Naturaleza de Flamborough Head

    En la costa noreste de Yoskshire del Este, poco antes de la frontera con Yorkshire del Norte, el Cabo Flamborough (se pronuncia "flambrua") destaca brillante irguiéndose hacia la lejana Dinamarca. La blanca caliza de Creta, común en esta zona de la costa, reluce bajo los rayos del sol invernal, que se cuelan entre las nubes.
Flamborough Head. 
1: Danes Dyke
2: South Landing
    El Cabo Flamborough incluye diversos tipos de hábitat, desde acantilados y costas pedregosas repletas de guijarros del tamaño de huevos de triceratops, hasta bosquecillos atlánticos y vallejos húmedos y sombríos.

1. Danes Dyke ("El dique de los daneses")
    Declarado Reserva Natural en 2002, Danes Dyke engloba un bosque bien conservado que crece en torno a un complejo de diques y terraplenes alrededor de un pequeño valle. En principio se pensaba que los diques habían sido construidos por invasores daneses, sin embargo, investigaciones recientes lo han relacionado con la Edad del Bronce. Desde luego, es innegable que el complejo tuvo un carácter defensivo y se cree que fue utilizado hasta principios de la época vikinga (dominio anglosajón), hacia el siglo X.        
     Alrededor del valle, el bosque, en ocasiones denso, lo cubre todo, y un pequeño riachuelo, que según Jess ha estado seco alguna vez. De lo primero que se da cuenta uno al entrar en la zona es de la cantidad de helechos lengua de ciervo (Asplenium scolopendrium). Estando acostumbrados a observar este pteridófito creciendo de forma epífita en pleno centro de Hull o incluso en la universidad, en grietas de paredes, nos sorprendió verlo directamente en el suelo. Al contar con más espacio para extender sus rizomas, las frondes de las lenguas de ciervo alcanzan un tamaño espectacular, de más de 60 centímetros de longitud. 
Lengua de ciervo (Asplenium scolopendrium).
Izquierda, aspecto general de varias plantas. La disposición de las frondes, no divididas y el color verde intenso lo hacen fácilmente identificable.  
En la imagen de la derecha se observan los soros en el envés, paralelos entre sí y oblicuos al eje central de la fronde. La luz que atravesaba las frondes de este individuo ayudan a apreciar los soros. 
     En la visita que hicimos hace unos días, Jess y yo encontramos tres especies de helecho: de más abundante a menos fácil de ver, la lengua de ciervo (Asplenium scolopendrium), el helecho macho (Dryopteris filix-mas) y la escasa helecha (Polystichum setiferum).
Aspecto general del helecho macho (Dryopteris filix-mas).
    En lo que se refiere al grupo de las gimnospermas, aparecen en la zona los omnipresentes tejos (Taxus baccata) y el pino albar (Pinus sylvestris), e incluso algunos ejemplares de tamaño considerable de pehuén (Araucaria araucana), plantados cerca de la zona de aparcamiento. Los árboles (no gimnospermas), casi todos caducifolios, excepto el acebo (Ilex aquifolium) representan claramente el bosque atlántico. Entre otros, pude distinguir algunos robles comunes (Quercus robur), fresnos comunes (Fraxinus excelsior), hayas (Fagus sylvatica)... Tendréis que esperar unos meses para ver fotos de estas especies con hojas. Es lo malo de visitar bosques de planifolios en invierno.
Perfil de vegetación en Danes Dyke. 1. Asplenium scolopendrium, 2. Dryopteris filix-mas, 3. Sambucus nigra,
4. Primula vulgaris, 5. Crataegus monogyna, 6. Fagus sylvatica, 7. Galanthus sp./Leucojum sp.,
8. Ulmus glabra, 9. Ilex aquifolium, 10. Pinus sylvestris, 11. Ulex europaeus, 12. Taxus baccata.
    El viento movía las ramas de los árboles con fuerza y genio, haciéndolas crujir y chocar unas contra otras en lo alto, mientras las gotas acumuladas en el dosel invernal durante los días de lluvia seguían regando la hojarasca, entre la que, ¡cómo no!, florecían las campanillas de invierno (Galanthus nivalis). Allí, recostados en el suelo y apuntando con una cámara de aspecto sofisticado, dos personas "de aspecto naturalístico" fotografiaban los dibujos de sombra que la luz pintaba en el bosque, sobre las campanillas de invierno. Al pasar cerca, nos miraron sonriendo y saludaron alegres. Se ve que nos identificaron como iguales, por lo de andar armados de prismáticos colgando del cuello y eso.
Los que hayáis leído la entrada anterior a esta (y si entendéis de rangos de distribuciones de bulbosas europeas), ya sabréis que las florecitas de la fotografía, los copos de nieve o campanillas (Galanthus nivalis) tan bonitas e invernales, son alóctonas en Gran Bretaña, aunque quien visite un campo inglés en esta época del año, difícilmente podría creerlo. Son tan prolíficos y se extienden y florecen tanto, 
que parecen haber estado aquí toda la vida.
    Según un cartel que había por allí, la multa por recolección de plantas o animales podía llegar a las (atención) cincuenta mil libras esterlinas, así que decidimos no coger ningún espécimen, aunque fueran solo frondes del abundantísimo A. scolopendrium, y no hiriéramos de muerte a la planta, por si las moscas... 
    El único día que he visitado Danes Dyke, el viento era tan exagerado que observamos poco ajetreo zoológico. Danes Dyke desemboca en una playa, y al salir de la zona boscosa y exponernos a los vientos meridionales, casi salimos volando, con lo cual decidimos investigar la foresta y dejar la costa para otro día. Pocos cantos oímos, sólo algún petirrojo y los páridos, como el herrerillo común (Cyanistes caeruleus).
Herrerillo común (Cyanistes caeruleus). Parecía ser el único pájaro existente en el lugar, aparte de los mirlos.
Solo se les oía reclamar a ellos.
     De Danes Dyke me llevé un recuerdo bastante desagradable en forma de un restregón de barro en la parte trasera de mi abrigo y un entumecimiento en la pata izquierda, debido todo ello a un resbalón que me pegué al bajar una ladera para observar un helecho. El suelo del bosque estaba tan empantanado que era imposible no resbalar, llevases las botas que llevases. Este fue el primero de los dos golpetazos que me he metido en todo el cabo Flamborough (el segundo fue en South Landing y dolió más).

2. South Landing
   Una cala tranquila, plateada. La marea atlántica está baja. Las aguas alejadas del Mar del Norte enseñan pequeños charcos con moluscos y algas nórdicas que viven en la zona intermareal.
Flamborough Head desde South Landing.
Es precioso, pero con esos pedrolos gigantes no hay quien se pasee por ahí...
    Lo que más me llamó la atención al salir de otra de las vaguadas cubiertas de helechos y árboles bajos que llevan a South Landing, acompañado de África, de Bug Blog, y Robert, de I've never killed a pipit, fue la cantidad de guijarros blancos, del tamaño de huevos de hadrosaurio, muchos perforados por barrenas (Pholas dactylus), que poblaban la playa. La marea baja dejaba ver algunas plataformas rocosas oscuras, cubiertas de campos ingentes de algas pardas. En la parte arenosa, la zona más cercana al agua, algunos ostreros euroasiáticos (Haematopus ostralegus) y zarapitos, y algún gavión atlántico (Larus marinus) inmaduro, picoteaban el suelo, entretenidos. Como buenos naturalistas, y cargados de cámaras, prismáticos y redes para comportarnos como pelícanos, intentando capturar pececillos o marisco atrapado en las rockpools, fuimos atravesando la alfombra de sargazos vejigosos (Fucus vesiculosus), cuyas vesículas explotaban al caminar sobre ellas, creando un soniquete de pequeñas explosiones bajo nuestros pies junto al ruido de las olas. Estas vesículas, rellenas de aire, les ayudan a erguirse cuando el agua del mar las cubre. De vez en cuando, aparecía un alga más grande, la Laminaria, inconfundible por su aspecto de mano parda gigante y por poseer tres partes claramente observables (rizoides, cauloide y filoide). Observamos dos especies, L. digitata y L. saccharina. Todas estas algas están acostumbradas a aguantar horas de sequedad e insolación cuando la marea baja. 
Detalle de las vesículas de Fucus vesiculosus.
     Las playas rocosas ofrecen más biodiversidad "visible" que las playas arenosas. Entre los intersticios de las rocas se guarecían lapas enormes de la especie Patella vulgata. En Danes Dyke, Jess y yo nos encontramos una concha de lapa bastante grande en medio del bosque, tal vez traída por alguna gaviota que la dejó caer sobre la zona. Estas lapas me sorprendieron tanto que no pude evitar compararlas con una moneda de 20 céntimos, que es lo primero que me encontré en el bolsillo. Podía haber puesto una libra, pero a lo mejor no sabéis qué tamaño tienen exactamente, así que puse 20 céntimos de euro para comparar.
¿Lapas? ¡Qué c**o! ¡LAPONES!
     Mientras Robert se lo pasaba bien metiendo la red en charcos, África y yo divisamos un ave blanca de aspecto fulmaroide volando en una zona cercana a los riscos que sobresalían sobre la playa a unos 100 metros de distancia. Allí nos dirigíamos cuando la humedad de las rocas y los viscosos talos de las algas hicieron resbalar mi bota que contenía mi pie y por ende, mi cuerpo entero. 60 kilogramos de tortazo contra las frías rocas de la costa del Mar del Norte. Ay, qué dolor. Pero me levanté con ganas, porque había un pálido animal planeando más allá y quería verlo. De vez en cuando nos parábamos, porque entre el ave blanca y nosotros, en una cornisa del acantilado, había un ave que "de lejos parecía un halcón peregrino". Luego resultó ser una paloma zurita (Columba oenas). Sobre los riscos, un cernícalo vulgar se cernía en busca de presas. Alrededor, revoloteaban bisbitas costeros (Anthus petrosus). Nos dimos la vuelta, para mirar a Robert, que exclamó algo, y un fulmar boreal (Fulmarus glacialis) lo sobrevoló volviendo desde el Norte, acercándose a los blanquecinos riscos de nuestra espalda a toda velocidad. Allí le esperaban más fulmares. Eran mis primeros fulmares.
Vida de la costa británica.
Pareja de fulmares. Estos animales en tierra son bastante torpes, están hechos para nadar y volar.
Fotografía tomada y cedida muy amablemente por África Gómez.
     Tras admirar durante largo rato a los fulmares, decidimos volver antes de que la marea siguiera subiendo. Un último vistazo al horizonte, nos hizo descubrir varias cosas. En primer lugar, una figura negra que flotaba a varios kilómetros de distancia y que, según Robert y África, era una verdadera foca gris (Halichoerus gryphus). Después, más cerca de nosotros, en una cala, un bonito cormorán grande (Phalacrocorax carbo) con plumaje reproductor incipiente. Seguido del cormorán, que se fue volando después de varias zambullidas, otra ave flotante nos hizo ponernos en lo mejor: un colimbo, sin duda. ¿Pero cuál? Es posible que fuera un colimbo chico (Gavia stellata), a juzgar por la posición del pico. Si al menos se hubiese acercado un poquito más a la costa... A pesar de todo, no decidí contarlo como un bimbo, por no haber estado seguros al 100%. Después de un rato, lo que parecía una foca gris no lo era, era una bolsa negra flotante con forma de cabeza de pinnípedo.
Con todos los bártulos.
     Dejamos atrás la playa y volvimos por el pequeño valle por el que habíamos bajado, hacia una zona arbolada en torno a un arroyo encajonado entre dos laderas. Allí había más pajareros, que se entretenían mirando algo. África y yo miramos y descubrimos un reyezuelo sencillo (Regulus regulus) que jugueteaba en las ramas. Robert se había quedado hablando con uno de los pajareros, que le estaba comentando que en una zona más baja habían visto ni más ni menos que tres ejemplares de chocha perdiz o becada (Scolopax rusticola). Para mí fue una delicia, porque siempre las he visto volando y he llegado a verlas bien, pero aquellas estaban descansando entre matas de helechos y el espinoso tojo, y pudimos mirarlas hasta que nos cansamos. La chocha perdiz es residente en Gran Bretaña, con núcleos estivales en Escocia y grupos invernantes en el Suroeste.
Chocha perdiz. Desde lejos, nos fue bastante difícil encontrarla, si no hubiera sido por un amable ornitólogo que pasaba por allí, que nos indicó dónde se escondía. Esta foto también es de África.
    Cuando decidimos continuar nuestro paseo por el bosque que recubre la zona, encontramos, en las grietas de la corteza de un enorme árbol, grupos de caracoles apelotonados, seguramente para pasar el invierno.
El árbol donde se habían agrupado para pasar el invierno cantidad de caracoles
como
Cornu aspersum y algún Cepaea.
En algunas zonas del bosquecillo, el suelo estaba tapizado por hojas nuevas de la apiácea Smyrnium olusatrum
    La jornada de paseo por South Landing acabó con la observación de más paseriformes de bosque, incluyendo un rápido zorzal alirrojo (Turdus iliacus) y un agateador norteño (Certhia familiaris), que me costó ver, otro bimbo. Finalmente, al subir a la parte alta del cabo, un último vistazo al mar sí nos regaló un macho de foca gris (esta vez, de verdad).
Un dibujillo rápido de una foca gris y las dos Laminarias que vimos.

     Flamborough Head es un lugar impresionante y esto solo es en invierno. Pronto, empezarán a volver las gaviotas tridáctilas (Rissa tridactyla), los araos (Uria aalge) y alcas (Alca torda) para anidar en los acantilados de Bempton, en la ladera norte del cabo. Ya os contaré cuando vaya.

Comentarios

  1. Muy buena entrada, me ha traido muy buenos recuerdos de ese dia. Si te fijas en Google Maps, Danes Dyke atraviesa todo el cabo de norte a sur, menuda fortificacion.

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  2. Una gozada de post, Guillermo. Te felicito. He tenido la sensación de estar haciendo el recorrido contigo. Un saludo.

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  3. qué bien escribes Guillermo. Por cierto, estoy suscrita para que me envíen al mail que has actualizado y no me llega nunca, revísalo porque no sé si será por mi mail o algo... Besis!

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    Respuestas
    1. Hola Maria. Revisa la carpeta de correos no deseados, a veces se quedan ahí. Marca la dirección como correo deseado o no spam y ya está.

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  4. Unas notas naturalísticas muy clásicas, como las de los grandes naturalistas de antaño. Una gozada leerte y ver tus dibujos y fotos. ;D

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  5. La primera vez que vi una becada fue en un lugar donde ningún precepto ornitológico la ubicaría; se trataba de un árido olivar cercano a una vía de tren, a su vez, pegada a una instalación deportiva. Salió volando de la base de un olivo y, si no hubiera sido por el inconfundible zig-zag jamás la hubiera identificado como tal. Qué curioso.
    Recuerdos a los británicos.

    Saludos Guillermo.

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