélido, un escorpión de agua (Nepa cinerea), más babosas, helechos, luciérnagas... Fue un día genial aunque hizo bastante calor para mi gusto y las rutas de campeo empezaban a pasar factura... Pero todavía quedaban dos jornadas de bicheo por la fantástica tierra de Galicia.
Maravillas de la naturaleza.
Calliptamus sp.
Helecho.
O muiño de Rita.
Rana patilarga (Rana iberica).
Codeso (Adenocarpus lainzii).

03 septiembre 2017

San Andrés de Teixido

"-¡Jesús, María, José! -exclamó entonces, santiguándose-. ¿Quién eres y qué quieres de mí?
Y el fantasma habló con la voz afligida, un poco en falsete, de todos los fantasmas:
-Soy el ánima de Fiz Cotovelo, el de Cecebre, que anda penando por estos caminos.

-¿Quieres unas misas? -preguntó Fendetestas, como si las llevase él en el bolsillo.
-Nunca vienen mal -parece que respondió el fantasma-. Pero si me ves así es porque hice en vida la promesa de ir a San Andrés de Teixido, y no la cumplí, y ahora necesito que un cristiano vaya descalzo y peregrinando en mi lugar, y que lleve una vela tan alta como yo he sido."

El bosque animado,
Wenceslao Fernández Flórez (1943)

Santo André de Teixido.
    Yo quería visitar un pueblo de la provincia de La Coruña llamado San Andrés de Teixido, una bella aldea situada casi al borde de unos acantilados junto al mar, en el municipio de Cedeira. Supongo que fue una promesa que me hice a mí mismo pensada a raíz de leer el libro que menciono arriba. Para quitarme la hincha, fuimos Alfonso y yo el quinto día, el 29 de julio de 2017. Es curioso, pero dentro de la Península Ibérica, San Andrés de Teixido es el lugar más lejano de mi casa que he visitado. Teníamos previsto pasar el día por la zona y bichear con tranquilidad. Primero, visitamos su famoso santuario, la capilla de San Andrés, famoso lugar de peregrinación, también conocido como "la capilla del fin del mundo". Tomamos unas fotos, comimos en "Os Loureiros" (100% recomendable) y nos dispusimos a explorar la zona. Subimos una callejuela que se internaba por un sendero entre arbolillos, hacia O cimal da costa. El camino era umbrío, húmedo, lleno de helechos y tábanos que se nos posaban en el cuello y a mí me picaron. Había florecillas, como malvas y poleo, y helechos como la lengua de ciervo (Phyllitis scolopendrium).
Malva, posiblemente Malva tournefortiana.
    El sendero subía y subía, entre fentos y muretes de rocas oscuras. Por el suelo saltaban decenas de saltamontes, acrídidos que aún no he identificado. Había grandes laureles, avellanos, alisos, sauces y pinos en torno al camino, que atravesaba algunas huertas y establos.
Camino hacia A costa pequena.
Caracol de Quimper (Elona quimperiana), molusco escaso que se puede
observar en el norte de la Península Ibérica y en el oeste de Francia. Especie protegida.
Acrididae.
    Atravesamos una plantación densa de eucaliptos en la que todavía quedaba algún rastro del bosque caducifolio original, como robles y avellanos, y tardamos en subir casi una hora. Nos sorprendió una pequeña culebra lisa europea (Coronella austriaca) que se nos cruzó en medio del camino.
Culebra lisa europea (Coronella austriaca)
Las vistas eran magníficas conforme subíamos.
El Océano Atlántico en todo su esplendor.
Exosoma lusitanicum.
    Conforme avanzábamos hacia lo alto de la ladera, la floración de los brezos y el tojo nos sorprendía. Tuvimos que descansar varias veces, porque el sol se colaba entre las nubes y nos acalorábamos en seguida. Había abejorrones libando sus flores y dípteros diversos. De vez en cuando, veíamos algún lepidóptero, como una C-blanca (Polygonia c-album). De repente, en medio del camino, nos encontramos un pequeño animal muy curioso, que resultó estar muerto; era un pequeño escarabajo reluciente llamado Trypocopris pyrenaeus. Nunca lo había visto.
Trypocopris pyrenaeus
     Finalmente, llegamos a la parte superior de la ladera, donde nos encontramos con un curioso paisaje. Se notaba que estábamos a unos 100-200 m sobre el nivel del mar, que quedaba a nuestras espaldas. Los tojos crecían aquí y allá, y también algunos pinos, que se agrupaban más densamente delante de nosotros, al otro lado de una carretera. Un ruido ensordecedor nos mantuvo alerta, pero solo se trataba de una caravana de motocicletas que iban hacia San Andrés de Teixido. Una vez hubo pasado semejante y curiosa manada, cruzamos al otro lado. Entre los pinos de Monterrey y los marítimos, volaban algunas tarabillas, y la hierba estaba cuajada de setas de varias especies. A lo lejos, había un grupo de caballos.
Thymus cf longicaulis.
De aspecto achaparrado por estar muy expuesto a los elementos y el ramoneo.
Pinos y hongos.
Russula sp.
    Tras un paseo entre los pinos, levantando piedras y encontrando interesantes babosas y miriápodos, volvimos sobre nuestros pasos para contemplar en panorama del Atlántico y los cortados coruñeses del entorno de San Andrés de Teixido.
Dianthus sp.
Cucaracha del género Phyllodromica.
San Andrés de Teixido.
Erica vagans.
    El viento empezó a arreciar con más fuerza. Entre las grandes rocas de aspecto arcilloso y los milladoiros, encontró Alfonso una curiosa huella, sin duda, del famoso y desconocido "Niño de Teixido".
"El Niño de Teixido es un ente que habita en los alrededores de la aldea de San Andrés de Teixido, en Cedeira. Hace muchos años, una familia de fama que vivía en la zona, se dió cuenta de que uno de sus hijos no acudía a la mesa. Cuando entraron en el dormitorio, no le encontraron. Lo buscaron por toda la zona, hasta en el mar, sin dar con él. Todos aportaron pruebas de que había sido capturado por una meiga, otros juraban haber visto la Santa Compaña acompañando al niño... Temiendo lo peor, lloraron su ausencia y al tiempo se ofició en el santuario de la aldea una misa en memoria del joven. Lo cierto es que el Niño de Teixido, que así fue llamado desde que empezó a realizar tropelías en la zona, no había muerto. Sintiendo la llamada de los montes y los bosques, se había fugado de casa. Cuando todos los aldeanos acudían a misa, el Niño de Teixido, envuelto en ramas de laurel y de avellano, entraba en las alacenas y los armarios donde se almacenaba la comida, se atiborraba y huía a los montes. Entre los tojos, comía con sus gruesos y cortos dedos crujientes escarabajos brillantes. Su aspecto, deformado por la vida salvaje, cubierto de un denso y largo pelo en la curva espalda, no recordaba ya al aspecto humano que un día había tenido. Más de una vez, los peregrinos que acudían a San Andrés de Teixido le habían sorprendido acurrucado entre los milladoiros y, al darse cuenta de que era observado o incluso apuntado con un arma, arrugaba el rostro y suurraba con su voz baja siseante: "¡Teixido! ¡Teixido!". Durante siglos, el Niño de Teixido, convertido en espíritu travieso y juguetón, ha robado comida y lanzado piedras en la zona, y así será durante muchos años más."
Huella del Niño de Teixido. Suponemos que son dos huellas de animales superpuestas.
    Como la luminosidad se iba reduciendo y la nubosidad, aumentando, decidimos volver a la aldea. Anduvimos de vuelta por el mismo camino que habíamos subido un rato antes, esta vez, más rápido y menos cansados, pero viendo menos cosas. Nos sorprendió pasar por donde habíamos visto el Trypocopris y encontrar decenas de ejemplares de esta especie muertos que no habíamos visto en la subida. Fue raro, no entendemos por qué. Supongo envenenamiento, porque esa concentración de insectos muertos no era normal. Observamos también un par de busardos ratoneros (Buteo buteo) sobre los eucaliptos.

Bombus pascuorum.
Merendera, me recuerda a Merendera montana, pero su floración me pareció muy temprana
comparada con la de las que crecen en Albacete, que suelen hacerlo a partir de septiembre.
Supongo que el otoño ya estaba a la vuelta de la esquina en esta zona de España.
Un bonito saúco creciendo junto al camino.
Oruga de Aglais io.
    Así acabó la jornada de bicheo por La Coruña, por Cedeira, donde vimos y vivimos tantas cosas buenas. Aún quedaban tres días de paisajes maravillosos por la bella y mágica tierra de Galicia, junto a mi querido amigo Alfonso, y no parecíamos quedarnos sin ganas de explorar más...