Paseo de entretiempo por la Sierra de Chinchilla


    El otro día (4.4.15) salimos Jess Stokes y el que escribe a dar una vuelta por la Sierra de Chinchilla a observar la lenta llegada de la primavera. Hicimos el recorrido de siempre, salimos a las 17:00 h, llegando hasta el Alto de Almazara y siguiendo el sendero hacia el espartal, y hasta las barbacoas, para seguir hacia el Cuco y llegando muy cerca de la Casa del Agua, pero desviándonos al pasar el Cuco. La humedad remanente de las últimas lluvias primaverales se notaba, y en el suelo del bosque el paso del tiempo se notaba claramente. Las flores de orquídeas seguían abriéndose (desde mediados de marzo ya lo estaban haciendo, y continuarán hasta finales de abril y principios de mayo probablemente) e incluso vimos una pequeña seta. Había brotes de gamones (Asphodelus sp.) por doquier, especialmente cerca de las barbacoas.
Seta sin identificar.
Rodal de gamones. En un mes estarán todos en flor.
    Seguimos caminando dentro del pinar en busca de alguna flor de Fritillaria hispanica pero era demasiado pronto para que hubiera flores. Nos topamos con algún que otro espárrago listo para su recogida, pero lo dejamos ahí para que la planta pudiera desarrollarse y en un futuro todos podamos disfrutar de más espárragos. Muy cerca del rodal de los gamones de la foto superior, vimos también un escarabajo Blaps, tan comunes en nuestra sierra.
Blaps. Mejor no tocarlos, ya que expelen un líquido desagradable cuando se ven en peligro.
    Muy cerca de allí, vimos que alguien se había entretenido sembrando almendras entre los pinos, almendras que ya habían germinado alegremente. Esperemos que en unos años tengamos más almendros floreciendo en la Sierra.
    Otro insecto que vimos fue la pequeña mariposa manto bicolor (Lycaena phlaeas), varios ejemplares, algunos de ellos cortejándose. También los primeros saltamontes.
Tomares ballus
Acrotylus insubricus
    Seguimos caminando y llegamos a las barbacoas, donde nos detuvimos en la observación de flores de jarillas o tamarillas (Helianthemum violaceum). Dejamos atrás las barbacoas y seguimos en dirección al Cuco. A nuestra izquierda, la plantación de pinos de hace unos años, recién nombrada "Bosque del Olvido" por alguna mente romántica, donde por cierto, proliferan las orugas de procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa), pero que no cunda el pánico. Estas orugas sirven de alimento a un ave que viene a visitarnos desde África cada año a principios de primavera, y dan buena cuenta de ellas. Su canto se oye traqueteante y ruidoso sobre las sierras ibéricas y su silueta recuerda a la de las urracas en vuelo, con un penacho en la cabeza. Os hablo del críalo (Clamator glandarius), un ave emparentada con los cucos, que pudimos observar volando y posado sobre una encina.
Bolsón de Thaumetopoea pityocampa, la procesionaria del pino. 
Críalo (Clamator glandarius)
    Para controlar la proliferación de las procesionarias, nosotros apostamos por el fomento y la protección de las aves insectívoras en nuestra Sierra. Carboneros, herrerillos, abubillas y otras aves insectívoras se alimentan de ellas, junto con los críalos, y las polillas de la procesionaria son devoradas por otros animales, que incluyen murciélagos. Además existen avispas y moscas parásitas especializadas en esta especie. La colocación de cajas nido para aves insectívoras en la zona y evitar la fumigación aérea de las masas de pinares que afecta a otros insectos también (no son selectivas) ayudaría al control de estas orugas.
    Unos arbusto que ya florecen es la genista (Genista scorpius) y la genista del Mugrón o aulaga (Genista mugronensis=Genista pumila subsp. pumila), siendo esta última reconocible por su aspecto almohadillado. 
Genista del Mugrón (Genista mugronensis)
Encinar degradado, con espartos, genistas y aulagas, y pinar plantado al fondo.
    Bajo una piedra, encontramos, junto a una lombriz de tierra, un milpiés de la especie Ommatoiulus rutilans. Este animal, conocido como cardador, es un milpiés común en la zona. No son peligrosos, no muerden ni pican, y se alimentan de restos orgánicos semidescompuestos. En caso de peligro, se enrollan. Suelen presentar un color gris plateado o marrón.
Ommatoiulus rutilans
    Seguimos caminando, desviándonos hacia el Cuco y dejándolo atrás. En una curva del camino, nos detuvimos a mirar varias plantas que por allí crecían. Matorral mediterráneo por excelencia, romeros, tomillos, espartos, enebros y sabinas crecían por allí. Un romero en plena floración atraía abejas y otros himenópteros.
Eucera longicornis
Enebro de la miera (Juniperus oxycedrus)
    En lo que respecta a mamíferos, aparte de conejos, pudimos ver un bonito individuo de liebre ibérica (Lepus granatensis), animal fácil de ver en la Sierra, descansando entre unos pinos jóvenes.
Liebre ibérica (Lepus granatensis)
     Como sorpresa, encontramos una lagartija de la que no teníamos observaciones contrastadas en la Sierra de Chinchilla: la lagartija cenicienta (Psammodromus hispanicus) cuya librea y la forma de las escamas (carenadas) la distinguen entre las lagartijas observables en la Sierra.
Lagartija cenicienta (Psammodromus hispanicus) 
     La observación de herpetos (anfibios y reptiles) no acabó ahí. En una interesante rambla cercana vimos larvas del anfibio más común en la sierra, el sapo corredor (Epidalea calamita). Cientos y cientos de larvas se amontonaban en lo poco que quedaba de agua en el lecho de la rambla. Esta especie precisa de charcas temporales o zonas someras para el desove. Un poco más allá, en una balsa, vimos otro anfibio "común", pero cada vez más escaso: la rana común ibérica (Pelophylax perezi), de las pocas que hay en toda la Sierra Procomunal. En toda la sierra existen varios puntos de agua, algunos temporales, otros artificiales y otros remodelados, que los anfibios utilizan para reproducirse o vivir en ellos. En esa misma balsa había insectos acuáticos como larvas de caballito del diablo y chinches acuáticas.
Rana común (Pelophylax perezi)
     Los campos de cultivo que quedan en la Sierra están rodeados de vegetación anual que ya se afanaba en florecer. Las flores más comunes que vimos son la chirivía o pamplina (Hypecoum imberbe) y la Fumaria officinalis, que recibe muchos nombres vernáculos como palomillas, zapaticos de la Virgen, etc.
Flores al borde de un campo de cultivo. 
Fumaria officinalis
    También los rosales silvestres (Rosa canina) que crecen por la zona hojeaban. De sus frutos se alimentan las aves invernantes de la zona y sus flores atraen insectos polinizadores. Otros árboles de la zona cultivados también florecían y hojeaban.
Rosal silvestre (Rosa canina)
Membrillero (Cydonia oblonga)
Peral común (Pyrus communis) en flor.
Almendro (Prunus dulcis). De él salía el canto de un pito real.
    Por la zona se oían cantos de diversas aves: abubilla (Upupa epops), perdiz roja (Alectoris rufa), escribano triguero (Miliaria calandra), pito real (Picus sharpei), urraca (Pica pica), pinzón vulgar (Fringilla coelebs), verderón (Chloris chloris). Destacamos también la observación de la primera collalba rubia (Oenanthe hispanica) del año.
Collalba rubia (Oenanthe hispanica)
    El atardecer nos regaló una bonita estampa que no pudimos evitar inmortalizar en nuestras cámaras. Incluso ya sin luz, la fauna de la Sierra seguía haciendo acto de aparición. En una balsa encontramos más huevos de sapo corredor y en medio del sendero, dos pequeños coleópteros se entretenían en perpetuar su especie. La luna llena se elevaba a lo lejos enorme, iluminando la sierra con otro filtro de luz. Dimos por terminado el paseo a las 21:00 h. 

Rhizotrogus sp. en pleno acto.

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