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16 noviembre 2020

Observando la naturaleza en el Arroyo Viñuelas (Illescas)

El viernes pasado (13.11.2020), decidimos alejarnos del bullicio urbano en busca de un pequeño reducto de naturaleza recuperada en el entorno del Arroyo Viñuelas, que transcurre a las afueras de esta pequeña ciudad de La Sagra (Toledo). El entorno ha sido ajardinado con flora mediterránea como romeros, lavandas, madroños, santolinas y arces de Montpellier en la zona más urbana, mientras que, en la senda que continúa alejándose del casco urbano junto al arroyo, han plantado un incipiente bosquete de perales, fresnos, manzanos de diferentes variedades, álamos, saúcos y otros árboles. 
    En el entorno ajardinado que he mencionado primero, más mediterráneo y con muchos arbustos, estos días he podido observar una interesante entomofauna típica de esta época. Las primeras mariposas Vanessa atalanta empiezan a llegar a estas latitudes más sureñas de forma más o menos abundante. Las reinas de abejorro Bombus terrestris se preparan para la hibernación. Las abejas de la miel Apis mellifera continúan con sus quehaceres, como de costumbre, y visitan las flores de romero de forma masiva. También se ven especies solitarias que no me atrevo a identificar y muchos dípteros como Calliphora.

Vanessa atalanta

    Entre tanto zumbido y con un sol radiante de otoño, si uno permanece atento, podrá detectar la presencia fugaz de algunas lagartijas Podarcis virescens que se dignan a salir de sus escondrijos, en los recovecos de los tocones y las grietas de los muros del terraplén ajardinado.

Podarcis virescens
  
   Pero dejamos la ciudad atrás y nos internamos en la senda que discurre entre las plantaciones de árboles, entre los que crecen ortigas y otras plantas silvestres que aprovechan las tierras removidas y nitrogenadas. Es el caso del pepinillo del diablo Ecballium elaterium, una planta sorprendente y traicionera, a la que hay que aproximarse con cautela. Cuando maduran, sus frutos explosivos lanzan las semillas por los aires en cuanto notan una ligera perturbación, como el roce de un zapato... En esta planta, no resulta raro encontrar ejemplares de una mariquita de la especie Henosepilachna argus, que se especializa en plantas de la familia Cucurbitaceae.

Flores de Ecballium elaterium.
Aspecto de una mata de Ecballium elaterium.
Se ven muchos tallos que ya han lanzado el fruto.
También pude ver este sírfido Eristalinus taeniops.

    Resulta curiosa la abundancia de aves rapaces en esta zona, en concreto, de milanos reales (Milvus milvus), que nos sobrevolaban en círculos sobre un campo de cultivo.
Milanos reales (Milvus milvus) y... ¿os parece la silueta de un buitre negro
la de arriba a la izquierda?
Milano real (Milvus milvus).
    Ya de vuelta, nos topamos con los innumerables conejos europeos (Oryctolagus cuniculus), tan abundantes en los terraplenes de esta zona, en los que además encuentran muchas verduras silvestres. 
Conejo europeo (Oryctolagus cuniculus)

    A lo lejos, una silueta conocida nos sorprende: un macho de pito real (Picus sharpei), nuestro mayor pájaro carpintero. No sabemos si nos llegó a ver, porque estuvo un buen rato levantando hojas y paseándose por la zona. Lo bueno es que se dejó fotografiar bastante bien.

Pito real (Picus sharpei)
Pito real (Picus sharpei)

Luces de otoño.

    Ya de regreso al primer tramo del paseo, volvemos a detectar los insectos que habíamos visto antes, y otras aves como petirrojos Erithacus rubecula, lavanderas blancas Motacilla alba y carboneros Parus major. Es muy interesante encontrar lugares como este en nuestras ciudades, en los que algunas administraciones se empeñan en recuperar un entorno agradable no solo para las personas, sino también para la naturaleza.
Serín verdecillo (Serinus serinus)

Langosta egipcia (Anacridium aegyptium)
Lavandera blanca (Motacilla alba)

Urraca (Pica pica)
Abejorro (Bombus terrestris) en unas flores de madroño (Arbutus unedo).

Agrupación de caracoles Eobania vermiculata.

14 mayo 2019

Adormideras (Papaver somniferum)

Papaver somniferum, 12.5.2019.
    Esta planta es fácil de ver asilvestrada en bordes de caminos de buena parte de La Meseta y cada vez es más común en La Mancha y zonas aledañas. En mi zona, La Mancha albaceteña, se está volviendo cada vez más común ya que se cultiva en extensos campos para obtener opiáceos (alcaloides) utilizados en la industria farmacéutica (morfina, codeína y tebaína). Solo en Albacete, en el año 2014, el periódico La Tribuna de Albacete informaba de que, en 2013, se cultivaron aproximadamente 6000 hectáreas de esta curiosa planta. 
    Su origen no está muy claro. Se cree que procedería originariamente del sur o sureste de Europa. En Alemania, hay restos arqueológicos de su cultivo de hace 6000 años, mientras que en la Península Ibérica, encontramos restos del Neolítico (4200 a.C.) en la Cueva de los Murciélagos en Zuheros (Córdoba). Lo cierto es que, como digo, cada vez es más común en parte de España.
Flores y cápsulas de Papaver somniferum. Toledo, 12.5.2019.
    El otro día estuvimos viendo un pequeño campo abandonado y seco, donde crecían algunas de estas plantas. Acompañando a las adormideras, se veían sobre todo muchos cardos marianos (Silybum marianum) y romazas (Rumex sp.). Había algún taray (Tamarix sp.) en flor. Todas estas plantas estaban repletas de insectos, especialmente el taray, adonde acudían himenópteros y dípteros. Como había aguas estancadas por allí, abundaban las moscas zángano del género Eristalis, que asemejan abejas, y son tan importantes como ellas en la polinización. Me sorprendió ver la gran cantidad de escarabajos (género Lachnaia o Tituboea) que se agrupaban por todos lados, zumbando y subiéndose unos encima de otros.
Lachnaia? Tituboea? sobre Rumex sp.
La floración del cardo mariano es inherente a los baldíos del centro peninsular.

21 enero 2019

Enero en la sierra de Chinchilla

    19.01.2019. Se nota que la sierra, en pleno invierno, se halla adormecida por la humedad, la escarcha y el frío. Sin embargo, los campos de labor que la salpican hacen intentos de verdear, dando una nota de color a los páramos pardos. Los aláudidos canturrean sus sonatas características y algunos fringílidos vuelan aquí y allá. Una gran caminata de más de 10 kilómetros nos lleva a rincones insospechados, como un estanque rodeado de juncos churreros (Scirpus holoschoenus) donde, bajo la gruesa capa de hielo, duerme un lecho de Chara sp., un alga verde de agua dulce cuyas paredes celulares están recubiertas de sales de calcio, lo que les otorga un tacto algo áspero.
Ruinas del casuto de Jacinto.
Cogujada (Galerida sp.).
Rambla.
20.01.2018. A primera hora de la tarde, acudo a uno de mis lugares favoritos: la ladera de las albaidas. Busco en las cinglas de los roquedos animales y plantas que se atrevan con el frío manchego de enero y obtengo recompensas. Una culebra lisa meridional (Coronella girondica) con la cabeza metida en un resquicio, pero aparentemente sana, se deja fotografiar. No la molesto y sigo mi camino, curioseando y mirando dentro de grietas y agujeros, en busca de criptógamas.
Camuflada, pero ahí estaba. Culebra lisa meridional (Coronella girondica), tras los romeros en flor.
El ejemplar parecía tener buena salud, aunque me sorprendió esa actitud de esconder la cabeza en un hueco por el que el resto de su cuerpo no cabía y quedaba expuesto a la intemperie.
    Por la ladera de las albaidas, encuentro plantas rupícolas como Chaenorhinum sp. y Sarcocapnos enneaphylla, muy comunes tanto en la sierra como en las calles de viejos edificios de Chinchilla. Aparecen también los dos helechos más comunes de la zona: la doradilla (Ceterach officinarum) y la ruda de los muros (Asplenium ruta-muraria). Ahora las albaidas no tienen hojas por el frío. Por otra parte, los líquenes aprovechan para hidratarse, como el negro Collema. Entre las aves, detecto la presencia de mosquitero común (Phylloscopus collybita), estornino pinto (Sturnus vulgaris), mirlo (Turdus merula) y un petirrojo (Erithacus rubecula) alarmado por mi presencia.
Petirrojo (Erithacus rubecula) sobre una coscoja, en posición de alerta.
Zapaticos de la Virgen (Sarcocapnos enneaphylla).
    La ladera de las albaidas no es fácil de transitar, hace falta bastante esfuerzo y tener la mente rápida a la hora de analizar dónde poner el pie entre los espartos para no pisar nada raro ni escurrirse, además hay que respetar las plantas que nos cruzamos para no destrozar ninguna. Algunas de estas plantas son de alto interés botánico, como la sanamunda (Thymelaea tartonraira) y las propias albaidas, por aparecer en esta zona tan continental de la provincia.
    Cuando empiezan a cantar los mochuelos, vuelvo a casa, acompañado por una enorme luna llena que ilumina mi camino.

13 febrero 2018

Mis experimentos: germinación de mandarino

    Una de las típicas frutas españolas de invierno es la mandarina, que se cultiva en abundancia en las regiones mediterráneas. Estos cítricos suelen cultivarse en grandes campos y los plantones son injertados. El otro día se me ocurrió probar con unas semillas de una mandarina que me comí, a ver qué tal se daba su germinación. La mandarina me la comí el día 30 de enero y acto seguido pelé las tres semillas con unas pinzas, extrayéndoles la capa externa, de color blanquecino. Usé el famoso método de la servilleta: las guardé en una servilleta de cocina húmeda (no encharcada) y todo lo envolví en papel de aluminio, a unos 20 C. A los cuatro días ya tenían una pequeña raíz y hoy, a 13 de febrero, están como se ven en la fotografía. Éxito.

03 septiembre 2017

San Andrés de Teixido

"-¡Jesús, María, José! -exclamó entonces, santiguándose-. ¿Quién eres y qué quieres de mí?
Y el fantasma habló con la voz afligida, un poco en falsete, de todos los fantasmas:
-Soy el ánima de Fiz Cotovelo, el de Cecebre, que anda penando por estos caminos.

-¿Quieres unas misas? -preguntó Fendetestas, como si las llevase él en el bolsillo.
-Nunca vienen mal -parece que respondió el fantasma-. Pero si me ves así es porque hice en vida la promesa de ir a San Andrés de Teixido, y no la cumplí, y ahora necesito que un cristiano vaya descalzo y peregrinando en mi lugar, y que lleve una vela tan alta como yo he sido."

El bosque animado,
Wenceslao Fernández Flórez (1943)

Santo André de Teixido.
    Yo quería visitar un pueblo de la provincia de La Coruña llamado San Andrés de Teixido, una bella aldea situada casi al borde de unos acantilados junto al mar, en el municipio de Cedeira. Supongo que fue una promesa que me hice a mí mismo pensada a raíz de leer el libro que menciono arriba. Para quitarme la hincha, fuimos Alfonso y yo el quinto día, el 29 de julio de 2017. Es curioso, pero dentro de la Península Ibérica, San Andrés de Teixido es el lugar más lejano de mi casa que he visitado. Teníamos previsto pasar el día por la zona y bichear con tranquilidad. Primero, visitamos su famoso santuario, la capilla de San Andrés, famoso lugar de peregrinación, también conocido como "la capilla del fin del mundo". Tomamos unas fotos, comimos en "Os Loureiros" (100% recomendable) y nos dispusimos a explorar la zona. Subimos una callejuela que se internaba por un sendero entre arbolillos, hacia O cimal da costa. El camino era umbrío, húmedo, lleno de helechos y tábanos que se nos posaban en el cuello y a mí me picaron. Había florecillas, como malvas y poleo, y helechos como la lengua de ciervo (Phyllitis scolopendrium).
Malva, posiblemente Malva tournefortiana.
    El sendero subía y subía, entre fentos y muretes de rocas oscuras. Por el suelo saltaban decenas de saltamontes, acrídidos que aún no he identificado. Había grandes laureles, avellanos, alisos, sauces y pinos en torno al camino, que atravesaba algunas huertas y establos.
Camino hacia A costa pequena.
Caracol de Quimper (Elona quimperiana), molusco escaso que se puede
observar en el norte de la Península Ibérica y en el oeste de Francia. Especie protegida.
Acrididae.
    Atravesamos una plantación densa de eucaliptos en la que todavía quedaba algún rastro del bosque caducifolio original, como robles y avellanos, y tardamos en subir casi una hora. Nos sorprendió una pequeña culebra lisa europea (Coronella austriaca) que se nos cruzó en medio del camino.
Culebra lisa europea (Coronella austriaca)
Las vistas eran magníficas conforme subíamos.
El Océano Atlántico en todo su esplendor.
Exosoma lusitanicum.
    Conforme avanzábamos hacia lo alto de la ladera, la floración de los brezos y el tojo nos sorprendía. Tuvimos que descansar varias veces, porque el sol se colaba entre las nubes y nos acalorábamos en seguida. Había abejorrones libando sus flores y dípteros diversos. De vez en cuando, veíamos algún lepidóptero, como una C-blanca (Polygonia c-album). De repente, en medio del camino, nos encontramos un pequeño animal muy curioso, que resultó estar muerto; era un pequeño escarabajo reluciente llamado Trypocopris pyrenaeus. Nunca lo había visto.
Trypocopris pyrenaeus
     Finalmente, llegamos a la parte superior de la ladera, donde nos encontramos con un curioso paisaje. Se notaba que estábamos a unos 100-200 m sobre el nivel del mar, que quedaba a nuestras espaldas. Los tojos crecían aquí y allá, y también algunos pinos, que se agrupaban más densamente delante de nosotros, al otro lado de una carretera. Un ruido ensordecedor nos mantuvo alerta, pero solo se trataba de una caravana de motocicletas que iban hacia San Andrés de Teixido. Una vez hubo pasado semejante y curiosa manada, cruzamos al otro lado. Entre los pinos de Monterrey y los marítimos, volaban algunas tarabillas, y la hierba estaba cuajada de setas de varias especies. A lo lejos, había un grupo de caballos.
Thymus cf longicaulis.
De aspecto achaparrado por estar muy expuesto a los elementos y el ramoneo.
Pinos y hongos.
Russula sp.
    Tras un paseo entre los pinos, levantando piedras y encontrando interesantes babosas y miriápodos, volvimos sobre nuestros pasos para contemplar en panorama del Atlántico y los cortados coruñeses del entorno de San Andrés de Teixido.
Dianthus sp.
Cucaracha del género Phyllodromica.
San Andrés de Teixido.
Erica vagans.
    El viento empezó a arreciar con más fuerza. Entre las grandes rocas de aspecto arcilloso y los milladoiros, encontró Alfonso una curiosa huella, sin duda, del famoso y desconocido "Niño de Teixido".
"El Niño de Teixido es un ente que habita en los alrededores de la aldea de San Andrés de Teixido, en Cedeira. Hace muchos años, una familia de fama que vivía en la zona, se dió cuenta de que uno de sus hijos no acudía a la mesa. Cuando entraron en el dormitorio, no le encontraron. Lo buscaron por toda la zona, hasta en el mar, sin dar con él. Todos aportaron pruebas de que había sido capturado por una meiga, otros juraban haber visto la Santa Compaña acompañando al niño... Temiendo lo peor, lloraron su ausencia y al tiempo se ofició en el santuario de la aldea una misa en memoria del joven. Lo cierto es que el Niño de Teixido, que así fue llamado desde que empezó a realizar tropelías en la zona, no había muerto. Sintiendo la llamada de los montes y los bosques, se había fugado de casa. Cuando todos los aldeanos acudían a misa, el Niño de Teixido, envuelto en ramas de laurel y de avellano, entraba en las alacenas y los armarios donde se almacenaba la comida, se atiborraba y huía a los montes. Entre los tojos, comía con sus gruesos y cortos dedos crujientes escarabajos brillantes. Su aspecto, deformado por la vida salvaje, cubierto de un denso y largo pelo en la curva espalda, no recordaba ya al aspecto humano que un día había tenido. Más de una vez, los peregrinos que acudían a San Andrés de Teixido le habían sorprendido acurrucado entre los milladoiros y, al darse cuenta de que era observado o incluso apuntado con un arma, arrugaba el rostro y suurraba con su voz baja siseante: "¡Teixido! ¡Teixido!". Durante siglos, el Niño de Teixido, convertido en espíritu travieso y juguetón, ha robado comida y lanzado piedras en la zona, y así será durante muchos años más."
Huella del Niño de Teixido. Suponemos que son dos huellas de animales superpuestas.
    Como la luminosidad se iba reduciendo y la nubosidad, aumentando, decidimos volver a la aldea. Anduvimos de vuelta por el mismo camino que habíamos subido un rato antes, esta vez, más rápido y menos cansados, pero viendo menos cosas. Nos sorprendió pasar por donde habíamos visto el Trypocopris y encontrar decenas de ejemplares de esta especie muertos que no habíamos visto en la subida. Fue raro, no entendemos por qué. Supongo envenenamiento, porque esa concentración de insectos muertos no era normal. Observamos también un par de busardos ratoneros (Buteo buteo) sobre los eucaliptos.

Bombus pascuorum.
Merendera, me recuerda a Merendera montana, pero su floración me pareció muy temprana
comparada con la de las que crecen en Albacete, que suelen hacerlo a partir de septiembre.
Supongo que el otoño ya estaba a la vuelta de la esquina en esta zona de España.
Un bonito saúco creciendo junto al camino.
Oruga de Aglais io.
    Así acabó la jornada de bicheo por La Coruña, por Cedeira, donde vimos y vivimos tantas cosas buenas. Aún quedaban tres días de paisajes maravillosos por la bella y mágica tierra de Galicia, junto a mi querido amigo Alfonso, y no parecíamos quedarnos sin ganas de explorar más...