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07 julio 2026

Corto paseo por Las Mariquillas

El bosque de ribera, conformado por álamos blancos (Populus alba), álamos negros (Populus nigra var. italica), fresnos (Fraxinus angustifolia) y otras especies, se transforma poco a poco en un bosque mediterráneo conforme uno se aleja del agua.

4 de julio de 2026

Una excursión a la vera del río Júcar, en el paraje de Las Mariquillas, con mi amigo Barry, nos deparó algunas observaciones naturalistas que apreciamos mucho. Llegamos sobre las 9:40h y en seguida nos pusimos en marcha a explorar la zona.

Es un sendero que no recordaba bien, porque no he venido más que tres veces, una de ellas, siendo yo muy pequeño con mi familia. Como es un coto de pesca, el lado del río está plagado de puestos de pesca, con una especie de estructuras que parecen papeleras de basura, de las que sale una tubería ancha conectada con el río, donde entiendo que los pescadores echan los peces cuando los pescan sin muerte.

Observamos especies comunes y conocidas en este blog por todo el camino, pero no por ser típicas son feas o aburridas. Al principio, vimos una avispa, Delta unguiculatum, que no paraba quieta junto al agua y no pude fotografiarla, pero me gustó mucho porque era la primera vez que la veía.

31 mayo 2026

Una calurosa excursión por la laguna del Arquillo

Hoy, 31 de mayo de 2026, fuimos mi amigo Barry Underwood y yo de excursión a la laguna del Arquillo. Yo pensaba que él nunca había ido, y lo estaba llevando como si fuera un sitio misterioso y nuevo para él hasta que me admitió que en realidad sí que había estado. En fin, decidimos continuar igualmente, y al llegar, nos recibió el griterío de unos gorriones chillones (Petronia petronia) que nos costó mucho detectar porque teníamos el sol de frente, hasta que finalmente vimos uno posado en una higuera que crecía en un paredón.

Gorrión chillón (Petronia petronia)
Llevé a Barry a ver la famosa pintura rupestre del ciervo, que ya ha aparecido alguna vez en este blog y nos costó un poco encontrarla, hasta que al final dimos con ella.
Pintura rupestre del ciervo. Laguna del Arquillo.
Después continuamos bordeando el río del Pesebre. Nos encontramos unas orquídeas que ya he visto varias veces en esta zona, aunque nunca me he detenido a identificarlas correctamente. Diría que son del grupo de Orchis coriophora: 

Finalmente, llegamos a este bello rincón de la provincia de Albacete para seguir observando diferentes especies animales y vegetales. El calor ya apretaba a las 11 de la mañana, menos mal que íbamos protegidos del sol. Es una barbaridad el tiempo que estamos teniendo a finales de mayo, muy agresivo, como si estuviéramos en pleno julio.
Laguna del Arquillo, con su característico masegar de Cladium mariscus, y los encinares con sabina albar y arce de Montpellier.
La laguna del Arquillo es famosa por sus nenúfares amarillos y sus galápagos leprosos. En este caso, no es un galápago leproso lo que conseguí fotografiar, sino una tortuga norteamericana del género Trachemys, un animal invasor en la península ibérica.
Nenúfares amarillos (Nuphar lutea) floreciendo.
Me gusta mucho esta imagen porque se aprecia muy bien la zonación de las diferentes comunidades vegetales desde la colina que divide la laguna en dos masas de agua algo conectadas entre sí: de más cerca a más lejos, hacia la zona oeste, un herbazal de gramíneas sobre una pequeña morra, después una franja de junco churrero (Scirpoides holoschoenus), después el masegar (Cladium mariscus), luego el cuerpo de agua de una parte de la laguna del Arquillo en su parte menos profunda, con la importante población de nenúfar amarillo (Nuphar lutea) y, después, un carrizal de Phragmites australis. Después viene una sauceda mixta con diferentes especies del género Salix intercaladas con plantas como cornejo (Cornus sanguinea) y espino albar (Crataegus monogyna), y luego, el bosque esclerófilo, donde abunda la encina o carrasca (Quercus ilex subsp. ballota) con algunas sabinas albares (Juniperus thurifera), sobre un sotobosque de arbustos dominado casi exclusivamente por romero (Rosmarinus officinalis).
Inflorescencia de cf. Scabiosa con una ninfa de ensífero.
Hembra y macho de Calopteryx haemorrhoidalis.
Cordulegaster boltonii, que veíamos ir y venir mientras devorábamos sendos bocadillazos de chistorras y tortilla con mayonesa como almuerzo de media mañana.
Cordulegaster boltonii

Pudimos ver y oir diferentes especies de aves como carriceros comunes (Acrocephalus scirpaceus) y aguilucho lagunero occidental (Circus aeruginosus), además de pinzón vulgar (Fringilla coelebs), cetia ruiseñor (Cetia cetti), ruiseñor común (Luscinia megarhynchos), pito real ibérico (Picus sharpei), tarabilla común (Saxicola rubicola), escribano triguero (Emberiza calandra) e, incluso, un cistícola buitrón (Cisticola juncidis), entre otros
Calopteryx xanthostoma
Arce de Montpellier (Acer monspessulanum)
Sin duda, una mañana en la que hemos disfrutado y aprendido mucho de este espacio natural tan especial, donde el naturalista puede disfrutar incluso de ser acosado por numerosas moscas planas hipobóscidas.

11 mayo 2026

Viendo bichos y plantas cerca de Valdeganga

Ayer, 10 de mayo, quedamos mi amigo Barry Underwood y yo para dar una vuelta por el campo, en las cercanías de Valdeganga. Queríamos ver la famosa albaida rosa (Anthyllis lagascana), un endemismo del sureste ibérico y parte de Argelia. Ya he hablado de ella en este blog alguna vez. Nos acercamos al Barranco del Espino y desde ahí hicimos un recorrido a pie viendo fauna y flora. Lo pasamos muy bien y vimos bastantes especies interesantes. 

Justo al bajar del coche, cerca de la orilla del río, nos recibió un alcaudón común (Lanius senator) que Barry divisó rápidamente.

Alcaudón común (Lanius senator)
Luego, iniciamos nuestra andadura por este lugar tan curioso de la geografía albacetense. El camino transcurre atravesando campos de cultivo abandonados, en el fondo del corredor flanqueado por laderas de vegetación diversa: espartales con romero, albaida rosa, boj y pinares de repoblación. Junto al camino, muy embarrado por las lluvias recientes, crecían plantas nitrófilas y de suelos alterados, como Asteriscus aquaticus, Marrubium supinum, Nepeta nepetella, Platycapnos spicata, Cynoglossum cheirifolium y muchas otras.
Los cardos del género Carduus eran muy abundantes, también se veían manchas del habitual Onopordum nervosum.
Asteriscus aquaticus
Roemeria hybrida, en medio del camino.
Anthyllis lagascana en plena floración. Una especie protegida en Castilla-La Mancha con la categoría de "De Interés Especial".
Durante nuestro paseo, observamos diferentes especies de lepidópteros bastante habituales, mientras nos acompañaba el canto constante y repetitivo de la abubilla, así como de ruiseñores y currucas. Divisamos también algún arrendajo euroasiático y una culebrera europea.
Pontia daplidice

Melitaea phoebe
Vanessa cardui
Llegando al final del Barranco del Espino, llevé a Barry a ver la dolina circular tan curiosa y comprobamos que este sitio sigue siendo el reino de las garrapatas, siempre reconociendo el terreno y viendo más bichos y plantas.
El característico boj (Buxus sempervirens), que lo mismo aparece en una ladera con esparto del Júcar que en un pico de los Pirineos.

La preciosa Hedysarum boveanum subsp. europaeum.
El Barranco del Espino recibe su nombre por los espinos albares (Crataegus monogyna) que crecen en algunos tramos.

La curiosa dolina.

Anthyllis lagascana

Los característicos frutos de la crucífera Biscutella auriculata.

Tras mirar la dolina y hablar de supuestos aliens que evidentemente no habrían provocado esa curiosa formación geológica, nos dimos la vuelta y volvimos al coche.
Orobanche sin identificar.
Decidimos acercarnos a la orilla del Júcar antes de meternos en el coche y dirigirnos hacia otro lado, y pudimos ver algunas plantas que nos llamaron la atención, como una enorme madreselva Lonicera etrusca, en plena floración, que emitía una fragancia espectacular.
Lonicera etrusca

Sonchus asper

Calopteryx haemorrhoidalis

Aristolochia paucinervis

Volviendo al coche, la madreselva destacaba en el paisaje.

Decidimos acercarnos un rato a Puente Torres y también pudimos observar diferentes especies de aves y plantas en plena actividad primaveral.

Un rosal antiguo, quizá Rosa x centifolia.
El cañón del Júcar en esta zona de Albacete con su característico paisaje de cortados y paredones, donde habitan aviones roqueros, gorriones chillones y grajillas.

Grajillas (Coloeus monedula)

Las amapolas en todo lo suyo, floreciendo entre la Salsola vermiculata.
Un precioso macho de oropéndola europea (Oriolus oriolus), en un pino devorado por la procesionaria, pero que empieza a rebrotar.

Rosal silvestre (Rosa canina)
Agalla desconocida sobre jazmín silvestre (Jasminum fruticans).
Peganum harmala
Colleja (Silene vulgaris) en floración.

09 octubre 2024

Aves y bayas

Artículo publicado también en el número 348 de la revista "Albacete a mano".

Conforme el verano se aproxima a su fin, maduran en bosques y matorrales espinosos miles de pequeños frutos de atrayentes colores rojizos, anaranjados, morados… El momento perfecto para las aves, que se atiborran de estas golosinas de la naturaleza. Es la época en que se preparan para hacer frente al otoño y al frío invierno, ya sea en nuestras latitudes o más al sur, por lo que la gran producción de frutos coloridos les permite coger fuerzas para emprender una migración de cientos o incluso miles de kilómetros.

No es casualidad que la migración de las aves y la maduración de los frutos suela coincidir en tiempo. Esta sincronización lleva ocurriendo miles de años, gracias a la selección natural que ha forzado a ciertas plantas a producir pequeños frutos de color llamativo, que los pájaros migratorios son capaces de detectar desde lejos, ingerirlos y dispersar las semillas que contiene el fruto lo más lejos posible, aprovechando las migraciones de las aves y la llegada del frío. Diferentes aves como mirlos, zorzales, estorninos, currucas, palomas… consumen con avidez estas pequeñas estructuras reproductivas que contienen las semillas. Rosales, zarzamoras, acebos, majuelos, boneteros, morrioneras, saúcos o endrinos se sirven de las aves para dispersar sus semillas. Así, cuando el pájaro se traga el fruto entero y atraviesa su aparato digestivo, los ácidos van dañando la capa más externa de la semilla. Finalmente, cuando el proceso ha terminado y el pajarillo defeca, la semilla sale prácticamente intacta, pero preparada para empezar a germinar en cuanto note la humedad de la tierra y una temperatura apta para su crecimiento.

Este proceso es tan importante que los lugares donde prosperan estos arbustos, a menudo de hoja caduca, son considerados hábitats de gran importancia para las aves. En el Jardín Botánico de Castilla-La Mancha, contamos con uno de estos paisajes recreados, el matorral espinoso caducifolio, donde es posible observar de primera mano todo este proceso, desde que los frutos empiezan a madurar, hasta que su semilla acaba germinando de nuevo, tras haber atravesado el tracto digestivo de los pájaros. 

Llegada la primavera, los matorrales espinosos ofrecen también refugio seguro para la nidificación de los pájaros. Las marañas pinchudas protegerán a sus polluelos de los depredadores. Además, las florecillas (las que en otoño se habrán convertido en frutos) atraen miles de insectos que los pájaros adultos capturarán para alimentar a sus crías. 

Así vemos cómo todo en la naturaleza está conectado y hemos de ser conscientes, como sociedad, del valor que tienen los matorrales autóctonos para la biodiversidad y la conservación de la naturaleza en general.  

Crataegus laciniata, espino endémico de las sierras béticas y de otras sierras del noroeste de África. 
Jardín Botánico de Castilla-La Mancha.

26 abril 2024

Retorno a la Rambla del Agua

    El otro día, después de bastante tiempo sin salir al campo, decidí acercarme a la Rambla del Agua, en la Sierra de Chinchilla. Esta es una zona que me conozco bien, donde he explorado la biodiversidad a fondo e, igualmente, cada vez que voy, siempre acaba sorprendiéndome. Mis compañeros de ARBA, la Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono, también la conocen muy bien y muchas veces la hemos recorrido a pie observando flora y fauna, y favoreciéndolas.

   Me desperté bastante pronto el día 22, y no podía volverme a dormir, así que desayuné y me eché al campo. A las 8:30h de la mañana ya me encontraba observando los extensos atochares (formaciones vegetales de esparto, Machrocloa tenacissima) de la sierra de mi pueblo, que tantos momentos de disfrute me han dado en la naturaleza desde que empecé a campear por mi cuenta en la naturaleza.

Muchas personas desprecian los espartales, pero a mí me encantan por la gran biodiversidad que presentan. El de la imagen se encuentra muy expuesto a los elementos y aquí el esparto convive con otras plantas propias de esta zona de la península ibérica como Brachypodium retusum, Thymus vulgaris, Genista pumila subsp. pumila, Teucrium capitatum, T. gnaphalodes e incipientes carrascas (Quercus ilex subsp. rotundifolia). En algunos vallejos, hay campos de cultivo en los que se alimentan perdices y otras aves, así como conejos.

Espartos en plena floración. A cuántas miles de familias dio de comer hasta hace pocos años esta planta, gracias a la fibra que se puede extraer de ella y que sirvió para hacer todo tipo de trenzados, en cestería, cuerdas, etc.
    Continuando mi camino hacia la Rambla del Agua, pude observar cómo las abundantes lluvias de marzo y las temperaturas templadas que hemos tenido han provocado una explosión de flores. Al inicio de la Rambla, o por lo menos por donde yo suelo acceder, encontré prácticamente cada planta en flor, especialmente los tomillos, pero también los primeros carraspiques (Iberis pectinata) que abundan en un campo de cultivo colindante, y las coronillas de fraile (entre otros nombres), Globularia vulgaris. La temperatura era de unos 6 ºC según el termómetro del coche, pero se esperaban máximas de unos 21 ºC, y todo estaba cubierto de rocío.

Tramo alto de la Rambla del Agua. El camino central es por donde caminan los senderistas y los animales, y por donde discurre el agua cuando llueve mucho.

Globularia vulgaris

Iberis pectinata
    La Rambla del Agua tiene tramos con laderas más expuestas y vegetación rasa y compacta, o con paredes erosionadas que estrechan el sendero a modo de pasadizo, donde se refugian aves e insectos de la arena, pero en general está bordeada de pinar de pino carrasco (Pinus halepensis) de repoblación, con un sotobosque bastante pobre que a veces se vuelve o inexistente o muy denso, y cuando es así, la planta principal que encontramos es el romero. Aparte de oir el canto de los piquituertos (Loxia curvirostra), aves especializadas en pinos de semilla pequeña y de algunas otras aves, no vi mucho movimiento de fauna durante mi corta caminata.

Zegris eupheme, descansando y relajada por el frío. una mariposa cuyas orugas se alimentan de diversas especies de crucíferas.

La única especie de orquídea que observé fue la abundantísima Ophrys fusca.

En las zonas expuestas que bordean la rambla y que aparecen de vez en cuando al recorrerla incluyen vegetación rasa de aromáticas mediterráneas y plantas espinosas, como el tomillo común (Thymus vulgaris) y la aliaga (Genista pumila) que aparecen en flor en la imagen, sobre poco suelo muy pedregoso.

Aquí abunda la coronilla (Coronilla minima subsp. lotoides).

Todavía quedan en flor algunas genistas (Genista scorpius).

Uno de los tramos de la Rambla del Agua. En esta zona, hemos plantado con ARBA diferentes especies autóctonas que se han dado muy bien, como el espantalobos (Colutea hispanica).

Otro de los insectos que pude ver, el abejorro común (Bombus terrestris lusitanicus), afanado en buscar néctar en un tomillo.
    Aunque la caminata fue corta y rápida, me sirvió para desintoxicarme un poco y para observar cómo las recientes lluvias han favorecido la floración de tantas especies. Al cabo de una hora y pico, me volví a casa, no sin antes detenerme observando otras flores.
Jarilla (Helianthemum asperum) y tomillo (Thymus vulgaris).

Helianthemum asperum

Tomillar con espartos y aliaga en flor.