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19 agosto 2025

La fuente de los tilos en la Hoz de Beteta

29.07.2025. La fuente de los tilos es una pequeña área recreativa con senderos que encontramos en la carretera entre Beteta y Puente Vadillos. El acceso es muy fácil y todo el recorrido incluye vegetación relíctica propia de épocas más húmedas y frescas, como denota la presenta de tilos (Tilia platyphyllos) y otras especies de árboles y arbustos caducifolios. Hicimos una pequeña ruta adaptada que nos permitió observar diferentes especies animales y vegetales. He de decir que me dio mucha alegría y satisfacción comprobar que la recreación de los bosques relícticos eurosiberianos que podemos visitar en el Jardín Botánico de Castilla-La Mancha y que está inspirada en este entorno, es prácticamente igual en lo que se refiere a composición de especies florísticas (vamos, que está muy bien conseguida) y la sensación es muy familiar. A continuación, muestro algunas fotografías que realicé en este entorno único de la provincia de Cuenca.

Asplenium fontanum, un helecho creciendo directamente sobre una gran roca.

Hipparchia fidia

Olmo de montaña (Ulmus glabra)

Helecho (Pteridium aquilinum)

Plántula de sorbo silvestre o peral de monte (Sorbus torminalis).

Hongos descomponedores en un tronco muerto.

Lagarto ocelado (Timon lepidus) juvenil.

Coenympha dorus

Ramas de pino cubiertas de líquenes Pseudevernia furfuracea.

Pudio (Rhamnus alpina)

Avellano (Corylus avellana)

Tilo de hoja ancha (Tilia platyphyllos)

Mostajo (Sorbus aria)

Agalla de Andricus quercustozae sobre quejigo (Quercus faginea).

Paredones calizos de la Hoz de Beteta.

Mostajo (Sorbus aria) sobre el río Guadiela.

Oí el canto de una paloma zurita (Columba oenas) en el roquedo y haciendo mucho zoom con la cámara, pude captarla en un pequeño abrigo.

Tilo de hoja ancha (Tilia platyphyllos)

02 agosto 2025

Tragacete: Molino de la Chorrera

28.7.2025. Era por la tarde y el sol ya no calentaba la zona. Discurrimos por un sendero junto a un valle angosto que forma el río Júcar no muy lejos de su nacimiento, en dirección a la cascada del Molino de la Chorrera, no muy lejos de Tragacete. Este es el primer gran salto del Júcar tras su nacimiento. Durante el recorrido, observamos la vegetación propia de los vallejos húmedos de la Serranía de Cuenca y que acompaña a los ríos y riachuelos de montaña, así como el sotobosque de los pinares, que entran en contacto cercano, con especies relícticas de otro tiempo. El bosque de ribera incluye árboles caducifolios como diferentes especies de álamos y sauces, así como arbustos caducifolios como el pudio (Rhamnus alpinus), el espino albar (Crataegus monogyna), rosales (Rosa canina), avellanos (Corylus avellana) y morrioneras (Viburnum lantana). De la flora propia de los sotobosques del pinar de pino albar y laricio, se ven también cerecillos o madreselva de bosque (Lonicera xylosteum), Rosa spinossisima (=R. pimpinellifolia), enebro común (Juniperus communis), y herbáceas como Cephalaria leucantha, entre otras. Pudimos ver también diferentes especies de aves, como el buitre leonado (Gyps fulvus) y el arrendajo euroasiático (Garrulus glandarius), y algunos insectos como caballitos del diablo y chinches. En general, es una ruta fácil de hacer y que no se tarda mucho en recorrer. He aquí una muestra de lo que pude ver.

Líquenes sobre un espino albar afectado por Gymnosporangium clavariiforme en las hojas de abajo a la izquierda. En la rama se aprecia una Xanthoria (amarillo) y los apotecios de una Lecanora o quizá una Parmelina.
Una de las laderas escarpadas que se observaban desde el sendero, al otro lado del río.

Flores de la curiosa planta boreo-alpina Monotropa hypopitys, literalmente, la flor que gira hacia un lado y que crece debajo de los pinos. Es parásita de hongos que crecen en el suelo del bosque, por tanto no tiene clorofila y su flor es lo único que sale del suelo. Curiosamente, es de la familia de las ericáceass.
Solidago virgaurea
Rosa spinossisima (=R. pimpinellifolia)
Cascada del Molino de la Chorrera.
Pino albar recurvado en una forma curiosa.
Avellano mojando sus raíces en el Júcar.
Centaurea sin identificar.
Polygonatum odoratum
Vista del bosque.
Pudio (Rhamnus alpinus)
Té de roca (Chiliadenus glutinosus) en un paredón junto a la cascada.
Potentilla caulescens, creciendo al lado del té de roca.
Arrendajo (Garrulus glandarius)
Fructificación de la morrionera (Viburnum lantana).
Cephalaria leucantha

28 octubre 2016

Cuenca mágica


Hoz del Huécar y Cuenca, con el Convento de San Pablo a la izquierda.
    Emprendimos un viaje a nuestra querida provincia vecina, Cuenca, el pasado 21.10.2016. ¡Qué hermosa es! Llegamos a mediodía, bajo amenaza de lluvia, a la bella e histórica ciudad de Cuenca y desde la Calle Larga pudimos observar detenidamente la Hoz del Huécar, desde unos riscos sembrados de cornicabras, sabinas, uvas de pastor y hierbas agostadas. En el cielo, volaban buitres leonados (¡sobre la ciudad!) y colirrojos tizones, mosquiteros comunes y carboneros garrapinos piaban y revoloteaban en las hiedras y los pinos. Las chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax) son aves ruidosas que anidan en los huecos del cañón del Huécar y el Júcar, y no fue difícil verlas persiguiendo a otras aves o chillando por ahí.
Buitre leonado (Gyps fulvus)
    Dentro de Cuenca hay pequeños y grandes secretos, como sus edificios o la flora que se ha adaptado al ambiente urbano de las antiguas callejas, las cuales, en lo que respecta a características ecológicas, se asemejan mucho al hábitat original de esas especies. Muchas de esas plantas son fáciles de ver en otras ciudades del interior peninsular. Por ejemplo, los zapatitos de la Virgen (Sarcocapnos enneaphylla) y las parietarias (Parietaria sp.) abundaban en grietas y huecos de paredes antiguas, como en Chinchilla, pensé.
Zapatitos de la Virgen (Sarcocapnos enneaphylla)
Cuenca es única. Esta es la fachada de la catedral de Santa María y San Julián, que tuvo que ser reconstruida tras la caída de un rayo, a principios del siglo XX.
Un balcón escondido, decorado y florido tras los vetustos tejados.
    Recorrimos sus calles, en busca, cómo no, de las Casas Colgadas (¡no "colgantes"!). Para verlas desde una hermosa perspectiva, fuimos al puente de San Pablo, que cruza el río Huécar y erigido en madera y hierro sobre otro del siglo XVI que se derrumbó... Los altos álamos ya se volvían amarillos con la llegada del otoño y los petirrojos, herrerillos, carboneros y otras aves de la ribera hacían notar su presencia mediante sus cantos y reclamos...
Casas Colgadas asomadas a la Hoz del Huécar.
Convento de San Pablo desde el puente.
    Cuenca es una joya castellana. En las aguas del Huécar, en las aguas del Júcar, nadan los barbos y las truchas y en el fondo, observamos cangrejos señal (Pacifastacus leniusculus). A sus orillas, la garza real (Ardea cinerea) coja, vigila con arqueado cuello entre los juncos a todos los transeúntes.
Garza real (Ardea cinerea)
Mi querido Río Júcar, azul siempre.
Otoño.
    Al día siguiente, bajo una interminable lluvia otoñal, nos acercamos a la Ciudad Encantada, un recorrido en la Serranía de Cuenca (Sistema Ibérico) en el que, entre grandes pinos salgareños (Pinus nigra subsp. salzmannii) y otros árboles de menor porte, pudimos observar las grandes moles de piedra caliza que son creadas por la acción del modelado kárstico.
El Tormo, Ciudad Encantada - Cuenca
Ciudad Encantada, Cuenca
Las bellas hojas del arce (Acer monspessulanum).
Junto al Tormo, revoloteaban herrerillos capuchinos, trepadores azules, mitos, petirrojos y colirrojos tizones.
    Tras una comida reparadora y después de coger un poco de calor, emprendimos nuestra vuelta a la ciudad de Cuenca, no sin antes parar en el Ventano del Diablo.
Ventano del Diablo, cerca de Villalba de la Sierra.
    En Cuenca, visitamos un sitio que siempre he querido visitar desde pequeño: el Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha. Allí pudimos disfrutar y aprender como críos pequeños. Huelga decir que la parte que más me gustó fue la de paleontología y biología, el enorme cartel con los iguanodones de Raúl Martín es mítico.
Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha
    Así acabó nuestro viaje a Cuenca, entre dinosaurios, péndulos gigantes, espejos y colecciones geológicas y entomológicas... Volveré, ¡menos mal que solo está a media hora de Albacete!