domingo, 19 de mayo de 2013

Zona en ¿regeneración?

    En un arenal costero, en algún lugar del Levante ibérico, una alfombra de Carpobrotus edulis se extiende en una duna. En los pocos huecos que deja libres, los Agave americana brotan con fuerza. Las palmeras Phoenix dactylifera también crecen allí, como personajes omniscientes de una trágica obra de lucha por la supervivencia. Todo esto tiene lugar a la sombra de los pinos utilizados para retener el avance de las dunas hacia el interior, la única flora autóctona visible a simple vista... Pero observemos detenidamente. Hay ejemplares de Pancratium maritimum, sus hojas los delatan; se pueden ver también especies del género Lotus, Medicago, Coronilla, Echium, Phagnallon, Asphodelus... Esta zona está vallada y allí, un cartel reza lo siguiente: ZONA EN REGENERACIÓN. SE RUEGA NO PASAR.
El Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino, con el Servicio Provincial de Costas de Alicante, les patrocina:
ESPECIES INVASORAS A GUSTO DEL PASEANTE. Qué bien quedan la uña de gato y las piteras codeándose con especies como Lotus creticus, Medicago marina, Pancratium maritimum...
    Ahora explicaré el porqué de esta entrada. Desde niños nos han enseñado los peligros de la desertificación en España, sobre todo en las provincias del Sureste Ibérico. Hemos comprendido que plantar árboles está bien, que reforestar zonas quemadas o muy alteradas es bueno para la naturaleza y para nuestros ecosistemas, y se han empleado millones de euros en "regenererar" territorios antiguamente cubiertos por masa forestal. Pero ¿hasta qué punto se han hecho bien las cosas? 
Mapa de riesgo de desertificación en España. Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino (2007). Se observa que, junto con las Canarias, las provincias del SE y algunas del C y S de Andalucía presentan riesgo muy alto de desertificación. En estas zonas es donde se suelen tomar medidas sumamente negativas para la flora autóctona.
Índice de aridez en el territorio español (P/ETP: Pluviosidad / Porosidad del Sustrato). Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino (2007). La relación entre la aridez del suelo y el riesgo de desertificación es clara. 
    En el litoral mediterráneo ibérico, la construcción desenfrenada puso en peligro ecosistemas típicos que no se valoraban hasta hace poco tiempo. Con esa mentalidad inculta de intentar "recuperar" repoblando con lo que sea, aunque se trate de plantas sudafricanas o americanas, se intentó regenerar lo poco que quedaba ya del litoral salvaje. 
    Una de estas plantas originarias de Sudáfrica e introducidas es Carpobrotus edulis (Fam. Aizoaceae), el terror de las playas. De hojas y tallos suculentos y porte rastrero, cubre y sujeta el suelo (reteniendo la arena y por lo tanto, la temida desertificación), sus tallos superan los 2 m de largo, colonizando extensas zonas e imposibilitando el crecimiento de cualquier otra planta. Para evitar la dispersión de la uña de gato, especie de fuerte carácter invasor en las zonas cálidas peninsulares, sobre todo las cercanas al mar, se plantearon varias soluciones al descubrir la competencia que se creaba con especies autóctonas. Una solución pudo haber sido el empleo de herbicidas, lo cual habría sido un craso error, ya que los litorales donde Carpobrotus debe ser eliminado cuentan con especies de gran valor botánico. La quema controlada también fue una opción, pero seguíamos en las mismas. La retirada manual se realiza con especial cuidado, pues Carpobrotus también se reproduce asexualmente. Se podría decir que es una planta invencible e insuprimible, la cucaracha de las plantas. ¿Qué hacer en este caso de invasión literal de nuestros litorales?
Lotus creticus brotando como puede bajo una enorme flor de Carpobrotus edulis. Esta última se ha utilizado durante años en jardinería en zonas cálidas próximas al mar, debido a la belleza de sus flores, que pueden ser rosas, moradas o amarillas. La producción de polen en estas flores se realiza prácticamente en cantidades industriales, atrayendo a los insectos polinizadores , e interactuando negativamente con las especies autóctonas en el ecosistema.
    Hasta el momento, el único modo fiable de luchar contra la colonización de esta planta es la eliminación manual o mecánica y la quema de los restos sin traslado de estos para evitar pérdidas de esquejes que pueden arraigar en otros lugares. Carpobrotus edulis aparece en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras (Real Decreto 1628/2011, 14 de noviembre), quedando prohibida su comercialización, transporte, tráfico y posesión. ¡Un momento! Si está incluida en este catálogo, ¿cómo es posible que todavía se plante en jardines y paseos marítimos, que todavía no haya sido eliminada del comercio y de las calles? 
   La especie anterior no soporta las temperaturas de la Meseta (con excepciones), pero también aquí encontramos actuaciones que, si bien tienen la mejor intención del mundo, causan deterioro e impacto ambiental bastante caótico y facilitan la dispersión de especies alóctonas que interactúan malamente con lo propio. En Chinchilla (AB) encontramos un cartel en una ladera cercana al monte:
Un programa del Servicio Público de Castilla-La Mancha, cofinanciado por el Fondo Social Europeo. 
    En esta ladera, romeros postrados y espliego dominan la mayor parte del paisaje, y aparecen algunas especies arbóreas como durillos, saúcos y pinos carrascos. Sin embargo, encontramos también pitósporos (Pittosporum tobira) y otros arbustos, y las indestructibles piteras (Agave americana) y bastante cobertura de Iris germanica, especie que en algunas regiones de Albacete debería ser controlada pues supone un serio problema, porque se extienden muy rápidamente. 
Iris germanica cubriendo gran parte de la ladera y Agave americana en lo que se empeñaron en llamar "corrección medioambiental". La pitera (Agave), al igual que la uña de gato, está incluida en el Catálogo español de Especies Invasoras, quedando prohibida su introducción, posesión, transporte y tráfico, y comercio. ¡¿...?!
    Lo que me llama la atención es que se denomine a estas actuaciones "correcciones medioambientales". No sé qué se entiende por eso. Para mí, según lo que he leído en libros y otras publicaciones, entiendo por corrección medioambiental la recuperación en parte de la flora, y en ocasiones, de la fauna locales que se han visto afectadas por alguna actuación humana y han reducido sus poblaciones. En estas recuperaciones se suelen eliminar especies alóctonas que hacen peligrar la supervivencia de lo autóctono. Es la lucha por la vida, por la colonización de nuevos nichos ecológicos. A veces, sin embargo, lo introducido sale perdiendo, pero no es este el caso. 
    Existen multitud de casos de este tipo en el territorio del Estado español: intentos de recuperación de zonas destruidas que se deterioran todavía más introduciendo especies que se tornan dueñas del lugar, reduciendo la calidad ecológica del medio, por no hablar de la introducción de especies con fines cinegéticos (ahí está el caso del muflón (Ovis musimon) en las Canarias, el arruí (Ammotragus lervia) en el SE Ibérico...). Puede que Carpobrotus fije las dunas y detenga el avance de la arena de la playa, pero ¿estamos dispuestos a pagar el impacto que supone la introducción de una especie tan invasiva? Hoy ya vemos los efectos e intentan tomarse las medidas apropiadas, aunque nunca es suficiente.
    ¿Por qué en una corrección medioambiental se plantan piteras y otras especies foráneas que actúan negativamente? Tal vez quede bonito el paisaje de una ladera con lirios y piteras, pero para el ojo que observa y conoce las relaciones interespecíficas, hace daño. 
    ¿Por qué esto? La respuesta está en la falta de asesoramiento. En la falta de información. En la falta de interés social español por hacer lo que está bien. En esa misma línea de dejadez, se realizaron algunas falsas reforestaciones con pino carrasco (a la vista está la de la Sierra de Chinchilla, donde la distancia entre cada árbol es tan pequeña que la luz solar no llega en todo su esplendor y no deja crecer ni un triste romero). Un bosque de pinos queda muy bonito, creciendo tan rápido y todos tan juntitos, pero el ecosistema funciona mal, igual que una sociedad desinformada. Y claro, socialmente, no está bien visto cortar árboles, pero no lo está plantarlos de la forma incorrecta (porque la gente no sabe que se hizo mal).
    Si no se cuenta con la información necesaria, a veces, es mejor dejar una ladera (que aparentemente es un secarral) desarrollarse por su cuenta, pues suele contar con mayor biodiversidad y los flujos de energía funcionan mejor que en una pseudocorrección ambiental.
    A estas alturas de la historia de la Humanidad, creo que deberíamos pararnos un momento a pensar si lo que hacemos está bien del todo, por muy buena intención que tengamos, e intentar evitar la autojustificación, para recuperar un medio ambiente ya de por sí rico en especies y calidad ecológica.

domingo, 12 de mayo de 2013

Escapar dibujando o morir

    En una época en la que las situaciones, personas y comentarios te superan, encontrar una vía de escapada es el único modo de seguir adelante. Cada papel en blanco, no importa la calidad, es un universo por crear, un horizonte por descubrir, y cualquier garabato, un amigo con el que sentirse a gusto.
    Las imágenes en estos papeles se agrupan, solapándose sin orden ni concierto, pero ayudándome a crear. Los recuerdos de excursiones al campo que duermen en el fondo de mi mente afloran en esos momentos en que doy rienda suelta a mi mano, conectada por tendones a los músculos, esclavos del cerebro creador.
    El problema surge cuando no hay papeles en blanco a mano y el único modo de aguantar es respirar hondo y dar un paso al frente, sin mirar atrás, como cuando vuelves del monte a oscuras prácticamente, después de haber estado escuchando la llamada del Gran Duque.

martes, 7 de mayo de 2013

Isla Grosa 2013

    La isla, que parecía flotar sobre las plateadas aguas del Mediterráneo como una enorme criatura jorobada y pacífica, nos esperaba. Coronada por una nube de parlanchinas gaviotas patiamarillas, parecía aguardar impaciente a que amarrásemos la Zodiac, que se alejaba de La Manga a toda velocidad y sólo quedaba de aquel viaje sobre el agua una estela pálida de incertidumbre optimista que desaparecía poco a poco. A las puertas de la Gran Isla Grosa, un enorme tronco vetusto de piel amarillenta dormía semienterrado en la arena de la pequeña cala, per saecula saeculorum.
    Con el paso de los días, comprendí que lo que me había dicho Fran sobre la magia de la isla era verdad... La migración prenupcial de aves no llegaba en todo su esplendor y empezábamos a pensar que la culpa era mía por haber traído el mal tiempo de La Mancha. A pesar de los infortunios climáticos y migratorios, el tiempo en la isla transcurría con tranquilidad, lento pero sin prisa, y nosotros permanecíamos ajenos por completo a lo que acontecía en la sociedad humana. 
    Pude observar “en mano” algunos pájaros que ansiaba bimbar, como el colirrojo real, el mosquitero ibérico o el papialbo. Pequeñas alegrías (enormes para nosotros) como levantarse y en la primera ronda encontrar aves tan interesantes en las redes como el autillo (Otus scops, Scops Owl) nos llenaban ciertamente de odgullo y satidfación.

    Entre ronda y ronda, nos entreteníamos en diversas actividades sin duda enriquecedoras para la mente y el espíritu, como dormir o escuchar música, estudiar, identificar plantas, dibujar, cantar o simplemente mirar cómo el mar fluía tras las Withanias, las Salsolas y las Suaedas, entre La Manga y nosotros. Un día, el aire nos trajo del interior una tormenta brutal... que dejó dos enormes arcoiris que nos deleitaron (nos hicieron flipar, de hecho) largo rato, mientras las gaviotas histéricas gritaban y volaban sin parar.
Los albores de la tempestad.
En efecto, todos esos puntitos blancos en el aire son gaviotas. Abajo se observan las redes.
    La magia de la Isla se ponía de manifiesto en aquellos días, que aunque no nos traían aves, sí nos permitían observar alcatraces inmaduros cazando, mientras las gaviotas los perseguían, o encontrar eslizones bajo piedras sueltas. Al mediodía, en los escalones azules aparecían culebras bastardas (Malpolon monspessulanus) y lagartijas colilargas (Psammodromus algirus) que buscaban el cálido sol mediterráneo para poner en marcha sus delgados cuerpecillos.
    Y entonces un día la calma llegó y Fran dijo: "Hoy es día de abubilla; caerá a la tarde", y al revisar las redes, en efecto, una abubilla (Upupa epops, Hoopoe) esperaba ser anillada (aunque, obviamente, ella no lo sabía). 
    Tranquila y olorosa, la abubilla se dejó anillar y liberar en pocos minutos. 
    Descubrimos (al menos yo, que no las conocía) plantas que nos sorprendían por sus formas y colores, por sus adaptaciones a la sequía y la salinidad o por la forma de crecer. Era el caso del Mesembryanthemum o el Umbilicus gaditanus, los Asparagus horridus o el Lycium intricatum. Más de una vez nos vimos en un apuro al engancharse alguna red en estas dos últimas plantas... 
    Y un día los cielos se abrieron y la luz del sol nos torró, y la biodiversidad ornítica comenzó a aumentar (que no el número de individuos). Entonces cayeron alcaudones comunes (Lanius senator, Woodchat Shrike), collalbas grises (Oenanthe oenanthe, Northern Wheatear) y rubias (O. hispanica, Black-eared Wheatear), más currucas y mosquiteros... Las currucas cabecinegras (Sylvia melanocephala, Sardinian Warbler) eran prácticamente residentes en la isla, y si no caía nada en la red, tranquilidad, seguro que hay alguna cabecinegra esperando. También capirotadas (Sylvia atricapilla, Blackcap) Y al tuit de "Dos tallarols de casquet se m'han cagat a la mà", @GarciaLlorca respondió: "100 anys de bona sort!". A ver si es verdad.
    Yo pensaba que habría muchas más gaviotas de Audouin (Larus audouinii, Audouin's Gull) moneando por la isla, pero la verdad es que dejaron de criar hace un tiempo. Las patiamarillas, en su extrema agresividad, perseguían furiosas y ruidosas a cualquier Audouin que tuviera la valentía de acercarse al muelle. Al final, sobre todo cuando quedaban pocos días para que nuestro turno en la isla llegase a su fin, empezaron a llegar bastantes Audouines; de hecho, en un momento dado llegamos a contar más de cuatro juntas en el muelle. A una de ellas le faltaba una pata y permanecía quieta, pero se desplazaba con cuidado y volaba bien. 
    Me embelesaba mirando el comportamiento lárido, los grititos y movimientos de cuello, y permanecía largo rato escuchando sus monólogos (porque sí, eran monólogos, ¿en qué mente sana cabe que una gaviota sola, flotando en la orilla del mar, se ponga a emitir ruiditos mientras mira hacia abajo, gira, nada, se queda quieta..? Ahí comprendí que las gaviotas tienen un problema. Un problema serio. Es broma... Vale, no).
    Los días allí se acababan, y el último, como si fuera voluntad de la isla, una niebla espesa cubrió el Mar, alcanzando la isla y cubriéndola en pocos minutos. Pensábamos que ya no llegaríamos a tiempo cuando la niebla maldita se fue, permitiéndonos dejarla... Sin embargo, yo no quería irme de la isla sin regalarle algo antes, a la isla como ente, como superorganismo que nos había dado tantas alegrías, así que comencé un dibujo. Nos era difícil conseguir agua (ejem...) así que no usé acuarelas. Tampoco las habría podido utilizar, de todas maneras, porque el papel sobre el que lo hice no era el adecuado. Decidí retratar a un ave presente en la isla (¿Qué si no? Y no era una gaviota). El dibujo empezaba así:
    Y lo colgamos en la pared, para que allí quede, como testimonio de todos los naturalistas que pasan por Isla Grosa, en la Región de Murcia, y a los que tantas alegrías regala. 
    Tengo muchas fotografías de pájaros, plantas y atardeceres groseros que me gustaría compartir con todos los lectores de mi blog. Tal vez las muestre en alguna otra entrada o tal vez se queden en mi disco duro para siempre, no lo sé. Han pasado ya varias semanas desde que volviera y con el lío de no tener internet en ningún lado, la entrada permanecía flotando en el limbo. Confieso que, en parte, he estado saboreando hasta hace nada el regustillo grosero, disfrutando de los recuerdos y exprimiéndolos hasta el fin. 

Esta entrada es para mi gran amigo Fran, sin él no habría sido posible nada de lo aquí relatado. Gracias.