miércoles, 10 de mayo de 2017

Operación Tartonraira: grandes sorpresas en la Sierra de Chinchilla

    Bueno, pues el día 7 de mayo fui a la Sierra de Chinchilla a buscar más flores y os voy a contar un poco. Yo iba con la intención de encontrar algún gladiolo en los espartales (creo que hace años vi uno, pero no estoy seguro, así que quería comprobar si había. Ya os adelanto que no vi ninguno), pero luego me decanté por ir a la ladera de las sanamundas (Thymelaea tartonraira), una planta no muy fácil de ver en nuestra zona, pero que tiene algunos reductos en la parte oriental de Castilla-La Mancha. Para ir andando, esa ladera queda un pelín lejos, sobre todo si te vas parando todo el rato en cada bicho o planta que ves, como hago yo. En ese momento, después de comer (mi caminata duró nada más y nada menos que 6 horas), no podía imaginarme qué me iba a encontrar en este paseíto. Salí y atravesé el aparcamiento de la rambla del Cañaveral que aun estando cubierto de grava, consigue atraer fauna interesante en las laderas que lo rodean, donde aún quedan olmos autóctonos y además plantaron arbustos espinosos como rosales silvestres y majuelos: los ruiseñores cantaban a viva voz y las currucas cabecinegras se lo pasaban a lo grande revoloteando de rama en rama. Allí vi los primeros cardos marianos (Sylibum marianum) de la zona en flor. Subí la cuesta que lleva al monte y me dirigí por un sendero entre los pinos hacia la Era del Ataúd. Por el camino me entretuve fotografiando unas florecillas en el borde de la carretera: Centranthus calcitrapae, murajes (Anagallis sp.) y una especie de campánula que no conocía, la Campanula erinus.
Campanula erinus, Anagallis sp. y Centranthus calcitrapae. Sierra de Chinchilla, 7.5.2017.
    Intenté llegar rápido a la Era del Ataúd sin detenerme mucho más, pero vi un herbazal interesante para insectos así que bajé una ladera poco antes de llegar y me pegué un trastazo contra el suelo, menos mal que nadie me vio, porque fue ridículo (*risas*). En ese herbazal encontré una lagartija colilarga oriental (Psammodromus jeanneae) que al principio se asustó y corrió a esconderse en las hierbas, pero finalmente dejó que la observase con atención. Me miraba y entornaba los ojillos.
Lagartija colilarga oriental (Psammodromus jeanneae). Sierra de Chinchilla, 7.5.2017.
    De ahí ya fui directo a mi espartal, que por fin empieza a despertar, aunque se toma su tiempo. Al borde del pinar encontré unas matas pequeñas de hierba de la plata (Argyrolobium zanonii) que, posteriormente, me identificó Álvaro García Valero. En el espartal encontré algunas flores. A lo lejos podía ver las primeras matas de lino blanco (Linum suffruticosum) en flor.
Lino blanco (Linum suffruticosum). Sierra de Chinchilla, 7.5.2017.
Algunas flores tenían visitantes: meloideo sobre lino blanco. 7.5.2017.
    A partir de este lino blanco, la cosa ya empezó a ponerse más interesante. Unas gangas ibéricas (Pterocles alchata) alzaron el vuelo de detrás de unos espartos, con sus gorjeos característicos, mientras los aláudidos cantaban con fuerza. Daba unos pasos y en seguida algo llamaba mi atención. A mi alrededor, las espigas de los gamones florecían con blanca pasión contra el verde de los pinos y el azul del cielo. Una mata de encina muy achaparrada me cautivó: tenía en sus brotes agallas de Plagiotrochus quercusilicis.
Agallas de Plagiotrochus quercusilicis sobre encina. Sierra de Chinchilla, 7.5.2017.
    En el suelo del espartal, las hormigas recolectoras Messor barbarus iban de aquí para allá, poniendo las entradas de sus nidos a punto. Otras especies de hormiga también andaban por allí como Aphaenogaster sp. Una pequeña Temnothorax sp. andurreaba en torno a los estambres de una flor de gamoncillo (Asphodelus ayardii). Me fijé en las primeras flores de un cardo del género Carduus que siempre he identificado como Carduus platypus subsp. granatensis, aunque ahora ya dudo porque también podría ser Carduus nigrescens. Todavía no había muchas flores, solo vi dos y sobre una de ellas, un asustadizo curculiónido (gorgojo) del género Lixus que giraba en torno a la flor para esconderse conforme yo daba vueltas para fotografiarlo bien.
Lixus sp. Sierra de Chinchilla, 7.5.2017.
 Los botones de oro (Ranunculus gramineus) sobresalían entre los espartos, nunca había encontrado tantos en floración a la vez.
Botón de oro (Ranunculus gramineus). Sierra de Chinchilla, 7.5.2017.
    Anduve unos minutos más entre los espartos y las aulagas chicas, encontrándome con lagartijas cenicientas y empusas. Hace poco cambiaron la taxonomía de la lagartija cenicienta, pero la foto no me permite identificarla, así que la dejo como Psammadromus cf hispanicus.
Lagartija cenicienta. Sierra de Chinchilla, 7.5.2017.
Muchos aquí verán un secarral. ¡Yo veo tantísimas cosas, tanta riqueza natural!
Podría vivir en este lugar y descubrir cada día algo nuevo.
Confieso que me apena que la gente desprecie los páramos. Muchas veces atesoran más especies que un pinar.
Mantis palo (Empusa pennata). Sierra de Chinchilla, 7.5.2017.
Abeja melífera (Apis mellifera) sobre gamonita (Asphodelus ayardii). Sierra de Chinchilla, 7.5.2017.
Sierra de Chinchilla, 7.5.2017.
    Del espartal pasé directamente a un herbazal que hay poco antes de llegar a las barbacoas y allí me entretuve con flores anuales: salvia gallocresta o verbenaca, pamplinas, amapolas, lechetreznas... hasta vi varias matas de marrubio español (Marrubium supinum), con sus bolas de flores rosadas. Y me di prisa en atravesar los caminos hasta el Cuco.

Sierra de Chinchilla, 7.5.2017.
    Finalmente llegué casi al Bosque de las Palabras, lo mío me costó. Cada vez estaba más cerca de las bufalagas o sanamundas (Thymealea tartonraira). Me pareció emocionante empezar a encontrar plantitas interesantes que no se ven en otras zonas de la Sierra, como los pinillos de oro (Hypericum ericoides) o la primera sorpresa botánica de la tarde: la coronilla (Coronilla minima subsp. lotoides). 
Coronilla minima. Sierra de Chinchilla, 7.5.2017.
Sierra de Chinchilla, 7.5.2017.
Un pequeño crisomélido, Cryptocephalus sp. que encontré en las flores de coronilla. Sierra de Chinchilla, 7.5.2017.
    Finalmente, vi las famosas Thymealea tartonraira subsp. valentina. No es una planta llamativa, pero tiene su interés ya que es un endemismo setabense (único del E de la Península, setabense: relativo a la zona de Játiva, Valencia, etc.), raro en general en la provincia de Albacete, aunque aparece en algunos puntos, como aquí.
    Permanecí poco tiempo prestando atención a las sanamundas, la verdad es que no son una planta resultona físicamente, pero era algo que "tenía" que ver. El paisaje desde esa cingla de la sierra, si bien bastante "normal", me atrajo bastante, me pareció bonito.
Sanamunda (Thymelaea tartonraira subsp. valentina). Sierra de Chinchilla, 7.5.2017.
Gamones al borde de la Sierra de Chinchilla. La montañita del fondo es el Villar de Chinchilla,
los confines orientales de La Mancha casi.
A la izquierda de la montaña, hay otra que parece más pequeña, es el Mugrón de Almansa.
Flor de ruda (Ruta angustifolia). Sierra de Chinchilla, 7.5.2017.

    Y estando allí, encontré una Zygaena lavandulae, un insecto precioso que tampoco tenía registrado en este lugar. Inconfundible con su "collar" blanco, se dejó observar y fotografiar con tranquilidad. Bienvenida sea:
Zygaena lavandulae. Sierra de Chinchilla, 7.5.2017.
    Poco a poco, el sol descendía y cada vez había menos luz en esa ladera orientada al sureste. Pero antes, una última sorpresa para mí: desde donde estaba, vislumbré unas espigas amarillas que resultaron ser algunas matas de albaida (Anthyllis cytisoides), una planta que no se ve por La Meseta mucho. De hecho, es una planta bastante termófila, pero se ve que ahí encuentra un buen sitio donde crecer. Estuve un rato mirándolas, no me lo esperaba para nada. Ni sabía que había albaidas en Chinchilla, pero como he dicho con la Zygaena, bienvenidas sean. Ahora explico por qué me llamó tanto la atención verlas ahí: como he dicho, la albaida es una planta muy termófila que prefiere zonas muy soleadas y secas, con pocas heladas. Muchas veces, por esta época, cuando uno viaja en tren desde Alicante o Murcia o Valencia hacia Albacete y se fija en cómo cambia la vegetación hacia una zona con inviernos más fríos, estas plantas resultan bastante llamativas en el campo. No son muy altas ni su amarillo tan resultón como el de las genistas, pero igualmente atraen la mirada de los viajantes (o a lo mejor solo la mía...). Estuve un rato flipando con las albaidas y luego me senté.
Albaida (Anthyllis cytisoides). Sierra de Chinchilla, 7.5.2017.
    Me quedé un rato sentado en el escalón de la Sierra. La temperatura descendía poco a poco conforme llegaba la noche y todo se tornaba dorado con los últimos haces solares. Olía bien. Zumbaba una abeja cerca, una preciosa Rhodanthidium sticticum, gran amante de las flores de jara. Olía a romeros húmedos. Cerca de mí vi uno de sus principales habitantes, el escarabajo del romero (Chrysolina americana). Un pequeño saltamontes saltó cerca, una ninfa de Calliptamus. En la pared amarillenta sobre la que me reclinaba había grietas de las que salían zapatitos de la virgen (Sarcocapnos enneaphylla), esta planta me recuerda a la athelas de la Tierra Media, no sé por qué.
    Decidí volver a casa. Todo era de color dorado y las espigas de los gamones saludaban al pasar por delante. Los pinos también. Todo saludaba, se despedían de mí. Cerca del Cuco, las aves cantaban: al-fan-huííííí, al-fan-huíííííí decían los alcaravanes, con sus ojos amarillos para ver mejor en el crepúsculo. La cogujada se posaba en los majanos y cantaba, y luego se iba y no volvía. El viento acariciaba las plantas. Qué buen sitio para descansar, pensé, y me fui.
Carduus sp. al atardecer. Sierra de Chinchilla, 7.5.2017.

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